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Salud mental en Colombia, un tema cada vez más
preocupante

La encuesta del Consorcio Internacional de Epidemiología Psiquiátrica,
un trabajo integrado de la Organización Mundial de la Salud (OMS),
Harvard University , University of Michigan y 38 países, que usaron
métodos y procedimientos uniformes para seguir las mismas reglas de
análisis, genera información que es una fuente invaluable para los
tomadores de decisiones y todos los interesados, tanto de los dominios
de la salud pública como de la salud mental, y Colombia aporta datos e
información para este gran esfuerzo conjunto a nivel internacional.
Las proyecciones estadísticas muestran que las condiciones psiquiátricas
y neurológicas en el mundo se incrementarán de 10,5 % del total de la
carga de la enfermedad a 15 % en el año 2020, lo cual equivale a un
incremento proporcional mayor que para las enfermedades
cardiovasculares. Estos cálculos muestran que en Colombia la depresión
unipolar será la primera causa general de consulta en el año 2015.
Según un Estudio Nacional de Salud Mental en Colombia el 40,1 % de la
población colombiana entre 18 y 65 años ha sufrido, está sufriendo o
sufrirá alguna vez en la vida un trastorno psiquiátrico diagnosticado.
De estos, se detecta el 16 % en el último año y el 7,4 %, en el último
mes. Los trastornos de ansiedad encabezan la lista (19,5 %); luego
siguen los trastornos del estado de ánimo (13,3 %), los trastornos por
control de impulsos (9,3 %) y los relacionados con el consumo de
sustancias psicoactivas (9,4 %).
Trastornos mentales en Colombia

Al comparar la prevalencia de los trastornos mentales en Colombia con
otros 14 estudios homólogos de otros países desarrollados y en
desarrollo, se encuentra que Colombia ocupa los cinco primeros puestos
en algunas
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enfermedades mentales: segundo puesto en el trastorno por
control de impulsos, cuarto puesto en los trastornos de ansiedad y en
los relacionados con el consumo de sustancias psicoactivas como en
cualquier otro trastorno (trastorno de ansiedad de separación en la
infancia, trastorno por déficit de atención, trastorno de conducta,
trastorno negativista desafiante, trastorno de ansiedad de separación
del adulto y bulimia nerviosa) y el quinto puesto en los trastornos del
estado de ánimo.
Los trastornos mentales en Colombia afectan especialmente a niños,
adolescentes y adultos jóvenes, situación que empeora en gran medida el
pronóstico, la productividad académica y económica de la población y, en
últimas, el capital global, que incluye los factores personales,
simbólicos, culturales y relacionales.
Estos trastornos se inician entre los 9 y los 23 años. La
mediana en la edad para las primeras manifestaciones de los trastornos
afectivos, como el episodio depresivo mayor, se sitúa en los 24 años,
para la manía, en los 20 años, y para la hipomanía, en los 27 años.

La edad de inicio de los trastornos de ansiedad se encuentra entre los 7
y los 28 años, con un promedio a los 17 años, y la de los trastornos por
uso de sustancias, entre los 20 y los 27 años, con un promedio a los 22
años. La edad de inicio de otros trastornos, como el de ansiedad de
separación en la infancia, el de déficit de atención, el de conducta, el
negativista desafiante, el de ansiedad de separación del adulto y la
bulimia nerviosa, se encuentra entre los 8 y 20 años, con un promedio a
los 11 años.
En relación con los correlatos demográficos, se sabe que las mujeres
tienen una mayor probabilidad de presentar trastornos del estado de
ánimo o trastornos de ansiedad, mientras que los hombres tienen mayor
probabilidad de sufrir trastornos relacionados con el control de
impulsos.
Además, los hombres jóvenes y no casados tienen más
probabilidades de presentar trastornos por uso de sustancias. Las
personas encuestadas de hogares con ingresos clasificados como de
promedio bajo, que nunca se habían casado y que no tenían educación
secundaria, tuvieron mayores probabilidades de tener una enfermedad
moderada o grave.

La salud mental, definida por la OMS como un estado de bienestar en el
que la persona afronta el estrés usual de la vida en familia y
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en comunidad o como el desarrollo de las potencialidades
de la persona, es parte integral de la salud pública.
Esto significa que la promoción de la salud, así como la
prevención de los problemas y trastornos mentales, debe trascender la
tradicional separación de la salud mental como si esta fuera un campo
aparte de la salud en general.
La salud pública mental como componente de la salud
pública, es un campo en permanente desarrollo que no ha logrado todavía
acciones coordinadas en el ámbito de la salud general y, en Colombia,
esto no es la excepción.
La salud mental es fundamental para la salud pública y hay muchas
razones para que sea así: los trastornos mentales son frecuentes,
afectan a dos de cada cinco personas adultas en nuestro país, ningún
nivel socioeconómico o área geográfica es inmune a ellos, son costosos
tanto económica como emocionalmente para la persona, la familia y la
sociedad, y la coexistencia de enfermedades físicas y trastornos
mentales es muy frecuente. La promoción de la salud se superpone en
estos dominios y los beneficios de la prevención son comunes a todos.
Esta interconectividad es la razón que da fuerza a los editores de este
número de la revista Biomédica para dedicar el presente editorial al
tema de la salud mental, en el empeño de dar luz a aspectos clave que
constituyen una buena muestra de lo que está ocurriendo en este campo en
nuestro medio.

Se hace necesario trabajar un abordaje de salud pública en la promoción
de la salud mental y la prevención de los problemas y trastornos
mentales, y una estrategia para promover la resiliencia y el bienestar
emocional en los individuos, familias y comunidades.
Hay evidencias en la literatura científica de que estas
intervenciones son costo-efectivas. Además, la promoción de la salud
mental es vital en países en desarrollo como Colombia, abocados a graves
problemáticas psicosociales, teniendo en cuenta el largo conflicto
armado interno y las frecuentes situaciones de emergencias complejas y
desastres que en los últimos años han afectado al país.
Innovación, adaptación y evaluación, movilizadas por un cabildeo
efectivo, son necesarias para integrar la promoción de la salud mental
en la agenda de la salud pública.

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