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EDITORIAL
Falta de cultura ciudadana
Puntos críticos de acumulación de basuras que se
encuentran incluso en zonas céntricas de las principales
ciudades del país, es el pan de cada día en Colombia, un hecho
que evidencia la falta de cultura ciudadana, la falta de
educación de personas sin principios morales y sobre todo
carentes del concepto del respeto y la vida en comunidad.
Si este flagelo y falta de conciencia y pertenencia de preservar
nuestro país limpio se viene dando con frecuencia a lo largo y
ancho de la nación, eso quiere decir que la educación tanto en
casa como en los colegios y demás instituciones educativas no
están surtiendo efecto en la sociedad porque esta problemática
social que estamos viviendo es un asunto netamente cultural y
educativo.
Ahora bien, otro de los temas de discusión acerca de la
contaminación ciudadana es la fragilidad con la que la ley trata
estos asuntos ambientales en la actualidad, ello, teniendo en
cuenta que los castigos para las personas que infringen la norma
en cuanto a contaminación ciudadana se refiere, realmente
reciben castigos muy leves o lo más grave de todo es que ni
siquiera son sancionados.
En definitiva, las leyes ambientales deben ser mucho más severas
en Colombia, quienes con frecuencia contaminan las esquinas de
su comunidad con escombros y todo tipo de residuos, por supuesto
que deben de ser castigados con sanciones económicas y
disciplinarias, es más, incluso deberían ser encarcelados, así
sea por unos días a ver si de esta manera cogen escarmiento.
Es hora que todos unidos, desde nuestros hogares, desde los
colegios y demás instituciones tanto públicas como privadas nos
demos a la gran tarea de trasmitirles el mensaje a las nuevas
generaciones acerca de la importancia del cuidado de nuestra
comunidad.
Se trata entonces de que empecemos a tomar mucho más sentido de
pertenencia y comprendamos que esta situación nos incumbe a
todos porque se trata de un problema que puede desencadenar en
inconvenientes de salud pública.
Además, otro tipo de nefastas consecuencias tienen que ver con
la mala o mejor la pésima impresión que causa a los turistas
encontrar una ciudad sucia, repleta de basuras y desorganizada
porque son justamente estas personas que se encargan de contar
este tipo de primeras impresiones en el exterior, dañando de
esta manera la imagen de nuestra nación, ciudad, región, barrio,
municipio o localidad.
En síntesis, la cultura del reciclaje debe de ser siempre una
constante en nuestra vida cotidiana en nuestra comunidad, saber
a ciencia cierta la clasificación de los residuos que arrojamos
significa un buen punto de partida para de esta manera;
acostumbrarnos a cambiar nuestros hábitos de vida.
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Crónica de Gardeazábal #433
LOS LÓPEZ

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Reseña del libro de Oscar Alarcón Núñez, LOS LÓPEZ EN LA
HISTORIA DE COLOMBIA, editado por Planeta
AUDIO:
https://www.spreaker.com/episode/50443169
La figura de Alfonso López Pumarejo quedó en la historia de
Colombia. No solo fue presidente dos oportunidades sino que con
su sapiencia y su estilo importado reorganizó el antiguo país
primitivista y campesino. Fue él, con su equipo de jóvenes
provincianos o de ancianos novedosos, quien le dio un vuelco a
las anticuadas instituciones que la Iglesia había mantenido para
asegurarse el poder civil, el terrenal, el político y el
celestial y a veces hasta el infernal.
Como tal entonces fue querido y adorado por las masas
empobrecidas, que comenzaban a ganar salario y poco a poco
dejaban de pagar aparcería, y odiado como un dizque comunista
peligroso por los latifundistas injustos, los ricos amasadores
del dinero y los faltos de visión patriótica encabezados por los
curas.
Gozó de respeto, honor y gloria pese a los líos en que la
ambición de sus hijos o las travesuras de sus hermanos le
pusieron zancadillas. Forjó en su hogar a un señor de la
política, inteligente aunque con mejores maneras de lord inglés
o de sibarita avaro, como lo fue su hijo Alfonso López Michelsen,
quien también llegó a la presidencia.
Ellos dos, entonces, ocupan tres cuartos de la centuria de la
vida colombiana del siglo XX y su huella aunque no ha sido
justamente analizada ha sido objeto de algunos historiadores o
de personas cercanas a su entorno. Sobre esos dos personajes y
su descendencia acaba de aparecer un libro del ágil pero quizás
demasiado simpático Oscar Alarcón Núñez.
Basado en Duarte French y sus trabajos sobre las Ibáñez y
habiendo leído y citado a varios historiadores que le sirvieron
de documento, Alarcón hace una narración fácil de este par de
vidas pero como es un ingenioso contertulio y no un historiador
de método y disciplina, el libro termina siendo un amasijo de
anécdotas bien narradas pero tremendamente desordenadas.
Tanto que parecen haber salido de unir, sin establecer
correcciones estructurales, diversos ensayos que en otros
diversos momentos de la vida Alarcón escribió sobre los López,
sus ancestros, sus vivencias y, sobre todo sus vigencias, hasta
en muchas veces repetirse.
Al viejo López Pumarejo lo sigue hasta que deja
la segunda presidencia, cuando se vio obligado a renunciar y no
lo vuelve a tomar seriamente en el libro sino cuando ya está de
embajador en Londres un poco antes de morir.
Se regodea entonces con evidente gratitud en los López Michelsen
y por no usar la disciplina académica al historiar, no llega a
concretar una visión completa, y sobre todo explicativa, de ese
genio regodeado que fue López Michelsen. Prefiere más bien hacer
una
historia de Colombia y sus quehaceres políticos
mencionando de refilón a los nietos
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del viejo López aunque desperdicia ese portento
de humor y gracia infinita que es Alfonso López Caballero, el
actual embajador en Moscú, quien se ha gozado la vida sin llegar
nunca a las cúspides.
Un libro hecho con más cariño que empeño.
El Porce, julio 2 del 2022
Colombia no le ha dado sana sepultura a sus muertos

Por: Zahur
Klemath Zapata
zkz@zahurk.com
Hay un libro muy interesante de leer, la Historia criminal del
cristianismo por el investigador alemán Karlheinz Deschner. Son
cinco tomos donde se va contando paso a paso los crímenes
cometidos a través de siglos en el establecimiento del judaísmo,
el cristianismo y el mahometismo, que al final es una sola raíz.
Todos estos crímenes se han quedado estancados donde se
cometieron y los responsables quedaron igual en el limbo de la
historia. Parte de los crímenes de la segunda guerra mundial se
ventilaron y aun se siguen juzgando a los criminales. El juicio
de Núremberg le dio a los judíos una tranquilidad que ha
permitido que siempre se tenga presente que cosas como estas no
deben pasar y que los responsables van a ser juzgados.
Los crímenes no cesan mientras haya mentes diabólicas o
irresponsables Estados que miran de lado lo que pasó con sus
gentes. No se trata de tomar venganza sino juzgar y rehacer y
reparar el daño ya hecho y dejar claro que debe siempre haber un
respeto a la vida y a los dolientes.
Si la sociedad no se organiza y hace que se establezca un orden
en relación a los crímenes que se cometen, siempre habrá
irresponsables que saltaran a cometer todo tipo de fechorías
contra personas indefensas porque ellos, los asesinos, que
después van a negociar con el establecimiento por dejar de
cometer más crímenes.
Nuestra civilización ha avanzado a unos linderos que nos permite
viajar a otros planetas y descubrir otros estados de diferentes
naturalezas y reconocerlas como nuevas formas de vida. No se
está viajando hacia el espacio para destruir sino para obtener
más conocimiento sobre nuestra existencia en este universo.
Los extraterrestres que han vivido en nuestro planeta por
millones de años nos han dejado vivir sin intervenir en nuestra
civilización, porque no hay razón de actuar como dioses porque
tienen mayor evolución que la nuestra.
Hemos aprendido de nuestras experiencias un poco, pero
continuamos siendo gente primitiva y destructiva al mismo
tiempo.
Personas que creemos que son civilizadas, actúan sin la
capacidad de la razonabilidad, porque solamente son inteligentes
y actúan como individuos y no como seres pertenecientes al mundo
del saber cómo convivir en armonía.
Pronto veremos que somos menos y ya nada hay que hacer. Nuestra
historia estará guardada en un micro chip que nadie podrá leer
en el futuro.
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