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Democracia Directa Liberada

Por: Edgar Cabezas
La revolución burguesa que derrotó hace más de 200 años
al régimen monárquico feudal, secuestró en cabeza de las fuerzas
militares y de policía la democracia constituyente de los estados
nación. La celebración de la fiesta patria se conmemora de manera
simbólica con desfiles de las fuerzas militares y de policía que
representan el pago permanente de la deuda ancestral y permanente que se
les ha de pagar por la defensa de la independencia y la libertad que
disfruta en el presente la ciudadanía.
En Colombia las fiestas patrias del 20 de julio y el 7 de agosto son los
días calendarios, en que por conmemoración a la independencia y a la
libertad, el presidente de la República instala el 20 de julio las
sesiones del Congreso y el 7 de agosto se posesiona ante el Congreso el
presidente electo de la república.
Este periodo que corresponde a 19 días entre el 20 de
julio y el 7 de agosto de 2022. la Asamblea Popular Constituyente del
Censo Electoral puede y debe declarar como la fiesta de la civilidad que
clausura el secuestro de la democracia y la declara en libertad.
La verdad histórica de nuestra realidad nos exige como imperativo
categórico e hipotético y conforme a la comisión de la verdad, superar
la política de la muerte, dejar en el pasado el fratricidio colombiano,
reconciliarnos, desarrollar las políticas públicas que aseguren los
derechos fundamentales de la ciudadanía y la naturaleza, sentar las
bases de una paz estable y duradera y así, realizar la transición hacia
la ejecución de la política de la vida que cure las heridas y nos
permita recordar sin dolor las atrocidades cometidas contra las personas
civiles, militares y alzados en armas.
Por las razones anteriormente expuestas es necesario cancelar el desfile
militar del 20 de julio fecha de la independencia y autonomía del
territorio nacional y las entidades territoriales que lo constituyen,
así como la rendición de honores militares al presidente de la república
el 7 de agosto.
Estos días deben ocuparse en hacer que se concreten las
propuestas de los congresistas del poder legislativo electo y el equipo
de empalme de la rama del poder ejecutivo electo, de la seguridad
ciudadana y de la defensa del territorio nacional para presentar la
reforma a las fuerzas militares y de policía sobre la
institucionalización de la seguridad ciudadana, la educación en la
democracia y en las libertades individuales y los derechos humanos,
revisando y sustituyendo la doctrina de la seguridad interior y el
régimen especial de seguridad social.
A los representantes del poder constituido en las ramas de los poderes
ejecutivo y legislativo se les invita a que imiten a las organizaciones
sociales entre el 20 de julio y el 7 de agosto, con la estelar fiesta
patria del “traje”, en que se cocinarán los alimentos, se servirá la
mesa de la abundancia y se marchará la palabra dialogante de la
espiritualidad del amor. La fiesta de traje de congresistas y ministros
que dicen, “yo traje la papa, yo traje la yuca, yo traje…”
En estas fiestas patrias la ciudadanía debe estar atenta
en sus respectivos hábitats a lo que de manera simbólica va a acontecer
entre el 20 de julio y el 7 de agosto.
Preparen asados, sancochos, tapaos y ajiacos porque vamos
a liberar la democracia de quienes la tienen secuestrada con las armas a
nivel planetario.
El Camino fácil

Por: Linda Cubillos Vizcaíno.
Todos, sin excepción, nos hemos encontrado alguna vez frente a una
disyuntiva, una dicotomía, un dilema moral. Y cada uno ha tenido que
decidir, según sus principios y su realidad, aquello que le ha sido más
favorable o conveniente. Resulta que esto es más sencillo cuando estamos
solos, cuando únicamente se trata de nosotros mismos. Total, en ese
orden de ideas, el único argumento a considerar es el propio y, en tal
caso, cualquier posibilidad de disenso está neutralizada.
No obstante, la situación toma otro tinte y se pone un tanto más
compleja, cuando se trata de la sociedad, de pensar estos dilemas
morales en comunidad, de decidir según principios y estructuras morales
diversas, lo que resultará -o por lo menos, lo que se espera que resulte-,
más favorable para todos.
Aquí se trata de conciliar muchas
realidades diferentes, de unificar criterios, de moldear un contrato
social, un pacto. Tarea nada sencilla, puesto que supone ceder a otros,
parte de lo que uno espera para sí. Implica renunciar a ciertos
privilegios, discutir sobre temas álgidos, y llegar a consensos que con
seguridad serán debatidos y cuestionados por otras generaciones, y que,
con una probabilidad muy alta, provocarán el descontento de un sector de
la población, que sentirá que el acuerdo logrado, no representa sus
intereses individuales.
Pensar en colectivo, pensar el bien
común y la satisfacción de necesidades ajenas, no es tan difícil como se
cree. Todos estamos en capacidad de hacerlo. Lo hemos hecho desde que
conocemos a nuestros padres, a nuestros hijos, lo hemos hecho por
nuestros amigos, por nuestros animales. Es decir que, pensarnos de esa
manera, con empatía y consciencia de la otredad, no es lo
complicado. Le tememos a este tipo de
discusiones porque no hemos sido
entrenados
éticamente ni
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argumentativamente
para ello. Estamos habituados a defender nuestro pequeño espacio
personal, incluso con rapacidad y violencia. Hemos hecho de nuestro
instinto auto-protector, una ideología. Obedecemos más a nuestra
amígdala cerebral, que a otra cosa, cuando de sobrevivir se trata. La
cuestión es, que no siempre estamos frente a situaciones de
supervivencia, máxime en la actualidad, cuando es de conocimiento de
todos, que en efecto existen en el mundo los recursos suficientes para
satisfacer las necesidades básicas de los seres humanos que habitan la
Tierra.
Ahora, reduciendo este espectro magnífico, a la escala de nuestro país,
podríamos plantearnos: ¿qué tan difícil puede ser para una comunidad que
tiene la fortuna de haber nacido sobre una tierra que lo produce todo,
llegar a construir un pacto en el que todos tengamos participación y
todos seamos beneficiados? Si sabemos, a ciencia cierta, que todos somos
capaces de identificar aquello que hace la vida insoportable o que, por
el contrario, la hace agradable de vivir, y que, en términos generales,
ambas condiciones son compartidas por todos los seres humanos, ¿por qué
entonces insistimos en sobre valorar lo que nos divide y perpetúa, tanto
la ideología como el accionar primitivo basado en defender la propiedad,
sobre la vida y la dignidad humanas?
Por qué es tan extraño para los colombianos que aparezca alguien con un
discurso de unidad, de respeto por la diferencia, de generar mejores
condiciones de vida, no sólo para un sector de la sociedad, como ha
sucedido por décadas, acaso por causa de estas ideas primarias y
egoístas basadas en una necesidad de batirse por la supervivencia –cuando
esa necesidad es anacrónica-; y que se plantee una idea de igualdad, de
crecimiento, de mejoras en la calidad de vida de todos, y que así mismo,
todos observemos un compromiso ostensible asumiendo su cuota de
responsabilidad en medio de la materialización de esas ideas?
Siempre será más fácil seguir defendiendo la pequeña fracción de suelo
que creemos poseer. Siempre será más fácil ponerle cercos a nuestra
conciencia, como a aquello bajo nuestro dominio material. Tratar de
acallar el dolor ajeno, el hambre, el frío, la enfermedad que no nos
toca, y continuar en la indiferencia esperando que sea el mundo exterior
el que cambie, o que se encargue de eso el caudillo bajo el ojo
mediático del huracán, siempre será el camino fácil.
El difícil, pero virtuoso y que quizá enorgullezca a las generaciones
futuras, es el que conlleva la propia transformación. El que implica
abandonar las críticas prejuiciosas, la reproducción de narrativas que,
en lugar de sumar, restan e implantan en la mente del colectivo, más
miedos de los que ya harto ha tenido que soportar, y otros por hechos
que ni siquiera han sucedido.
Pensemos al otro, transformemos nuestras propias necesidades, seamos
realistas con la temporalidad de nuestra propia existencia y apoyemos
las causas que nos inviten a la unidad y a generar un nuevo pacto
social. Ningún logro histórico se ha dado, siguiendo el camino fácil.
¡EL AVARO ASUSTADO!

Por: Iván R. Contreras C.
Nadie puede hacer lo que le venga en gana, fueron las palabras de Luís Carlos
Sarmiento Ángulo, el hombre más rico del país, con una fortuna según Forbes, qué
pasa los 13 mil millones de dólares y que está ad portas de al fin pagar
impuestos, como debe pagarlos y sin todas las prebendas que le otorgan los
politiqueros y los presidentes que son alcanzados por sus tentáculos, en las
campañas políticas, de las que reciben de este, miles de millones para
financiarlas.
Al mejor estilo de los que quieren sembrar pánico y miedo contra el presidente
electo Gustavo Petro Urrego, palabras más, palabras menos dijo en la
inauguración de la nueva calzada Chirajara-Fundadores, en la ruta a
Villavicencio, que nadie debe ser expropiado, lo dijo sin inmutarse, sin el más
mínimo recato de pudor, para luego enviar una carta a su periódico El Tiempo,
donde se retracta diciendo que sus palabras fueron tomadas fuera de contexto, o
de manera opuesta a lo que él quiso decir.
El país no olvida que LCSA, fue un banquero que se enriqueció con el UPAC, que
le quitó la oportunidad de tener vivienda a más de medio millón de colombianos,
que su fortuna se amasó en la época de los carteles de la droga y que ha estado
envuelto en muchos escándalos de corrupción, que son olvidados, archivados o
simplemente prescriben, además de la apropiación de baldíos con la complicidad
de las autoridades, estos baldíos, son las tierras que deben ser asignadas a los
campesinos y trabajadores agrarios, en condiciones de pobreza, que la norma
prohíbe acumular en más de una Unidad Agrícola Familiar UAF, para evitar el
feudalismo territorial.
Además de ser dueño del grupo AVAL, que acumula cuatro bancos, el periódico El
Tiempo, el fondo de pensiones Colpensiones, una cadena de hoteles, concesiones
viales con sus respectivos peajes, constructoras de vivienda, compañías
petroleras, de gas, ¿Cree que eso le da la autoridad para robarle al país más de
13 mil hectáreas de baldíos de los campesinos pobres? ¿Porque nadie dice nada?
¿Porque nadie atiende las denuncias de los campesinos en los municipios de
Puerto Gaitán y Puerto López en el Meta, que son ahora de su propiedad?
Miremos solamente Pajonales, una extensión de más de 4.000 hectáreas donde se
viola la prohibición de acumular baldíos y donde la UAF es de tan solo 699
hectáreas, un personaje que ha recibido millonarios recursos no reembolsables
del estado para sus negocios agroindustriales, como por ejemplo; 36 mil millones
de Finagro, de la contratación estatal, de las gabelas o exenciones arancelarias
sin determinar, de los caros costos a los usuarios de sus bancos, de los
intereses de usura a los préstamos que
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hace. Usted señor LCSA si hace lo que se
le da la gana, para ud. no existe la ley, su avaricia no tiene límites y no es
solo por cobrar los peajes más caros, por amañar obras cuyas concesiones son a
20 años y algunas ya van para 40.
Luís Carlos Sarmiento Ángulo, ud. si ha sido un expropiador, usted ha sido un
corrupto que de la mano de personajes que no litigan si no que más bien compran
la justicia, como el despiadado corrupto Néstor Humberto Martínez, usted se ha
pasado gran parte de su vida delinquiendo y dejando en la ruina, no solo al
país, también a cuánta persona se retrase en los pagos de las obligaciones
crediticias en sus bancos y hasta de lavado de activos le han endilgado o
recordemos lo de Odebrecht.
Leer a Molière
en su obra el avaro, este se queda en calzoncillos
ante su crueldad y avaricia, ante su maldad y corrupción, usted es un ser
despiadado, despreciable y como diría mi padre, con la lápida pegada al derrier
más al lado de allá que de acá y no deja de escrutar las maneras de robar más el
país, dijo que los colombianos no debemos dejarnos enredar en discusiones
farisaicas, cuyo propósito evidente es el de impedir el análisis y juiciosa
consideración de la idea propuesta, que es exactamente lo que usted le hace a
los colombianos, al país, quitarle los beneficios que son destinados a los
campesinos, a la clase media, a los humildes trabajadores que son obligados a
abrir cuentas en sus corporaciones bancarias, para cobrarles y
descontarles por derecha el manejo de las tarjetas y cuentas donde les
depositan su salario mínimo, que ya por demás no les alcanza para su
sustento.
Deberíamos darle una lección a este miserable avaro multimillonario y
sacar nuestros pocos ahorros de sus bancos, del fondo de pensiones y
pedirle al presidente electo, que recupere las tierras de los campesinos
y tengo la total seguridad, que seguirá siendo el hombre más rico del
país y uno de los más ricos del mundo.
¿De
quién es la verdad?

Por: Guillermo Navarrete Hernández
Nada más relativo en la vida que la verdad. Sobre ella
se escudan hasta los que mienten para encubrir el engaño con propósitos
manipuladores. De hecho, existen teorías orientadas a explicar la
incidencia de esta en las relaciones individuales, familiares y
sociales.
Desde Aristóteles hasta filósofas y filósofos
contemporáneos como Arendt, Nussbaum, Habermas y Bauman. En el aspecto
espiritual la verdad es fundamental a la hora de confesar los pecados
para alcanzar la redención.
Al mismo tiempo, puede afirmarse que se enmarca dentro
de diferentes tipologías, de acuerdo con la perspectiva desde la cual se
quiera interpretar: la verdad científica, la verdad relativa, la verdad
a medias, la verdad verdadera y hasta la verdad judicial. En justicia
restaurativa se constituye en un pilar básico para la restitución de los
derechos de las víctimas.
Cuando de conflictos se trata, aquel viejo adagio de que la historia la
cuentan los vencedores deja por fuera la necesaria narrativa de los
vencidos, quienes en un sinnúmero de ocasiones terminan siendo víctimas
de procesos prolongados y sistemáticos de violencia perpetrada por
detentadores del poder.
Fenómeno recurrente en diversos territorios de la
Nación, en donde la mayor parte de sus habitantes debieron someterse a
la verdad del actor armado que ejercía – y ejerce- el dominio
territorial, muchas de las veces en connivencia con clanes políticos.
En Colombia, los esfuerzos realizados para explicar las causas de la
violencia que conduzcan a la verdad de lo sucedido y evitar así la
repetición de los hechos, son varios, y ha sido a través de las
denominadas Comisiones de la Verdad.
La primera de ellas, se instituyó en el gobierno del
General Gustavo Rojas Pinilla luego de un proceso de armisticio y
desmovilización de las guerrillas liberales, de la que surgió el libro
“La Violencia en Colombia”, escrito por el Sacerdote Germán Guzmán
Campos, Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna.
Dos tomos de relatos tormentosos y atormentados,
expresiones utilizadas en el prólogo de Fals Borda (2005) para referirse
“a la tragedia del pueblo colombiano desgarrado por una política nociva
de carácter nacional y regional y diseñado por una oligarquía que se ha
perpetuado en el poder a toda costa, desatando el terror y la violencia”
(p. 11).
Posteriormente, se establecieron dichos mecanismos con
diferentes nombres en los gobiernos de Virgilio Barco Vargas, César
Gaviria Trujillo y Ernesto Samper Pizano; además de la creada por la
Corte Suprema de Justicia en el 2005 para revelar los hechos del Palacio
de Justicia, al igual que otras para establecer lo sucedido en masacres
como la de Trujillo, Uvos, Caloto y Villatina, para culminar con la
Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación del gobierno Uribe con
ocasión del pacto con grupos paramilitares y la Comisión para el
Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la no Repetición producto
del Acuerdo entre el Estado y las Farc, en el año 2016.
El pasado 28 de junio, después de cinco años de ardua labor, esta última
presentó ante la sociedad el informe final: “Hay futuro si hay verdad”,
896 páginas de hallazgos de multidiversa violencia y de recomendaciones
para superar una prolongada y triste etapa de nuestra historia.
Para algunos dogmáticos corresponde a un documento con
lamentablemente sesgo ideológico. A mi juicio, la oportunidad de buscar
puntos de encuentro en medio de la diferencia para construir inclusión y
bien-estar.
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