Bogotá, Colombia -Edición: 345

 Fecha: Miércoles 22-06-2022

 

 

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COLUMNISTAS

 

   

Democracia Directa Liberada

 

Por: Edgar Cabezas

 

La revolución burguesa que derrotó hace más de 200 años al régimen monárquico feudal, secuestró en cabeza de las fuerzas militares y de policía la democracia constituyente de los estados nación. La celebración de la fiesta patria se conmemora de manera simbólica con desfiles de las fuerzas militares y de policía que representan el pago permanente de la deuda ancestral y permanente que se les ha de pagar por la defensa de la independencia y la libertad que disfruta en el presente la ciudadanía.


En Colombia las fiestas patrias del 20 de julio y el 7 de agosto son los días calendarios, en que por conmemoración a la independencia y a la libertad, el presidente de la República instala el 20 de julio las sesiones del Congreso y el 7 de agosto se posesiona ante el Congreso el presidente electo de la república.

 

Este periodo que corresponde a 19 días entre el 20 de julio y el 7 de agosto de 2022. la Asamblea Popular Constituyente del Censo Electoral puede y debe declarar como la fiesta de la civilidad que clausura el secuestro de la democracia y la declara en libertad.


La verdad histórica de nuestra realidad nos exige como imperativo categórico e hipotético y conforme a la comisión de la verdad, superar la política de la muerte, dejar en el pasado el fratricidio colombiano, reconciliarnos, desarrollar las políticas públicas que aseguren los derechos fundamentales de la ciudadanía y la naturaleza, sentar las bases de una paz estable y duradera y así, realizar la transición hacia la ejecución de la política de la vida que cure las heridas y nos permita recordar sin dolor las atrocidades cometidas contra las personas civiles, militares y alzados en armas.


Por las razones anteriormente expuestas es necesario cancelar el desfile militar del 20 de julio fecha de la independencia y autonomía del territorio nacional y las entidades territoriales que lo constituyen, así como la rendición de honores militares al presidente de la república el 7 de agosto.

 

Estos días deben ocuparse en hacer que se concreten las propuestas de los congresistas del poder legislativo electo y el equipo de empalme de la rama del poder ejecutivo electo, de la seguridad ciudadana y de la defensa del territorio nacional para presentar la reforma a las fuerzas militares y de policía sobre la institucionalización de la seguridad ciudadana, la educación en la democracia y en las libertades individuales y los derechos humanos, revisando y sustituyendo la doctrina de la seguridad interior y el régimen especial de seguridad social.


A los representantes del poder constituido en las ramas de los poderes ejecutivo y legislativo se les invita a que imiten a las organizaciones sociales entre el 20 de julio y el 7 de agosto, con la estelar fiesta patria del “traje”, en que se cocinarán los alimentos, se servirá la mesa de la abundancia y se marchará la palabra dialogante de la espiritualidad del amor. La fiesta de traje de congresistas y ministros que dicen, “yo traje la papa, yo traje la yuca, yo traje…”

 

En estas fiestas patrias la ciudadanía debe estar atenta en sus respectivos hábitats a lo que de manera simbólica va a acontecer entre el 20 de julio y el 7 de agosto.

 

Preparen asados, sancochos, tapaos y ajiacos porque vamos a liberar la democracia de quienes la tienen secuestrada con las armas a nivel planetario.

 

El Camino fácil

 

Por: Linda Cubillos Vizcaíno.


Todos, sin excepción, nos hemos encontrado alguna vez frente a una disyuntiva, una dicotomía, un dilema moral. Y cada uno ha tenido que decidir, según sus principios y su realidad, aquello que le ha sido más favorable o conveniente. Resulta que esto es más sencillo cuando estamos solos, cuando únicamente se trata de nosotros mismos. Total, en ese orden de ideas, el único argumento a considerar es el propio y, en tal caso, cualquier posibilidad de disenso está neutralizada.

No obstante, la situación toma otro tinte y se pone un tanto más compleja, cuando se trata de la sociedad, de pensar estos dilemas morales en comunidad, de decidir según principios y estructuras morales diversas, lo que resultará -o por lo menos, lo que se espera que resulte-, más favorable para todos.

 

Aquí se trata de conciliar muchas realidades diferentes, de unificar criterios, de moldear un contrato social, un pacto. Tarea nada sencilla, puesto que supone ceder a otros, parte de lo que uno espera para sí. Implica renunciar a ciertos privilegios, discutir sobre temas álgidos, y llegar a consensos que con seguridad serán debatidos y cuestionados por otras generaciones, y que, con una probabilidad muy alta, provocarán el descontento de un sector de la población, que sentirá que el acuerdo logrado, no representa sus intereses individuales.

 

Pensar en colectivo, pensar el bien común y la satisfacción de necesidades ajenas, no es tan difícil como se cree. Todos estamos en capacidad de hacerlo. Lo hemos hecho desde que conocemos a nuestros padres, a nuestros hijos, lo hemos hecho por nuestros amigos, por nuestros animales. Es decir que, pensarnos de esa manera, con empatía y consciencia de la otredad, no es lo complicado. Le tememos a este tipo de discusiones porque no hemos sido entrenados éticamente ni

 

 

 

argumentativamente para ello. Estamos habituados a defender nuestro pequeño espacio personal, incluso con rapacidad y violencia. Hemos hecho de nuestro instinto auto-protector, una ideología. Obedecemos más a nuestra amígdala cerebral, que a otra cosa, cuando de sobrevivir se trata. La cuestión es, que no siempre estamos frente a situaciones de supervivencia, máxime en la actualidad, cuando es de conocimiento de todos, que en efecto existen en el mundo los recursos suficientes para satisfacer las necesidades básicas de los seres humanos que habitan la Tierra.

Ahora, reduciendo este espectro magnífico, a la escala de nuestro país, podríamos plantearnos: ¿qué tan difícil puede ser para una comunidad que tiene la fortuna de haber nacido sobre una tierra que lo produce todo, llegar a construir un pacto en el que todos tengamos participación y todos seamos beneficiados? Si sabemos, a ciencia cierta, que todos somos capaces de identificar aquello que hace la vida insoportable o que, por el contrario, la hace agradable de vivir, y que, en términos generales, ambas condiciones son compartidas por todos los seres humanos, ¿por qué entonces insistimos en sobre valorar lo que nos divide y perpetúa, tanto la ideología como el accionar primitivo basado en defender la propiedad, sobre la vida y la dignidad humanas?

Por qué es tan extraño para los colombianos que aparezca alguien con un discurso de unidad, de respeto por la diferencia, de generar mejores condiciones de vida, no sólo para un sector de la sociedad, como ha sucedido por décadas, acaso por causa de estas ideas primarias y egoístas basadas en una necesidad de batirse por la supervivencia –cuando esa necesidad es anacrónica-; y que se plantee una idea de igualdad, de crecimiento, de mejoras en la calidad de vida de todos, y que así mismo, todos observemos un compromiso ostensible asumiendo su cuota de responsabilidad en medio de la materialización de esas ideas?
Siempre será más fácil seguir defendiendo la pequeña fracción de suelo que creemos poseer. Siempre será más fácil ponerle cercos a nuestra conciencia, como a aquello bajo nuestro dominio material. Tratar de acallar el dolor ajeno, el hambre, el frío, la enfermedad que no nos toca, y continuar en la indiferencia esperando que sea el mundo exterior el que cambie, o que se encargue de eso el caudillo bajo el ojo mediático del huracán, siempre será el camino fácil.

El difícil, pero virtuoso y que quizá enorgullezca a las generaciones futuras, es el que conlleva la propia transformación. El que implica abandonar las críticas prejuiciosas, la reproducción de narrativas que, en lugar de sumar, restan e implantan en la mente del colectivo, más miedos de los que ya harto ha tenido que soportar, y otros por hechos que ni siquiera han sucedido.

Pensemos al otro, transformemos nuestras propias necesidades, seamos realistas con la temporalidad de nuestra propia existencia y apoyemos las causas que nos inviten a la unidad y a generar un nuevo pacto social. Ningún logro histórico se ha dado, siguiendo el camino fácil.
 

¡EL AVARO ASUSTADO!

 

 

Por: Iván R. Contreras C.


Nadie puede hacer lo que le venga en gana, fueron las palabras de Luís Carlos Sarmiento Ángulo, el hombre más rico del país, con una fortuna según Forbes, qué pasa los 13 mil millones de dólares y que está ad portas de al fin pagar impuestos, como debe pagarlos y sin todas las prebendas que le otorgan los politiqueros y los presidentes que son alcanzados por sus tentáculos, en las campañas políticas, de las que reciben de este, miles de millones para financiarlas.

Al mejor estilo de los que quieren sembrar pánico y miedo contra el presidente electo Gustavo Petro Urrego, palabras más, palabras menos dijo en la inauguración de la nueva calzada Chirajara-Fundadores, en la ruta a Villavicencio, que nadie debe ser expropiado, lo dijo sin inmutarse, sin el más mínimo recato de pudor, para luego enviar una carta a su periódico El Tiempo, donde se retracta diciendo que sus palabras fueron tomadas fuera de contexto, o de manera opuesta a lo que él quiso decir.

El país no olvida que LCSA, fue un banquero que se enriqueció con el UPAC, que le quitó la oportunidad de tener vivienda a más de medio millón de colombianos, que su fortuna se amasó en la época de los carteles de la droga y que ha estado envuelto en muchos escándalos de corrupción, que son olvidados, archivados o simplemente prescriben, además de la apropiación de baldíos con la complicidad de las autoridades, estos baldíos, son las tierras que deben ser asignadas a los campesinos y trabajadores agrarios, en condiciones de pobreza, que la norma prohíbe acumular en más de una Unidad Agrícola Familiar UAF, para evitar el feudalismo territorial.

Además de ser dueño del grupo AVAL, que acumula cuatro bancos, el periódico El Tiempo, el fondo de pensiones Colpensiones, una cadena de hoteles, concesiones viales con sus respectivos peajes, constructoras de vivienda, compañías petroleras, de gas, ¿Cree que eso le da la autoridad para robarle al país más de 13 mil hectáreas de baldíos de los campesinos pobres? ¿Porque nadie dice nada? ¿Porque nadie atiende las denuncias de los campesinos en los municipios de Puerto Gaitán y Puerto López en el Meta, que son ahora de su propiedad?

Miremos solamente Pajonales, una extensión de más de 4.000 hectáreas donde se viola la prohibición de acumular baldíos y donde la UAF es de tan solo 699 hectáreas, un personaje que ha recibido millonarios recursos no reembolsables del estado para sus negocios agroindustriales, como por ejemplo; 36 mil millones de Finagro, de la contratación estatal, de las gabelas o exenciones arancelarias sin determinar, de los caros costos a los usuarios de sus bancos, de los intereses de usura a los préstamos que

 

 

 

hace. Usted señor LCSA si hace lo que se le da la gana, para ud. no existe la ley, su avaricia no tiene límites y no es solo por cobrar los peajes más caros, por amañar obras cuyas concesiones son a 20 años y algunas ya van para 40.

 

Luís Carlos Sarmiento Ángulo, ud. si ha sido un expropiador, usted ha sido un corrupto que de la mano de personajes que no litigan si no que más bien compran la justicia, como el despiadado corrupto Néstor Humberto Martínez, usted se ha pasado gran parte de su vida delinquiendo y dejando en la ruina, no solo al país, también a cuánta persona se retrase en los pagos de las obligaciones crediticias en sus bancos y hasta de lavado de activos le han endilgado o recordemos lo de Odebrecht.

Leer a
Molière en su obra el avaro, este se queda en calzoncillos ante su crueldad y avaricia, ante su maldad y corrupción, usted es un ser despiadado, despreciable y como diría mi padre, con la lápida pegada al derrier más al lado de allá que de acá y no deja de escrutar las maneras de robar más el país, dijo que los colombianos no debemos dejarnos enredar en discusiones farisaicas, cuyo propósito evidente es el de impedir el análisis y juiciosa consideración de la idea propuesta, que es exactamente lo que usted le hace a los colombianos, al país, quitarle los beneficios que son destinados a los campesinos, a la clase media, a los humildes trabajadores que son obligados a abrir cuentas en sus corporaciones bancarias, para cobrarles y descontarles por derecha el manejo de las tarjetas y cuentas donde les depositan su salario mínimo, que ya por demás no les alcanza para su sustento.

Deberíamos darle una lección a este miserable avaro multimillonario y sacar nuestros pocos ahorros de sus bancos, del fondo de pensiones y pedirle al presidente electo, que recupere las tierras de los campesinos y tengo la total seguridad, que seguirá siendo el hombre más rico del país y uno de los más ricos del mundo.

 

 

¿De quién es la verdad?

 

 

Por: Guillermo Navarrete Hernández
 

Nada más relativo en la vida que la verdad. Sobre ella se escudan hasta los que mienten para encubrir el engaño con propósitos manipuladores. De hecho, existen teorías orientadas a explicar la incidencia de esta en las relaciones individuales, familiares y sociales.

 

Desde Aristóteles hasta filósofas y filósofos contemporáneos como Arendt, Nussbaum, Habermas y Bauman. En el aspecto espiritual la verdad es fundamental a la hora de confesar los pecados para alcanzar la redención.

 

Al mismo tiempo, puede afirmarse que se enmarca dentro de diferentes tipologías, de acuerdo con la perspectiva desde la cual se quiera interpretar: la verdad científica, la verdad relativa, la verdad a medias, la verdad verdadera y hasta la verdad judicial. En justicia restaurativa se constituye en un pilar básico para la restitución de los derechos de las víctimas.

Cuando de conflictos se trata, aquel viejo adagio de que la historia la cuentan los vencedores deja por fuera la necesaria narrativa de los vencidos, quienes en un sinnúmero de ocasiones terminan siendo víctimas de procesos prolongados y sistemáticos de violencia perpetrada por detentadores del poder.

 

Fenómeno recurrente en diversos territorios de la Nación, en donde la mayor parte de sus habitantes debieron someterse a la verdad del actor armado que ejercía – y ejerce- el dominio territorial, muchas de las veces en connivencia con clanes políticos.

En Colombia, los esfuerzos realizados para explicar las causas de la violencia que conduzcan a la verdad de lo sucedido y evitar así la repetición de los hechos, son varios, y ha sido a través de las denominadas Comisiones de la Verdad.

 

La primera de ellas, se instituyó en el gobierno del General Gustavo Rojas Pinilla luego de un proceso de armisticio y desmovilización de las guerrillas liberales, de la que surgió el libro “La Violencia en Colombia”, escrito por el Sacerdote Germán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna.

 

Dos tomos de relatos tormentosos y atormentados, expresiones utilizadas en el prólogo de Fals Borda (2005) para referirse “a la tragedia del pueblo colombiano desgarrado por una política nociva de carácter nacional y regional y diseñado por una oligarquía que se ha perpetuado en el poder a toda costa, desatando el terror y la violencia” (p. 11).

 

Posteriormente, se establecieron dichos mecanismos con diferentes nombres en los gobiernos de Virgilio Barco Vargas, César Gaviria Trujillo y Ernesto Samper Pizano; además de la creada por la Corte Suprema de Justicia en el 2005 para revelar los hechos del Palacio de Justicia, al igual que otras para establecer lo sucedido en masacres como la de Trujillo, Uvos, Caloto y Villatina, para culminar con la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación del gobierno Uribe con ocasión del pacto con grupos paramilitares y la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la no Repetición producto del Acuerdo entre el Estado y las Farc, en el año 2016.

El pasado 28 de junio, después de cinco años de ardua labor, esta última presentó ante la sociedad el informe final: “Hay futuro si hay verdad”, 896 páginas de hallazgos de multidiversa violencia y de recomendaciones para superar una prolongada y triste etapa de nuestra historia.

 

Para algunos dogmáticos corresponde a un documento con lamentablemente sesgo ideológico. A mi juicio, la oportunidad de buscar puntos de encuentro en medio de la diferencia para construir inclusión y bien-estar.

 

 

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