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LA
SEGURIDAD Y LA SOBERANIA ALIMENTARIA

Por I.A. Iván Roberto Pulido González
El artículo 65, de la Constitución Política Colombiana, reza el que la
producción de alimentos gozará de la especial protección del Estado y
para el efecto, dará prioridad al desarrollo integral de las actividades
agrícolas, pecuarias, pesqueras, forestales y agroindustriales, así como
también a la construcción de obras de infraestructura física y
adecuación de tierras para ejecutarlo, pero sin connotar plenamente los
significados de soberanía o seguridad alimentaria.
La FAO, se ha ocupado del derecho a la alimentación, sin embargo, con el
predominio de un retórico lenguaje enfocado al concepto de seguridad
alimentaria, la que dispone en todo momento, del acceso físico, social y
económico de los alimentos suficientes, inocuos y nutritivos para
satisfacer sus necesidades energéticas y preferencias diarias para
llevar una vida activa, sana, sin importar la calidad y deterioro
ambiental que producen al ser importados.
Principio que permite por demás a las multinacionales por su apuesta a
la productividad y competitividad; el desarrollo de manipulación
genética de organismos vivos aplicados a la agricultura sobre nuestros
recursos naturales, que a la larga implican destrucción, agotamiento de
suelos y victimas con severos problemas de salud, modelo neoliberal, que
llevado al campo y maquinado por la agroindustria, concentra riqueza,
pero genera pobreza; basta ver el coeficiente Gini en 0,862 (siendo 1 el
más alto), en materia de desigualdad de tierras.
Se estiman en Colombia 2021 aproximadas 4.4 millones de personas
subalimentadas y más de 177 niños menores de 5 años muertos por
desnutrición.
Razón que concluye en la preocupación del muy corto discurso de la
seguridad alimentaria, al permitir las importaciones de productos a bajo
costo, desestimulando el sector agrario local, lo que genera además
pobreza y desarraigo rural.
Dando lugar a una soberanía alimentaria que sea derecho de pueblos,
comunidades, países para definir sus propias políticas agrarias,
laborales, alimentarias en modelos ecológicos, sociales, económicos y
culturalmente apropiados, para auto sostenimiento y el de sus
sociedades, donde prime el cuidado de los recursos naturales como
elemento de primer orden para garantía de la supervivencia y
establecimiento de bienes no objetos del mercado, protegidos y
conservados por el Estado.
Tras el hambre y la crisis alimentaria acelerada asechando, se sugieren
urgentes políticas de estado, en materia del derecho que asista a las
comunidades a una sana alimentación y generación de normas necesarias
que protejan la soberanía alimentaria como fin defensor del territorio y
de la vida.
Se pone en la palestra el modelo agrario colombiano, con 32% de sus
pobladores campesinos; como inequitativo, completamente vulnerador de la
población rural, discriminador de la mujer, excluyente, no contribuyente
a la conservación ambiental, poco democrático, concentrador de riqueza y
promotor de toda índole de conflictos.
Que ante el desolador contexto promueven a la lucha por establecer la
soberanía alimentaria como derecho de los pueblos a no sufrir hambre, en
postulado de relación armónica con la naturaleza, que el mismo
establecimiento respete, acate y garantice.
La soberanía alimentaria debe ser fundamentada éticamente como
estandarte de vida, justicia, dignidad de los pueblos; por ello mismo,
contraria a toda política de apertura económica; en favor de la
multiculturalidad y autonomía del territorio, donde sean las comunidades
las encargadas de la definición consensuada de sus propias políticas
agrarias, sistemas de producción y comercialización deslindadas de
semillas certificadas y solo optativas por nativas; inclinadas a
mercados locales, agricultura
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familiar; cero monocultivos, no agrotóxicos y reducida
desigual brecha rural - urbana; hasta el florecimiento de un nuevo
modelo campesino.
ASOCIACIÓN DE INGENIEROS AGRÓNOMOS EGRESADOS UT
¡DECISIONES QUE CELEBRO!

Por: Álvaro Ramirez González
alragonz@yahoo.es
Cualquier cosa que diga u opine sobre el gobierno que se inicia de
Gustavo Petro, se volvió para mí un verdadero dolor de cabeza.
Si critico los apresurados y poco estudiados anuncios de los ministros
ya nombrados, se me viene encima un alud de mamertos a insultarme de la
manera más feroz.
Me atacan como fieras.
¡En manadas!
Si opino que lo mejor que le puede pasar al país es que le vaya bien a
Petro, es peor aún.
¿A qué hora se voltio?
¿Cuándo lo compraron?
Por Dios, como querer que le vaya mal al chofer del bus, si nosotros
vamos adentro?
Todo eso hace parte de un sentimiento colectivo de incertidumbre.
Y de una viudez de poder de quienes lo tenían.
Pero es un hecho que está transición en el poder debe ser un proceso
civilizado.
Petro lo ha mostrado así.
Se ha reunido con casi todos los gremios y casi todos los jefes
políticos.
Hasta con su archienemigo Alvaro Uribe tuvo una reunión cordial y
civilizada.
Algunos Petristas cercanos al jefe, han actuado diferente y se han
extralimitado en sus comentarios.
La respuesta de Gustavo Bolívar a Luís
Carlos Sarmiento, es descortés, amenazante y vulgar.
Aun así, este magnate inaugurará en pocos días, con el presidente
Gustavo Petro a su lado, la clínica de Cáncer y el Instituto de
Investigación de Cáncer más avanzados de América Latina, producto de una
generosa y multimillonaria donación del Grupo Aval.
La decisión del presidente Uribe de encabezar una oposición racional es
de alabar.
Sin recibir ningún beneficio del gobierno, se aprobará lo que el CD crea
que es útil para el país y se negará lo que consideren inútil.
Pero esa oposición sin duda va a enriquecer y a darle altura política y
técnica a los debates.
César Gaviria acordó en su reunión con Petro en Florencia Italia, que el
liberalismo será partido de gobierno.
Vale decir que si recibirá participación burocrática y acompañará el
plan legislativo del nuevo gobierno.
Uribe y Gaviria ya estuvieron al frente del Gobierno y desde orillas
distintas van a hacer un acompañamiento a un novato que no tiene la
experiencia de gobernar.
¡Y que tiene cerca muy malos consejeros!
Yo celebro ambas decisiones de los Uribistas y los Liberales.
Esto tiene que ser un proceso no sólo civilizado, sino además
consensuado, discutido, y negociado.
De otra manera esto se volverá como Venezuela.
Lamentables las improvisadas declaraciones de los ministros ya
nombrados, que no han hecho otra cosa que atemorizar a todo el país.
La disparada cotización del dólar, es la lógica consecuencia de esas
torpes e inmaduras declaraciones.
¡Póngale la firma!
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¿DE QUIÉN ES LA VERDAD?

Por: Guillermo Navarrete Hernández
Nada más relativo en la vida que la verdad. Sobre
ella se escudan hasta los que mienten para encubrir el engaño con
propósitos manipuladores.
De hecho, existen teorías orientadas a explicar la incidencia de esta en
las relaciones individuales, familiares y sociales. Desde Aristóteles
hasta filósofas y filósofos contemporáneos como Arendt, Nussbaum,
Habermas y Bauman.
En el aspecto espiritual la verdad es fundamental a la hora de confesar
los pecados para alcanzar la redención. Al mismo tiempo, puede afirmarse
que se enmarca dentro de diferentes tipologías, de acuerdo con la
perspectiva desde la cual se quiera interpretar: la verdad científica,
la verdad relativa, la verdad a medias, la verdad verdadera y hasta la
verdad judicial. En justicia restaurativa se constituye en un pilar
básico para la restitución de los derechos de las víctimas.
Cuando de conflictos se trata, aquel viejo adagio de que la historia la
cuentan los vencedores deja por fuera la necesaria narrativa de los
vencidos, quienes en un sinnúmero de ocasiones terminan siendo víctimas
de procesos prolongados y sistemáticos de violencia perpetrada por
detentadores del poder. Fenómeno recurrente en diversos territorios de
la Nación, en donde la mayor parte de sus habitantes debieron someterse
a la verdad del actor armado que ejercía – y ejerce- el dominio
territorial, muchas de las veces en connivencia con clanes políticos.
En Colombia, los esfuerzos realizados para explicar las causas de la
violencia que conduzcan a la verdad de lo sucedido y evitar así la
repetición de los hechos, son varios, y ha sido a través de las
denominadas Comisiones de la Verdad.
La primera de ellas, se instituyó en el gobierno del
General Gustavo Rojas Pinilla luego de un proceso de armisticio y
desmovilización de las guerrillas liberales, de la que surgió el libro
“La Violencia en Colombia”, escrito por el Sacerdote Germán Guzmán
Campos, Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna.
Dos tomos de relatos tormentosos y atormentados, expresiones utilizadas
en el prólogo de Fals Borda (2005) para referirse “a la tragedia del
pueblo colombiano desgarrado por una política nociva de carácter
nacional y regional y diseñado por una oligarquía que se ha perpetuado
en el poder a toda costa, desatando el terror y la violencia” (p. 11).
Posteriormente, se establecieron dichos mecanismos con diferentes
nombres en los gobiernos de Virgilio Barco Vargas, César Gaviria
Trujillo y Ernesto Samper Pizano; además de la creada por la Corte
Suprema de Justicia en el 2005 para revelar los hechos del Palacio de
Justicia, al igual que otras para establecer lo sucedido en masacres
como la de Trujillo, Uvos, Caloto y Villatina, para culminar con la
Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación del gobierno Uribe con
ocasión del pacto con grupos paramilitares y la Comisión para el
Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la no Repetición producto
del Acuerdo entre el Estado y las Farc, en el año 2016.
El pasado 28 de junio, después de cinco años de ardua labor, esta última
presentó ante la sociedad el informe final: “Hay futuro si hay verdad”,
896 páginas de hallazgos de multidiversa violencia y de recomendaciones
para superar una prolongada y triste etapa de nuestra historia.
Para algunos dogmáticos corresponde a un documento con lamentablemente
sesgo ideológico. A mi juicio, la oportunidad de buscar puntos de
encuentro en medio de la diferencia para construir inclusión y
bien-estar.

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