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EDITORIAL
Más atención del Covid-19 en
Colombia en estos tiempos
Ya se ha venido hablando en los últimos días
acerca del incremento que ha tenido el Covid-19 en estos dos
últimos meses en Colombia y que indican cifras preocupantes como
el fallecimiento de 230 personas en la última semana y más de
1.200 contagiados.
A pesar de estos anuncios y de estas cifras que se reportan en
el país, una situación que es demasiada preocupante es que
realmente no se están tomando todas las precauciones necesarias
para disminuir este quinto contagio.
Son varias las situaciones que se están presentando en la
actualidad y evidencia que tanto los ciudadanos como las
autoridades competentes no están haciendo bien las cosas o mejor
no se han tomado en serio este quinto pico de contagios teniendo
en cuenta que la letalidad sigue siendo demasiada baja por las
jornadas de vacunación.
Aunque las muertes han disminuido de manera considerable
respecto a los dos años anteriores, estas siguen ocurriendo, y
nos debe preocupar el hecho que en la última semana fueron 230
familias que perdieron a sus seres queridos a causa del Covid-19.
Por parte de las autoridades sanitarias se evidencian algunas
falencias como el hecho que actualmente se está usando el 20% de
la capacidad con la que cuenta el Estado para la realización de
las pruebas PCR para detectar el virus.
Otra de las falencias que se están presentando en los hospitales
es que ya no están habilitadas las áreas exclusivas de atención
para las personas que son sospechosas de Covid-19, todas a pesar
que presentan síntomas respiratorios son atendidas en urgencias
a la par con otros pacientes que presentan otras patologías,
olvidando de esta manera que muchas personas son asintomáticas y
pueden propagar el virus.
Respecto al tema de vacunación sigue siendo muy limitada la
información y la publicidad para las personas que quieran
acceder a la vacunación, ya sea su tercera o cuarta dosis. Es
decir, realizan jornadas de vacunación, pero en la mayoría de
las veces los ciudadanos no se dan cuenta de la programación.
También es válido comentar que así muchos se den cuenta de la
existencia de estas jornadas de vacunación, la gente no está
accediendo a aplicarse ni la tercera y la cuarta dosis, porque
consideran que se trata de un tema que ya está superado cuando
realmente no es así.
La falta de protocolos y de auto cuidado principalmente en los
lugares públicos ha sido otra de las causas por las cuales se
está evidenciando un incremento en los contagios de Covid-19 en
Colombia y que está afectando a las personas de la tercera edad,
especialmente aquellas que no se vacunaron o tienen su esquema
de vacunación incompleto.
De acuerdo con cifras reveladas por el Ministerio de Salud del
total de estos últimos fallecimientos reportados por Covid-19,
el 50% eran personas adultas mayores que no estaban vacunadas;
motivo por el cual se hace necesario que se continúen
desarrollando todas estas jornadas de vacunación.
En definitiva, no podemos seguir bajando la guardia ante el
Covid-19, y no se está haciendo referencia exclusivamente a que
volvamos a las restricciones que teníamos antes porque ese no es
el caso, pero la verdad es que si debemos ser mucho más
cuidadosos y responsables con nosotros mismos y con los demás.
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Fiestas de la
Cosecha de Borrachos

Por: Zahur
Klemath Zapata
zkz@zahurk.com
De las cosas simples se dan los grandes acontecimientos, esto es
natural porque las circunstancias de los hechos crean una
tradición.
Las Fiestas de la Cosecha como las han llamado en Pereira por
décadas, han tenido un sinnúmero de variaciones en su
presentación. Pero no las han podido delinear como algo que
tenga un derrotero y un conjunto de actos que permitan realmente
atraer a un turismo variado porque son llamativas y porque es
una fuente de traer dinero a la ciudad.
Cuando la coca estaba en su apogeo, fueron las mejores fiestas,
por la inversión que se hizo de quienes tenían el dinero. Lo
mismo ocurrió con la bonanza cafetera y la de la “marimba” como
la llamaron. Esas si fueron cosechas y no del Chupe.
La gente trata de ser moralista y condenar las cosas que hacen
los otros por la falta de imaginación o la de capacidad
económica. Pero todos en el fondo quisieran tener dinero para
vivir mejor y llenar sus necesidades diarias. Pero todo no se da
como uno quisiera que se diera.
La envidia salta cuando alguien ve que la otra persona está
prosperando y hace cosas que ellos son incapaces de hacer o no
pueden por múltiples razones. Y todo ese sinnúmero de
situaciones ha llevado a que se creen leyes del estado que al
final desatan la criminalidad y acentúan la envidia.
Estas fiestas llamadas de la Cosecha lo que han hecho es incitar
a la bebida, porque la licorera de Caldas logra como oportunidad
vender su existencia de licor para que todo un pueblo se
emborrache y nueve meses después se vean los resultados.
No han usado esta temporada para fomentar la cultura, los
conciertos musicales, las competencias del saber, de desarrollo
tecnológico, desfiles de carrozas. Todo lo que una ciudad pueda
ofrecer a industriales y empresarios y así engrandecer la
economía local y regional.
Pero esto está más orientado a una fiesta de borrachos, con la
intención de sacarle los ahorros a los que los tienen y dejar
endeudados a una multitud que solo ve lo que les están enseñando
a emborracharse y no a que la ciudad sea prospera y que miles de
turistas vengan porque hay razón de ir a muchos espectáculos o a
invertir su dinero.
Pereira está llena de casinos que en proporción por territorio
tiene más que Las Vegas porque el gobierno está orientando mal
al ciudadano. El eje cafetero como se llama esta zona tiene
muchas posibilidades. Esta la Zona Franca en Caimalito, hay
miles de productos a nivel tecnológico que se desarrollan en esa
área y tiene una de las gentes más amables del país.
Los de las fiestas de la Cosecha de borrachos son los que van a
la fiesta del chupe.
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LOS LÓPEZ
QUÉ ESTÁ LEYENDO Gardeazábal

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Reseña del libro de Oscar Alarcón Nuñez, LOS LÓPEZ EN LA
HISTORIA DE COLOMBIA, editado por
Planeta
AUDIO: https://www.spreaker.com/episode/50443169
La figura de Alfonso López Pumarejo quedó en la historia de
Colombia. No solo fue presidente dos oportunidades sino que con
su sapiencia y su estilo importado reorganizó el antiguo país
primitivista y campesino. Fue él, con su equipo de jóvenes
provincianos o de ancianos novedosos, quien le dio un vuelco a
las anticuadas instituciones que la Iglesia había mantenido para
asegurarse el poder civil, el terrenal, el político y el
celestial y a veces hasta el infernal.
Como tal entonces fue querido y adorado por las masas
empobrecidas, que comenzaban a ganar salario y poco a poco
dejaban de pagar aparcería, y odiado como un dizque comunista
peligroso por los latifundistas injustos, los ricos amasadores
del dinero y los faltos de visión patriótica encabezados por los
curas.
Gozó de respeto, honor y gloria pese a los líos en que la
ambición de sus hijos o las travesuras de sus hermanos le
pusieron zancadillas. Forjó en su hogar a un señor de la
política, inteligente aunque con mejores maneras de lord inglés
o de sibarita avaro, como lo fue su hijo Alfonso López Michelsen,
quien también llegó a la presidencia.
Ellos dos, entonces, ocupan tres cuartos de la centuria de la
vida colombiana del siglo XX y su huella aunque no ha sido
justamente analizada ha sido objeto de algunos historiadores o
de personas cercanas a su entorno. Sobre esos dos personajes y
su descendencia acaba de aparecer un libro del ágil pero quizás
demasiado simpático Oscar Alarcón Núñez.
Basado en Duarte French y sus trabajos sobre las Ibañez y
habiendo leído y citado a varios historiadores que le sirvieron
de documento, Alarcón hace una narración fácil de este par de
vidas pero como es un ingenioso contertulio y no un historiador
de método y disciplina, el libro termina siendo un amasijo de
anécdotas bien narradas pero tremendamente desordenadas.
Tanto que parecen haber salido de unir, sin establecer
correcciones estructurales, diversos ensayos que en otros
diversos momentos de la vida Alarcón escribió sobre los López,
sus ancestros, sus vivencias y, sobre todo sus vigencias, hasta
en muchas veces repetirse. Al viejo López Pumarejo lo sigue
hasta que deja la segunda presidencia, cuando se vió obligado a
renunciar y no lo vuelve a tomar seriamente en el libro sino
cuando ya está de embajador en Londres un poco antes de morir.
Se regodea entonces con evidente gratitud en los López Michelsen
y por no usar la disciplina académica al historiar, no llega a
concretar una visión completa, y sobre todo explicativa, de ese
genio regodeado que fue López Michelsen. Prefiere más bien hacer
una historia de Colombia y sus quehaceres políticos mencionando
de refilón a los nietos del viejo López aunque desperdicia ese
portento de humor y gracia infinita que es Alfonso López
Caballero, el actual embajador en Moscú, quien se ha gozado la
vida sin llegar nunca a las cúspides.
Un libro hecho con más cariño que empeño.
El Porce, julio 2 del 2022
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