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EDITORIAL
Continúan los
escándalos de corrupción en
Colombia
Parece ser que la corrupción
no tiene cuando acabar ennuestro país. Los colombianos no
dejamos de sorprendernos con todos estos nuevos casos que cada
día están surgiendo más. En estos últimos días está dando mucho
de qué hablar el caso de presunta corrupción en las Empresas
Municipales de Cali (Emcali) no solo resulta grave por los
millonarios sobrecostos que se están denunciando, sino porque se
están aprovechando de los recursos del erario público.
Todos estos contratos los realizan a través de la politiquería.
Estos funcionarios se valen de falsas contrataciones para seguir
haciendo de las suyas, robándole el dinero al pueblo colombiano
como ocurrió con el último caso de corrupción acontecido en la
capital del Valle del Cauca.
Tras todos estos señalamientos sobre las
irregularidades en el contrato AMI No. 500-CS-2039-2022 por 215
mil millones de pesos, ya la Fiscalía, Contraloría y
Procuraduría realizan las respectivas investigaciones. Es claro
que la opinión pública se impactó por las denuncias en torno a
que allí figuran sillas ergonómicas a 17 millones de pesos la
unidad, televisores a 42 millones y pantallas multifunción a 700
millones. Es obvio que corresponde a los entes de control
individualizar las responsabilidades penales, fiscales y
disciplinarias del caso.
Pero la exigencia ciudadana es la de profundizar las pesquisas
sobre toda la contratación de la entidad y judicializar de forma
efectiva y eficiente a los posibles autores materiales e
intelectuales de un presunto detrimento sistemático al
patrimonio de los caleños.
Ello es más urgente porque muchos sectores políticos, económicos
y sociales de esa región han denunciado que habría un ‘carrusel
de contratación’ enquistado en Emcali y señalan a tres casas
políticas de estar detrás
del mismo.
No se puede considerar que el tema comenzó asolucionarse con la
cascada de renuncias de la última semana, que van desde la del
Gerente General y pasan por otros altos cargos de la empresa.
Por más que el polémico y millonario contrato se haya suspendido
tras la ola de denuncias, hubo muchas instancias que
participaron de su aprobación y perfeccionamiento.
Todos los encargados deben dar las explicaciones del caso y
afrontar sus responsabilidades ante la justicia.
Resultan, por lo menos, insólitas e inaceptables las
explicaciones dadas ayer por voceros de Emcali, en el marco de
una audiencia pública, en torno a que, en el caso de los
televisores, la pantalla y otros controvertidos rubros el error
fue que quedaron “mal redactados” los respectivos ítems y que,
en realidad, se trata de equipos complejos que debían llevar a
una medición inteligente y reducción del índice de pérdidasde
energía.
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Los miedos a perder lo poco que
se tiene

Por: Zahur
Klemath Zapata
zkz@zahurk.com
Colombia es un territorio de más
de un millón trescientos mil kilómetros cuadrados en la
actualidad. Se ha desplumado otro tanto más grande de lo
existente por el mal manejo de la cosa pública y nadie se
conduele ni se avergüenza. Hoy unos separatistas antioqueños
quieren pegarle otra mordida al inerte país.
La base mental del pueblo hispano-americano-colombiano se
arrastra como el chichi del pato después de perseguir a la pata
y coronarla, luego aletear como si todo estuviera consumado. Así
viven la gran mayoría de ciudadanos que solo piensan en
rebuscarse la comida del día a día sin que exista un futuro
cercano. Jamás ha existido un futuro para los colombianos
excepto para pagar la deuda externa que se acumula y que cada
niño nace con ella en su partida de nacimiento.
La desconfianza entre cada uno alcanza para no mirarse a los
ojos cuando se hablan, porque nadie confía en el vecino ni en la
familia, este fenómeno viene por décadas, crece porque quienes
manejan el establecimiento son más perversos que los mismos
criminales que señala el Estado, por lo menos ellos se la
rebuscan para alcanzar su propio estatus y compartir sus
utilidades con quienes los apoyan y los rodean, hacen que su
entorno florezca y haya comida servida en la mesa.
Colombia no es pobre, son pobres quienes administran y dilapidan
el esfuerzo de todos. Jamás presentan un superávit económico de
lo que el pueblo les entregó para que administren y
así demostrar que sí saben manejar lo que el pueblo les confió.
El miedo a perderlo todo aflora a la piel porque no hay como
confiar en quien está al frente de los bienes sociales.
Simplemente gobiernan creyendo que gobernar es apropiarse de la
cosa pública y que nada va a pasar porque no existe condenas
eternas, ni la pena de muerte por delitos contra el bien común.
Huir no es la solución, tomar las armas es un error, enfrentarse
al enemigo en solitario es un suicidio, tomar la justicia por
nuestras manos es un acto criminal, denunciar es gritar a las
piedras para que se muevan.
Mientras la sociedad no sea autónoma y libre no podrá establecer
sus manuales de manejo de sus bienes y nombrar a sus
administradores fuera de la democracia, porque esta es la
generadora de la corrupción y el mal manejo. Si hay democracia
habrá negociación entre bandidos para repartirse el país.
El miedo es el peor enemigo de una sociedad cuando se enfrenta a
los
administradores públicos. |
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Crónica de Gardeazábal #508
LA GOLONDRINA
QUE TRAJO EL VERANO

Por: Gustavo
Alvarez Gardeazábal
Reseña
de la novela juvenil de Albeiro Echavarría, editada por
Santillana en Qué está leyendo Gardeazábal.
Audio:https://www.spreaker.com/episode/51436220
Albeiro Echavarría es un recordado periodista de tv desde cuando
fue director por más de una década de Noticinco. Desde entonces
ha venido trabajando en literatura infantil y poco a poco en la
juvenil. Su última novela, LA GOLONDRINA QUE TRAJO EL VERANO,
escrita para muchachos de grado 11, pero que la podemos leer con
agrado e interés hasta los ancianos de 77 como yo, es una novela
asombrosa, deslumbrante y, en especial, provocadora para el
lector, para el crítico, para los maestros, para los padres de
familia, para los estudiantes de último año.
Atronadoramente bien lograda, la novela narra la historia de
Juan D, un muchacho de grado 11 de un colegio en Cali, que se
siente culpable de haber ayudado a matar a su papá porque
insistió en que le compraran un gato que tumbaba todo y el
viejo, infartado de antes, se desplomó de una cuando el felino
tumbó el florero en una noche y el susto del estruendo no lo
resistió su corazón.
Con ese tiquete fatídico, el personaje se desenvuelve
psicológica y dramáticamente en una batalla electoral de su
colegio por elegir al Personero de los estudiantes. El ambiente
de un colegio clase media y las presiones violentas de la
juventud de hoy están solidaria y combativamente presentadas con
ese pretexto de la elección estudiantil.
Las pasiones ocultas o públicas de unos adolescentes con celular
a bordo, amoríos y desvaríos, están casi que milagrosamente
descritos. El atropello de los hijos de papi traquetos en
colegio clase media, están delineados mejor que en una geografía
humana de las antiguas cuando nos dividían en razas pero no en
ingresos y conocimientos.
Cada personaje cumple su rol desde la institución educativa
generando inusitado interés en la trama, apasionamiento en el
lector por la debilidad o fortaleza de los actores y, sobre
todo, una pegajosa atracción al desenvolvimiento, lo que la hace
una novela fulgurante.
A mi, personalmente, me ha impactado. Es la narración del chico
inteligente que descubre en pleno 2020 que es gay y para no
soportar el bulling se blinda como escritor del periódico
estudiantil. Son tiempos muy distintos a los que a mi me tocó
vivir en el Tuluá de 1950, pero eternamente generosos y
románticos hasta sacarle más de una lágrima al lector.
Es una historia para todas las edades, armada con ropa,
celulares y computadores de hoy pero con sentimientos de ayer y
de siempre. ¡Admirable novela!!
El Porce, octubre 1 del 2022
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