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EDITORIAL
La
situación no da tregua en el Perú
La posibilidad de que Pedro Castillo continúe
como presidente de Perú es cada día más complicada. El
mandatario de izquierda, que a duras penas ha podido superar dos
procesos de destitución por parte del Congreso, ahora fue
denunciado por la Fiscalía General que lo acusa de dirigir una
organización criminal de tráfico de influencias y apropiación de
recursos públicos mediante el tamaño de la contratación oficial.
Los cargos son muy graves. Según la denuncia constitucional que
presentó la fiscal general Patricia Benavides ante el Congreso,
al Jefe de Estado se le sindica como presunto autor de los
delitos contra la tranquilidad pública en la modalidad de
organización criminal agravada por su condición de líder. El
documento judicial señala que se encontraron indicios sólidos de
la “presunta existencia de una organización criminal enquistada
en Palacio de Gobierno con la finalidad de copar, controlar y
direccionar procesos de contrataciones para obtener ganancias
ilícitas".
La denuncia, que también sindica a los exministros de Vivienda
así como de Transporte y Comunicaciones, empezó a ser estudiada
ayer por la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales, que
tiene un plazo de diez días para analizar el acervo probatorio
y, en caso de encontrarlo procedente, dar paso a un antejuicio
político-judicial contra Castillo, que podría durar de dos a
tres meses, con el riesgo de que, al final, pueda ser suspendido
del cargo mientras se adelanta el proceso formal, lo que
podría significar que no termine su periodo a mediados de 2026.
Aunque Castillo, que lleva apenas 15 meses en el poder, rechazó
la imputación -la primera que la Fiscalía peruana hace en la
historia contra un mandatario en ejercicio- e incluso acusó a la
entidad de ser parte de una especie de “golpe de estado”, lo
cierto es que el poder judicial ya tiene avanzados sendos
procesos sobre corrupción en la contratación
oficial e incluso lavado de activos, que involucrarían no solo
al mandatario sino a su esposa, cuñados, sobrinos, otros
familiares así como altos funcionarios estatales. Ya varios
están imputados y presos. De acuerdo al ordenamiento
constitucional, el Congreso es la única instancia que puede
decidir sobre este tipo de denuncias. Una vez el pleno analice
el expediente, debe votar la posibilidad de suspender a
Castillo, para lo cual se necesitaría el respaldo de 66 de los
130 integrantes de la instancia legislativa.
Los analistas políticos sostienen que la permanencia del
Presidente en su cargo está en vilo, no solo porque la Fiscalía
tiene una causa probable muy consolidada desde el punto de vista
probatorio, sino porque la coalición parlamentaria que lo apoya
no tiene la fuerza para bloquear un posible llamado a antejuicio
y la respectiva votación para separarlo del cargo. El bloque
gobiernista ya sufrió la baja, meses atrás, del partido Perú
Libre, colectividad que avaló su candidatura el año pasado y a
la cual, incluso, renunció en julio pasado. Las bancadas de
derecha, centro y una facción de izquierda encabezan la
oposición.
Perú, lamentablemente, está acostumbrado al procesamiento de sus
presidentes. Alberto Fujimori purga una larga condena por
delitos de lesa humanidad, en tanto Alejandro Toledo está con
casa por cárcel en Estados Unidos y pendiente de ser extraditado
a su país sindicado en el escándalo de sobornos de Odebrecht.
Alan García prefirió quitarse la vida antes que ser arrestado
por el mismo caso de coimas.
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Ollanta Humala también estuvo en proceso por
dineros ilegales en su campaña y gobierno. Igualmente, Pedro
Pablo Kuczynski se vio forzado a renunciar por el caso de la
multinacional brasileña y Martín Vizcarra, que lo reemplazó, fue
destituido por el Congreso debido a contratación anómala cuando
fue gobernador. Ahora Castillo está a punto de engrosar esa
lista.
Esta inestabilidad política peruana no había,
pese a todo, afectado duramente el impulso económico inca en las
dos últimas décadas. Sin embargo, hoy por hoy la pandemia, el
coletazo inflacionario y la crisis constante en el gobierno
Castillo tienen a esa nación sumida en la incertidumbre, con la
población polarizada, la inversión extranjera frenada, los
índices de pobreza e inseguridad al alza así como la sensación
generalizada de que el país perdió el rumbo y es necesario un
timonazo a todo nivel.
La
responsabilidad no es de todos es de quienes tienen la habilidad
de hacer las cosas bien

Por: Zahur
Klemath Zapata
zkz@zahurk.com
Una gran mayoría de mujeres tienen la habilidad de mantener el
orden en la casa, esa organización se ve desde el momento en que
se cruza la puerta y se está en la sala. Los hombres están más
dedicados a las cosas que llaman prácticas aunque los
habilidosos mantienen un entorno y una presentación que refleja
su personalidad, poder y visión de la vida.
En el manejo de la cosa pública de los países existe una
combinación de habilidades en el personaje que asume la
responsabilidad de administrar los bienes sociales y sí sabe
ejecutar y alcanzar las metas impuestas. A diferencia del
demagogo que se presenta con un cartel de habilidades y títulos
que no demuestran en realidad haber logrado una premiación por
haber sacado adelante un proyecto del cual la sociedad se ha
beneficiado de él.
Colombia está en un proceso de maduración intelectual y social.
Ha pasado por una serie de decantaciones quemando etapas que
otros países no han tenido la oportunidad de vivirlas y
superarlas. Casi un siglo de violencia ha marcado a la sociedad
y todos están tocados por ese signo maligno y no lo pueden
apartar como quien se baña y sale limpio a ponerse ropa sin
ninguna mancha para asistir a la boda de uno de sus hijos.
Estamos en el comienzo de otra etapa social. Los temores y los
rumores golpean a diario y crean desconfianza. Pero la realidad
es que no hay una unidad que mueva a toda la sociedad a sacar
adelante el país. Es como si el pasado se repitiera y los
enemigos y los resentidos nuevamente se aglutinaron a ladrar
como el perro en la noche lo hace en medio de su soledad.
Estamos en el momento preciso para recogernos y trabajar bajo
una sola bandera que nos permita demarcar el camino que nos
conduzca a alcanzar el bienestar que todos anhelamos. De esta
forma nos hacemos fuertes y podemos obligar a quienes nos
representan para que actúen no bajo el signo de la corrupción y
el despilfarro de los bienes sociales sino para que juntos
podamos construir esta nación que lo tiene todo y que hace falta
que la vuelvan productiva.
Los días llegan y se van al igual que las protestas, al final
solo queda el vacío que provocamos y nadie lleva nada a casa. La
mesa siempre estará esperando que sea servida y que los
comensales puedan disfrutar de haber cumplido con haber
participado con algo que está sobre la mesa.
El odio y la envidia son los mejores cosechadores de amarguras,
pero al final como un barco abandonado por la peste todos ellos
terminaran a la deriva mientras las playas se alejan de los
salvavidas. |
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EL FINAL DE LAS
COSAS PERDIDAS

Por: Gustavo
Alvarez Gardeazábal
Reseña de Mario
Williams, editada por Intermedio.
Audio:
https://www.spreaker.com/episode/51582468
Esta tarde en el marco de la Feria del Libro de Cali, que nunca
antes había estado tan congestionada y repleta de ideas, decires,
libros y mamelucos como lo está hoy, presentaré la novela del
abogado Mario Williams, EL FINAL DE LAS COSAS PERDIDAS, que
aunque he leído dos veces y la última con mucho más cuidado
crítico que la primera, no deja de asombrarme.
Estamos en presencia de una manifestación literaria pretérita.
Es una novela enciclopédica en pleno 2022. Es una novela tarro
de basura, como las querían hacer a comienzos de los años 60 del
siglo pasado, donde todo cabía porque, según ellos, y según
Williams todavía, la verdadera regeneración de la narrativa está
en atiborrar lo que más se pueda para que de cualquier esfuerzo
salga otro Ulises de Joyce o revivan Gargantúa y Pantagruel.
Como tal, esta novela presenta desde la descripción minuciosa de
un viaje a Gorgona, buceo incluido, cuando era isla-cárcel,
hasta la dolorosa prisión a que fueron sometidos en las épocas
fulgurantes del M-19, Ivan Marino Ospina y Fanny Gómez de Ospina,
los padres de dos niños desamparados que acaso ayudó a
sobrevivir Bienestar Familiar.
Pero eso es poco, porque la novela comienza y se desarrolla en
dos terceras partes durante un viaje en carro de una pareja
formada al calor de unos tragos, a las diez de la noche, en
plena época de guerrillos y traquetos entre Cali y Buenaventura.
Y durante esas largas horas, o páginas que dura el viaje,
Nicolas, que conduce el coche, le dicta a Felicidad, la
copiloto, una prolongada cátedra de historia de los derechos
humanos a quien el lector espera que seguramente coronará con
tremebundo acto sexual en el hotel de la ciudad del mar, como la
llama eufemísticamente para no situarla o para perderse más
fácilmente en la narración.
Pero como lo que sucede no es lo esperado, la novela se mete en
la evolución periodística del personaje femenino hasta volverla
un personajón de locutora, con un programa como el de Pardo
Llada o el padre Hurtado Galviz, para denunciar toda clase de
torturas y atropellos contra los derechos humanos, hasta que le
ponen una bomba de gran poder, vuelan la emisora y ella se salva
para que la brumosa narración tenga, como debe ser en una obra
así, un final feliz y no su funeral.
El Porce, octubre 15 del 2022
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