Bogotá, Colombia -Edición: 396

 Fecha: Miércoles 19-10-2022

 

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\\ Opinión //

 

 

 

 

EDITORIAL

 

La política se volvió una incertidumbre en Colombia 

 

La cuenta regresiva para la elección de gobernadores, alcaldes, diputados, concejales y ediles ya comenzó. Dentro de un año y dos semanas se deberá asistir a las urnas para renovar los ejecutivos y legislativos departamentales y municipales, razón por la cual ya hay muchos posibles candidatos que han empezado a renunciar a cargos públicos y contratos para evitar quedar incursos en infracciones al régimen de inhabilidades e incompatibilidades. De igual manera, la mayoría de los partidos y movimientos políticos comenzó a
maniobrar en las regiones para sentar las bases de la campaña proselitista.

Las barajas de eventuales aspirantes a cargos uninominales y cuerpos colegiados empiezan a multiplicarse, en tanto que los analistas sostienen que la competencia por el poder regional, tras el mapa político derivado de los comicios parlamentarios y presidenciales de este año, será muy intensa.
Sin embargo, hay un flanco en el que se comienzan a prender alertas tempranas. Se trata del referente a la normatividad electoral, ya que en el Congreso cursan varios proyectos de ley ordinaria y estatutaria, así como de reforma constitucional, que plantean modificaciones a la financiación proselitista, el horario de votación, la propiedad estatal del software de pre conteo y escrutinio de sufragios y el sistema de incentivos para sufragar.

De igual manera, se proponen ajustes en cuanto al otorgamiento de los avales, la confección de las listas cerradas y con equidad de género, la eliminación del voto preferente, más mecanismos de democracia interna en los partidos, obligatoriedad de las consultas, correctivos al esquema de conflictos de interés, nuevas condiciones para trasladarse de colectividad y un límite de periodos para estar en asambleas y concejos, entre muchos otros cambios.

Si se suman las propuestas contenidas en el proyecto de reforma política, que es el más adelantado (pasó a tercer debate, de los ocho requeridos); en la reforma al Código Electoral (radicada por el Gobierno y la Organización Electoral con mensaje de urgencia), así como en otras iniciativas parlamentarias que apenas comienzan su trámite, es claro que el cambio en las reglas de juego para los comicios regionales y locales del año entrante sería muy drástico.

Sin saberse, por obvias razones, cuáles de esos ajustes serán finalmente aprobados por el Congreso, en qué año entrarán en vigencia (2023 o 2026) o si se necesitaría algún tipo de reglamentación adicional o podrán aplicarse de manera automática, es evidente que la contienda proselitista arranca en medio de la incertidumbre sobre cuál será el marco normativo al que deben atenerse partidos, aspirantes y la propia ciudadanía.

Esa es una circunstancia lesiva a todas luces. No es sino recordar lo que pasó en la campaña para elegir Senado y Cámara, que estuvo marcada por el limbo debido a la demora de la Corte Constitucional en emitir el fallo sobre la reforma al Código Electoral aprobada a finales de 2020 en el Congreso.

Al ser una ley de carácter estatutario, necesitaba revisión previa del alto tribunal para entrar en vigencia. Al final, tras muchos meses de expectativa, los comicios parlamentarios se llevaron a cabo en marzo pasado bajo las reglas del viejo Código (que data de 1986) y el fallo constitucional solo se conoció en abril, con el agravante de que el acto legislativo fue declarado inexequible por vicios de trámite.

 

 

Un Congreso que devora el erario como un agujero negro

 

 

 

Por: Zahur Klemath Zapata
zkz@zahurk.com
 

Por siglos han existido los congresistas, una forma de dominio y administración del
establecimiento. Siempre ha funcionado como una forma de establecer las leyes que van a regir la nación detrás de quienes la constituyen. Quienes viven en su entorno simplemente han sido hormigas que laboran para ese establecimiento.


El ser humano ha evolucionado intelectualmente muy poco en relación a su independencia y autonomía. Desde la antigua Mesopotamia avanzando a los griegos y finalmente a los romanos, simplemente hemos rotado en el mismo eje sin muchas primicias que nos hagan saltar a un encuentro con lo fantástico.
El mundo comenzó a cambiar en el sentido individual a partir de 1883 por el desarrollo de la tecnología, el mundo laboral y la liberación de la imaginación. Gracias a este nuevo advenimiento hemos podido ver los grandes avances, pero en Colombia por mucho esfuerzo que han hecho sectores de avanzada por poner al país a la par con el mundo desarrollado no ha sido posible lograr ese asentamiento.


La politiquería reinante por siglos ha impedido que algo bueno se dé en estas tierras. Se ha vivido en un estado primitivo y las hormigas que laboran en el país no tienen la capacidad de pensar por sí solas sino ser dirigidas por el demagogo de turno que elabora su reinado por un cuatrienio y luego deja el desastre para que el que viene trate de arreglar y siga escarbando en la escoria que dejó.
El congreso ha existido como una plataforma de incubación de intereses personales y no como una entidad que vela por el bienestar de los ciudadanos y de sus hormigas seguidoras. Se han aprovechado de todo y han usado ese cargo de elección para someter a toda una nación a que los mantenga sin que ellos aporten nada. Son delincuentes que protegen otros delincuentes y jamás han proyectado el país a que sea una nación próspera para el bien de todos.


Todo el dinero que llega a sus manos desaparece, las leyes que hacen tienen doble sentido y hay suficientes para empapelar a una persona y después de años nada funcionó. Es un país fundado en el crimen porque sus leyes crean una organización criminal para defenderse de los crímenes del Estado.
La sociedad está desprotegida, a pesar que ella cree que hay cierta protección. Ella no tiene cómo defenderse de los criminales, porque la misma constitución los ampara y las organizaciones de derechos humanos están más interesadas en proteger al delincuente que velar por el bienestar de todos. El Senado no genera confianza en la sociedad, pero ella no sabe cómo deshacerse de él, porque no saben cómo se debe administrar el país. La ignorancia es tan grande debido a la educación que se le ha venido dando a las generaciones que el crimen fomentado por el Estado y la microempresa hace que todo funcione bien para los señores del sistema.  

 

 

Crónica de Gardeazábal #519

 

SIN PETRÓLEO Y SIN COCA

 


Por: Gustavo Alvarez Gardeazábal

 

 

Audio:

https://www.spreaker.com/episode/51607568

El rumor llegaba a los mentideros nocturnos de las grandes ciudades consumidoras de cocaína. El precio ha ido bajando porque la hoja de coca se queda pegada en la mata.

Ni mexicanos ni brasileros están comprando la pasta y el campesino siente ya que al negocio le va a suceder lo del maracuyá o de la tilapia: que está pasando de moda y no la consumen.

El País de Madrid hizo la semana pasada un cruel reportaje sobre la tragedia de los campesinos de las veredas de Tibú y lo que significa la falta de compradores y volvió público lo que era tema de las catacumbas del microtráfico. La cocaína está pasando de moda en todo el mundo y ya no la consumen. Los gringos se empezaron a ir de primero conquistados por los opioides, después siguieron los rusos por la guerra de Ucrania y el aislamiento comercial y ahora es Europa metiendo fentanilo.

La noticia es un golpe a la economía colombiana cuando el director de la Dian estaba haciendo cuentas alegres proponiendo ponerles a las bolsitas de la cocaína las estampillas del impuesto que le cobran a los otros vicios. Y es un golpe porque un cálculo hecho por analistas indica que subterráneamente fluye entre un 8.0 y 8.8 % del PIB a través de las ventas no declaradas de cocaína y que es por esa arteria por la que corre el soporte del exceso de nuestra economía de consumo que tanto interesa a los muchachos de Raddar.


Pero como al mismo tiempo, la ministra de los ojos grandotes insiste junto con su presidente Petro en suprimir lo más rápido posible la exploración y explotación del petróleo, es decir, quebrar a Ecopetrol, el asunto de las finanzas nacionales se complica.

La cuenta es sencilla. El 40% de las exportaciones legales y contablemente seguidas proviene del petróleo, y la exportación de coca nos proporciona tras bambalinas no menos de la otra mitad de ese flujo. En otras palabras, sin petróleo y sin coca nos jodimos y vamos de culos para la pobreza en un momento de recesión mundial cuando el 70% de la comida la importamos, cuando dejamos acabar las fábricas y Petro y su combo siguen asustando para conseguir espantar inversionistas extranjeros y hacer huir del país al que más fácil pueda hacerlo.

 

El Porce octubre 18 del 2022   

 

 

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