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EDITORIAL
La
política se volvió una incertidumbre en Colombia
La cuenta regresiva para la elección de gobernadores, alcaldes,
diputados, concejales y ediles ya comenzó. Dentro de un año y
dos semanas se deberá asistir a las urnas para renovar los
ejecutivos y legislativos departamentales y municipales, razón
por la cual ya hay muchos posibles candidatos que han empezado a
renunciar a cargos públicos y contratos para evitar quedar
incursos en infracciones al régimen de inhabilidades e
incompatibilidades. De igual manera, la mayoría de los partidos
y movimientos políticos comenzó a
maniobrar en las regiones para sentar las bases de la campaña
proselitista.
Las barajas de eventuales aspirantes a cargos uninominales y
cuerpos colegiados empiezan a multiplicarse, en tanto que los
analistas sostienen que la competencia por el poder regional,
tras el mapa político derivado de los comicios parlamentarios y
presidenciales de este año, será muy intensa.
Sin embargo, hay un flanco en el que se comienzan a prender
alertas tempranas. Se trata del referente a la normatividad
electoral, ya que en el Congreso cursan varios proyectos de ley
ordinaria y estatutaria, así como de reforma constitucional, que
plantean modificaciones a la financiación proselitista, el
horario de votación, la propiedad estatal del software de pre
conteo y escrutinio de sufragios y el sistema de incentivos para
sufragar.
De igual manera, se proponen ajustes en cuanto al otorgamiento
de los avales, la confección de las listas cerradas y con
equidad de género, la eliminación del voto preferente, más
mecanismos de democracia interna en los partidos, obligatoriedad
de las consultas, correctivos al esquema de conflictos de
interés, nuevas condiciones para trasladarse de colectividad y
un límite de periodos para estar en asambleas y concejos, entre
muchos otros cambios.
Si se suman las propuestas contenidas en el proyecto de reforma
política, que es el más adelantado (pasó a tercer debate, de los
ocho requeridos); en la reforma al Código Electoral (radicada
por el Gobierno y la Organización Electoral con mensaje de
urgencia), así como en otras iniciativas parlamentarias que
apenas comienzan su trámite, es claro que el cambio en las
reglas de juego para los comicios regionales y locales del año
entrante sería muy drástico.
Sin saberse, por obvias razones, cuáles de esos ajustes serán
finalmente aprobados por el Congreso, en qué año entrarán en
vigencia (2023 o 2026) o si se necesitaría algún tipo de
reglamentación adicional o podrán aplicarse de manera
automática, es evidente que la contienda proselitista arranca en
medio de la incertidumbre sobre cuál será el marco normativo al
que deben atenerse partidos, aspirantes y la propia ciudadanía.
Esa es una circunstancia lesiva a todas luces. No es sino
recordar lo que pasó en la campaña para elegir Senado y Cámara,
que estuvo marcada por el limbo debido a la demora de la Corte
Constitucional en emitir el fallo sobre la reforma al Código
Electoral aprobada a finales de 2020 en el Congreso.
Al ser una ley de carácter estatutario, necesitaba revisión
previa del alto tribunal para entrar en vigencia. Al final, tras
muchos meses de expectativa, los comicios parlamentarios se
llevaron a cabo en marzo pasado bajo las reglas del viejo Código
(que data de 1986) y el fallo constitucional solo se conoció en
abril, con el agravante de que el acto legislativo fue declarado
inexequible por vicios de trámite.
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Un Congreso que
devora el erario como un agujero negro

Por: Zahur
Klemath Zapata
zkz@zahurk.com
Por siglos han existido los congresistas, una
forma de dominio y administración del
establecimiento. Siempre ha funcionado como una forma de
establecer las leyes que van a regir la nación detrás de quienes
la constituyen. Quienes viven en su entorno simplemente han sido
hormigas que laboran para ese establecimiento.
El ser humano ha evolucionado intelectualmente muy poco en
relación a su independencia y autonomía. Desde la antigua
Mesopotamia avanzando a los griegos y finalmente a los romanos,
simplemente hemos rotado en el mismo eje sin muchas primicias
que nos hagan saltar a un encuentro con lo fantástico.
El mundo comenzó a cambiar en el sentido individual a partir de
1883 por el desarrollo de la tecnología, el mundo laboral y la
liberación de la imaginación. Gracias a este nuevo advenimiento
hemos podido ver los grandes avances, pero en Colombia por mucho
esfuerzo que han hecho sectores de avanzada por poner al país a
la par con el mundo desarrollado no ha sido posible lograr ese
asentamiento.
La politiquería reinante por siglos ha impedido que algo bueno
se dé en estas tierras. Se ha vivido en un estado primitivo y
las hormigas que laboran en el país no tienen la capacidad de
pensar por sí solas sino ser dirigidas por el demagogo de turno
que elabora su reinado por un cuatrienio y luego deja el
desastre para que el que viene trate de arreglar y siga
escarbando en la escoria que dejó.
El congreso ha existido como una plataforma de incubación de
intereses personales y no como una entidad que vela por el
bienestar de los ciudadanos y de sus hormigas seguidoras. Se han
aprovechado de todo y han usado ese cargo de elección para
someter a toda una nación a que los mantenga sin que ellos
aporten nada. Son delincuentes que protegen otros delincuentes y
jamás han proyectado el país a que sea una nación próspera para
el bien de todos.
Todo el dinero que llega a sus manos desaparece, las leyes que
hacen tienen doble sentido y hay suficientes para empapelar a
una persona y después de años nada funcionó. Es un país fundado
en el crimen porque sus leyes crean una organización criminal
para defenderse de los crímenes del Estado.
La sociedad está desprotegida, a pesar que ella cree que hay
cierta protección. Ella no tiene cómo defenderse de los
criminales, porque la misma constitución los ampara y las
organizaciones de derechos humanos están más interesadas en
proteger al delincuente que velar por el bienestar de todos. El
Senado no genera confianza en la sociedad, pero ella no sabe
cómo deshacerse de él, porque no saben cómo se debe administrar
el país. La ignorancia es tan grande debido a la educación que
se le ha venido dando a las generaciones que el crimen fomentado
por el Estado y la microempresa hace que todo funcione bien para
los señores del sistema. |
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Crónica de Gardeazábal #519
SIN PETRÓLEO Y
SIN COCA

Por: Gustavo
Alvarez Gardeazábal
Audio:
https://www.spreaker.com/episode/51607568
El rumor llegaba a los mentideros nocturnos de las grandes
ciudades consumidoras de cocaína. El precio ha ido bajando
porque la hoja de coca se queda pegada en la mata.
Ni mexicanos ni brasileros están comprando la pasta y el
campesino siente ya que al negocio le va a suceder lo del
maracuyá o de la tilapia: que está pasando de moda y no la
consumen.
El País de Madrid hizo la semana pasada un cruel reportaje sobre
la tragedia de los campesinos de las veredas de Tibú y lo que
significa la falta de compradores y volvió público lo que era
tema de las catacumbas del microtráfico. La cocaína está pasando
de moda en todo el mundo y ya no la consumen. Los gringos se
empezaron a ir de primero conquistados por los opioides, después
siguieron los rusos por la guerra de Ucrania y el aislamiento
comercial y ahora es Europa metiendo fentanilo.
La noticia es un golpe a la economía colombiana cuando el
director de la Dian estaba haciendo cuentas alegres proponiendo
ponerles a las bolsitas de la cocaína las estampillas del
impuesto que le cobran a los otros vicios. Y es un golpe porque
un cálculo hecho por analistas indica que subterráneamente fluye
entre un 8.0 y 8.8 % del PIB a través de las ventas no
declaradas de cocaína y que es por esa arteria por la que corre
el soporte del exceso de nuestra economía de consumo que tanto
interesa a los muchachos de Raddar.
Pero como al mismo tiempo, la ministra de los ojos grandotes
insiste junto con su presidente Petro en suprimir lo más rápido
posible la exploración y explotación del petróleo, es decir,
quebrar a Ecopetrol, el asunto de las finanzas nacionales se
complica.
La cuenta es sencilla. El 40% de las exportaciones legales y
contablemente seguidas proviene del petróleo, y la exportación
de coca nos proporciona tras bambalinas no menos de la otra
mitad de ese flujo. En otras palabras, sin petróleo y sin coca
nos jodimos y vamos de culos para la pobreza en un momento de
recesión mundial cuando el 70% de la comida la importamos,
cuando dejamos acabar las fábricas y Petro y su combo siguen
asustando para conseguir espantar inversionistas extranjeros y
hacer huir del país al que más fácil pueda hacerlo.
El Porce octubre 18 del 2022 |
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