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EDITORIAL
Cambiar
Los cambios sociales,
culturales, económicos y ambientales los hace el pueblo, la
multitud étnica y cultural que habita los territorios. La
revolución permanente siempre ha estado, está y estará en la
conciencia cotidiana, en las manos de la gente que trabaja en
pro de su bienestar. Los cambios que hace la revolución no se
hacen por decreto, se hacen de hecho. Por definición, las
revoluciones no son dirigidas por los entes constituidos del
Estado, pues por naturaleza son entidades opuestas al cambio
revolucionario pacifico, al que responden con violencia, ya que
su función es conservar la institucionalidad existente.
El cambio es de hecho. El primer cambio de hecho es cambiar la
mentalidad individualista de la competencia que inoculó en la
conciencia de todos los seres humanos la revolución capitalista.
Ésta hizo de la libertad individual el derecho a perturbar los
derechos fundamentales de los asociados al contrato social y de
la propiedad privada, el motivo a contaminar los atributos del
paisaje construido y natural. Se requiere impulsar esa
mentalidad asociativa de libertad en la que el respeto,
admiración y aprecio por el otro y su diferencia se establezcan
simétricamente y en la que la propiedad privada haga parte de un
espacio territorial común.
El cambio es de hecho. Son los hechos quienes cambian las
condiciones adversas de la realidad que impiden el buen vivir
comunitario. Los hechos asociativos en los que la comunidad, “la
sociedad de socios”, participa para realizar los trabajos que
demandan las necesidades básicas insatisfechas relacionadas con
los bienes públicos, vías, acueductos, alcantarillados; con los
bienes comunes, montañas, cerros, valles, bosques, ríos, lagunas,
humedales páramos, biodiversidad y aire y con los bienes
sociales y económicos, empleo, educación, transporte,
telecomunicaciones y vivienda.
El cambio asociativo bien puede implementarse a través de
convocatorias para la realización de las actividades pertinentes
mediante ahorro monetario solidario, mingas de mano cambiada,
ollas comunitarias en todos los territorios. Las comunidades
organizadas saben cuáles son sus necesidades y además saben cómo
solucionarlas, salvo que aún no tienen la confianza de ponerse a
adelantar la tarea perpetuando ese hábito de estar a la espera
que algún enviado externo llegue a solucionarlas.
En los territorios, la organización comunitaria debe hacer un
plan de desarrollo, crear los comités encargados del diseño,
financiación y ejecución de los programas y proyectos que
posibiliten consolidar el buen vivir, el cual consiste en actuar
mancomunadamente y con prontitud en la delegación y
acompañamiento de las metas trimestrales, semestrales y anuales
dirigidas por aquellos a quienes se les delegó la
responsabilidad de entregar a satisfacción cada uno de los
proyectos priorizados por la voluntad colectiva.
La convocatoria a la protesta
y movilización social debe de estar organizada por causas
territoriales, sociales, económicas, culturales, de género y
ambientales, así que corresponde ir a ellas de manera asociativa
práctica, a concertar oportunamente en cada entidad territorial
lo correspondiente a concertar la ejecución presupuestal del
plan nacional de desarrollo en concurrencia y armonía con los
planes de desarrollo departamental y municipal.
El pueblo manda y el gobierno obedece, siempre y cuando el
pueblo sepa mandar. Ahora manda el pueblo a que las grandes
transformaciones propuestas por el gobierno del cambio se hagan
para que la necesidad de poner fin a la violencia organizada por
la criminalidad y la corrupción cesen para siempre y las
ciudadanías puedan en cada territorio convivir en paz.
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El desempleo una enfermedad con
poca asistencia médica

Por: Zahur
Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
La era industrial comienza en Inglaterra en 1853 con la primera
máquina tejedora. Por primera vez se emplearon obreros para
desarrollar trabajos de producción masiva. Esta experiencia
cambió la forma de ver el mundo y la economía.
Antes la gente trabajaba por lo básico, techo, comida y
vestimenta, si llegaba algo más era un bendición. Hablando sobre
este tema haríamos tomos sobre este asunto. Marx habló sobre
esto y enredó al mundo con sus teorías y todavía seguimos
enfrentados a sus planteamientos. Lo que sí sabemos es que hemos
evolucionado y estamos un poco más conscientes sobre nuestras
obligaciones y deberes frente a quienes tienen el poder de
manipularlo todo.
Un país no evoluciona así no más, todo es circunstancial con un
grado de orientación y ambición de quienes se integran a esa
sociedad. Hoy por hoy juegan muchos elementos y sobre todo el
conocimiento tecnológico y que se puedan reunir ciertos grupos
de personas con diferentes intereses pero con una misma
dirección.
A los colombianos no los han educado, ellos se han educado a
través de una lucha constante contra una minoría que se ha
creído dueña de todo. Y hoy en día se ha demostrado que así no
funcionan las cosas. Puedo presentar una cantidad de ejemplos
que podrían generar admiración y otro terror. Pero sin esos
personajes Colombia no sería lo que es hoy en día.
Uno de los grandes problemas que tiene el país es el desempleo,
el rebusque, el sobrevivir el día a día y sin un futuro porque
el establecimiento no está interesado en sus gentes. Es más
importante la corrupción y lo torcido porque piensan que así van
a resolver sus problemas personales. Esto lo que genera es una
apatía y una pérdida de valores sobre lo que realmente se puede
alcanzar.
El campo está abandonado porque no hay con quien trabajar, hay
una oferta pero no se puede llenar porque el estado constriñe al
finquero y no le da seguridades para que pueda alcanzar metas
económicas y que la mano de obra sea atractiva para lo que viven
las ciudades.
Si quienes están en la administración pública no revisan y
mejoran las condiciones para que la gente regrese al campo, el
problema existente no va a dar tregua y las ciudades se van a
volver pocilgas donde vivir va a ser toda una odisea.
La comida cada día escasea porque producirla es más costoso que
traerla de países donde el estado se interesa en proteger a sus
gentes y al vender sus productos a quienes no los producen es
más rentable. Las tierras colombianas son aptas para un
sinnúmero de productos que en otros territorios no sería posible
producirlos. Pero aquí está todo frenado porque quienes están
encargados en organizar la producción en todos los campos están
más interesados en enriquecerse a sabiendas que esa riqueza
jamás va a llenar el espacio donde lo van a enterrar.
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Abundancia

Edgar-Cabezas
El esfuerzo de la civilización
humana es la lucha de la especie contra la escasez para la
satisfacción del gusto de una sociedad exquisita e insaciable de
diversas apetencias. Es una sociedad que, al consumir, y, aunque
alcanzando para todos, no distribuye con equidad, dejando en el
abandono y pobreza a millones de personas. Así se generan
conciencias resentidas por maltrato y a otros, les coloca en una
burbuja frágil, en la que se vive en suspenso, porque puede que
hoy haya, pero mañana no. A otros, a los supermegaricos, les
torna violentos e inseguros porque son conscientes de que, dadas
las actuales condiciones, si no sueltan a favor de los pobres,
verán caer al capitalismo del que tanto se benefician.
La sociedad industrial con su gran desarrollo de conocimiento y
aplicación tecnológica sistematizada, ya tiene la capacidad de
organizar el mercado del mundo en paz. La humanidad tiene que
saber construir la trinchera en la que se moviliza y protesta la
primera línea de la paz. Los emprendedores improductivos que
estén asociados y tengan bien estructurados los objetivos y
metas de su productividad por baquía, si conocen los atributos
de un predio improductivo, ocúpenlo y produzcan.
¿Por qué esperar el trámite de derecho, que es pagar por
adelantado el precio de un bien improductivo, cuando se puede
empezar a producir si el tiempo meteorológico así lo aconseja?
Ya después vendrá papá gobierno, pagará y arreglará por las
buenas. Eso es reforma agraria del pueblo y para el pueblo. Lo
demás son galimatías jurídicos de la sociedad de derecho que
lleva 88 años aplazando la reforma agraria, cuya misión es que
el campesinado le mantenga la barriga llena y el corazón
contento a la familia colombiana, produciendo el abasto de la
santa comida. Por supuesto garantizándoles incondicionalmente la
seguridad social.
Se necesitan las carreteras para salir del atolladero en el que
transitan los productores, mercaderes y el mercado, pues no
esperemos a que llegue la maquinaria y el retorno de nuestros
impuestos, ni las regalías de la venta del subsuelo, todo eso se
pierde en manos de la delincuencia del poder constituido anclado
en los movimientos y partidos políticos compuesto de burócratas
y contratistas, tomemos la pica y la pala, lo hoz y el martillo
y hagamos con arte la ingeniería de nuestras vías, así es que se
hace el poder del pueblo.
Las cárceles están atiborradas
de personas a las que se les posterga sentencia. Justicia a
destiempo no es justicia. Los sentenciados pagarán con trabajos
de beneficio común, limpieza de ríos, reforestación de bosques,
mantenimiento de las líneas férreas, y, cumplida sentencia, con
vínculos labórales. Los que por vencimiento de tiempo quedan
libres deben quedar bajo custodia de su familia, o de una cadena
afectiva que les controle con vigilante sospecha la práctica de
sus malas mañas y los reprenda la mano dura materna.
La desigualdad en Colombia no es producto de la escasez, de la
ciencia, de la tecnología o de la falta de riqueza: es un
problema de las relaciones sociales de producción, y sobre todo
del corazón de piedra que la tragedia de vivir siglos de
reiterada violencia nos ha forjado, habitando un tiempo
histórico al borde de la catástrofe o de la regeneración.
Hay que promover autonomías de planeación y administración
territorial, mediante las cuales todos los municipios sean
jurisdicciones metropolitanas en igualdad de condiciones frente
a las grandes ciudades, a cuya expansión urbana hay que ponerle
límite.
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