Bogotá, Colombia -Edición: 622

 Fecha: Domingo 31-03-2024

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\\ OPINIÓN //

 

 

 

EDITORIAL

 

Cambiar

 

Los cambios sociales, culturales, económicos y ambientales los hace el pueblo, la multitud étnica y cultural que habita los territorios. La revolución permanente siempre ha estado, está y estará en la conciencia cotidiana, en las manos de la gente que trabaja en pro de su bienestar. Los cambios que hace la revolución no se hacen por decreto, se hacen de hecho. Por definición, las revoluciones no son dirigidas por los entes constituidos del Estado, pues por naturaleza son entidades opuestas al cambio revolucionario pacifico, al que responden con violencia, ya que su función es conservar la institucionalidad existente.

El cambio es de hecho. El primer cambio de hecho es cambiar la mentalidad individualista de la competencia que inoculó en la conciencia de todos los seres humanos la revolución capitalista. Ésta hizo de la libertad individual el derecho a perturbar los derechos fundamentales de los asociados al contrato social y de la propiedad privada, el motivo a contaminar los atributos del paisaje construido y natural. Se requiere impulsar esa mentalidad asociativa de libertad en la que el respeto, admiración y aprecio por el otro y su diferencia se establezcan simétricamente y en la que la propiedad privada haga parte de un espacio territorial común.

El cambio es de hecho. Son los hechos quienes cambian las condiciones adversas de la realidad que impiden el buen vivir comunitario. Los hechos asociativos en los que la comunidad, “la sociedad de socios”, participa para realizar los trabajos que demandan las necesidades básicas insatisfechas relacionadas con los bienes públicos, vías, acueductos, alcantarillados; con los bienes comunes, montañas, cerros, valles, bosques, ríos, lagunas, humedales páramos, biodiversidad y aire y con los bienes sociales y económicos, empleo, educación, transporte, telecomunicaciones y vivienda.

El cambio asociativo bien puede implementarse a través de convocatorias para la realización de las actividades pertinentes mediante ahorro monetario solidario, mingas de mano cambiada, ollas comunitarias en todos los territorios. Las comunidades organizadas saben cuáles son sus necesidades y además saben cómo solucionarlas, salvo que aún no tienen la confianza de ponerse a adelantar la tarea perpetuando ese hábito de estar a la espera que algún enviado externo llegue a solucionarlas.

En los territorios, la organización comunitaria debe hacer un plan de desarrollo, crear los comités encargados del diseño, financiación y ejecución de los programas y proyectos que posibiliten consolidar el buen vivir, el cual consiste en actuar mancomunadamente y con prontitud en la delegación y acompañamiento de las metas trimestrales, semestrales y anuales dirigidas por aquellos a quienes se les delegó la responsabilidad de entregar a satisfacción cada uno de los proyectos priorizados por la voluntad colectiva.

 

La convocatoria a la protesta y movilización social debe de estar organizada por causas territoriales, sociales, económicas, culturales, de género y ambientales, así que corresponde ir a ellas de manera asociativa práctica, a concertar oportunamente en cada entidad territorial lo correspondiente a concertar la ejecución presupuestal del plan nacional de desarrollo en concurrencia y armonía con los planes de desarrollo departamental y municipal.

El pueblo manda y el gobierno obedece, siempre y cuando el pueblo sepa mandar. Ahora manda el pueblo a que las grandes transformaciones propuestas por el gobierno del cambio se hagan para que la necesidad de poner fin a la violencia organizada por la criminalidad y la corrupción cesen para siempre y las ciudadanías puedan en cada territorio convivir en paz.

 

 

 

El desempleo una enfermedad con poca asistencia médica

Por: Zahur Klemath Zapata

zapatazahurk@gmail.com  

 

La era industrial comienza en Inglaterra en 1853 con la primera máquina tejedora. Por primera vez se emplearon obreros para desarrollar trabajos de producción masiva. Esta experiencia cambió la forma de ver el mundo y la economía.

Antes la gente trabajaba por lo básico, techo, comida y vestimenta, si llegaba algo más era un bendición. Hablando sobre este tema haríamos tomos sobre este asunto. Marx habló sobre esto y enredó al mundo con sus teorías y todavía seguimos enfrentados a sus planteamientos. Lo que sí sabemos es que hemos evolucionado y estamos un poco más conscientes sobre nuestras obligaciones y deberes frente a quienes tienen el poder de manipularlo todo.

Un país no evoluciona así no más, todo es circunstancial con un grado de orientación y ambición de quienes se integran a esa sociedad. Hoy por hoy juegan muchos elementos y sobre todo el conocimiento tecnológico y que se puedan reunir ciertos grupos de personas con diferentes intereses pero con una misma dirección.

A los colombianos no los han educado, ellos se han educado a través de una lucha constante contra una minoría que se ha creído dueña de todo. Y hoy en día se ha demostrado que así no funcionan las cosas. Puedo presentar una cantidad de ejemplos que podrían generar admiración y otro terror. Pero sin esos personajes Colombia no sería lo que es hoy en día.

Uno de los grandes problemas que tiene el país es el desempleo, el rebusque, el sobrevivir el día a día y sin un futuro porque el establecimiento no está interesado en sus gentes. Es más importante la corrupción y lo torcido porque piensan que así van a resolver sus problemas personales. Esto lo que genera es una apatía y una pérdida de valores sobre lo que realmente se puede alcanzar.

El campo está abandonado porque no hay con quien trabajar, hay una oferta pero no se puede llenar porque el estado constriñe al finquero y no le da seguridades para que pueda alcanzar metas económicas y que la mano de obra sea atractiva para lo que viven las ciudades.

 

Si quienes están en la administración pública no revisan y mejoran las condiciones para que la gente regrese al campo, el problema existente no va a dar tregua y las ciudades se van a volver pocilgas donde vivir va a ser toda una odisea.

La comida cada día escasea porque producirla es más costoso que traerla de países donde el estado se interesa en proteger a sus gentes y al vender sus productos a quienes no los producen es más rentable. Las tierras colombianas son aptas para un sinnúmero de productos que en otros territorios no sería posible producirlos. Pero aquí está todo frenado porque quienes están encargados en organizar la producción en todos los campos están más interesados en enriquecerse a sabiendas que esa riqueza jamás va a llenar el espacio donde lo van a enterrar.

 

 

 

Abundancia

Edgar-Cabezas

 

El esfuerzo de la civilización humana es la lucha de la especie contra la escasez para la satisfacción del gusto de una sociedad exquisita e insaciable de diversas apetencias. Es una sociedad que, al consumir, y, aunque alcanzando para todos, no distribuye con equidad, dejando en el abandono y pobreza a millones de personas. Así se generan conciencias resentidas por maltrato y a otros, les coloca en una burbuja frágil, en la que se vive en suspenso, porque puede que hoy haya, pero mañana no. A otros, a los supermegaricos, les torna violentos e inseguros porque son conscientes de que, dadas las actuales condiciones, si no sueltan a favor de los pobres, verán caer al capitalismo del que tanto se benefician.

La sociedad industrial con su gran desarrollo de conocimiento y aplicación tecnológica sistematizada, ya tiene la capacidad de organizar el mercado del mundo en paz. La humanidad tiene que saber construir la trinchera en la que se moviliza y protesta la primera línea de la paz. Los emprendedores improductivos que estén asociados y tengan bien estructurados los objetivos y metas de su productividad por baquía, si conocen los atributos de un predio improductivo, ocúpenlo y produzcan.

¿Por qué esperar el trámite de derecho, que es pagar por adelantado el precio de un bien improductivo, cuando se puede empezar a producir si el tiempo meteorológico así lo aconseja? Ya después vendrá papá gobierno, pagará y arreglará por las buenas. Eso es reforma agraria del pueblo y para el pueblo. Lo demás son galimatías jurídicos de la sociedad de derecho que lleva 88 años aplazando la reforma agraria, cuya misión es que el campesinado le mantenga la barriga llena y el corazón contento a la familia colombiana, produciendo el abasto de la santa comida. Por supuesto garantizándoles incondicionalmente la seguridad social.

Se necesitan las carreteras para salir del atolladero en el que transitan los productores, mercaderes y el mercado, pues no esperemos a que llegue la maquinaria y el retorno de nuestros impuestos, ni las regalías de la venta del subsuelo, todo eso se pierde en manos de la delincuencia del poder constituido anclado en los movimientos y partidos políticos compuesto de burócratas y contratistas, tomemos la pica y la pala, lo hoz y el martillo y hagamos con arte la ingeniería de nuestras vías, así es que se hace el poder del pueblo.

 

Las cárceles están atiborradas de personas a las que se les posterga sentencia. Justicia a destiempo no es justicia. Los sentenciados pagarán con trabajos de beneficio común, limpieza de ríos, reforestación de bosques, mantenimiento de las líneas férreas, y, cumplida sentencia, con vínculos labórales. Los que por vencimiento de tiempo quedan libres deben quedar bajo custodia de su familia, o de una cadena afectiva que les controle con vigilante sospecha la práctica de sus malas mañas y los reprenda la mano dura materna.

La desigualdad en Colombia no es producto de la escasez, de la ciencia, de la tecnología o de la falta de riqueza: es un problema de las relaciones sociales de producción, y sobre todo del corazón de piedra que la tragedia de vivir siglos de reiterada violencia nos ha forjado, habitando un tiempo histórico al borde de la catástrofe o de la regeneración.

Hay que promover autonomías de planeación y administración territorial, mediante las cuales todos los municipios sean jurisdicciones metropolitanas en igualdad de condiciones frente a las grandes ciudades, a cuya expansión urbana hay que ponerle límite.

 

 

 

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