Bogotá, Colombia -Edición: 639

 Fecha: Viernes 10-05-2024

 

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COLUMNISTAS

 

 

 

CHARLAS CON UN MAESTRO SAMMASATI

Por: Gongpa Rabsel Rinpoché
Lama Sammasati para Latinoamérica

 

Vacuidad en el Budhismo:
La Ilusoria Naturaleza de la Realidad

 

En el corazón del Budhismo Mahayana se encuentra el concepto de vacuidad (śūnyatā), una enseñanza profunda que desafía la percepción común de la realidad. La vacuidad no implica la inexistencia de las cosas, sino que revela la naturaleza interconectada e interdependiente de todos los fenómenos, libres de una existencia inherente y autónoma.

Más allá de las apariencias:

Nuestra experiencia cotidiana está moldeada por la creencia en la existencia sólida e independiente de los objetos. Sin embargo, la vacuidad nos invita a cuestionar esta percepción, revelando que las cosas no son lo que parecen.

En el budhismo, la vacuidad se basa en la comprensión de que todos los fenómenos surgen de causas y condiciones, sin una esencia o naturaleza propia. Son como olas en el océano, que surgen y desaparecen constantemente, sin una identidad permanente.

Las dos verdades:

Para comprender la vacuidad, es esencial distinguir entre las dos verdades: la verdad relativa y la verdad absoluta. La verdad relativa es la forma en que percibimos el mundo a diario, donde las cosas parecen tener una existencia independiente. La verdad absoluta, por otro lado, revela la verdadera naturaleza de la realidad, la vacuidad de todos los fenómenos.

Alcanzando la vacuidad:

La vacuidad no es un concepto teórico abstracto, sino un estado de realización que se alcanza a través de la práctica budhista. A medida que el practicante profundiza en la meditación y la sabiduría, comienza a disolver la ilusión de la existencia inherente, revelando la vacuidad de su propia mente y de todos los fenómenos.

Beneficios de la vacuidad:

La comprensión de la vacuidad trae consigo numerosos beneficios para el practicante:
 

 

 

• Liberación del sufrimiento: Al comprender que las cosas no tienen una existencia inherente, nos liberamos del apego a ellas y, por lo tanto, del sufrimiento que surge de este apego.

• Compasión universal: La vacuidad nos revela la profunda interconexión de todos los seres, fomentando una profunda compasión y empatía hacia todos.

• Sabiduría: La vacuidad nos libera de la ignorancia y nos conduce a una sabiduría profunda que comprende la verdadera naturaleza de la realidad.

 

La vacuidad en la vida diaria:

 

Si bien la vacuidad es un concepto elevado, sus principios pueden aplicarse a la vida diaria. Al cultivar la atención plena y la conciencia de la interconexión de todas las cosas, podemos comenzar a experimentar mayor paz interior, compasión y sabiduría. La vacuidad no es una negación de la realidad, sino una transformación profunda de nuestra percepción del mundo, conduciéndonos a una vida más consciente, compasiva y plena.

En resumen:

La vacuidad es una enseñanza central del Budhismo Mahayana que revela la naturaleza interconectada e interdependiente de todos los fenómenos,libres de una existencia inherente y autónoma. Alcanzar la vacuidad es un proceso de transformación que se logra a través de la práctica budhista, conduciendo a la liberación del sufrimiento,la compasión universal y la sabiduría profunda. La vacuidad no es una negación de la realidad,sino una invitación a vivir una vida más consciente, compasiva y plena.

Si tienes alguna inquietud o comentario, no dudes en ponerte en contacto conmigo al correo electrónico gongparabsel@gmail.com o al WhatsApp +57 314 623 83 08.

 

Cero Hambre

Por: Edgar Cabezas

 

Hace ya más de doce mil años, desde antes del Antropoceno, los nómades homínidos dedicados a la recolección, caza y pesca en la economía de subsistencia, evolucionaron debido a una crisis climática, a la economía productiva de la agricultura y domesticación del ganado. Así se dio paso al sedentarismo, la aglomeración de las multitudes en las ciudades, la acumulación primitiva de los bienes de capital, la baquía campesina, el desarrollo de la ciencia y tecnología aplicada a la agronomía, para aumentar la cantidad de toneladas de los productos de la canasta 
 

 

 

familiar por hectárea cultivada.

 

El hambre como azote contra la promesa de la humanidad, en todos los tiempos de la historia, ha sido un castigo que causa continuas molestias y padecimientos al desarrollo corporal y neurológico de millones de personas en el mundo. Y es que no se sabe cuál ha sido la falta o el delito que han cometido para vivir en la inseguridad alimentaria, la desnutrición y el raquitismo que afecta la capacidad cognitiva para el establecimiento de la cadena afectiva que ponga fin a la insatisfacción alimentaria por causa de la escasez de alimentos en el actual periodo de abundancia y desperdicio.

 

En Colombia se presume que entre el 30% y el 52% de la población se encuentra mal alimentada. Originan esta deplorable cifra, la pobreza monetaria, la economía del mercado agropecuario sujeta a la mecanización del suelo, al uso desmedido de fertilizantes y plaguicidas de síntesis química que junto con la inflación después del COVID y de la guerra Ucrania Rusia han incidido en el incremento de su precio, a la ausencia de eficientes sistemas de riego, a la inflación y a la variable climática que se manifiesta en algunos regiones con el extremo del tiempo seco y en otras con intensas lluvias, propiciando perturbaciones en la siembra, cosecha y transporte desde los lugares en donde se producen los alimentos hasta los sitios en los que se consumen.

 

Y como si las causas anteriores fueran pocas, la concentración de la propiedad del suelo, la violencia que imposibilita el arraigo de varias generaciones en el territorio campesino y la pérdida sustancial en la cadena de almacenamiento y distribución de los alimentos que involucra a las plazas mayoristas, a los supermercados de cadena, a las tiendas, verdulerías y fruterías de barrio, a los restaurantes y hoteles y a los hogares que desperdician productos que bien pueden ser alimento para la población vulnerable, por magulladuras o fecha de vencimiento y hasta por limpieza y pereza domiciliara en la selección y disposición apropiada de los productos que se compran y no se sirven en la mesa de las familias pudientes.

Colombia tiene que implementar el plan nacional de prevención de pérdidas y desperdicios de alimentos con la finalidad de hacerlos llegar a la población que los necesita. El Estado en conjunto con la sociedad civil pueden fundar algunos almacenes que recojan los alimentos desechados por super mercados y restaurantes, inaugurar bancos de alimentos y comederos comunitarios. Los propietarios de restaurantes y cafeterías junto con su clientela deben esforzarse en el servicio y la atención de la gente hambrienta, compartiendo la mesa de la abundancia con los bocados que quedan servidos y no son consumidos, manifestando amabilidad y buena educación en el tratamiento del personaje canequero.

 

 

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