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EDITORIAL
Campesino
Constituyente
En las culturas milenarias de
la humanidad, la memoria de millones de años está presente en el
ser campesino. El campesino cultiva la tierra con su trabajo
para que las plantas y animales domésticos fructifiquen y puedan
ser servidos en la mesa. El campo es un espacio de tierra y es
tierra en el espacio en donde habita la consciencia de la
sustentabilidad para con la naturaleza de la conciencia humana.
El ser campesino es consustancial a todas la etnias humanas del
planeta tierra. El campesino es el sujeto social que posee el
saber acumulado de la experiencia de habitar la tierra en el
tiempo cósmico y esta conciencia es universal porque los humanos
sin excepción cultivan la tierra y la tierra los cultiva.
En teoría física, el campo describe el conjunto de principios y
técnicas matemáticas que permiten estudiar la dinámica y
distribución espacial de los campos físicos, así, por ejemplo,
la teoría de campos (campo es uno y parte) describe como cambia
un campo físico con el tiempo por su interacción consigo mismo y
con el entorno. De esto sabe y explica el campesino que trabaja
en los campos a golpe de sol, agua y viento con las semillas que
esparce en el suelo y de los animales que selecciona para
garantizar la nutrición con alimentos inocuos.
En Colombia el desarrollo
rural integral es orgánico al desarrollo integral urbano, o por
lo menos eso debería ser la función de un sistema nacional
agrario. Por esto mismo, se da la necesidad de establecer
vínculos familiares entre los productores campesinos,
industriales, financieros e informáticos que con reglas justas y
equitativas, compensen a la naturaleza y al trabajo humano la
solidez de la soberanía alimentaria produciendo y comprando los
productos agrarios, pecuarios, pesqueros y forestales en el
marco de un comercio justo entre la ciudadanía colombiana.
Siempre es oportuno recordar,
que pasar del nomadismo de la pesca y la caza al sedentarismo
humano agrario de autonomía alimentaria, el campo cultivado con
herramientas y acondicionado a espacios construidos para usos
específicos habitacionales para personas, animales, plantas,
laboratorios y herramientas, es la gran estrategia económica,
agrícola y ganadera, la humanidad es lo que come y alimenta su
cultura. El ser campesino es un sentir-pensar de la consciencia
universal humana.
La Cumbre Campesina para la COP16 tiene la posibilidad de
presentar sobre el modelo productivo las bases y pilares del
Sistema Nacional Alimentario con licencia ambiental expedida por
el Sistema Nacional Ambiental. El constituyente campesino
colombiano de la diversidad étnica está constituido por las
mujeres, hombres y no binarios de todas las edades como
guardianes, custodios, protectores de la biodiversidad genética
ya que el campesinado es la economía de la vida. A la vida hay
que darle planes, programas y proyectos de larga vida en el
tiempo y esta es la función vital que debe dejar establecido el
Sistema Nacional Agrario en el gobierno del cambio.
No siendo otro el objetivo principal que la erradicación del
hambre, la cultura y la distribución de beneficios serán
destinados a favorecer a las personas en condición de pobreza o
de vulnerabilidad por causas y disturbios naturales o sociales.
Es esto lo que por ahora sugiere el campesino constituyente a la
Cumbre Campesina.
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De la equidad a la autonomía
una línea a seguir

Por: Zahur
Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Por naturaleza genética no todos
somos iguales, cada uno de nosotros hacemos parte de una
información que se puede leer como igual, pero difiere en su
esencia. Simplemente somos seres humanos que estamos aquí una
temporada circunstancial.
En esta cadena evolutiva en que
vivimos hay unos que gobiernan a la gran multitud y ellos tienen
el privilegio de diseñar la ruta a seguir. Solo ellos entienden
su propio lenguaje porque el resto vive de lo que el
establecimiento les da para que subsistan. Esta es una de las
razones por lo que ellos están en posesión de lo existente.
La equidad está ahí como parte de ese balance que los sostiene y
la sociedad la acepta porque no conoce y no puede dirimir lo que
realmente está pasando a su alrededor. Lo más complicado en este
devenir de las cosas es que todos vivimos unidos sin
preguntarnos que nos diferencia los unos de los otros. Creemos
que somos iguales, y es verdad en cuanto a seres humanos, pero
en esencia cada uno de nosotros está ubicado en esa cadena
evolutiva como un eslabón que hace presencia en la vida
cotidiana de la sociedad.
Por eso explotan a la gran multitud porque ella no se interroga
sobre su condición frente a quienes manejan el establecimiento.
Se aceptan las órdenes, leyes y mandatos como si fueran emanados
de mano divina, pero simplemente son dictadas por leguleyos que
presumen de hacedores porque se les ha dado el poder al ser
elegidos en unas elecciones democráticas o han tomado por asalto
el poder.
La autonomía es el poder que cada ciudadano tiene sobre sí y su
entorno y lo hace actuar libre e independiente frente a los
mandatos de quienes ostentan y ordenan al individuo a actuar
bajo su mandato reprimiendo el derecho de la autonomía.
Por esta razón las guerras existen porque detrás del poder hay
un psicópata que presume ser el guía o el abanderado de un
pensamiento sublime y arrastra una multitud que no sabe de su
autonomía porque ellos están en condiciones inferiores
mentalmente a quienes comandan la acción a seguir.
Tener autoridad no significa ser el más hábil o mayor
capacitado, es tener la habilidad de convencer a los seres
humanos que carecen de autonomía o están en niveles más bajos en
la cadena evolutiva y que actúan como mascotas de aquellos que
poseen la habilidad de la manipulación. Por eso el mundo
funciona como tal y pueblos enteros son gobernados por
personajes que se sienten investidos por poderes que solo ellos
creen que todos tienen y que los receptores lo ven como una
verdad.
En estos tiempos la democracia es la palanca que mueve las bases
de la anti-autonomía para que aflore el poder de los elegidos y
subyugue a los pueblos que los han elegido. Así apoderarse del
establecimiento mientras los que son autónomos huyen por temor a
ser subyugados. Este temor es simplemente un estado de
preservación frente a una confrontación fatal que se daría si
esa fuerza autónoma decide asumir su responsabilidad.
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QUÉ LEE GARDEAZÁBAL

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Reseña de La ciudad y sus muros
inciertos
De Murakami,
Editado por Tusquets
Audio:
https://www.youtube.com/watch?v=T3zdcAp6NlA
Cuando se termina de leer las 560 páginas de este nuevo libro
del japonés eterno candidato al Nobel, hasta el lector más
avezado no sabrá si ha concluido de leer un sueño, de conciliar
la realidad verdadera con la imaginada o de haber presenciado
una batalla medieval entre las sombras de los vivos y las de los
muertos.
Es un libro mucho más complejo que los otros
publicados anteriormente por este expertisimo narrador aunque en
el fondo no pasa de ser una metáfora continuada entre sueños y
disparates.
Los personajes son muy escasos, y como se cruzan
entre la vida y la muerte, lo real y lo imaginado y de repeso
quien pone orden es un dizque lector de sueños en una biblioteca
del futuro o de la otra realidad, la trama tiende a repetirse
como destapando una muñeca rusa.
La narración escueta que ha caracterizado a Murakami, se vuelve
a veces muy adjetivada como si quien la escribiera fuera un
principiante en el arduo oficio de la novela. Otras veces se
torna en abrumadoramente lógica y maniaticamente estructurada
como antiguo tarjetero de biblioteca. Pero es esa habilidad del
narrador japonés de confundir los planos para darse el lujo de
ayudarnos a los lectores en las siguientes páginas a que podamos
recuperar el verdadero hilo discursivo, lo que salva la obra de
volverse aburrida.
Por supuesto, para poder plantear este más de medio millar de
páginas sosteniendo el engranaje de unas creencias místicas
desarrolladas más con frases que con esquemas, Murakami tiene
que apelar a descripciones minuciosas de la ropa repetida que
sus escasos personajes usan.
A volver una y otra vez en el detalle minucioso de los también
escasos espacios y a proyectar, desde un ángulo y desde el otro,
el plano de la ciudad fantasmagórica Murakami sostiene su línea.
Así mismo sostiene una enervante memoria sobre una adolescente
desaparecida en los remotos amores juveniles, pero a la que
sigue buscando entre las brumas de los espejismos mentales que
va creando, creyéndola eterna y, sobre todo virgen perpetua o al
menos inabordable sexualmente.
Leer esta novela exige paciencia e imaginación, no solo lectura.
Saborearla esclaviza. Desecharla a mitad de camino es, sin
embargo, una tentación latente para cualquier lector, así sea
fanático de Murakami.
El Porce, junio 16 del 2024
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