Bogotá, Colombia -Edición: 670

 Fecha: Domingo 21-07-2024

 

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COLUMNISTAS

 

 

 

Medio período

Por: Edgar Cabezas

 

A los dos años del gobierno del cambio, hay quienes sostienen que Colombia tiene más Presidente que gobierno, en razón a que el establecimiento político no estaba preparado para la velocidad del sentir-pensar y actuar con los que el ciudadano Gustavo Petro ejecuta las políticas públicas, como hombre de poder y jefe de estado.

 

Gustavo Petro, hasta donde se tienen informes oficiales, es un ciudadano impoluto ante el delito de enriquecimiento ilícito puesto que su patrimonio no indica que haya metido las manos en el erario para apropiarlo en beneficio personal, lo cual hace del señor Presidente, un caso excepcional en la política, ya que la mayoría de los funcionarios y políticos de alguna forma han aumentado sus patrimonios a través de algún delito administrativo, puesto que no son servidores públicos, ya que ellos se sirven sólo a sí mismos.

 

Petro tiene oratoria carismática ya que la coherencia de sus discursos es didáctica. El hombre ejerce su magia verbal porque se adapta al buen uso de la función pública para la que fue electo. Petro es un político que trasmite sabiduría, lo cual es el deber ser de la entidad a la que representa, y lo hace con criterio y carácter.

 

Por supuesto que Gustavo Petro, como cualquier ser humano comete errores de apreciación ante la velocidad de los acontecimientos del presente, con algunos de sus comentarios, o con la designación o nombramiento de pillos en su gobierno. Pero lo que no se puede negar es que el man tiene mente prospectiva que trabaja en función de resolver necesidades insatisfechas para los más pobres de sus compatriotas; y que a su vez atiende una agenda internacional en la que se decide el presente y el futuro de la humanidad, entre la paz y la guerra propiciadas ante la necesidad de un nuevo orden económico ambiental y global.

La gran hazaña de Gustavo Petro como Presidente es haber puesto a pensar a la humanidad acerca de para quién es que las personas aprenden, saben y trabajan. Si velan en favor del impulso de vida o el impulso de muerte. En ocasiones, incluso, él asegura que la división política entre las izquierdas y las derechas es falsa, porque ambas visones políticas atentan contra la vida, siendo las dos corruptas y criminales. Hoy, la opción política es entre los partidarios de la vida contra los partidarios de la muerte y de la extinción masiva a la que conoce como el “omnicidio”.

El economista Gustavo Petro expresa, haciendo salvedad por los años de distancia que amerita incorporar otros supuestos diferenciales, que él está de acuerdo con el proyecto metodológico que Karl Marx plantea para hacer de la economía una ciencia. Pero disiente de la lógica de la lucha de clases que debe ser librada a muerte entre burgueses y proletarios, porque inevitablemente el triunfo de alguno de estos dos bandos, a través de la guerra, conduce a regímenes autoritarios de izquierda o de derecha, lo cual implica que las nuevas revoluciones tendrán que hacerse manera pacífica para que el cambio sea exitoso.

 

El político del estado social de derecho que encarna Gustavo Petro, es un ciudadano que convoca a las ciudadanías libres de la diversidad étnica y cultural a que se organicen para decidir como constituyentes

 

 

 

primarios cuál debe ser el mandato a otorgársele al mandatario para que entre el pueblo y su gobernante se haga efectiva la soberanía que reside esencialmente en el pueblo.

 

CHARLAS CON UN MAESTRO SAMMASATI

Por: Gongpa Rabsel Rinpoché
Lama Sammasati para Latinoamérica

 

La búsqueda de la armonía:
entre la indulgencia y la templanza

 

En la constante búsqueda de la felicidad, el ser humano se enfrenta a una encrucijada: la búsqueda desenfrenada del placer versus la templanza y la armonía interior.

Aquellos que se dejan llevar por el deseo desmedido de placeres, sin atender a la armonía de su alma y su bienestar, son como árboles débiles que se cimbran ante el menor soplo de viento. Son presa fácil de las tentaciones triviales, carecen de la fuerza de la virtud y se ven arrastrados por una vida superficial y vacía.

En cambio, quienes encuentran la armonía en su ser, aquellos que comen y ayunan con moderación, que nutren su fe y cultivan la fortaleza en la virtud, son como rocas inamovibles ante el viento. No se dejan llevar por las tentaciones pasajeras, pues su foco está en el crecimiento personal y la realización espiritual.

 

La indulgencia en los placeres mundanos puede parecer atractiva a corto plazo, pero a la larga conduce a la insatisfacción, el vacío y la dependencia. Es como una sed que nunca se sacia, un hoyo negro que consume sin cesar.

En cambio, la templanza nos permite disfrutar de los placeres con moderación, sin que estos nos dominen. Nos enseña a encontrar la felicidad en la sencillez, en el crecimiento personal y en la conexión con algo más grande que nosotros mismos.

 

La armonía interior se cultiva a través de la disciplina, la autoconciencia y la búsqueda de valores superiores. Implica fortalecer la voluntad, alimentar el espíritu y vivir en congruencia con nuestros principios.

 

Es un camino que requiere esfuerzo y dedicación, pero que nos lleva a una vida más plena, significativa y feliz.

Elegir la templanza y la armonía sobre la indulgencia no significa negarse a los placeres de la vida. Se trata de disfrutarlos con responsabilidad y mesura, sin que estos se conviertan en el centro de nuestra existencia.

 

Es elegir ser como la roca inamovible, firme ante las tormentas de la vida, en lugar de ser como el árbol débil que se dobla ante el menor viento.

¿Qué camino elegirás?

Si tienes alguna inquietud o comentario, no dudes en ponerte en contacto conmigo al correo electrónico gongparabsel@gmail.com o al WhatsApp +57 314 623 83 08.

 

 

 

Derechos Humanos y Dignidad

Por: Guillermo Navarrete

 

Dignidad, es un término objeto de escritos, análisis y debates, por su carácter complejo y relativo –como el de la felicidad-, debido a las circunstancias históricas, sociales, políticas y económicas en las que se desenvuelve el ser humano. Para Platón, como se observó en la Ilustración, la dignidad se encuentra asociada a la búsqueda de la verdad, la que conduce al conocimiento y la autonomía. La razón y la capacidad para analizarse a sí mismo y al entorno para asirse a la idea del bien y de liberarse de la ignorancia, son aspectos que diferencian al humano de las demás especies de la creación. Para Aristóteles, el valor moral, la virtud y la prudencia, son fundamentales para una vida digna. Se constituye en el derecho a ser respetado por ser persona y participar activamente en la vida de comunidad. Immanuel Kant lo considera un principio ético sustancial en la relación de unos con otros, que orientan la estructuración de las normas e instituciones. Es la capacidad, como ser racional, de valorarse a sí mismo y a sus acciones que se materializa mediante leyes comunes que lo obligan a su acatamiento. Categoría única y especial del ser humano, que implica derechos, pero también deberes.

Como idea central en el ámbito de los derechos humanos el preámbulo de la Carta Universal de los Derechos Humanos adoptada en 1948 por la Organización de las Naciones Unidas establece que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana.

Sin embargo, la dignidad se concebía como patrimonio de unos en detrimento de otros (presente aún en situaciones de extremas riqueza, pobreza y de desigualdad para el acceso a oportunidades). Por ejemplo, la esclavitud era normal. Así que los imperios esclavizaban a los pueblos conquistados, de modo que varios de ellos llegaron a reglamentar sus relaciones, comercio e incluso condiciones para conceder la libertad.

De tal magnitud era esta mísera práctica que los franceses, inspiradores de los Derechos del Hombre, de las insurrecciones americanas y de la solidaridad, la igualdad y la fraternidad, 59 años después de su revolución, el 27 de abril de 1848, abolieron la esclavitud. Lo propio ocurrió en Colombia, sólo hasta 1851 el presidente José Hilario López declaró la libertad de los esclavos. De manera similar, las formas de explotación del hombre por el hombre en las eras feudal y de la primera y segunda revolución industrial, tuvieron sinos de naturalidad hasta que las clases oprimidas se levantaron para reivindicar sus derechos.

La pobreza sistemática, la corrupción como detentadora de los bienes comunes a favor de intereses particulares, la explotación, la discriminación y la procreación de cualquier tipo de violencia, son ese tipo de relaciones en las que unos obtienen un provecho en detrimento de la calidad de vida otros, las que determinan la ausencia de condiciones que se deben poseer para obtener un mínimo de bienestar. Respeto, libertad, seguridad, no discriminación, no humillación, igualdad de oportunidades, a ingresos dignos, al acceso al conocimiento y a servicios básicos, es decir a la dignidad como esencia de los Derechos Humanos debe garantizarse, protegerse y promoverse de manera ética por el Estado y la sociedad.
 

 

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