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CHARLAS CON UN MAESTRO SAMMASATI

Por: Gongpa Rabsel Rinpoché
Lama Sammasati para Latinoamérica
Comunidades Budistas vs. Occidentales:
Un Encuentro de Mundos
Las
comunidades budistas y occidentales, a pesar de sus profundas
diferencias culturales y filosóficas, han interactuado y se han
influenciado mutuamente durante siglos. Esta interacción ha dado lugar a
un rico intercambio de ideas, valores y prácticas, enriqueciendo ambas
tradiciones.
Valores Fundamentales: Un Contraste
• Orientación:
o Budista: Centrada en el bienestar interior, la liberación del
sufrimiento y la conexión con una realidad más profunda.
o Occidental: Históricamente enfocada en el logro individual, el
materialismo y el progreso.
• Concepción de la comunidad:
o Budista: La comunidad es vista como un espacio para el crecimiento
espiritual y el apoyo mutuo, basada en valores compartidos.
o Occidental: La comunidad se define a menudo por intereses comunes,
identidad cultural o geográfica.
• Relación con la naturaleza:
o Budista: La naturaleza es vista como una parte integral de la
existencia y se trata con respeto y reverencia.
o Occidental: La relación con la naturaleza ha fluctuado históricamente,
desde la dominación hasta la conservación.
Prácticas Comunes y Diferencias
• Espiritualidad: Ambas tradiciones tienen prácticas espirituales, pero
difieren en sus enfoques. El budismo enfatiza la meditación, la atención
plena y la compasión, mientras que las prácticas occidentales pueden
incluir la oración, la reflexión y el servicio comunitario.
• Rituales y ceremonias: Los rituales budistas suelen centrarse en la
veneración de Buda, la recitación de sutras y la meditación. Las
ceremonias occidentales pueden variar ampliamente según la religión o
tradición.
• Estructura social: Las comunidades budistas a menudo tienen una
estructura jerárquica basada en la guía espiritual de los monjes. Las
comunidades occidentales son más igualitarias y democráticas.
Influencias Mutuas
La interacción entre las comunidades budistas y occidentales ha dado
lugar a una serie de influencias mutuas:
• Influencia budista en Occidente: La meditación mindfulness, el yoga y
conceptos como la compasión y la atención plena se han popularizado en
Occidente, influyendo en la psicología, la educación y el bienestar.
• Influencia occidental en
el budismo: El budismo ha tenido que adaptarse a los contextos
culturales occidentales, lo que ha llevado a la creación de nuevas
formas de práctica y comunidades.
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Desafíos y Oportunidades
A pesar de los beneficios de este intercambio, también existen desafíos:
• Comercialización de la espiritualidad:
La creciente popularidad del budismo en Occidente ha llevado a una
comercialización de prácticas espirituales, lo que puede diluir su
significado original.
• Culturalización: La adaptación del
budismo a los contextos culturales occidentales puede llevar a una
pérdida de su autenticidad.
• Malentendidos: Las diferencias
culturales y lingüísticas pueden dar lugar a malentendidos y
estereotipos.
Sin embargo, estas interacciones también
ofrecen grandes oportunidades para el crecimiento y el aprendizaje
mutuo. Al comprender y respetar nuestras diferencias, podemos construir
puentes entre nuestras comunidades y crear un mundo más compasivo y
conectado.
Preguntas para reflexionar:
• ¿Cómo pueden las comunidades budistas y occidentales aprender unas de
otras?
• ¿Cuáles son los desafíos y oportunidades de la globalización de las
religiones?
• ¿Cómo podemos promover un diálogo intercultural respetuoso y
constructivo?
Este artículo invita a una reflexión profunda sobre la naturaleza de las
comunidades y la importancia del diálogo intercultural. Al comprender
las similitudes y diferencias entre las comunidades budistas y
occidentales, podemos construir un futuro más inclusivo y tolerante.
Si tienes alguna inquietud o comentario, no dudes en ponerte en contacto
conmigo al correo electrónico gongparabsel@gmail.com o al WhatsApp +57
314 623 83 08.
Estado de Derecho, tecnocracia y
legitimidad

Por: Guillermo Navarrete Hernandez
El estado de
derecho es una forma que han adoptado las naciones especialmente de
occidente, el cual consiste en privilegiar el cumplimiento de un mandato
normativo que se teje a partir de los valores y cultura de la sociedad,
además de la aceptación de costumbres y prácticas de la humanidad, las
que en muchas ocasiones se traducen en tratados internaciones suscritos
por diversos países que se comprometen en el marco de los mismos, a
diseñar e implementar instrumentos legislativos, administrativos y
judiciales que permitan su aplicación. Todo esto para guiar la conducta
de los ciudadanos en términos de convivencia y resolución no violenta de
los conflictos, pero también para evitar excesos de los gobiernos en
contra de los ciudadanos, independiente de sus posturas respecto del
ejercicio gubernamental.
Para dicho propósito los
Estados han dispuesto unas estructuras de carácter nacional y
territorial, bajo la sombrilla de la democracia, orientada a garantizar
la participación de los
ciudadanos en su conformación y en los procesos decisionales que los
afectan, gobernanza, según los tratadistas en la materia. Contexto en el
que emergen actores, los tecnócratas, supuestamente conocedores de ese
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entramado normativo, de entidades y
funcionarios o contratistas, para hacer de ese un aparato eficiente, que
responda a las necesidades y requerimientos de los diferentes actores,
que conforman la sociedad. A mi juicio, la tecnocracia, un lobo con piel
de oveja, se reviste de dicho supuesto para privilegiar mezquinos
intereses forjadores de pobreza, exclusión y violencia. No obstante, es
necesario atribuirle avances en el desarrollo de modelos que representan
modernización y procesos de mejora continua, en muchas ocasiones
retrotraídos de países y organismos foráneos.
World Justice Project, una organización
sin ánimo de lucro e independiente, ideó un índice global es una serie
anual que mide el estado de derecho en 142 países, con base en la
aplicación de encuestas para establecer experiencias y percepciones del
público general y expertos alrededor del mundo. Este toma en cuenta 8
aspectos para su cálculo: límites al poder gubernamental, ausencia de
corrupción, gobierno abierto, derechos fundamentales, orden y seguridad,
cumplimiento regulatorio, justicia civil y justicia penal.
Colombia en el año 2023 ocupó el puesto
94, reflejo de la situación por la que atraviesa, parte de la
sintomatología global por sexto año consecutivo, según el ente
investigador, acompañado de la reducción del respeto a los derechos
humanos desde 2016. Al revisar cada uno de los componentes, llama la
atención que en orden y seguridad está en el puesto 129, en Justicia
Penal en el 115, ausencia de corrupción 103, derechos fundamentales 89 y
justicia civil en el 91. Circunstancias que históricamente la
tecnocracia no ha podido resolver.
Carlos Matus, escritor venezolano, en su libro “Adiós Señor Presidente”
acuñó el término tecno-política, para referirse a la práctica de tomar
decisiones con fundamento en un análisis de las interpretaciones, en un
sino de relatividad, de las expectativas de la ciudadanía, las propias
del estado y los postulados teóricos, para generar un balance a la hora
de tomar decisiones, las cuales favorecen a unos y afectan a otros. Su
crítica a la improvisación, a la discusión de la propuesta técnica sin
procesamiento político, impuesta por una óptica de la verdad sabida; a
la propuesta política sin asidero técnico, marcada por intereses
populistas, es elocuente. Son solistas de personalidad destacada que no
conforman una orquesta, afirma (p. 119).
Lamentablemente el gobierno Petro en su menosprecio por la tecnocracia y
sus opositores, igual o peor de populistas al mandatario que por
centurias administraron desde su propia lógica, demuestran que están
lejos de la razón de gobernar bien. Si bien es posible que el Presidente
reclute a su guardia Petroriana, como la bautizó María Ximena Dussan,
para garantizar que las propuestas con las cuales llegaron al poder se
ejecuten, no es menos cierto que muchas de las entidades del orden
nacional están en manos de dirigentes no conocedores del saber
administrativo-público, dedicados al clientelismo, la corrupción, de
favorecer intereses particulares y de sufragar gastos funcionamiento con
recursos de inversión con claros privilegios para algunos funcionarios y
contratistas que poco les importa la pobreza en la que se sumen millones
de colombianos, además de estigmatizar y perseguir a quienes los
critican, conducta que tanto reprocharon antes de asumir el poder.
Considerar entonces, que un equipo de gobierno se forma, se entrena y no
simplemente es la combinación de personalidades, es la máxima que ha de
suscribirse. Empero que Colombia requiere en el gobierno mejores seres
humanos, que mejores políticos.
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