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está presente en otros
organismos resistentes a la radiación. Si es así, esto podría abrir
nuevas puertas para entender la evolución de la resistencia celular y
diseñar antioxidantes aún más efectivos.
"La radiación es un desafío inevitable tanto en la Tierra como en el
espacio. Este estudio nos brinda herramientas para enfrentarlo de manera
más eficaz, utilizando conocimientos que provienen de uno de los
organismos más fascinantes de la naturaleza", afirmó la Dra. Tetyana
Milojevic, experta en exobiología de la Universidad de Orléans.
Para los científicos, Deinococcus radiodurans no solo es un modelo de
supervivencia extrema, sino también una inspiración para innovaciones
que podrían transformar cómo enfrentamos amenazas ambientales y
cósmicas.
Implicaciones más allá del laboratorio
Este avance también resalta la importancia de investigar organismos
extremófilos para resolver problemas complejos. Desde la protección
radiológica hasta la posibilidad de terraformar otros planetas, las
aplicaciones del antioxidante de Deinococcus reflejan cómo la ciencia
puede encontrar soluciones extraordinarias en los rincones más
inesperados del mundo natural.

En un momento donde las misiones
espaciales están cada vez más cerca de enviar humanos a Marte, y el cambio
climático plantea riesgos de desastres nucleares o accidentes industriales,
herramientas como el MDP pueden marcar la diferencia entre la supervivencia y el
fracaso.
Con estos descubrimientos, "Conan, la bacteria" se consolida como una aliada
clave en la búsqueda de soluciones para los desafíos del futuro. Si bien aún
queda mucho por investigar, está claro que esta resistente microbacteria tiene
un papel protagónico no solo en la Tierra, sino también en la exploración y
colonización del espacio.
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La naturaleza
siempre encuentra formas sorprendentes de adaptarse a
condiciones extremas. Uno de los ejemplos más extraordinarios es
Deinococcus radiodurans, apodada "Conan, la bacteria", por su
capacidad de resistir niveles de radiación letales para la
mayoría de los seres vivos, incluidos los humanos. Esta
bacteria, reconocida por el Libro Guinness de los Récords como
la forma de vida más resistente a la radiación, puede soportar
dosis 28.000 veces superiores a las que matarían a una persona
promedio. Ahora, un equipo de científicos ha descubierto cómo un
antioxidante clave en su biología puede ser el arma secreta para
proteger tanto a los humanos en la Tierra como a los astronautas
en el espacio profundo.

La trilogía
química que desafía la radiación
El secreto de la resistencia de Deinococcus radiodurans radica
en un antioxidante formado por una combinación de manganeso,
fosfato y un pequeño péptido. Este "cóctel molecular" forma un
complejo ternario con una potencia antioxidante sin precedentes,
según un estudio reciente publicado en las Actas de la Academia
Nacional de Ciencias. El hallazgo arroja luz sobre cómo estos
tres componentes trabajan en sinergia para proteger las células
de la radiación, un avance significativo para la biología, la
medicina y la exploración espacial.
"Sabíamos desde hace tiempo que el manganeso y el fosfato juntos
eran potentes antioxidantes, pero el descubrimiento del papel
fundamental del tercer componente, el péptido, representa un
gran avance. Es la clave para entender por qué esta combinación
es tan eficaz como radioprotector", explicó Brian Hoffman,
coautor del estudio y científico del Departamento de Química de
la Universidad Northwestern.
Lecciones de un
microbio extremo
La resistencia de esta bacteria no solo se limita a la
radiación. Deinococcus puede sobrevivir a condiciones extremas
como el frío, la deshidratación y la exposición a ácidos, lo que
la convierte en una fascinante herramienta de estudio para
aplicaciones científicas. Por ejemplo, investigaciones
anteriores demostraron que esta bacteria podría sobrevivir
durante tres años en el espacio exterior, específicamente en la
Estación Espacial Internacional.
Un informe de 2022
liderado por Hoffman y el profesor de patología Michaely Daly
reveló que si alguna vez hubo vida en Marte, los microbios
congelados como Deinococcus radiodurans podrían haber persistido
millones de años bajo las severas condiciones del planeta rojo.
Este
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descubrimiento subraya la
importancia de los antioxidantes de manganeso presentes en las células
de la bacteria, cuya cantidad está directamente relacionada con su
capacidad de resistir la radiación.
Cuando se somete a condiciones extremas, Deinococcus radiodurans puede
soportar hasta 140.000 grays de radiación, una cifra colosal comparada
con los 5 grays que pueden ser letales para los humanos.
Aplicaciones terrestres y espaciales
El potencial del antioxidante inspirado en Deinococcus no se limita a la
teoría. Daly, quien también forma parte del Comité de Protección
Planetaria de las Academias Nacionales, diseñó un antioxidante sintético
llamado MDP (protector derivado de la melatonina). Este compuesto ha
demostrado ser eficaz en vacunas polivalentes inactivadas por radiación,
lo que abre puertas para su aplicación en múltiples áreas.
"Esta nueva comprensión del MDP podría llevar al desarrollo de
antioxidantes basados en manganeso aún más potentes, con aplicaciones en
la salud, la industria, la defensa y la exploración espacial", comentó
Daly.
Uno de los usos más prometedores del MDP es proteger a los astronautas
de los peligrosos rayos cósmicos, partículas altamente energéticas que
viajan a través del espacio y representan un riesgo significativo en
misiones a Marte o más allá. Según los investigadores, este
radioprotector no tóxico y rentable podría administrarse por vía oral,
mitigando los riesgos de exposición prolongada a la radiación en el
espacio profundo.
En la Tierra, el antioxidante podría desempeñar un papel crucial en la
protección contra accidentes nucleares o en la mitigación de los efectos
secundarios de terapias de radiación en pacientes con cáncer.
Desafíos y horizontes futuros
Aunque los hallazgos son prometedores, los investigadores están ansiosos por
explorar si este complejo antioxidante único también
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