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La Estupidez
Existe en la
humanidad un sinfín de problemáticas que afectan al ser humano,
pero hay una que nos lleva de la mano para cometer graves y
absolutos errores, sin duda alguna es el peor virus que pueda
existir para la humanidad, que nunca le afecta a quien la sufre,
sino a quienes están a su alrededor para sufrir las
consecuencias.
Realmente en un momento de nuestras vidas hemos cometido alguna
estupidez, basada en acciones que no pasa por ningún tipo de
filtro, donde prevalece las ganas sobre la sensatez. Sin
embargo, lo realmente necesario seria reconocer la equivocación
cometida con una mirada de madurez y equilibrio emocional.
El historiador italiano Carlos Maria Cipolla expresa: “Una
persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona
o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho
para sí, o incluso obteniendo un perjuicio”
Solemos pensar que la estupidez está asociada a la falta de
inteligencia, cosa que no es cierto. El coeficiente intelectual
no tiene nada que ver con este tipo de acciones, reacciones,
verbalizaciones o simplemente detalles cotidianos que vemos día
a día, pero si lo podríamos asociar a la distracción, la falta
de control, como también se puede dar el caso que una persona
realice algún tipo de acciones a pesar de las consecuencias que
esta pueda generar.
El estúpido nace y también se hace. La estupidez está presente
en todas partes, se vende, se inhala y se contagia, incluso se
practica para hacer creer la naturaleza de otro factor de
incapacidad.
Fernando Savater nos explica que los estúpidos son en realidad
conspiradores de la felicidad humana. Si eligen desplegar sus
malas artes no es por otra cosa más que por aburrimiento. Porque
quien se aburre acusa a los demás de cobardes, de egoístas, de
malos patriotas, y ante todo, disfruta metiendo a otros en líos
y trifulcas. La estupidez, como vemos, es mucho más que esa mala
costumbre que aparece sin llamar…
De igual manera, Carlos Cipolla, historiador italiano también
ahondó en el aspecto de la estupidez humana de modo formidable.
Para él, todos los males de la sociedad estaban gestados por
estos conspiradores de la felicidad, es decir, los estúpidos. De
hecho, en su libro “Allegro ma non troppo” hizo un estupendo
desglose de las características de este tipo de personas.
Vale la pena tenerlo en cuenta, aunque sea a modo de curiosidad.
La primera ley que nos dejó Carlo Cipolla, es que “siempre e
inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de
individuos estúpidos que circulan por el mundo“
La segunda ley reza: “La probabilidad de que una persona
determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra
característica de la misma persona“. El estúpido nace estúpido,
por obra y gracia de la Naturaleza, y su proporción es constante
en todo grupo humano.
Todo ser humano queda enclavado en una de estas cuatro
categorías: incautos, inteligentes, malvados y estúpidos. La
tercera ley dice que estos últimos son aquellos que causan “un
daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo
tiempo, un provecho para sí, incluso obteniendo un perjuicio“,
algo absolutamente incomprensible para alguien razonable que se
resiste a entender cómo puede existir la estupidez.
Lo problemático es que la estupidez es muy peligrosa, puesto que
a las personas razonables les es complicado entender el
comportamiento estúpido. Mientras que podemos comprender el
proceder de una persona malvada (que sigue un modelo de
racionalidad), no ocurre así con la
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estúpida, frente a la que estamos completamente desarmados: su conducta
es imprevisible y su ataque no se puede anticipar.
Además, el estúpido no sabe que lo es. Esto conduce a Cipolla a
enunciar la cuarta ley:
“Las personas no
estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas
estúpidas“.
La quinta y última ley indica que «la persona estúpida es el tipo de
persona más peligrosa que existe», pues de su actuar no se sigue una
vacua nada, sino un peligroso vacío en el que cabe toda posibilidad.
La estupidez está presente en todos los estamentos humanos, pero entre
los que se hacen llamar “intelectuales o poderosos” alcanza una gravedad
especial.
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Echar globos al
aire

Por: Guillermo Navarrete Hernández
Los globos son unos elementos que se elaboran con papel seda,
alambre y una estopa o mecha en el centro, a los que es
necesario, primero inflar, y luego, prender la mecha para que el
aire caliente que se produce en su interior los impulse hacia el
cielo. Durante la Navidad algunas familias los emplean con fines
de diversión, sin embargo, esta práctica puede resultar adversa
por la posibilidad de que al caer causen incendios, 10 de los
cuales fueron reportados en Antioquía, uno de ellos, según
Telemedellín (2021), en un hogar geriátrico en el sur del Valle
de Aburrá, por cuyo motivo las autoridades instan a las personas
para que se abstengan de usarlos. Un juego con candela de unos
que termina por afectar a otros.
Esta, podría afirmarse, es una conducta habitual de los seres
humanos con su entorno, de la cual sobrevienen respuestas o
consecuencias incontrastables. El Covid-19, es a mi juicio, uno
de esos tantos resultados de la degradación sistemática del
medio ambiente y que a pesar de su avance pareciera que no se
aprende acerca de sus causas y efectos. Las aglomeraciones
humanas, el relajamiento de las medidas de bioseguridad y las
doctrinarias campañas antivacuna, impulsan un inevitable cuarto
pico de contagios, al pasar en menos de un mes de 2.000 a 12.000
casos diarios en promedio. Pero lo que llama la atención, es que
variantes como Ómicron y la nueva IHU anunciada por el gobierno
francés, ponen en evidencia que se está lejos de declarar la
victoria sobre este virus.
La violencia es la otra pandemia de la que no aprendemos,
particularmente en Colombia. El asesinato de 170 defensores de
derechos humanos y 96 masacres con 335 víctimas ocurridas
durante el año 2021 (Indepaz, 2022) y las más de 60.700 personas
víctimas de desplazamiento forzado por el incremento en el
accionar de grupos armados ilegales, conforme lo señala la
Oficina de Asuntos Humanitarios de la ONU (2021), son entre
otras, cifras que debieran aterrarnos, pero que las percibimos
como parte del paisaje. El coletazo de soslayar el cumplimiento
de los acuerdos de paz, la negativa de proseguir con la
desescalada del conflicto y la ausencia efectiva del Estado en
las regiones afectadas por dicho flagelo, generan redivivos
ciclos a los que nos hemos acostumbrado. Prueba de ello son los
acontecimientos con los que nos madrugaron este año actores del
conflicto en el departamento de Arauca: más de 27 asesinatos, 50
personas desaparecidas y una población inerme invadida por el
miedo reclama protección por parte de las autoridades. Más
restitución y menos revictimización son vitales en estos aciagos
momentos. Y qué decir de los más de 83 asesinatos de jóvenes
perpetrados durante las protestas del año anterior.
A lo descrito se suma la rampante inseguridad. Las cifras de
criminalidad urbana se tornan cada día más difíciles de atacar,
debido fundamentalmente a la impunidad que reina en Colombia,
más del 94% de los delitos no son efectivamente juzgados y
castigados.
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La pobreza, retórica de los políticos en campaña, es el otro
azote que padece nuestra sociedad. Colombia el segundo país más
desigual de Latinoamérica posee una pobreza multidimensional del
18,1% y 11 millones de personas en pobreza monetaria, según el
Banco Mundial y el DANE, respectivamente.
El apocalíptico panorama, amalgama perfecta de lo que Johan
Galtung (1990) describiera como violencias estructural, directa
y cultural, no nos
deja otro camino que el de reflexionar acerca de que no es un
simple juego de echar globos prendidos al aire, sino que su
consuetudinario uso genera incendios de incalculables
proporciones y de que una reforma estructural de sociedad no
sólo es urgente sino sustancial, la cual también depende de las
decisiones que en pocos días tomemos. En nuestras manos está, no
dejemos pasar esta oportunidad.
¡Buenos días familia!
La movilidad y
el gasto nacional

Por Zahur Klemath Zapat
Esta es la edición 274 de Noticias5 de hoy
viernes 07 de enero de 2022.
A mediados de los años 50s cuando el país comenzaba a entrar en
el mudo de la tecnología, Rojas Pinilla el presidente de
entonces planificó las carreteras de Colombia y abrió caminos en
medio de las selvas que quedaban entre municipios y los
comunico.
70 años después el país perdió su ritmo de crecimiento y
políticos irracionales destruyeron las vías de comunicación
ferroviarias, simplemente por ese falso orgullo español que
creían llevar en su sangre. Y hoy estamos tan jodidos cuando
usamos las carreteras, que en trayectos menores tenemos que
pagar peajes a unos señores que no saben de planeación vial.
La dictadura de Gustavo Rojas Pinilla fue más saludable para el
país, que esta falsa democracia que transpiran los políticos
actuales. Lo hecho en el pasado lo fueron demoliendo lentamente
por presidentes que se preciaba de honestos, pero esa honestidad
que presumían, quedó arrasada en los diferentes procesos contra
estos personajes que todo colombiano conoce.
Las vías carreteables colombianas son tan peligrosas por la
falta de planeación y su construcción mediocre que esta semana
un chofer de una tractomula perdió el control y terminó matando
toda una familia en las bocas de uno de los túneles que recién
han inaugurado.
Que candidato a la presidencia va a solucionar lo de los peajes
y el resto de anomalías que la democracia que lo va elegir le va
servir en plato de barro.
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