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Dependemos
del voto

Por: Luís Enrique
Arango
Una persona cercana, tan
cercana como para no dudar de su relato, me confesó que le había
preguntado a la pareja de caseros que cuidan su finca, el día antes de
las pasadas elecciones, si ya tenían definido por quien votar y que la
respuesta fue la siguiente: “nosotros nunca hemos decidido por quien
votar, siempre apoyamos a los patrones”
Pero no vayan a creer que se trata de personas analfabetas o
enclaustradas en la ruralidad, no señor personas con relaciones y
conocimientos .
Al contarle el episodio a alguien más, me repostó y fue que se la
creyeron. Esos son unos “voladores” , se los están bailando parados.
La verdad no sabría si creer o no, pero lo que sí me provoca este asunto
es una reflexión sobre los motivos reales que llevan a votar a muchos
colombianos. Pienso en los millones que no tienen ingresos, que no
tienen las tres comidas diarias y que además no tienen esperanza alguna
de que es posible superar la condición en que viven. No creo que les
importe votar o no votar . Y cualquier incentivo perverso, con olor a
compraventa lo ven como algo natural.
Pero vamos más allá, es normal oír a las personas decir que votan por
ayudar a un amigo o a un amigo de un amigo.
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También los hay que votan para montarse en el carro ganador y hacerle
saber a este que lo apoyaron de manera “oportuna”.
En fin el voto no representa en el Imaginario de la gente la Importancia
que representa para la sociedad como un ejercicio responsable, y
trascendental.
En el mar de incertidumbres que implica los resultados electorales
muchos se esfuerzan por encontrar las claves para impactar la mente de
las personas y ganar su respaldo, con argumentos y con razones.
Aquí surgen relatos de toda naturaleza.
Los hay que se la dedican a culpar a las FARC y al proceso de paz de lo
habido y por haber.
Los hay especializados en descalificar las personas a diestra y
siniestra como agentes de las maquinarias corruptas.
Los hay focalizados en destruir los adversarios como agentes encubiertos
de perversos intereses.
En fin, los hay para todos los gustos. Sin embargo, si algo hay de
cierto es que cada relato tiene techo y los resultados electorales se
encargan de hacerlo manifiesto. Los votos valen igual a la hora del
escrutinio y las cifras son un validador cuestionable pero inapelable.
También los hay que se dedican a hacer cábalas y se vuelven adictos a
juzgar el desempeño de los candidatos en los foros y debates. Aquí sí
que es más superficial . ¿Quién peinó a quien ? ¿Quién estuvo mejor
presentado ?¿Quién se salió de casillas? ¿Qué es lo que se debió decir
para ganar adeptos? ¿Dónde se quedó corto en responder? Podría seguir
interminablemente formulando interrogantes.
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También hay los enamorados de la potencia y viabilidad de los programas
como si fueran expertos en la materia pidiendo más sustancia y menos
carreta.
Será que encontrarían razonable apelar al juicio externo de una academia
internacional de científicos para que diera un veredicto ?
¿Qué tal si le entregamos al big data la determinación de cuál es el
elegido?
Como se ve, es bien difícil conciliar tanta diversidad de motivaciones y
lo único que podría hacer de la democracia algo menos expuesto a la
manipulación y al engaño, es haciendo del derecho al voto algo
excepcional, algo casi sagrado, formando desde la familia y desde la
escuela en su importancia, algo reverencial, parecido a lo que se
pregona de la Patria .
Me perdonan la hipérbole pero algo así como depositar el voto con la
misma actitud del católico que recibe la comunión o del que no admitirá
que se mancille a su madre por ningún precio.
¿Si el voto define lo que será el futuro de una sociedad, acaso no
debiera tener ese grado de significado para las personas ?
Siguen las elecciones presidenciales el 29 de mayo, vuelvo a mi
cantaleta, debe ser la confianza que en el tiempo nos hayan dado las
personas, aquella que resista toda suerte de fuegos artificiales, lo
único que nos garantiza una buena decisión.
P/D Gran alegría nos produjo la elección de Alejandro García Ríos y
Carolina Giraldo Botero como como nuevos representantes a la Cámara de
Risaralda; un gran paso en el auténtico cambio en la política que
estamos buscando. Un claro resultado de que es posible unirse.
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