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Montañeros

Por: Edgar-Cabezas
La nacionalidad colombiana es básicamente montañera. De los cincuenta
millones de habitantes, más o menos, bien o mal contados, por el censo
poblacional treinta y dos millones habitan las montañas de la cordillera
de los Andes que hace su ingreso en el macizo colombiano, también
llamado nudo de Almaguer. Este conjunto montañoso es la estrella hídrica
más importante de Colombia, de la cual al dividirse en tres cordilleras
alto andinas, depende la vida sostenible de los habitantes que se sirven
de todas las aguas dulces que van al mar Caribe, al océano pacifico y al
océano atlántico sur vía Orinoco y Amazonas.
El valor de las montañas consiste en que son las fuentes en donde nacen
las cuencas y sub cuencas hidrográficas de todos los ríos. Ellas
desempeñan un factor esencial en el ciclo del agua al captar la humedad
de las masas de aire de las corrientes intertropicales que circulan por
entre los bosques de niebla y que abastecen de agua para el consumo
humano a los acueductos. Además son usadas para regar junto con las
lluvias los cultivos que alimentan y que también sirven de abrevadero
para la avifauna silvestre y doméstica.
La cuestión de fondo que tiene que abordar el Sistema Nacional Ambiental
es garantizar que Colombia sea una potencia mundial de la vida, causa
esta que es un desafío ya que las unidades ecológicas terrestres
pertenecen a ecosistemas frágiles, particularmente vulnerables a la
variable climática y susceptibles a la erosión acelerada causada por los
fuertes vientos, los aguaceros torrenciales y la radiación intensa del
periodo seco.
Las montañas sufren un agresivo deterioro ambiental causado por
actividades antrópicas como la expansión de la ciudad, la recepción de
personas desplazadas, la agricultura arrendataria del suelo, el turismo
insostenible, la tala forestal, la contaminación por aguas residuales y
servidas que usan el cauce de los ríos como alcantarillas, la presencia
de la industria extractiva nociva, la invasión de especies exóticas, la
pérdida de agua y biodiversidad. Todos estos factores amenazan la
seguridad alimentaria y encarecen los productos básicos de la canasta
familiar.
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En la región Andina confluyen tres sistemas económicos dominantes: la
producción agropecuaria, la industria de la manufactura y los
desarrollos polarizados urbanos determinados por la estratificación;
estos últimos se encuentran en plena expansión. La práctica más común y
evidente en los altiplanos es el uso del suelo contrario a su vocación,
subutilizando estos ecosistemas para la expansión urbana de Bogotá sobre
uno de los mejores suelos agrícolas del país. Adicionalmente, hay otros
procesos de degradación como la contaminación de los suelos y aguas con
agroquímicos y hongos parásitos usados en floricultura.
Montañeros que aman y habitan las montañas de Colombia, ya sea en la
ciudad o en el campo, actúen en la defensa de los nacimientos y cauces
de los ríos, impidan la expansión agropecuaria y minera sobre los
páramos, opónganse al volteo de tierras para el crecimiento urbano,
establezcan una relación simétrica entre la ciudad y el campo dejando
claras las reglas del desarrollo entre las ciudades mundiales como
Bogotá y los municipios del Departamento de Cundinamarca. Practiquen el
comercio justo.
Y si quieren contar con un gobierno que los apoye en todas estas justas
causas, voten por los candidatos que para el siguiente período, de los
tres períodos presidenciales vinculados al proceso de paz, proponen
hacer trizas la guerra!
El Chivo Expiatorio

Por: Guillermo
Navarrete Hernández
Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las inequidades de ellos a
tierra inhabilitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto
(Levítico 16:20)
Al hacer una reflexión sobre adagios populares usados regularmente por
muchos de nosotros, lo curioso es que varios de ellos proceden de la
Biblia. Los ejemplos son variados y que podríamos seguir alimentando con
los que la mente u otras personas nos recuerden.
¡Venderse por un plato de lentejas!, conducta consistente en cambiarse
de bando con cualquier excusa o intercambio que genere beneficios
personales, proviene de la pérdida de
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la primogenitura de Esaú, hijo de Isaac, al negociarla
con Jacob, su hermano, luego de llegar cansado y hambriento tras una
jornada de caza, labor para la que era versátil.
¡Quien esté libre de pecado que lance la
primera piedra!, una forma de hacerle ver a quien juzga o más bien
prejuzga a otro por cualquier falta cometida, cuando aquel mismo
posiblemente hubiese incurrido en igual o peor comportamiento, deviene
de la escena en la que una mujer que fuera encontrada en adulterio,
debía ser castigada con la lapidación -lanzarle piedras hasta provocar
su muerte-, y que al conducirla ante Jesús, quien posterior a escribir
con su dedo algo sobre la tierra, increpa a los escribas y fariseos con
la frase aquí anotada, para dar paso a perdonarla cuando se percatara
que se había quedado sólo con ella.
¡No ser profeta en su tierra!, tiene que ver con el hecho de que Jesús
aun siendo judío no fue aceptado por este, a tal punto que por su
incredulidad y los señalamientos que contra Él se hacían, manifestó: “No
hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa”.
Todos son de suma importancia en cuanto a las enseñanzas que contienen,
sin embargo, la intensión es detenerse en uno que tiene directa relación
con el portar los pecados de otro, fundamento de la fe para los que
hacemos parte del judeocristianismo.
“El Chivo Expiatorio”, cuyo referente se encuentra en el Levítico -un
libro de la Biblia interesante, pero complejo de leer y entender-,
advierte la necesidad de ciertos rituales para una relación libre de
pecado e iniquidad del pueblo de Israel con el Creador. Uno de los
cuales consistía en que el sacerdote tomara de la congregación “dos
machos cabríos para expiación y un carnero para holocausto”, que
presentaba delante del Señor a la puerta del tabernáculo.
Sobre los dos primeros echaría “una suerte por Jehová, y
otra suerte por Azazel”. El primero se sacrificaba para Dios y el otro,
previa confesión por parte del sacerdote con las manos puestas sobre él,
de todas las rebeliones cometidas por el pueblo, lo entregaba vivo a un
hombre que lo conduciría al desierto (Capítulo 16).
Es decir, este animal sería el que cargara con las culpas
ajenas sin tener en sí mismo las propias. Eso fue lo que precisamente
hizo Jesús con su padecimiento, con las torturas sistemáticas aplicadas
sobre su cuerpo y sacrificio en la cruz. Por gracia, como regalo
inmerecido y ejemplo, se echó todas nuestras culpas para reconciliarnos
con el Padre. En eso consiste el Perdón, un proceso el cual
necesariamente está atravesado por el sufrimiento. En Justicia
Restaurativa, fundamento de las sagradas escrituras, perdón no es
sinónimo de impunidad.
Desde estos argumentos extraídos de especialistas en la materia y de mi
experiencia como funcionario público, fue mi tesis de Maestría.
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