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¿Y si hay fraude
electoral?

Por: Carlos Alberto Ricchetti
La penosa noticia de que las elecciones presidenciales del próximo 29 de
mayo no tendrán auditoria internacional, curiosamente no acabó de
prender las alarmas sobre la altísima posibilidad de fraude electoral,
si se tienen en cuenta los antecedentes previos.
El triunfalismo de las agrupaciones de izquierda que piensan es casi un
hecho el triunfo del aspirante del Pacto Histórico, Gustavo Petro, se
suma al silencio indiferente del resto de la clase política. En cuanto a
los demás candidatos, inconformes con hacer “oídos sordos” al llamado,
se dedicaron a refutarlo como si dicha situación de producirse dejara de
atentar contra la democracia y los derechos ya bastante socavados de la
inmensa mayoría de los colombianos.
Si bien es un principio fundamental de participación popular, la
facultad de votar desgraciadamente se encuentra muy distante de
representar la libertad, la mínima garantía en la consolidación de
índices de justicia social aceptables, salud, empleo o educación. Por
ello el empeño del establecimiento del mantener el espejismo de la
existencia de estado de derecho. El problema, sería que incluso pueda
prescindir de esa necesidad de aparentarlo.
¿Consumación?
La noticia de la prohibición de las autoridades de ingresar al país a
los observadores electorales Teri Mattson (Estados Unidos), Alejandro
Rusconi (Argentina) y Paule – Emile Dupret (Bélgica), invitados por la
CNE, permiten suponer que lo peor estaría por pasar.
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Colombia asiste a la elección más importante en trascendencia de los
últimos cincuenta años. No a causa del riesgo de elegir entre mantener
el modelo capitalista neoliberal de mercado o reemplazarlo por otro
socialista, como se cansaron de difundir los sectores aliados del
continuismo.
Lo que está realmente en juego es la permanencia de una clase política
todopoderosa, corrupta e ineficiente y la opción de cambiarla por otra,
proclive al desarrollo con inclusión social, capaz de promover el
genuino ejercicio de las libertades hasta hoy apenas en el papel.
Por dicha razón el aparato del Estado vuelve a quitarse el disfraz de
demócrata, dejando evidenciar el de dictadura encubierta para poder
seguir existiendo, en beneficio de quienes desde siempre desangraron los
recursos del país a expensas del esfuerzo de la mayoría, asfixiado del
reclamo popular.
Terreno abonado
Frente a las denuncias de Gustavo Petro sobre las irregularidades
presentada en los comicios parlamentarios, personajes polémicos y
cuestionados como el ex presidente, Andrés Pastrana Arango, salieron a
la luz pública hablando de “golpe de Estado”, al reclamarle al
presidente Iván Duque intervenir en los manejos de la Registraduría.
Por supuesto, el concepto de asegurar la democracia estaba perfectamente
en segundo plano. Se trataba de “dar vuelta la tortilla”, haciendo
aparecer a la izquierda como la verdadera culpable de alterar los
resultados de la pasada contienda electoral, cuando fue el Gobierno el
sorprendido en flagrancia pretendiendo consumar un monumental fraude.
Hacer pasar a la víctima, como victimario. Cumpliendo con el mismo
deber, la senadora ultra uribista, María Fernanda Cabal, ficha política
en el Senado de la República del ganadero José Félix Lafaurie Rivera,
vinculado con grupos paramilitares afirmó que, de existir
irregularidades, estas se debían al accionar del Pacto Histórico.
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Las posibles consecuencias no están muy lejos. Mientras muchos se
centran en responderles con los interrogantes de: “¿cómo?”, “¿dónde?”,
“¿por qué?”, para entonces la nueva estafa al pueblo colombiano estará
consumada.
Situación
Más allá de hacer una exposición a futuro, los elementos puestos a
consideración permiten vislumbrar que no es del todo irresponsable
suponer la probabilidad de un fraude electoral cierto.
Contando la actual jornada, apenas faltan cuatro días a fin de que los
colombianos salgan a emitir su voto. Los máximos referentes nacionales,
departamentales ni del ámbito municipal del Pacto Histórico, se
manifestaron al respecto. Se viene reiterando a los fiscales de mesa
“cuidar los resultados”, pero no es suficiente y del Gobierno, la
dirigencia, de los aspirantes del continuismo, puede esperarse cualquier
cosa.
Sólo el pueblo salvará al pueblo. Tampoco hubo pronunciamientos
oficiales frente a la gravedad de los hechos. Los llamados a
manifestarse, también brillaron por su ausencia. ¿Cómo es posible que
tanto silencio no cause estupor, teniendo en cuenta el amplio
conocimiento de los bueyes con los cuáles se ara la fantástica tierra
colombiana?
¿No estarán los responsables de garantizar el triunfo demasiado
ocupados, destapando la champaña para celebrar antes de producirse el
motivo de la fiesta? Ojalá el tiro de gracia no los sorprenda dormidos.
*Periodista, escritor, poeta y cantautor. Director general de Diario EL
POLITICÓN DE RISARALDA y de su suplemento, ARCÓN CULTURAL. Integrante de
¡UYAYAY! COLECTIVO POÉTICO, además del CÍRCULO DE POETAS IGNOTOS.
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