Bogotá, Colombia -Edición: 341 Fecha: Domingo 12-06-2022 |
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Columnista |
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La espina en la corona
Jotamario Arbeláez A Michelle Rincón
Foto Gilma Suárez
Recluido por razones de edad en este
paraíso que me mandaron del cielo, para que no me alcance la
virulenta pelona que se ensañó contra el mundo a través de la
más ínfima basura,
reviso las cajas
que contienen todo lo que he tecleado a través de 62 años, la
mayoría poemas publicados en libros o inéditos y notas de prensa
que sigo trabajando hasta convertirlas en textos con alguna
validez literaria.
Encuentro que mis temas principales
han sido la familia, el padre, las calles de mi barrio, el
colegio de Santa Librada, la aventura nadaísta, los
enfrentamientos contra el sistema, los viajes por el mundo y por
el vacío,
los goces de una
sensualidad desbordada, los amores venturosos y tormentosos,
pero escasamente la muerte.
Nunca le paré
muchas bolas a esa patuleca que suele dejarnos patidifusos con
su lotería del adiós.
Sólo cuando me
tocó despedir a esos amigos de la vida al ver que se los llevaba
la cabecipelada que conmigo se ha hecho la querentona,
con cuyas elegías
he espesado otro libro que deberé cerrar con mi ya patentado
epitafio: “Aquí yace Fue”. Encontré uno
llamado Ronda de la muerte, |
escrito en la
mitad de los años que ahora tengo,
a los 40, y no resisto las ganas
de comentarlo. Comenzaba:
“No hay día que no traiga / como
un fatídico cartero / noticias acerca de la muerte / de algún amigo de la
infancia”. La muerte no
tiene edad. Todo ser humano vive de uno a 36.500 días y parte sin novedad.
La desaparición
del mejor amigo de los días de bicicleta y novias de barrio significa la
despedida de eso que fuimos.
“No es que estemos muy viejos /
ni ha estallado la guerra. / No hay epidemia declarada / ni militamos en la
mafia. / Unos adquieren cáncer temprano, / a otros el corazón se los lleva, / de
vez en cuando algún suicidio / o un estrellón en la carretera”.
Si estábamos en
los 40 andábamos apenas por la mitad de la vida pensábamos optimistas.
Las epidemias
éramos más bien nosotros tratando de vulnerar los intríngulis del sistema.
Y no éramos
reos de cobro de cuentas. Ni tan malditos poetas como para pegarnos un tiro, si
no éramos capaces de matar una mosca muerta. Gozaba y contagiaba mi salud como
una venérea de cariño. Acababa de
estrellarse en la carrera de Tunja el líder de la descomposición anunciada.
“Se encuentra uno en los sepelios
/ y los rescata del olvido / condiscípulos ventripotentes / ya con tarjetas de
abogados. / Y la próxima vez que los ves / es en la misma funeraria / con cara
de pocos amigos / nadando en flores”. Uno que no se
graduó termina diplomando para el recuerdo a los prestigiosos en sus carreras.
Duelen como los
amigos de la infancia los del colegio y los de la carrera que le tocó hacer a
uno en la calle, en los bares, en los cafés. Se iban a la hora menos pensada, y volvíamos a encontrarnos los compañeros de entonces como en recreo, y nos quedábamos contemplando los unos a los otros tal vez pensando,
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¿cuál de los que estoy mirando será el siguiente? “Un día de estos yo seré la noticia / y los niños de entonces / se conmoverán en sus escritorios / por mi desaparición prematura”. Prematura, dije. Parece que andaba en conflictos con la existencia, desde tan joven. Y me iba preparando para el despegue. Pensando perpetuarme por lo menos en los niños de la memoria. Pero para ingresar vigoroso al club de la muerte parece que también me tiraron bola negra.
La Santa Muerte. Tomado de Google
“Nada tengo contra la muerte. / Pero me hubiera gustado vivir / la promesa de un paraíso / donde el amor fuera posible / sin la espina de su corona”.
Siempre propicié paraísos, aun en la carencia gozosa, a quienes me acompañaban por mi camino de negaciones y confrontaciones del orden.
Según lo que me dictaban los astros y me dictaban los estros al son de sistros.
Era el rey de la vida con la poesía de celestina. La espina de la corona, ¿qué sería por entonces?
Duele más la corona con una sola espina que la múltiple del señor Jesucristo, en la que nada tuvo que ver la novia. Sobre todo si es en la frente o la coronilla.
La montaña mágica. Mayo 31-20
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