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EDITORIAL
A los colombianos no nos
cumplieron con el gas propano
A pesar de que va en aumento el número de
colombianos que acceden a usar el servicio de gas domiciliario
en el país, la realidad es que todavía son muchos connacionales
que viven en arriendo o en zonas rurales y se ven en la
obligación de utilizar gas propano que por cierto después del
estallido social tuvo un incremento hasta de un 30%.
Una vez culminaron las protestas sociales, el presidente Iván
Duque aprobó una ley en la que se descontará el 30% del valor
del gas propano en todas las presentaciones de los cilindros. No
obstante, los colombianos seguimos viendo con preocupación que
el decreto de esta ley se la pasaron por la faja los
distribuidores de gas propano en todos los departamentos del
país.
En definitiva, lo peor de todo este asunto es que antes de
disminuir los precios por el contrario cada vez está más, alto,
por ejemplo, un cilindro de 40 libras que antes costaba
aproximadamente $54.000, hoy en día los distribuidores lo están
vendiendo en $70.000, reflejando así un abuso total contra los
consumidores que en su mayoría son personas de escasos recursos
económicos.
La queja entonces se dirige no solo a los distribuidores de gas
que se siguen aprovechando de la gente, sino que también el
reclamo debe direccionarse al Gobierno Nacional y a las
autoridades competentes que sólo avalaron el decreto, pero no
hacen ningún tipo de control para vigilar si efectivamente se
está cumpliendo con los mandatos de esta ley.
Las autoridades están en la obligación no solo de realizar el
debido control a los mandatos establecidos en los decretos
legislados, sino que también, están en la obligación de
sancionar a los distribuidores del gas que siguen cobrando lo
que quieren cuando existe una ley de por medio.
Lo más triste es que muchos colombianos que saben de la
reglamentación de esta ley hacen caso omiso a la misma y nadie
se queja ni alza su voz de protesta, evidenciando con este
ejemplo aquella perjudicial costumbre que tenemos los
colombianos de quedarnos callados y acostumbrarnos a los
atropellos de los usureros.
En nuestro país tenemos la costumbre de detectar irregularidades
y atropellos de muchas entidades y simplemente hacemos silencio
porque cómo nadie se queja entonces nosotros tampoco apelamos
así a aquel refrán que indica que una sola golondrina no hace
verano.
Sin lugar a dudas este pensamiento conformista y perdedor de
pueblo ignorante hace que el país no avance y da pie a que
ciertas entidades y personas corruptas en el poder sigan
abusando porque no existen dolientes que se quejen, sino que
existen borregos que se adaptan a las circunstancias sin
protestar.
Esta situación expuesta es entonces una de las muchas razones
por las cuales extendemos la más respetuosa y cordial invitación
para fomentar la EDUCACIÓN Y LA CULTURA, porque sólo así tomamos
herramientas diplomáticas y jurídicas para así conocer nuestros
derechos y poder defendernos.

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La neutralidad nos permite vivir en cordialidad con todos

Por: Zahur
Klemath Zapata
zkz@zahurk.com
Esta es la edición 346 - de Noticias5 de hoy viernes 24 de junio
de 2022.
Tardé muchos años en entender porque debía ser neutral y asumir
una posición que me permitiera vivir tranquilamente en este
mundo convulsionado.
Comencé a leer a edad muy temprana por un impulso que nacía de
mis inquietudes en conocer de todo. Vi a mi madre leer y leerle
a mi padre novelas, libros de historias más otros de personajes.
Esto me estimuló y creó en mí un apetito a la lectura.
Uno de mis maestros, Roberto Rivas, una vez me dijo cuándo paso
por el lado de mi pupitre, Oye Zapata deberías comenzar a leer
los griegos que ahí está la raíz de la historia de la humanidad.
Estas palabras me llamaron la atención, y en verdad por ahí
comencé. No me canse de leer a los griegos hasta que descubrí la
literatura latina y fue como si el bosque se hubiera encendido.
Con la lectura y el conocimiento a temprana edad nace la
arrogancia interna y como si el viento ventilara lo lanza a uno
a actuar como un extravagante intelectual al mundo de los
iletrados. Muchos lo admiran y una gran multitud lo rechaza.
Solo aquellos que navegan por esos mismos lodazales se
empantanan con uno.
Así conocí a la mayoría de intelectuales de este continente con
los que compartí la misma arrogancia. Es una vida entre muchas
cosas y nada, sobre todo porque en América Latina cuando yo
crecía era muy analfabeta y no se podían dar los lujos que uno
se da en Norte América.
En una de mis viajes por Sudamérica, estando en el Perú, conocí
a Chabuca Granda, Yo estaba loquito haciendo todo tipo de
espéculos para llamar la atención. Un día me encontré con
Chabuca y ella me tomó del brazo y me dijo “vamos a almorzar”.
En el almuerzo me explico sobre la fama y lo que implicaba ella,
además me dijo que no me preocupara que mi camino ya estaba
marcado y que aunque hiciera por hacerlo más relevante no iba a
cambiar. “Cuídate de la fama” fue lo último que me dijo.
Al poco tiempo comencé a concentrarme en mi mundo filosófico y a
escribir y desarrollar toda esa filosofía que hoy me persigue
como hijos y nietos y yo medio escondido como un anónimo más.
Ser neutral no es fácil, hay muchas tentaciones que lo impulsan
a uno a confrontar las cosas que pasan en el mundo, eso implica
revolcarse con todo el mundo en discusiones que nunca cambiará
nada. Pero uno estará en medio de la discusión como otro
abanderado de ideas que solo duraran lo que duran las emociones.
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Crónica de Gardeazábal #440
Iglesia Amarillo Caterpillar

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Audio:
https://www.spreaker.com/episode/50305991
Muchos de quienes interpretan la manera de ser de
los tulueños y su carácter altivo coinciden en afirmar que todo
puede encerrarse en la explicación de que pese a ser un poblado
nutrido desde 1640, tuvo que esperar casi 250 años para poder
tener Iglesia.
Puede que sea verdad. Fue un pueblo sin iglesia. La misa se
celebraba en un rancho que le daba la espalda al potrero donde
pretendían levantar el parque principal. Solo en 1875, Urdaneta,
el dibujante del Papel Periódico Ilustrado, publicó el frontis
de la iglesia de San Bartolomé de Tuluá, ya cita en el Parque
Boyacá, con una pequeña crucecita en lo alto del costillar de su
techo principal, pero sin torre.
30 años después los tulueños acompañaron a su párroco para
construirle una torre medio mudéjar y coronarla por colecta
mayúscula con reloj y campanas. Hubo fiesta cuando inauguraron
ese reloj público y como por esos mismos días la Compañía de
Electricidad de Tuluá, que aún subsiste pese a la garosa Celsia,
había prendido las primeras lámparas del alumbrado en las
calles, la fiesta fue carnavalesca y originó la tradición de las
Ferias de Tuluá, que hoy precisamente se vuelven a hacer luego
de dos años de pandemia.
Desde aquellas épocas de hace casi 150 años, la iglesia de San
Bartolomé de Tuluá estuvo vestida de blanco, con cal o con
pintura. Hasta esta semana, cuando el párroco resolvió pintarla
de amarillo caterpillar en un collage inmisericorde porque como
al costado occidental de la iglesia se levantó una gigantesca
torre mal copiada de la catedral de Colonia, pero nadie se
atrevió a tumbar la otra mudejar, la paralela que tiene todavía
el reloj público inaugurado hace 100 años, el amarillo
caterpillar conque han vestido la nave central del templo
amenaza con cubrir las dos torres diferentes, o ser un eterno
pegoste de mal gusto.
No sé si mis coterráneos tulueños son tan pendejos que se dejan
manosear estéticamente de un cura sin cultura referencial y con
ganas de pasar a la historia como el garante de los buldóceres
amarillos que en breve vendrán a tumbar iglesias, como ya
tumbaron estatuas y dejaron cambiar al Congreso por una
Cooperativa de Contratistas.
Es casi de novela mía. En plena Feria de Tuluá, el cura decide
vestir de un asustador amarillo caterpillar la iglesia secular
que siempre vistió de blanco. Con razón en mi pueblo pasan las
cosas que pasan y los curas desfilan mariquiando
ignominiosamente por las páginas de La Misa ha Terminado.
El Porce, junio 23 del 2022
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