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¿EL PODER PARA QUÉ?

Edgar-Cabezas
El triunfo electoral del Pacto
Histórico para hacerse cargo del poder ejecutivo del Estado Social de
Derecho, representa la aspiración del pueblo colombiano de detentar el
poder para tener la facultad de afirmar la soberanía del pueblo en las
decisiones político-administrativas que lo conducirán a fortalecer la
unidad de la nación, asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia,
el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la
paz, dentro de un marco jurídico, democrático y participativo que
garantice un orden político, económico y social justo. Queda así
comprometido a impulsar la integración de la comunidad latinoamericana
tal cual lo estipula el preámbulo de la Constitución Política de 1991 y,
como 31 años después, el presidente electo de Colombia Gustavo Petro, lo
ratifica en su discurso de aceptación como presidente en el Movistar
Arena de Bogotá.
La rama ejecutiva agrupa tres leyes orgánicas de la estructura del
Estado: la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial, la Ley Orgánica del
Plan Nacional de Desarrollo y la Ley Orgánica del Plan Nacional de
Presupuesto. Estas tres leyes deben ser presentadas por los ministros de
las respectivas carteras a las comisiones conjuntas de asuntos
constitucionales y económicos del Congreso a más tardar en febrero de
2023 para su aprobación y ejecución, con la previa e informada
participación de la ciudadanía perteneciente a la pluralidad étnica y
cultural de la Nación, para que la multitud de las organizaciones
sociales, sindicales y gremiales colaboren aportando a los títulos,
capítulos y artículos que quedarán implícitos en las respectivas leyes.
Si queremos que el Estado local planifique el manejo y aprovechamiento
de los recursos naturales con la intención de mitigar los impactos de la
variabilidad climática y legislar respecto de la justicia climática,
cada una de las entidades territoriales tendrá que revisar y actualizar
su respectivo Plan de Ordenamiento Territorial vinculado a la creación,
conservación y mantenimiento del Catastro Multipropósito. Esta meta debe
ser alcanzada para enero de 2024, fecha en la que se posesionarán los
nuevos alcaldes y Concejos Municipales.
Desde la noche del 19 de junio al cierre del escrutinio, hasta los seis
meses siguientes a la iniciación del período presidencial, el presidente
Gustavo Petro tendrá que presentar un Plan Nacional de Desarrollo
conformado por una parte general y un Plan de Inversiones de las
entidades públicas del orden nacional. El Plan de Inversiones Públicas
contendrá los presupuestos plurianuales de los principales programas y
proyectos de Inversión Pública Nacional y la especificación detallada de
los recursos financieros requeridos para su ejecución.
Por primera vez en la historia de Colombia un presidente invita a la
ciudadanía para que desde las regiones se participe contribuyendo a
elaborar los contenidos de las leyes que a corto, mediano y largo plazo
orientarán el desarrollo sustentable con la naturaleza y sostenible con
la economía, en el marco jerárquico jurídico de convertir a Colombia en
una potencia mundial de la vida. La vicepresidenta electa, desde la
política pública del cuidado, convoca a vivir sabroso que consiste en
saber vivir sin miedo. Desde ya es preciso participar desde lo local y
regional en la producción de los contenidos que le den vida al triunfo
del poder electoral porque el poder es para tener la potestad de cambiar
el régimen corrupto y multicrimen que gobierna en el presente.
Para lograr estos objetivos, es prioritario conformar las asambleas
municipales constituyentes pertenecientes a un frente amplio y popular
de impulso y respaldo a la reforma tributaria. A través de ésta, se
obtendrán los recursos monetarios que financiarán el Plan Nacional de
Desarrollo para cumplir con la garantía universal de los derechos
fundamentales, disponiendo de que el gasto público se destine a la
inversión social con la meta de reducir la pobreza multidimensional y
monetaria sin arruinar el capital natural.
Un infinito minuto
de silencio

Por: Guillermo Navarrete Hernandez
“…hasta que un día
no tenga sentido decir mañana.”
(Primo levi, 1947, p. 145)
Era el segundo día, todo el escenario
estaba dispuesto, corrían las siete de la noche y algo más de 10 horas
de diligencia, una de las víctimas se dirigió a la magistratura, a las
otras víctimas, al Ministerio Público y a los máximos responsables de
crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad.
Todos los relatos de las víctimas habían sido desgarradores, pero este
fue uno de los que más me llamo la atención, era el último de esta
audiencia de imputación de cargos por los delitos de secuestro y conexos
que comenzó el 21 y culminó el 23 de junio de 2022, dirigida
acertadamente por cuatro magistradas.
Desde el inicio de su intervención presentó excusas al advertir que no
obstante su fortaleza, muy seguramente no iba a resistir derramar
lágrimas. Jonathan Mulford, secuestrado el 11 de noviembre del año 2000
por hombres pertenecientes al 37 frente de las Farc, que operaba en el
sector de Los Montes de María, cuando apenas contaba con 11 años de edad,
junto con su
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progenitora, tres hermanos menores de edad, uno de ellos con condición
especial, y un primo.
Luego una larga caminata al llegar al sitio de cautiverio el ruego de su
señora madre logra que los guerrilleros liberen a sus hijos, que al día
siguiente emprenden camino en medio de la maleza de la naturaleza y de
sus captores. Su padre, quien, pese a las dificultades económicas, debió
reunir 1.000 millones de pesos por el rescate de su consorte. Fueron dos
meses de tortura psicológica con falsas narrativas de desamor familiar.
Al culminar el secuestro, ella pidió a su hijo no tratar mal a estos
hombres armados, debido a que muchos eran jóvenes, posiblemente víctimas
del conflicto armado o impulsados por las circunstancias económicas,
sociales o políticas.
Estos siete comparecientes ante la JEP, integrantes del último
secretariado de las Farc, ahora son viejos y no lo pueden ocultar,
colmados de canas, arrugas y hasta quebrantos de salud. El desgaste de
los años les llegó en un contexto de guerra que los consumió en la
equivoca convicción de que lo que hacían era lo correcto, el poder de
las armas los hacía dueños de la verdad, del dogma que los empujó a
provocar daños irreversibles a personas, que, por su debilidad
manifiesta, se suponía eran el centro de su lucha revolucionaria.
Al final de la intervención Jonathan les manifestó que mutaron la
justicia social por la que combatían, por criminalidad que provocó
pérdidas irreparables. Les recordó el reto histórico que tienen frente
al país “para cambiar en los colombianos el sentimiento de odio
generalizado que sembraron, que no sean juzgados por hombres, sino por
la fuerza Suprema de un Dios que conoce la veracidad y humildad del
perdón social que tanto esperan”. Solicita entonces a los comparecientes,
un minuto de silencio en homenaje a todas las víctimas que él representa
y que la Magistrada Lamaitre concede. Minuto de silencio que acompañé
con solemnidad, pero que invita a preguntarse: ¿cuántos infinitos
minutos de silencio debemos realizar para lograr esa anhelada
reconciliación societal?
¡PETRO-URIBE!

Por: Iván R. Contreras C.
Ser uno de los 11.281.013 votos que sufragamos por Gustavo Petro
en las pasadas justas electorales, me da la opción de poder
opinar y que conste que esto es sólo mi opinión y no represento
a ningún partido y menos a grupo político alguno.
Desde que tenemos vida republicana, es decir hace 212 años, el
país se convirtió en una democracia distribuída en 47 familias,
que han terminado mezclados y apareándose entre los mismos,
cuando no están gobernando, están en los puestos más importantes,
si, los que manejan las riendas del país, desde donde pueden
hacer negocios y enriquecerse o en embajadas o cargos
diplomáticos que les dejan la posibilidad de hacer lucrativos
negocios.
El poder hereditario como lo denominamos los analistas políticos,
esa democracia monárquica, que le permite a los hijos de los
exgobernantes aspirar y se muestran como los únicos capaces de
sacar el país adelante, aunque muy por el contrario lo lleven al
letargo y lejos del desarrollo.
Son las élites, las que han secuestrado el Estado a través de
clanes familiares, que antes a decir verdad, eran menos
perversos aunque también corruptos, para no ir tan lejos, los
Santos, los Lleras, los Turbay, los López, los Ospina, los
Valencia, los Pastrana, en estos apellidos hay más de diez
presidentes.
Hace un tiempo se mostraron en las redes sociales varios árboles
genealógicos y fue muy simpático ver ahí plasmado el contubernio
filial entre esas familias, entre ellos mismos y así se muestren
los dientes y las garras en público, por algún lado son familia.
A diferencia de personajes advenedizos como el
expresidente Uribe, quien no pertenece a esas élites, quien siempre ha tenido un
manto de duda entre su fortuna, la mafia, la creación de los grupos
paramilitares y la política, nada en el entorno de Uribe es claro, ni siquiera
la muerte de su padre.
Nos han gobernado 47 familias y somos un país
donde existen algo así como ocho millones de familias, lo que nos deja ver con
claridad que en nuestro país existe de todo,
menos una democracia participativa, ahora se auto nombran jefes de partidos para
que
suene más amplia la forma de
engañar a los colombianos, dividiéndolos para hacerles creer que tienen opciones
de elegir, pero el que gane, cualquiera que sea termina haciendo componendas y
unidos contra las opciones alternativas.
Hoy hay más fortaleza en los clanes familiares que en los partidos, se
amangualan no para servirle al país, sino en torno a la corrupción y la torta
del erario, no hay principios, no hay un recato de moral, la ética desaparecida
por completo, esto les da la fortaleza económica que necesitan para seguir en el
poder por eso se apropian de los recursos naturales, de las empresas del Estado
que compran a precio de huevo, lo que los hace inexpugnables o casi intocables.
Por eso se necesitaba refrescar el entorno político y que mejor que Uribe, que
ya desde la dirección de la Aeronáutica se había fortalecido económicamente de
manos del narcotráfico, expidiendo las licencias de los aviones y pistas para
llevar la coca a sus destinos.
Era el perfecto, con
prontuario, con ejército particular y con un discurso de mano dura, perfecto
para socavar la indignación nacional y reemplazar a los mismos, pero ligado y
obediente a ellos.
La llegada de Petro a la
presidencia, es la respuesta a la pésima gestión de Iván Duque, pero también a
Uribe y a los clanes, todos corruptos, todos miserables en su
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afecto al pueblo,
a las instituciones y al país, es histórico que un hombre sin que pertenezca a
esas élites se les haya colado, les esté arrebatando el poder y los esté
poniendo contra la pared.
La extrema derecha es
fundamentalista, no cree en nada más que en ellos, no van a dejar que les quiten
la teta del estado, no van a dejar que advenedizos se quieran quedar con lo que
ellos presumen propio, no van a querer que se desengaveten miles de procesos con
los que tienen a políticos sometidos y chantajeados o en la impunidad, como el
caso del mismo Uribe, la Ñeñe política y muchos más.
Lo del partido liberal, es muy bueno, porque son las bases y no la mermelada de
la que se apropiaba Gaviria, los de la U que no quieren hacer oposición, los
verdes que se cuentan entre los alternativos.
Pero es mi criterio, que
llamar a Uribe, es ponerlo a figurar y sacarlo de la tumba política y el repudio
que sienten millones de colombianos por ese personaje frívolo y perverso, así
muchos colombianos aún lo quieran, creo que es perder el tiempo, porque lo único
que ellos, las élites quieren, es que a Petro le vaya mal, para regresar más
agresivos y como salvadores.
¡EL ENCUENTRO PETRO - URIBE!

Por: Álvaro Ramirez Gonzalez
alragonz@yahoo.es
Una semana después de la proclamación de Gustavo Petro como nuevo
presidente de Colombia, finalmente se acordó un encuentro cara a cara
entre El y el expresidente Alvaro Uribe, por expresa invitación de
Petro.
Las invitaciones y el talante del nuevo presidente, le están dando muy
buenos dividendos en lo político y en lo empresarial.
Además, toda la prensa sin excepción, ha hecho muy buenos comentarios
acerca del espíritu conciliador y de la convocatoria de Petro.
“¡Perdonemonos!”, dijo el nuevo presidente en su discurso, el domingo,
pocas horas después de ser anunciado su triunfo.
“¡Debo decirles que este mi gobierno no va a perseguir a nadie!”
En lo político, Petro ha salido ganador.
César Gaviria con el Liberalismo, el Partido Verde, Cambió Radical y el
Partido de la U, anunciaron que “serán partidos de gobierno"
El CD, anunció una “oposición racional”
No le pudo haber ido mejor.
Garantizó una poderosa mayoría parlamentaria en el Congreso, para el
trámite exitoso de todas las reformas y leyes del nuevo gobierno.
Con los gremios las cosas andan bien, pero hay muchos temas que no se
han aclarado aún y que pueden si no se manejan bien, hacer más dańo que
beneficio.
Nuevos impuestos, el nuevo enfoque de la salud, la independencia del
Banco de la República, el manejo de las pensiones son temas muy críticos
que exigen hilar muy delgado.
La suspensión inmediata de las exploraciones de hidrocarburos y del
Fracking, serán un golpe durísimo a la Industria y cerrar una vigorosa
fuente de ingresos para el Estado, además de regalías para las regiones.
La caída dura en el valor de la acción de Ecopetrol es una respuesta del
Mercado a esa decisión peligrosa y contracíclica.
Pero la joya de la corona será la reunión de Petro con Uribe.
Dos enemigos feroces que se han atacado sin pausa.
Nadie le ha dado más garrote a Uribe que Petro.
Pero lo mismo se puede afirmar en sentido contrario.
Esa tregua inteligente y estratégica para Petro, supuso una dosis de
serenidad, y humildad de su parte.
Y también, Uribe desarmó el espíritu para sentarse con su peor enemigo
por la patria.
Es un ejemplo el que dan este par de líderes a tanta gente que anda
endiablada y no acepta haber perdido las elecciones.
Pretender que le vaya mal a Petro, es “¡pretender que le vaya mal al
chofer del bus a sabiendas que uno va adentro!”
Me parece que esa reunión va a producir muchas más cosas de las que la
gente imagina.
Me late que la persecución judicial a Uribe, se va a desactivar.
Me late que Petro va a acoger muchas de las ideas y muchos de los
consejos de Uribe.
Me late que esa reunión va a desactivar muchos odios y tanto veneno qué
se respira en Colombia.
Ninguno de los dos tenía para que reunirse con el otro.
Considero que esta reunión es un acto de humildad y una muestra de
espíritu conciliador de ambos líderes.
Y de allí, saldrán cosas muy buenas para el nuevo gobierno.
Y por ende para el país.
¡¡Enhorabuena!!
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