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LA ASISTENCIA TÉCNICA AGRÍCOLA
ESENCIALMENTE OBLIGATORIA

POR. - I.A. IVÁN PULIDO G.
La asistencia técnica agropecuaria, es un instrumento integral instituido para
promover productividad, y mejora de calidad de vida para los productores del
sector rural.
Nos preguntamos el plan B, que los diferentes gobernantes por más de tres
décadas, debieron haber previsto, para la recuperación productiva de las
millones de hectáreas cesantes por las importaciones de comodities y secuencial
generación de desempleo para tantos técnicos y profesionales Agropecuarios
obligados al ocio, por tan ilógicas medidas delegatorias del estado a ejercer la
asistencia técnica por cuenta de los gremios productores, las Umatas y Casas
Comerciales, que lo que ocasionaron fue una cruenta imposición de productos en
su mayoría tóxicos en el mercado agrario, recomendados por mercaderes ávidos de
comisiones comerciales; asesoría totalmente desdibujada, a la de objetivos
científicos y tecnológicos integrales aplicados a los principios de
competitividad y sostenibilidad.
Son cada vez, más complejos los obstáculos para el desarrollo de la actividad
agraria, hoy navegando entre el cambio climático, escasa educación, falta de
innovación, deficientes vías terciarias y centros de salud, agua potable no
disponible, falta de conectividad digital, alto costo de insumos y servicios,
desertización del suelo, afectación de los ecosistemas, difícil acceso al
crédito de fomento y comercialización, falta de planeación, litigios de la
tierra sin legitimación, falta de capacitación y escasa asistencia técnica de
calidad.
Ante este sombrío panorama, se hace vital implementar políticas de estado que
integren la Institucionalidad Academia y Ciencia para proveer de métodos
científicos y técnicos los sistemas de producción proyectados, en vía al
incremento de ingresos y capacidad productiva campesina, y la conversión de la
asistencia técnica en un eslabón esencial hacia la innovación, tecnología,
productividad y competitividad sostenible.
Es de reconocimiento público, la importancia del antiguo Instituto Colombiano
Agropecuario ICA, por su experticia en transferencia de tecnología y desarrollo
rural, direccionada a todos los rincones de Colombia y su misión específica de
intensificar la investigación y enseñanza de las ciencias agropecuarias, en
beneficio de todas las actividades del sector agrario.
Labor de padrinaje que aporto mucho al crecimiento de la producción agraria
colombiana, gracias a su estructura física de operación seccional en cada
departamento, con centros de diagnóstico e investigación, laboratorios de punta,
estaciones experimentales, centros demostrativos, distritos de transferencia de
tecnología y publicaciones aun hoy recordadas con respeto a nivel local e
internacional.
Institución que desafortunadamente a partir de la globalización de los noventa
fue fracturada, delegando su investigación y tecnología a Corpoica hoy Agrosavia
y la extensión y desarrollo rural a los diferentes gremios de productores y
Umatas municipales.
Todos aspectos aunados, que por falta de análisis y planeación, dieron rueda
suelta a las multinacionales de agroquímicos, a ejercer la asistencia técnica
por cuenta propia de sus representantes técnico comerciales, a favor de impulsar
sus productos en cumplimiento de metas y al de propietarios y expendedores de
insumos, a recetar desde el mostrador sin criterio técnico alguno y sin
conocimiento académico o advertencia acerca de la eficiencia técnica o ambiental
de lo que
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recomiendan, situación que dibuja la
real falta de asesoría técnica que a la fecha ciñe al productor campesino
colombiano.
Pretendemos
demostrar al nuevo gobierno, como se ha perdido el criterio técnico
científico que debe primar, por quienes dirigen el servicio de
asistencia técnica, desde la planeación de siembras, hasta la
comercialización de los productos en el mercado.
Informar igualmente que el modelo actual de asistencia técnica agraria,
aplicado por las UMATAS, a nuestro parecer no es el más indicado, por la
falta del control que requieren sus funcionarios para el cumplimiento de
funciones, por la heredada politización que destacan los cargos
oficiales
y por el escaso
presupuesto que las Alcaldías autorizan para ese funcionamiento.
Lo sensato como
sugerencia muy especial, es el retorno a la asistencia técnica
obligatoria ligada a los créditos, la motivación al campesino a la
economía solidaria, dotar a los técnicos de las herramientas adecuadas
para la formación y capacitación en base al desarrollo rural, en
garantía de la soberanía alimentaria e invitación hacia la
agroindustrialización
asociada, siempre muy respetuosa con el medio ambiente.
Y como complemento, fundamental la reinstituciónalidad del ICA, con
todas sus anexidades y bienes, que reinicien con prontitud la
transferencia articulada de la tecnología de punta, a la extensión rural
y desarrollo, a la capacitación académica tecnológica, al control de la
asistencia técnica, todos ítems básicos para cualquier desarrollo
productivo agrario nacional de éxito.
INGENIEROS AGRÓNOMOS AMANTES DEL CAMPO
¡LEGADO MALDITO!

Por Álvaro
Ramirez González
alragonz@yahoo.es
El narcotráfico que tanto dinero ha traído a este país, también
trajo consigo la destrucción del tejido social y de las sanas costumbres y los
valores de esa sociedad qué pasiva y cómplice lo vio llegar.
El país vio como “los mágicos”, y después “los mafiosos”, y más tarde
“los traquetos” y finalmente “los paracos” y “guerrillos”, cambiaron totalmente
el perfil y el desempeño de la sociedad colombiana.
Y no era para menos.
Una sociedad pobre que avanzaba y crecía con la lentitud de un país
subdesarrollado que producía y exportaba café y algunos comodities, en unos
niveles precarios y apenas de subsistencia.
Los chorros de dólares que llegaron a pueblos y ciudades, apuraron la
economía, y fueron poco a poco reclutando muchachos, en los distintos niveles
sociales.
Y despertaron la codicia de muchos empresarios y emprendedores
tradicionales que vieron en el enriquecimiento rápido el sueńo dorado.
Pero toda bonanza, trae consigo problemas, dificultades y conflictos, que
la sociedad colombiana no conocía.
Con el narcotráfico y los dólares, llegaron las armas, los escoltas y los
ejércitos privados, amparados por la corrupción de las FFAA.
Pablo Escobar y su Cartel de Medellín, patentaron las matanzas, las
ejecuciones y los ajustes de cuentas.
Después con su frenética enfermedad de meterse con el Estado, los
crímenes de políticos y figuras destacadas como el candidato Luís Carlos Galán,
que iba a ganar de lejos las próximas elecciones.
Con todas esas aberraciones violentas, Pablo y sus compinches, se
inventaron el “plan pistola”, que asesinó a más de 400 policías, suboficiales o
oficiales.
Se trataba de ofrecer en muchas ciudades una jugosa remuneración en
dinero por la muerte de cada policía.
Mucho le dijeron a Escobar que detuviera ese infame derramamiento de
sangre, pero su locura, ya abandonado por sus socios y arrinconado, no lo
dejaba.
Hasta que se puso todo el mundo el la tarea
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de cazarlo y lo consiguieron.
Cayó muerto en el tejado de una casa.
Pero ese maldito legado quedó sembrado con sangre.
Hoy, muchos ańos después y ante la captura y extradición
de Otoniel, máximo jerarca del Clan del Golfo y la neutralización de
muchos de sus jefes, esa tenebrosa organización ordenó de nuevo el “
Plan pistola !”
A la fecha de hoy han caído ya 64 policías en las zonas
más conflictivas del país, asesinados todos a quemarropa.
Esto parece que no se va a detener y será uno de los conflictos
calientes en el escritorio del Presidente Petro.
Pero confirma el legado maldito de Pablo Escobar, un hombre que
sembró una mala semilla en la sociedad antioqueña.
Y esa maleza maldita es muy dura de combatír, menos aún con este
país hoy inundado de coca.
¡Legado maldito!
EL RECORRER DE LOS PASOS

Por: Guillermo Navarrete
Hernández
Uno de los aspectos que hace a los humanos diferentes a las demás
especies, es la memoria. Es así. En la medida que pasan los años se
evocan recuerdos que hayan causado impactado, sean gratos o ingratos,
los que se comparan conforme a las experiencias vividas.
Algunos consideran que el
pasado debe quedarse atrás, mientras otros creen todo lo contrario. John
Paul Lederach, plantea, especialmente en contextos de resolución de
conflictos, que el pasado siempre debe estar delante de nosotros, como
un mecanismo de aprendizaje para no repetir aquellos hechos forjadores
de daño.
El
recorrer los pasos es uno de esos adagios que se usan en la
determinación de los recuerdos, aún si es posible hacerlo
presencialmente, no obstante, es importante señalar que es un trance muy
difícil de afrontar cuando estos son muy dolorosos, como es el caso de
las víctimas de masacres, violencia sexual y violencia física.
Pero esos acontecimientos que reconfortan por ser parte de procesos
evolutivos del ser, se quieren siempre recapitular. Es efectivamente lo
que viví hace unos días en el ámbito de mis obligaciones contractuales.
El compromiso de adelantar
una serie actividades motivaron los preparativos del viaje desde muy
temprano, previa la planeación con el equipo de trabajo de los objetivos
a lograr y los roles a asumir.
El regresar a un escenario
que significó dos importantes etapas en el discurrir personal provocaba
un latir especial del corazón y un irradie de endorfinas por el torrente
sanguíneo algo más de lo normal.
Llegado al sitio de trabajo, se abordaron los temas conforme a la agenda
acordada con los actores institucionales de interés hasta dar
cumplimiento a lo ya previsto, al cabo de la cual se dio la oportunidad
de visitar aquellos sitios estimados de significancia.
La carretera en la que laboré hace cuatro décadas y anduve haciendo el
trazado con la comisión de topografía a la que pertenecí como obrero y
la que en su momento fuera una trocha, ahora se encuentra pavimentada
-muy bien-.
Lo propio ocurre con los
predios de fincas que sus dueños las dedicaban al cultivo de plátano,
yuca, mandarinas, naranjas y cría de ganado vacuno, dotadas con un
rancho que se localizaba aproximadamente a un kilómetro de distancia uno
del otro, así como tal cual tienda en la que se podía consumir gaseosa,
cerveza y pan con salchichón para mitigar el hambre, hoy se encuentran
convertidas en pomposos condominios, que ojalá cumplan con el equitativo
pago de impuestos.
Al final de tal recorrido no
deja de sorprender el contraste de un poblado al cual parece no haberle
alcanzado el tiempo, ni llegado el desarrollo.
Sentimientos encontrados y algunas reflexiones se revuelven entonces en
el pensamiento. El campo cuya condición natural, cual es producir agua y
alimentos, se convirtió en una extensión de la ciudad y de quienes
tienen la posibilidad de disfrutar con cierta justicia el fruto de su
esfuerzo, pero también del tránsito hacía una infraestructura colmada de
concreto que indudablemente amenaza el equilibrio natural.
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