Bogotá, Colombia -Edición: 368

 Fecha: Domingo 14-08-2022

 

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 TECNOLOGÍA & CIENCIA

 

 

 

Tecnología subcutánea: Los microchips implantables que se toman el mundo
 



Móviles en la palma de nuestras manos, relojes inteligentes en nuestras muñecas, auriculares a medida que avanza, la tecnología va estrechando un vínculo cada vez más íntimo con el cuerpo humano.

 

El siguiente paso parece ser la implantación de microchips subcutáneos. Un microchip implantable es, en términos generales, un dispositivo de circuito integrado de identificación (transpondedores de identificación por radiofrecuencia) encapsulado en un receptáculo de vidrio de silicato, apto para su inserción en el cuerpo humano.

Estos implantes hipodérmicos suelen llevar almacenado un código de identificación único vinculado a determinado tipo de información, por ejemplo datos de identificación personal, antecedentes penales, historial médico, medicamentos, alergias o información de contacto almacenada en una base de datos externa.



En Suecia, ya son miles de personas las que han dado el paso y portan microchips implantados en sus manos. Se trata de chips que permiten agilizar tareas diarias para hacer el día a día de sus portadores más cómodo, facilitando tareas como acceder a hogares, oficinas y gimnasios con sólo acercar la mano a un lector digital.

 

Los chips también pueden utilizarse para almacenar información sobre contactos en caso de emergencia, perfiles de redes sociales, entradas electrónicas y billetes de tren.

Los partidarios de los chips implantables aseguran que son seguros y muy difíciles de hackear. No obstante, para algunos científicos su uso plantea dudas en materia de privacidad, por el tipo de datos personales y médicos que estos dispositivos son capaces de almacenar.

 

De tamaño similar al de un grano de arroz, se insertan normalmente en torno a la base del pulgar utilizando una jeringuilla parecida a la que se usa para administrar vacunas.

 

       



El uso de este tipo de chips en humanos plantea dudas en materia de privacidad y seguridad que van mucho más allá de las suscitadas por el uso de cámaras en lugares públicos, el reconocimiento facial, o el almacenamiento de datos sobre nuestra ubicación, hábitos de conducción o historiales de gastos.

 

Además, añade una nueva dimensión al debate en torno a la titularidad de los datos personales. Y esto supone un gran obstáculo para la adopción de esta tecnología.

Para entender el contexto en el que se enmarcan los chips implantables, conviene tener en cuenta que su adopción a gran escala ampliará de manera sustancial el concepto del Internet de las cosas o IoT, un universo de dispositivos conectados en constante expansión. Se calcula que a finales de 2020 ya existían más de 30 mil millones de dispositivos conectados, que para 2025 esta cifra rondará los 75 mil millones.



En cuanto al primer reto, la tecnología mejora día a día, con chips cada vez más pequeños e inteligentes. En el mundo del IoT los chips formarían parte del primero de los cuatro elementos que componen cualquier sistema estándar de IoT; esto es: Sensores, Redes, la Nube y Aplicaciones.

Los chips, por lo tanto, serían sensores directamente conectados a nuestras manos, corazones, cerebros o cualquier otra parte del cuerpo en el que se implanten. Se trata de un nuevo avance que va a cambiar radicalmente el concepto de biohacking (esto es, la ampliación de las capacidades humanas mediante el uso de tecnologías y otros avances).

La protección de infraestructuras críticas o la mitigación de riesgos de seguridad con potencial para causar daños económicos o humanos a gran escala, siguen siendo temas de máxima prioridad para los expertos en ciberseguridad.


Los chips implantados, además de por sus posibles efectos nocivos para la salud, añaden una nueva dimensión a los riesgos y amenazas derivados del hackeo de los sensores, considerados generalmente como el eslabón más débil en los sistemas de IoT.

 

   

 

 

El segundo desafío es el negocio: ya son muchas las empresas que desarrollan su actividad en este campo para aprovechar las oportunidades que plantea la posibilidad de reemplazar sistemas de identificación en tiendas, oficinas, aeropuertos, hospitales, así como en muchos otros ámbitos de actividad.

Además, en el futuro irán surgiendo chips capaces de registrar datos clave sobre el estado físico y la salud de sus portadores, para su posterior procesamiento en la nube y tratamiento con diversos fines empresariales, de desarrollo de nuevos tratamientos y mejores servicios.

 

Estas nuevas capacidades abrirán un abanico de oportunidades para multitud de empresas y actores, tanto del sector público como del privado.

El tercer desafío, es el Social: En la actualidad seguimos tratando de comprender en su totalidad las consecuencias a nivel de privacidad y seguridad derivadas de avances tecnológicos como el internet de las cosas o el big data, de los robos de datos en el sector público y privado, de la información que compartimos en redes sociales o de la nueva directiva europea sobre protección de datos (GDPR), la nueva ley de protección de datos de California (CCPA) y los debates sobre la titularidad de los datos y el “derecho al olvido”.

La llegada de esta nueva generación de tecnologías con capacidad para interactuar a una escala mucho más íntima con el ser humano que cualquier tecnología actual, con los chips implantables como punta de lanza, plantea nuevos riesgos y amenazas.


 

Se trata de un reto de doble vertiente: Por un lado, existe la posibilidad de que normas gubernamentales, como la directiva GDPR en la UE y otras recientemente aprobadas en EE. UU. prohíban el uso obligado del chip, por ejemplo. Por otro, afecta a la confianza del consumidor, que se asienta sobre tres pilares: la seguridad, la protección y la privacidad.

La seguridad es una de las grandes dudas que plantea el uso de chips implantables, por la posibilidad de que generen infecciones, la falta de compatibilidad con dispositivos de resonancia magnética y el impacto de sus distintos componentes sobre la salud en caso de que se degraden.

 

En cuanto a la protección y la privacidad, las dudas que suscitan están íntimamente relacionadas con un mayor riesgo de robo de identidades, y su impacto sobre la libertad y la autonomía humanas, entre otros.

 

 

    

 

 

 

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