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EDITORIAL
Contaminación auditiva, una realidad a superar
No cabe duda alguna que el índice de informalidad existente en
el país es muy alto. La realidad es que, ante el incremento del
desempleo en Colombia, muchas personas optan por la informalidad
para sobrevivir día tras día y llevar el pan a su casa.
Este fenómeno de la informalidad, además de la creación de otro
tipo de inconvenientes como el eterno debate del espacio público,
también genera otra problemática que afecta a muchas personas en
una comunidad y que tiene que ver precisamente con la alta
contaminación de ruido en las calles céntricas del país.
A diario abundan las quejas de personas que laboran en
diferentes oficinas en estas zonas céntricas y no pueden
concentrarse en su trabajo gracias a la bulla constante que
hacen los vendedores informales ya sea de aguacate, mazamorra,
leche o cualquier otro producto.
En muchas ocasiones algunos de estos vendedores se valen de
megáfonos para ofertar sus productos, ruido que se combina con
el pito de los automóviles, la música de los bares, entre otros
lugares públicos que generan un alto nivel de contaminación
auditiva que puede ser perjudicial para la salud de algunas
personas.
Algunas autoridades de la salud han indicado que este tipo de
contaminación auditiva, también puede afectar la salud mental de
las personas, fomentar de manera progresiva sus niveles de
estrés, siendo esta una situación que se puede llegar a tornar
bastante preocupante para las autoridades de la salud tanto
nacionales, como regionales y locales.
Lamentablemente este fenómeno se seguirá presentando en todas
las ciudades del país porque desde las alcaldías municipales no
se toman las acciones necesarias para controlar esta situación,
teniendo en cuenta que los causantes de este ruido en la mayoría
de los casos son personas vulnerables a quienes las
administraciones municipales prefieren no imponer sanciones
económicas porque no tienen como responder.
Esta situación debe ser revisada de manera exhaustiva por parte
de las autoridades correspondientes, teniendo en cuenta que a
pesar que no existan sanciones, esta debe ser controlada
especialmente en los sectores más comerciales o que han sido
identificados por estudios sonoros como las zonas donde se
registra una mayor contaminación auditiva.
Algunos estudios realizados en Pereira han demostrado que la
calle 19 con carrera octava es la zona donde se concentra el
mayor número de contaminación auditiva pero la verdad es que
poco se ha hecho para corregirlo porque se trata de la zona más
comercial de la ciudad.
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GAS
NATURAL: ¡UNA MINISTRA QUE FILOSOFA PERO NO RAZONA!

Por Álvaro Ramirez Gonzalez
alragonz@yahoo.es
La Asamblea Nacional de la Andi que clausuró el Presidente Petro
hoy en Cartagena, estuvo llena de sorpresas, incertidumbre,
debates y aplausos flojos y timoratos, y muchas dudas sobre el
futuro del país en este nuevo régimen.
La cascada de nuevos impuestos coloca a Colombia entre los
países más tributantes de la tierra.
La efectividad de esos altos impuestos no se ha visto por la
excesiva corrupción en Colombia.
“Es generando empleo y no subsidios como un país sale de la
pobreza”, fue el mensaje central de Bruce Mac Master Presidente
Ejecutivo de la Andi.
Pero la ministra que más sorpresas trajo fue la de Minas y
Energía, Irene Velez Torres.
Sus declaraciones generaron una fuerte polémica, sobre el futuro
del Gas Natural en Colombia.
El mismo ex senador Jorge Robledo, fue drástico en afirmar que
no había un solo argumento que respaldara las irresponsables
declaraciones de la Ministra Velez, especialista en conflictos
ambientales y agrarios.
Su perfil profesional de filósofa, no se alinea para nada con
los requerimientos de la Cartera de Minas y Energía.
40 millones de colombianos cocinan con gas.
La propuesta de la desubicada Ministra generó una gran
preocupación en el calificado auditorio por que este gobierno
quiere también suspender la exploración de gas natural.
Reemplazar el gas natural por la energía solar es tan ignorante,
e iluso como impracticable, impagable y estupido!
Justo en la Asamblea de la Andi, en la que el Presidente de
Ecopetrol, hizo el anuncio de un gran hallazgo de gas natural
offshore, que quiere decir, mar adentro.
Quizás el mayor hallazgo de gas de los últimos tiempos.
La autosuficiencia de gas en Colombia tiene diversas aristas,
pero no va más allá de los 7 años, si no se están explorando y
encontrando nuevos yacimientos.
De manera desabrochada y olímpica, la Ministra dijo que de
acabarse el gas, pues sencillamente lo traemos de Venezuela.
De inmediato los expertos empezaron a opinar en los medios y en
las redes.
“El gas importado, va a valer el triple del producido en
Colombia”, ¡afirmaron todos!
Finalmente, es Colombia insignificante en la contaminación
ambiental del planeta.
Somos uno de los países más limpios de la tierra.
Definitivamente, la improvisación y las ocurrencias, son la
impronta de este nuevo gobierno.
¡Y la Ministra Irene, filosofa pero no razona!
¡Dejó al país energético, con el pelo parado!
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RESEÑA DEL LIBRO
EL PREPAGO QUE VINO DEL CIELO, de
Mauricio Estrada

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Que un siquiatra escriba una novela, siempre ha sido riesgoso.
Las estructuras de análisis del comportamiento humano cuando no
estandarizan, ahogan las posibilidades creativas de una
narración.
Pero el médico Mauricio Estrada ha corrido esos riesgos y con un
texto picante desde el título “El prepago que vino del cielo”
construye una narrativa que roza los límites de lo inverosímil
pero siempre está dentro de los marcos tradicionales que ajustan
cualquier novela de corte homosexual.
La historia de dos médicos, gay ambos, que se someten a una
relación que unas veces es de closet, otras de amor frustrado y
al final termina siendo fruto podrido que se comerán los
gusanos, es atrayente y bien joteada. El médico cirujano
alcohólico, divorciado pero padre de un hijo distante, que deja
de beber cuando se encuentra en una calle de Medellín un prepago
que exactamente parece venido del cielo, pues le sobran
cualidades y no le hace mella ningún defecto, se convierte con
el vértigo novelístico en un personaje analizable
aburridoramente por el siquiatra narrador, pero en un gancho
para el lector que no sabe cómo va a terminar esa historia de
hadas.
Las consultas a una bruja pantagruélica en una casa de citas de
la barriada de San Benito, eleva la truculencia pero aleja la
verosimilitud porque nadie se imagina a un par de galenos,
educados y científicos siendo manejados mentalmente por ese
personaje de la penumbra que no puede caminar, hay que llevar en
andas y no cabe en un taxi por lo que deben trastearla en una
volqueta.
Escrita con escalpelo. Montada por programación ingeniosa, esta
novela refleja el mundo gay de Medellín de hace muchos años, que
ya no se debe estilar en estas épocas de chicos computarizados,
ajenos al saque y meta y liberados de toda estructuración
moralista. Pero, como a su vez, interrelaciona el mundo del
prepago con una casa de citas de Bello de donde provenía el
llegado del cielo, el resto de seres humanos que deberían
acompañar ese mundillo habilidosamente pegajoso, se agota por la
soledad de los dos médicos, la envidia, los celos y la
incapacidad del personaje narrador de confesar que el enamorado
es él, no la criatura celestial que hace de comer igual que el
amor, y suma, resta, multiplica y divide afectos del otro médico
pero jamás se perturba.
Una novela agradable que da hasta para reírse de ella y de los
siquiatras.
El Porce, agosto 13 del 2022
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