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EDITORIAL
Merecemos un
café de alta calidad
Si por algo nos caracterizamos los colombianos en el extranjero
es por la calidad de café que producimos, reconocido a nivel
internacional como el mejor del mundo. Con semejante rótulo sin
duda alguna, la percepción que muchas personas se llevan en el
extranjero es que, por obvias razones, en nuestro país, así como
lo producimos, consumimos café de alta calidad.
Lo que muchas personas extranjeras desconocen es que realmente
todos los colombianos no consumen un café de alta calidad,
especialmente las personas de bajos recursos, teniendo en cuenta
que la mayoría de este café es exportado a todo el mundo.
La marca más reconocida que tenemos en Colombia de nuestro café,
se llama Juan Valdez, una marca que durante las últimas décadas
nos ha representado en el exterior, pero que lamentablemente
muchos colombianos, especialmente aquellos que viven en el campo
y debido a su condición económica no pueden acceder a este café
de calidad.
Se trata de una realidad que ha estado presente en nuestro país
durante muchos años y de la que realmente poco o nada se habla.
Sin embargo, la buena noticia es que en el transcurso de este
año se dio apertura a un nuevo proyecto de inclusión que
consiste en brindarle la oportunidad a estas personas de
consumir café de gran calidad.
Desde inicios de este año se dio apertura a este proyecto
inclusivo que tiene que ver con la distribución de dosis mínimas
de café de marca Juan Valdez para que posteriormente sea vendido
en tiendas rurales de Colombia y a un precio de alta calidad. No
cabe duda que este gesto llega en hora buena y es una gran señal
de cambio de mentalidad social que se puede lograr.
Todos estos proyectos de generar estrategias para que todos los
colombianos sin distinción social puedan disfrutar del café
especial se deben de seguir llevando a cabo teniendo en cuenta
que todos los colombianos merecemos por el hecho de nacer en
este hermoso país, contar con la oportunidad de disfrutar del
producto que más nos representa en el extranjero.
Además, es importante que se le brinde la oportunidad a las
personas que residen en el campo rural de Colombia no solo de
poder acceder a consumir un café de marca, sino que también
deben de tener la oportunidad de comercializar este tipo de café
en sus fincas, para que finalmente podamos decir que Colombia si
es el país del Tinto.

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Lo que la
sociedad no sabe de sus derechos

Por: Zahur
Klemath Zapata
zkz@zahurk.com
La gran mayoría cree que lo que está escrito es
palabra sagrada o una verdad confirmada. Pero la verdad es que
los escritos son una verdad relativa ajustada a una realidad de
nuestra imaginación. Por eso es que el ser humano se expresa en
relación a esos conocimientos escritos por otros seres humanos y
no salidos de la nada o por fuerzas divinas.
Nuestras vidas están regidas por otros que se creen dueños de
nuestra existencia y nos ordenan a hacer o actuar según sus
ideas, pero una minoría actúa bajo sus principios y sus
conocimientos, por eso los llaman rebeldes o enemigos del
establecimiento.
La constitución de un país es simplemente los reglamentos que se
le imponen a una sociedad a seguir porque son establecidos por
un grupo que piensa que es lo mejor para todos, pero en la
realidad es el pensamiento unificado de un grupo social y el
resto vive bajo esas leyes implantadas.
Normalmente bajo esas leyes establecidas se busca la protección
de la sociedad dentro de estos estatutos y que permitan la sana
convivencia entre todos los asociados a esa constitución. Pero
la realidad es que quienes administran esa nación viven del
establecimiento que se ha creado para beneficio de todos y la
sociedad solo recibe lo que a bien los administradores quieran
darle a sus electores. Cosa que no debe ser así.
Es normal oír hablar que el establecimiento le está dando gratis
ciertos servicios o asistencia a la sociedad en momentos de
desgracias o calamidades. Pero la verdad es que el
establecimiento simplemente está cumpliendo con un deber de
entregar a la sociedad lo que a ella le pertenece por derecho.
Ese derecho nace en el momento en el que el ciudadano paga
impuesto o sus contribuciones para que ese establecimiento los
recaude y así tener esos recursos para proporcionarlos a la
comunidad porque son de ellos y no del establecimiento.
Nada es gratis cuando viene del establecimiento. Esos bienes son
de la sociedad porque ella es quien se los ha proporcionado para
que se acumulen y sean usados para la infraestructura y costos
relacionados al bienestar de la sociedad y no para sostener una
burocracia la cual se establece porque los políticos desvían
esos recursos para pagar los compromisos que se hicieron durante
la campaña electoral.
Cuando te dan algo que viene del gobierno o del establecimiento
no te lo están regalando sino devolviéndote por lo que ya ha
pagado con anterioridad en impuestos, cuándo compras algo y
pagas el 19% o por cualquier impuesto que pagues.
Es establecimiento no te está regalando nada. |
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Crónica de
Gardeazábal #477
LOS DEJÓ CON LOS CRESPOS HECHOS

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Audio:
https://www.spreaker.com/episode/50949097
Se decía en mi remota infancia cuando a alguien se vestía con su
traje dominguero y bien peinado para asistir a algún evento y se
quedaba esperando porque ni evento ni explicación grande o chica
se daban, que “lo dejaron con los crespos hechos”. Eso mismo
pasó el martes anterior cuando el presidente Petro dejó metidas
a las tropas formadas en la cancha de la principal Escuela de
Cadetes de Colombia para realizar el cambio de mando de la
cúpula militar y que las tropas reconocieran al presidente y a
su ministro de Defensa.
Cualquiera que hayan sido las razones para haberlos dejado
metidos pueden ser válidas, hasta la ridícula de que no asistió
por un dolor de estómago. Pero el hecho de que a 24 horas de
haber sucedido el episodio no se hubiese dado una explicación
creíble y apenas se sabe con certeza que se reprogramaría, ha
puesto a pensar a los colombianos tan fundamentalmente
maliciosos que algo debe estar pasando que no nos han dicho.
Las hipótesis entonces comienzan a surgir de acuerdo a la
lectura que haga cada quien o cada grupo de asombrados o
afectados. Los militares, que se quedaron vestidos y formados,
tienen una lectura que en ningún momento puede ser agradable. La
pueden haber tomado, entre otras, como una manera displicente de
hacerles saber que ellos apenas son subalternos y que el
presidente no les reconocerá su importancia como era
tradicional.
La prensa y las cámaras destacadas en el acto tamizaron el
insuceso para no ofender al presidente por si acaso no hubiese
llegado al acto por alguna enfermedad, pero dejaron abierto el
campo para las especulaciones ya que juntan el mismo desaire que
ya había tenido con los alcaldes, con este tan público y tan
importante con los militares, generando obviamente una imagen
muy negativa para el presidente a solo 10 días de haberse
posesionado.
Pero como ya lo había dicho yo aquí, es peligroso
que en el fondo lo que pueda estar haciendo el presidente es
estirar el resorte suicidamente para ver hasta donde resisten
los militares el mal trato que les ha dado.
Si los tuviera en otro concepto distinto al de que son unos
flojos eternos que sacrifican honores y orgullos por no perder
las pensión jubilatoria, no se habría dado el espectáculo del
martes pasado.
Todos hemos perdido entonces con este gesto
inaudito del presidente Petro, porque precipita la desaparición
de la confianza tanto frente a los colombianos que votaron por
él como ante los que no lo hicieron. Pero lo peor es que la
intranquilidad sobre las acciones reales de su gobierno es la
que está aumentando precipitadamente y eso a nadie le conviene
porque el gusano del pánico viene otra vez pierna arriba.
El Porce, agosto 18 del 2022
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