Bogotá, Colombia -Edición: 371

 Fecha: Domingo 21-08-2022

 

 

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COLUMNISTAS

 

   

 

El hambre en las reformas

 

 

Por: Edgar Cabezas

 

 

Los primeros 100 días de cualquier gobierno marcan la relación armónica o inarmónica que tendrá de pesos y frenos la colaboración de las tres ramas del poder público para el cumplimento de sus funciones. La rama del poder ejecutivo redacta las leyes en coordinación con la rama del poder legislativo a la cual le corresponde hacer las leyes y, la rama judicial en cabeza de la Corte Constitucional, declara la exequibilidad con la que se manifiesta que cada una de las leyes expedidas son acordes a la constitución política.


A los colombianos se les ha hecho creer que Colombia es un país de leyes y que si las armas les dieron la libertad, las leyes les darán la paz. De manera que el aplazamiento de las reformas políticas: tributaria, agraria, política, justicia, salud, educación, de las fuerzas militares y de policía, industria, comercio, turismo, energía y transición del modelo de desarrollo extractivista es lo que perpetúa la inequidad, la falta de oportunidades laborales, la inflación y la violencia y, que por lo tanto, con leyes, decretos, resoluciones, acuerdos, ordenanzas las multitudes saciaran su hambre nutricional determinada por el índice de precios al consumidor.


Si bien es cierto que los diferentes órganos del Estado tienen funciones separadas, pero colaboran armónicamente para la realización de sus fines, no es menos cierto que el Estado ha de tener una relación armónica con el pueblo, del cual emana el poder público. Pero el pueblo tiene hambre y quiere una sociedad en la que todos puedan comer con dignidad todos los días, con buena comida, saludable, nutritiva, sin depender de nadie, y ganándose el pan con el sudor de su propio trabajo.

 

Además desea que los precios de los productos básicos de la canasta familiar en el expendio estén regulados a tiempo por la oferta y la demanda de las cosechas que en los periodos secos y de lluvias, desde las diferentes regiones del país abastecen la mesa de las multitudes, por un índice de precios al consumidor en el que el expendedor no imponga un “IPM: índice de precios según el marrano”.

 

En los primeros cien días del gobierno que el presidente Gustavo Petro ha llamado “el gobierno de con la gente” tiene que implantar la política de seguridad alimentaria y nutricional y un gran abastecimiento en los mercados campesinos y populares para erradicar el hambre.

 

Para lograr que el hambre deje de matar, el presidente puede y debe convocar a la ciudadanía a que constituya los Consejos Municipales de Protección al Consumidor, para que en asocio con las alcaldías, el Ministerio de Agricultura, el Ministerio de Comercio y la Superintendencia de Industria y Comercio, actúen con prontitud en la garantía de no especular respecto al precio del producto de la canasta familiar que un productor, proveedor o expendedor ofrezca, suministre, distribuya o comercialice de manera habitual, directa o indirectamente.

         

Los precios de los insumos agrícolas, las tarifas y distancias de los peajes, los costos de los fletes del transporte de las mercancías, el precio del galón combustibles, los subsidios por cosecha y el mantenimiento del buen estado de todas las vías de comunicación, se deben regular y, sobre todo, controlar los precios de los productos de la canasta familiar asegurando que el salario mínimo satisfaga el costo nutritivo de la demanda alimentaria de la familia colombiana.


Pero además, es necesario hacer un llamado a la solidaridad de productores, industriales, comerciantes, iglesias, vecinos y ONGs para que donen y no dejen perder los alimentos que otros necesitan.

 

 

 

 

 

      

 

    

 

La bandera que le cae en la cabeza

 

 

Por: Guillermo Navarrete Hernández

 

 

El jueves de esta semana mientras el Presidente de la República de Colombia, doctor Gustavo Petro Urrego, realizaba una alocución en el municipio de Leticia, en la que, entre otras cosas, trazaba línea de cómo salvar la selva Amazónica para el bien de la humanidad, le cayó encima la bandera de Colombia, lo que provocó en él una reacción natural de defensa, tratar de establecer lo sucedido y lanzar la exclamación: “Que no se me caiga Colombia”. La causa, un integrante de su esquema de seguridad se había desmayado y sin intención alguna, hizo que el mandatario suspendiera su discurso y se dispusiera a atenderlo. Un evento que fue registrado en medios de comunicación y redes sociales.

Son ya trece días desde su posesión y esta no es la única polémica que se ha desatado. La conformación de la cúpula militar, la denominada “paz completa” para adelantar diálogos con actores armados ilegales en conflicto con el Estado, así como anuncios como el de suspender las exploraciones de gas y de contemplar la posibilidad de importarlo desde Venezuela realizado por la Ministra de Minas y Energía, devolver el derecho a los trabajadores de recibir el recargo nocturno a partir de las 6 pm. y no desde las 10 noche como se determinó desde el año 2002, son controversiales.

 

Sin embargo, hay una generadora de toda serie de resistencias: la reforma tributaria, por cuanto toca el bolsillo de personas y empresas, a su vez de desconfianza por la corrupción, la cual convierte los recursos públicos en lógicas de intereses mezquinos, fenómeno metastásico que podría oscilar entre 12 y 50 billones de pesos de acuerdo con lo plasmado en el programa de gobierno del señor Federico Gutiérrez, a cuyas cifras deben sumársele la elusión y evasión de impuestos, ejercidas principalmente por grandes empresas y lavadores de activos.

La reforma en cuestión había sido anunciada por la mayor parte de los candidatos a la primera magistratura, excepto por Rodolfo Hernandez, quien, sin embargo, manifestaba la reducción de IVA y la aplicación de un impuesto a las más altas pensiones para reducir las obligaciones de estudiantes con ICETEX, lo que sin duda hubiese implicado una medida en el mismo sentido.

En este contexto, también es importante anotar que Colombia es un país difícil de gobernar debido a la violencia exacerbada, la creciente inseguridad, la impunidad por la paquidermia de los operadores judiciales, la pobreza que se proyecta en el 39,2% (Diario la República en cita a la CEPAL, 2022), con la posibilidad de una inflación de dos dígitos, el incremento de las tasas de interés decretadas por el Banco de la República, el endeudamiento interno y externo del Estado, el cual, según el Ministerio de Hacienda, asciende a $753,4 billones, el 57,2% del Producto Interno Bruto, es decir, más de la mitad de lo que se produce en bienes y servicios, y las exenciones otorgadas a grandes empresas que se calculan en $90 billones.

Lo cierto es que los problemas estructurales que padece la Nación se resuelven con recursos y estos se obtienen de impuestos, tasas y contribuciones de diferentes sectores poblacionales y empresariales. ¿Cuál es la fórmula? Es algo que deberá resolverse en los debates que se desarrollen en el Congreso de la República, los aportes de gremios y ciudadanos. En lo particular el Ministro José Antonio Ocampo es una persona con conocimiento en la materia, con declaraciones reposadas a favor del país, catalizador de impulsos ministeriales e inspirador de confianza para el sector productivo. Por lo pronto, mi deseo, como lo expresó el Presidente, es que Colombia no le caiga sin compasión a Petro en la cabeza.

 

¡EL ARTE DE GOBERNAR!

 

 

Por Álvaro Ramirez Gonzalez
alragonz@yahoo.es

 


Soy Administrador de Negocios de EAFIT. Administrar, me enseñaron en esa magnifica Universidad es “ciencia y arte”.

Es ciencia por que conjuga conocimientos muy precisos de materias como las matemáticas, la contabilidad, los costos, el derecho, la estadística, el mercadeo, y las finanzas en todas sus dimensiones.

      

 

 

Y es arte, por que administrar también involucra, elementos de la personalidad de quien administra, como disciplina, austeridad, carácter, principios, gentileza, educación, responsabilidad, modales, y simpatía.

Todos esos elementos de la ciencia y el arte conjugados hacen un buen, un mediocre o un mal administrador.


Medir la eficiencia de un Administrador en el sector privado hoy es muy fácil.

 

El socialismo en Europa ha corregido muchos errores y catástrofes como él fracasado comunismo soviético, y ha logrado hacer gobiernos populares, e igualitarios, sin arrasar el aparato productivo que es el que construye la riqueza.

Esa tontería de “mejorar la condición a los pobres, empobreciendo a los ricos”, es maravillosa para ganar las elecciones en países pobres y con un pueblo cok muy poca educación. Pero es un total fracaso a la hora de gobernar.
 

El nuevo gobierno de Gustavo Petro en Colombia quiere reinventar un país que ya está inventado. Con una clara animadversión por los empresarios ricos.

Quieren cambiar por decretos y leyes fastrack, lo bueno, y lo regular y no parece que sean capaces de cambiar lo malo.

¿Por qué no construir sobre lo ya construido?

¿Por qué no aprovechar y explotar lo que ya funciona?

 

¿Por qué no hacer ajustes y mejoramiento en las cosas que hoy funcionan en Colombia, para ponerlas a funcionar mejor?

    


¿Por qué hay que destruir todo, para volver a construirlo?
 

Unas decisiones absurdas y contracíclicas van a frenar la economía, a apurar la desinversión, a generar desconcierto y desmotivación empresarial

Y lo que sigue es fatal.

¿Por qué parar en seco la dinámica del sector hidrocarburos?

¿Por qué renunciar caprichosamente a ese chorro de dólares que tanto le está sirviendo a Colombia?

¿Por qué no hacer un tránsito a energías limpias, que ya lo inició Ecopetrol, más pausado y sin traumas económicos?

¿Por qué acabar con la minería bien hecha y de paso acabar con las regalías que tanto le han servido a los municipios?

¿Por qué atacar a la cańa, la palma de aceite y la ganadería?

Entre las tres generan mucha riqueza, mucho bienestar y 1.5 millones de empleos.

¿Por qué atosigar a los empresarios con impagables costos laborales, que no traerán sino despidos, informalidad y pérdida en la competitividad en esas empresas?

¿Como pedirle a los empresarios que produzcan más, si la cascada de impuestos, acaba con sus utilidades y se devora el capital de trabajo de las empresas?

Desbaratar el sistema de salud colombiano que aún con defectos, es uno de los mejores del planeta, con una cobertura del 96%, para montar una entidad pública, burocrática, ineficiente y corrompida es la ruina, para la salud y la gente pobre.

Lagalizar la marihuana y no combatir la coca, harán de Colombia, un caos, y un campo de batalla, corrupción y muertos.

No parecen esos cambios y esas decisiones que ha presentado el nuevo gobierno, las que mejoren la situación actual del país y en contrario, parece que van a deteriorar todo.

Sacar a los pobres de la pobreza no pasa por arruinar a los ricos que son los que constrúyen riqueza y pagan los grandes impuestos.

Además los ricos no se dejan arruinar.

¡Sencillamente, se marchan!

¡Los pobres siempre se quedan!

Háblé esta semana con 9 empresarios que asistieron a la Asamblea General de la Andi en Cartagena.

Allí estuvieron casi todos los ministros y cerró el evento, él presidente Petro.

Preocupación, desconcierto, desmotivación, y todos en desacuerdo con esas contracíclicas decisiones que está tomando el gobierno, por que coinciden, en que van a deteriorar más el funcionamiento del Estado.

Estamos pues hoy gobernados por gente que no sabe administrar.

¡No tienen el arte de gobernar!
¡Gravísimo!

      

 

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