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Hacerlo bien

Por: Edgar Cabezas
El Estado no sólo usa los recursos de la tributación para hacer
gasto social mediante mecanismos distributivos, tipo subsidios
destinados a los estratos vulnerables, sino que, por ser el
inversor de primer nivel, también los destina a la
implementación de infraestructura básica, indispensable para
garantizar la productividad de todos los sectores de la economía
nacional.
Los gastos del presupuesto de la
nación, tanto para la inversión social como para la
infraestructura, tienen como objetivo, el aumento de la
productividad que consiste en alcanzar la felicidad social, la
sustentabilidad ambiental y la sostenibilidad económica con
menor consumo de energía y de fuerza de trabajo, así como mayor
justicia y equidad en la distribución de la riqueza
multifuncional y monetaria contribuyendo pues a la convivencia
en paz.
La mayor parte de los ingresos tributarios de Colombia en 2020
procedió del impuesto sobre el valor añadido/impuestos sobre
bienes y servicios (28.7%). La segunda mayor proporción de los
ingresos tributarios en 2020 se derivó del impuesto sobre la
renta de sociedades (24.5%).
Los anteriores ingresos tributarios
por ley se podrían elevar hasta el (33%) sin que se disminuya la
oferta laboral y se estanque la productividad, si previamente
los actores representados en la OIT, el Estado, los trabajadores
y los empresarios dialogan y conciertan acerca de cuáles serán
los sectores sociales, económicos y ambientales respecto a los
que se habrá de ejecutar el gasto público objeto de la
recaudación.
Las decisiones políticas las toma el Estado con gradualidad,
aunque las multitudes presionen para que las condiciones
existentes de los acontecimientos que obstruyen el buen vivir
cambien con celeridad.
La
lentitud de la gradualidad para la toma de decisiones por parte
del Estado, así como la aceleración de soluciones de hecho
inoportunas pueden conllevar a un distanciamiento entre el
Estado y la sociedad civil, que dificulte la gobernabilidad, en
cuanto que degenera en violencia ciudadana y represión estatal.
Ejemplo de ello son las soluciones jurídicas, usualmente lentas.
Ante el delito penal, el Estado intenta promulgar leyes para
eliminar la congestión en los juzgados y el hacinamiento en las
cárceles, previniendo las decisiones que por mano propia toma la
comunidad frente a los delincuentes mediante el linchamiento o
el motín que protagonizan los presidiarios para que sus derechos
sean respetados.
O, la incapacidad del estado para
restituir tierras a las naciones étnicas y a los sujetos de
derecho campesinos mediante la aplicación de una reforma rural
integral conllevan a la toma directa que mediante la “invasión”
de predios pretenden ocupar para usufructo quienes se consideran
victimas del despojo.
Las soluciones a los conflictos consuetudinarios tienen que
hacerse en un tiempo prudencial de tal manera que los
involucrados no pierdan la calma, en los espacios territoriales
correspondientes al conflicto, mediante los diálogos regionales
y locales. Las cosas que se deben de hacer, se tienen que hacer,
pero hay que saberlas hacer bien.
Hay que aprender a saber gozar y
vivir en constante incremento de la productividad, que consiste
en alcanzar la felicidad social con un mínimo de esfuerzo.
Hacerlo bien, consiste en estar en paz consigo mismo, dialogando
con honestidad y llevando la corrupción a su mínima expresión,
es decir, a CERO.
Se pueden meter las patas y
equivocarse, pero jamás volver a meter las manos para robar,
evadir o eludir los tributos.
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LAS CADENAS DE VALOR CLAVES PARA LA REACTIVACION
DEL SECTOR AGRARIO

Por: I.A. Iván R. Pulido G.
Colombia en particular en razón a su improductividad por
imposición de los TLC, se ha retrasado en el campo, su mano de obra hoy generada
es de calidad informal, situación que la mantiene en la brecha de la desigualdad
y subdesarrollo.
Planteamiento que sugiere la reactivación del sector productivo agrario, como
urgente necesidad para diversificar las pautas de producción, incluida la
agroindustria, y aprovechar la oportunidad de incrementar la presencia en los
mercados internacionales y regionales, así como en paralelo contribuir al
suministro de alimentos saludables, nutritivos, inocuos, producidos bajo una
adecuada gestión ambiental, basada esencialmente en innovación, emprendimiento,
adopción de tecnologías modernas digitalizadas y fortalecimiento productivo a
través de las cadenas de valor.

Oportunidad que se visualiza muy en especial en la agricultura, por la calidad
de tierras, microclimas, recursos naturales y ecosistemas, ejemplo super
demostrado por países que en similares condiciones a las de Colombia,
incrementaron significativamente su producción y exportación, a tal punto de ser
hoy considerados despensas para el mundo, como los casos de Argentina, Brasil,
Chile, Costa Rica, Ecuador, Paraguay y Uruguay, los cuales en conjunto además
lograron posicionar la región como la mayor exportadora de alimentos del mundo.
Y Colombia, descartada de esa baraja por su obligado estancamiento productivo.
Vale resaltar, el reto de exportar que no solo conlleva al acceso y
disponibilidad de alimentos, sino también su acompañamiento a pautas de consumo
más compatibles con la salud humana y sostenibilidad ambiental, con el fin de
enfrentar hambre, malnutrición; incremento en cantidad y calidad de alimentos,
consolidación de la seguridad alimentaria, estabilización de precios y creación
de oportunidades adicionales para mejorar la productividad e ingreso de los
agricultores.
Para logro del objetivo exportador se hace básico, el estado integre
convergencia regulatoria que estandarice internacionalmente el ámbito
arancelario, técnico, sanitario y fitosanitario, así como también automatice el
trámite y despacho de todos los procesos aduaneros.
De igual forma promueva, la asociatividad de los productores del campo y
transformación sostenible bajo el sistema cooperativo, que les cree
oportunidades y promueva el arraigo territorial de jóvenes y mujeres del campo,
como aliados estratégicos de las empresas privadas, con las que organice
coordinadamente el desarrollo de cadenas de valor locales, nacionales e
internacionales, como fórmulas para mejorar la competitividad y la amigabilidad
ambiental.
Para todos estos procesos, sin duda, el estado adquiere el rol clave para
fortalecer el capital social, estimular la participación, promover el
empoderamiento de los actores locales y territoriales, en estrecha vinculación
con la investigación, el fomento financiero, la extensión rural, los servicios
sanitarios y fitosanitarios, la apertura de mercados, la infraestructura, la
normativa del uso de la tierra y la regulación laboral.
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Hoy en
día, los sistemas agroalimentarios globales deberán soslayar la
productividad tradicional de la granja local, y trasladarse a
competir en mercados nacionales e internacionales, en respuesta
a una nueva demanda del mercado plena de cambios respecto a
calidad, inocuidad, presentación, sabor, normatividad ambiental,
todos ítems que ligados a cadenas de valor que inmiscuyan
biotecnología, biofertilizacion, semillas para el mundo actual,
maquinaria de punta, agricultura de precisión, productos
orgánicos regenerativos, productos biológicos, la nanotecnología,
sintetizados en la agroindustria, aliada a la exportación,
mercados mayoristas, supermercados, servicios financieros,
logística de transporte, planeación y desarrollo, ítems
baluartes para logros de la macro productividad.
Son claros avances en biotecnología, por ejemplo los que han
dado lugar a mejoras del material genético, procreando plantas y
animales de mejor calidad, mayor resistencia a plagas y
enfermedades y cualificaciones especiales en los productos
demandados por los consumidores.
Al mismo tiempo, los logrados en la logística moderna, que han
contribuido a que los productos obtenidos, se mantengan en
óptimas condiciones durante el transporte con una vida útil
alargada de almacenamiento, que los mantienen frescos para
colocarlos en mercados de destino cada vez más exigentes.
Pero no todo es color rosa, para pequeños y medianos productores
actores del suministro, ligados a cadenas de valor
agroexportadoras, a enfrentarse a galopantes encuentros con
factores adversos como: cambio climático, degradación del medio
ambiente, agotamiento de recursos como aire, agua, suelo;
destrucción de ecosistemas o biodiversidad, extinción de vida
silvestre, malas vías secundarias, terciarias, deficiente
conectividad digital, retos que requieren de la articulación con
un sector público que les apoye, hacia la producción sostenible,
en base a modelos de producción orgánica, agroforestal y
biodinámica, que encamine y acerque a un modelo de producción
ecodiseño que repare, recicle o revalorice como valor agregado
para generación de productos de alto valor.
Tales cumplimientos en que el estado debe brindar todo su apoyo,
vinculando al sector empresarial como actor inversionista,
conocedor de los principales obstáculos que frenan el desarrollo
y cuya colaboración es clave para las soluciones prácticas a los
potenciales problemas que se presenten para la implementación de
las cadenas de valor; provisionando en paralelo, los bienes
públicos que articulen, fortalezcan y fomenten su expansión e
integren verticalmente a la comunidad campesina para formal
cumplimiento de los objetivos.
En conclusión, todo un mundo de oportunidades el que se
pronostica, pero adecuando la productividad al lado de un estado
que acompañe constantemente, invierta en asistencia técnica y
extensión rural, financie, apoye la asociación, articule,
coordine y controle todo el sistema para su buen funcionamiento.
La demanda mundial de alimentos crece a pasos agigantados y
muestra creciente sofisticación, en cuanto a inocuidad, salud,
cuidado del medio ambiente, respeto por las condiciones
laborales, demanda de cumplimiento por máyores requisitos de las
empresas de parte de los inversionistas y de los gobiernos, a su
vez, imponiendo normas sanitarias de obligatorio cumplimiento
para garantizar los estándares de inocuidad, sanidad vegetal y
animal.
En resumen, para llevar a feliz término una cadena de valor que
integre el conjunto de actores y actividades que lleva un
producto agropecuario básico desde la producción en el campo
hasta el consumo final, agregado el valor requerido en cada una
de sus etapas, tiene que ver muy en especial con la
identificación de la innovación tecnológica que se debe vincular
al producto a ofrecer en el mercado internacional, para
satisfacción de las demandas en atributos físicos,
sostenibilidad, temporadas del año para su abastecimiento, forma
de producción, procesos unificados que en conjunto, originaran
la diferencia respecto a la competencia y por ende a la
rentabilidad de la inversión.
ASOCIACION DE INGENIEROS AGRONOMOS UT AMANTES DEL
CAMPO |
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