Bogotá, Colombia -Edición: 377

 Fecha: Domingo 04-09-2022

 

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COLUMNISTAS

 

 

 

Hacerlo bien

 


Por: Edgar Cabezas


El Estado no sólo usa los recursos de la tributación para hacer gasto social mediante mecanismos distributivos, tipo subsidios destinados a los estratos vulnerables, sino que, por ser el inversor de primer nivel, también los destina a la implementación de infraestructura básica, indispensable para garantizar la productividad de todos los sectores de la economía nacional.

 

Los gastos del presupuesto de la nación, tanto para la inversión social como para la infraestructura, tienen como objetivo, el aumento de la productividad que consiste en alcanzar la felicidad social, la sustentabilidad ambiental y la sostenibilidad económica con menor consumo de energía y de fuerza de trabajo, así como mayor justicia y equidad en la distribución de la riqueza multifuncional y monetaria contribuyendo pues a la convivencia en paz.


La mayor parte de los ingresos tributarios de Colombia en 2020 procedió del impuesto sobre el valor añadido/impuestos sobre bienes y servicios (28.7%). La segunda mayor proporción de los ingresos tributarios en 2020 se derivó del impuesto sobre la renta de sociedades (24.5%).

 

Los anteriores ingresos tributarios por ley se podrían elevar hasta el (33%) sin que se disminuya la oferta laboral y se estanque la productividad, si previamente los actores representados en la OIT, el Estado, los trabajadores y los empresarios dialogan y conciertan acerca de cuáles serán los sectores sociales, económicos y ambientales respecto a los que se habrá de ejecutar el gasto público objeto de la recaudación.


Las decisiones políticas las toma el Estado con gradualidad, aunque las multitudes presionen para que las condiciones existentes de los acontecimientos que obstruyen el buen vivir cambien con celeridad.

 

La lentitud de la gradualidad para la toma de decisiones por parte del Estado, así como la aceleración de soluciones de hecho inoportunas pueden conllevar a un distanciamiento entre el Estado y la sociedad civil, que dificulte la gobernabilidad, en cuanto que degenera en violencia ciudadana y represión estatal.


Ejemplo de ello son las soluciones jurídicas, usualmente lentas. Ante el delito penal, el Estado intenta promulgar leyes para eliminar la congestión en los juzgados y el hacinamiento en las cárceles, previniendo las decisiones que por mano propia toma la comunidad frente a los delincuentes mediante el linchamiento o el motín que protagonizan los presidiarios para que sus derechos sean respetados.

 

O, la incapacidad del estado para restituir tierras a las naciones étnicas y a los sujetos de derecho campesinos mediante la aplicación de una reforma rural integral conllevan a la toma directa que mediante la “invasión” de predios pretenden ocupar para usufructo quienes se consideran victimas del despojo.


Las soluciones a los conflictos consuetudinarios tienen que hacerse en un tiempo prudencial de tal manera que los involucrados no pierdan la calma, en los espacios territoriales correspondientes al conflicto, mediante los diálogos regionales y locales. Las cosas que se deben de hacer, se tienen que hacer, pero hay que saberlas hacer bien.

 

Hay que aprender a saber gozar y vivir en constante incremento de la productividad, que consiste en alcanzar la felicidad social con un mínimo de esfuerzo. Hacerlo bien, consiste en estar en paz consigo mismo, dialogando con honestidad y llevando la corrupción a su mínima expresión, es decir, a CERO.

 

Se pueden meter las patas y equivocarse, pero jamás volver a meter las manos para robar, evadir o eludir los tributos.

      

   

LAS CADENAS DE VALOR CLAVES PARA LA REACTIVACION DEL SECTOR AGRARIO

 

 

Por: I.A. Iván R. Pulido G.

 

Colombia en particular en razón a su improductividad por imposición de los TLC, se ha retrasado en el campo, su mano de obra hoy generada es de calidad informal, situación que la mantiene en la brecha de la desigualdad y subdesarrollo.

Planteamiento que sugiere la reactivación del sector productivo agrario, como urgente necesidad para diversificar las pautas de producción, incluida la agroindustria, y aprovechar la oportunidad de incrementar la presencia en los mercados internacionales y regionales, así como en paralelo contribuir al suministro de alimentos saludables, nutritivos, inocuos, producidos bajo una adecuada gestión ambiental, basada esencialmente en innovación, emprendimiento, adopción de tecnologías modernas digitalizadas y fortalecimiento productivo a través de las cadenas de valor.



Oportunidad que se visualiza muy en especial en la agricultura, por la calidad de tierras, microclimas, recursos naturales y ecosistemas, ejemplo super demostrado por países que en similares condiciones a las de Colombia, incrementaron significativamente su producción y exportación, a tal punto de ser hoy considerados despensas para el mundo, como los casos de Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica, Ecuador, Paraguay y Uruguay, los cuales en conjunto además lograron posicionar la región como la mayor exportadora de alimentos del mundo. Y Colombia, descartada de esa baraja por su obligado estancamiento productivo.

Vale resaltar, el reto de exportar que no solo conlleva al acceso y disponibilidad de alimentos, sino también su acompañamiento a pautas de consumo más compatibles con la salud humana y sostenibilidad ambiental, con el fin de enfrentar hambre, malnutrición; incremento en cantidad y calidad de alimentos, consolidación de la seguridad alimentaria, estabilización de precios y creación de oportunidades adicionales para mejorar la productividad e ingreso de los agricultores.

Para logro del objetivo exportador se hace básico, el estado integre convergencia regulatoria que estandarice internacionalmente el ámbito arancelario, técnico, sanitario y fitosanitario, así como también automatice el trámite y despacho de todos los procesos aduaneros.

De igual forma promueva, la asociatividad de los productores del campo y transformación sostenible bajo el sistema cooperativo, que les cree oportunidades y promueva el arraigo territorial de jóvenes y mujeres del campo, como aliados estratégicos de las empresas privadas, con las que organice coordinadamente el desarrollo de cadenas de valor locales, nacionales e internacionales, como fórmulas para mejorar la competitividad y la amigabilidad ambiental.

Para todos estos procesos, sin duda, el estado adquiere el rol clave para fortalecer el capital social, estimular la participación, promover el empoderamiento de los actores locales y territoriales, en estrecha vinculación con la investigación, el fomento financiero, la extensión rural, los servicios sanitarios y fitosanitarios, la apertura de mercados, la infraestructura, la normativa del uso de la tierra y la regulación laboral.

      

 

  

Hoy en día, los sistemas agroalimentarios globales deberán soslayar la productividad tradicional de la granja local, y trasladarse a competir en mercados nacionales e internacionales, en respuesta a una nueva demanda del mercado plena de cambios respecto a calidad, inocuidad, presentación, sabor, normatividad ambiental, todos ítems que ligados a cadenas de valor que inmiscuyan biotecnología, biofertilizacion, semillas para el mundo actual, maquinaria de punta, agricultura de precisión, productos orgánicos regenerativos, productos biológicos, la nanotecnología, sintetizados en la agroindustria, aliada a la exportación, mercados mayoristas, supermercados, servicios financieros, logística de transporte, planeación y desarrollo, ítems baluartes para logros de la macro productividad.

Son claros avances en biotecnología, por ejemplo los que han dado lugar a mejoras del material genético, procreando plantas y animales de mejor calidad, mayor resistencia a plagas y enfermedades y cualificaciones especiales en los productos demandados por los consumidores.

Al mismo tiempo, los logrados en la logística moderna, que han contribuido a que los productos obtenidos, se mantengan en óptimas condiciones durante el transporte con una vida útil alargada de almacenamiento, que los mantienen frescos para colocarlos en mercados de destino cada vez más exigentes.

Pero no todo es color rosa, para pequeños y medianos productores actores del suministro, ligados a cadenas de valor agroexportadoras, a enfrentarse a galopantes encuentros con factores adversos como: cambio climático, degradación del medio ambiente, agotamiento de recursos como aire, agua, suelo; destrucción de ecosistemas o biodiversidad, extinción de vida silvestre, malas vías secundarias, terciarias, deficiente conectividad digital, retos que requieren de la articulación con un sector público que les apoye, hacia la producción sostenible, en base a modelos de producción orgánica, agroforestal y biodinámica, que encamine y acerque a un modelo de producción ecodiseño que repare, recicle o revalorice como valor agregado para generación de productos de alto valor.

Tales cumplimientos en que el estado debe brindar todo su apoyo, vinculando al sector empresarial como actor inversionista, conocedor de los principales obstáculos que frenan el desarrollo y cuya colaboración es clave para las soluciones prácticas a los potenciales problemas que se presenten para la implementación de las cadenas de valor; provisionando en paralelo, los bienes públicos que articulen, fortalezcan y fomenten su expansión e integren verticalmente a la comunidad campesina para formal cumplimiento de los objetivos.

En conclusión, todo un mundo de oportunidades el que se pronostica, pero adecuando la productividad al lado de un estado que acompañe constantemente, invierta en asistencia técnica y extensión rural, financie, apoye la asociación, articule, coordine y controle todo el sistema para su buen funcionamiento.

La demanda mundial de alimentos crece a pasos agigantados y muestra creciente sofisticación, en cuanto a inocuidad, salud, cuidado del medio ambiente, respeto por las condiciones laborales, demanda de cumplimiento por máyores requisitos de las empresas de parte de los inversionistas y de los gobiernos, a su vez, imponiendo normas sanitarias de obligatorio cumplimiento para garantizar los estándares de inocuidad, sanidad vegetal y animal.

En resumen, para llevar a feliz término una cadena de valor que integre el conjunto de actores y actividades que lleva un producto agropecuario básico desde la producción en el campo hasta el consumo final, agregado el valor requerido en cada una de sus etapas, tiene que ver muy en especial con la identificación de la innovación tecnológica que se debe vincular al producto a ofrecer en el mercado internacional, para satisfacción de las demandas en atributos físicos, sostenibilidad, temporadas del año para su abastecimiento, forma de producción, procesos unificados que en conjunto, originaran la diferencia respecto a la competencia y por ende a la rentabilidad de la inversión.

ASOCIACION DE INGENIEROS AGRONOMOS UT AMANTES DEL CAMPO

     

 

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