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Arte y tecnología, pueden ir de la mano de
muchas formas

Hace tiempo, hablaba en Xataka sobre la relación del arte con la
tecnología. Un medio más sobre el que expresarse y que, gracias
a sus atributos, se podía hacer algo diferente y jamás visto en
la pintura, la escultura o la arquitectura.

Hay varias claves para entender por qué esta simbiosis es clave
pero sin duda la más importante es la interactividad. Poder
tocar, manipular y utilizar a nuestro antojo un medio de
expresión, para entenderlo mejor o incluso para modificarlo con
nuestras ideas y sentimientos.
Es aquí donde radica el gran atractivo de la tecnología en el
arte dentro de los museos. A través de ella, podemos interactuar
con las obras e ir más allá de la siempre limitada y fría
contemplación de lo que tenemos delante de nuestros ojos.

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Gallery One, un buen
ejemplo de arte y tecnología juntos

Podríamos citar a un montón de museos que hacen uso de la tecnología. En
mi opinión, uno de los casos que mejor refleja esta unión es el museo de
artes de Cleveland, Estados Unidos. No sólo la integran sino que lo
hacen de forma muy acertada. Antes de
entrar en este caso de estudio, recordemos algunos datos que vimos en la
primera entrega de este especial. La inversión que muchos museos hacen
en tecnología está bastante limitada por los presupuestos.

Cuando se realiza, suelen ser tecnologías de poco impacto e inversión
muy baja. Véase la inserción de códigos QR que llevan a la web del
museo, que ya estaba realizada. La innovación en los museos está muy
polarizada. Quienes apuestan de verdad por ella, están descubriendo que
las posibilidades que se abren a esta unión entre arte y tecnología
son enormes. |
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David Franklin, director del museo de arte de
Cleveland lo explicaba a la perfección en una entrevista.

"Todos los museos están buscando su santo grial, una unión de tecnología
y arte". No se trata de tener gadgets en las salas sino de sacarle
provecho con aplicaciones adaptadas y aquí, esta galería del estado de
Ohio en Estados Unidos.
Todo comenzó a principios de años, cuando la primera exposición centrada
en el uso de la tecnología comenzaba. Con el nombre de Gallery One, y
una inversión de 10 millones de dólares de una fundación, empezaba el
proyecto de David Franklyn.

La idea original fue muy diferente de lo que surgió después: se pasó de
querer tener cientos de gadgets en la sala a tener sólo unos cuantos. De
hecho, se eliminaron tres cuartas partes de lo que tenía pensado
utilizarse.
Algunas de las obras permitían a los visitantes coger pantallas táctiles
y reordenar copias digitales de obras archiconocidas.
Un ejemplo claro es el tapiz de Teseo, en él se podía
cambiar la forma en la que se contaba la historia.
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