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EDITORIAL
La
intolerancia que nos aqueja
Un alto impacto público tuvo el asesinato de un
menor de 14 años de edad el sábado en
la noche, tras una riña en una estación del
sistema Transmilenio, en Bogotá, que comenzó porque la
víctima, que se movilizaba con un
grupo de jóvenes al parecer en estado de
ebriedad, presuntamente habría pisado a otro pasajero, lo
que generó una pelea en el marco de la
cual este último, según los testigos,
de origen venezolano, apuñaló mortalmente al muchacho y
luego huyó.
Es un típico caso de homicidio motivado por la
intolerancia. Lo más grave es que
estas situaciones se han multiplicado en la ciudad y el
país, evidenciando serios problemas de convivencia
ciudadana en espacios públicos,
barriales, de entretenimiento o incluso al interior
del hogar.
De hecho, el Secretario de Seguridad Distrital advertía la
semana pasada que por lo menos la
mitad de los homicidios en la capital del
país tiene su origen en casos de intolerancia, violencia
intrafamiliar, exceso de consumo de
alcohol y riñas que se salen de control.
A nivel nacional, los homicidios por intolerancia también
son un flagelo grave. Según se
desprende del Plan Nacional de Política
Criminal 2021-2025, con base en los datos de la Policía,
en el 2020 el 20,5% (2.465) de
asesinatos fueron producto de riñas. Incluso,
con el fin de prevenir este tipo de muertes, la
institución logró imponer 94.882
medidas correctivas a personas que protagonizaron
peleas en vía pública.
Como se ve, esta es una problemática grave por el creciente
porcentaje de muertes violentas y heridas graves que se
generan por hechos ajenos a
situaciones de conflicto armado, atracos,
sicariato, accidentes o suicidios, entre otras causas. No
es, entonces, un tema menor, sobre
todo si se tiene en cuenta que, entre
enero y agosto de este año, de acuerdo a las estadísticas del
Ministerio de Defensa, se registraron 9.157 homicidios en
general y 73.667 casos de lesiones
personales. De ese global es necesario
diferenciar los 4.691 fallecimientos y 29.469 heridos en
accidentes de tránsito. En el resto de
casos hay que entrar a determinar los
móviles específicos y cuáles de ellos encuadran dentro de la
motivación de intolerancia.
Los expertos han señalado distintas causales en el aumento de
homicidios y lesiones graves por típicos casos de
intolerancia y de propensión a la
violencia ante cualquier problema de convivencia e
interacción con otras personas en espacios abiertos o
cerrados. De un lado, hay una mayor
propensión a responder con igual actitud
ante situaciones de amenaza o agresión. Igualmente, la
pandemia tuvo un impacto en los
patrones de conducta social de las personas,
generando mayor desconfianza y prevención ante terceros.
Y, por último, pero no menos importante, hay una
percepción extendida sobre la reacción
tardía de las autoridades ante el delito
en flagrancia o las violaciones recurrentes a las normas
básicas de convivencia familiar,
barrial o social. Esto lleva a que muchas
personas quieran incurrir en la mal llamada ‘justicia por
mano propia’, en lugar de acudir ante
las autoridades para que apliquen los
correctivos del caso a los agresores o infractores, de acuerdo
a los códigos de Policía, Penal, Civil y otras
reglamentaciones.
Mientras que algunos académicos sostienen que la única forma de
enfrentar este tipo de flagelo es profundizar la
pedagogía de cultura ciudadana y el
respeto a las normas de convivencia, de forma tal
que las personas eviten desembocar en situaciones de
enfrentamiento verbal o físico, otros analistas advierten
que debería aumentarse el pie de
fuerza de las autoridades y su capacidad de
reacción oportuna en los sitios de mayor conflictividad,
como los sistemas de transporte,
escenarios de entretenimiento o la vía
pública.
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El poder lo
ejerce la sociedad unida y no un líder

Por: Zahur
Klemath Zapata
zkz@zahurk.com
Por siglos el poder siempre lo han ejercido los
líderes porque son los que comandan la manada. Esto es muy
difícil de superar porque existe un concepto de ese poder
arraigado en el pensamiento de los seres humanos. Según ellos,
los líderes son los que mueven los gobiernos y se comunican
entre sí para determinar el orden del mundo actual.
Va a ser muy difícil que de la noche a la mañana cambie esa
naturaleza del individuo sobre una realidad que existe de sus
entrañas. Ellos van a estar ahí paulatinamente hasta que los
cambios genéticos y el intelecto los desalojen de la naturaleza
del individuo. Pero a medida que avanza ese cambio tenemos que
estar conscientes de que como individuos en evolución tenemos
que actuar frente al panorama presente con habilidad para no
dejar que esos líderes nos hagan daños por ser serviles a sus
causas.
Nuestro libre albedrío nos permite actuar y agruparnos como una
sociedad determinante dentro de la misma sociedad para que se dé
el equilibrio que se necesita para poder vivir equitativamente,
libre, independiente y autónoma de ese liderazgo que ciertos
individuos ejercen sobre parte de la manada humana.
Los conflictos presentados en la sociedad se dan porque ciertos
líderes quieren apoderarse de los bienes de otros y en ese
apoderamiento influyen en esa parte social la cual está subyuga
y sigue el pensamiento del personaje sin dilucidar el daño que
va a hacer al enemigo y a la población que lo sigue y no.
En la actualidad en la sociedad debe haber un equilibrio que no
permitir que una parte inconsciente sea llevada a apoyar
decisiones que van a destruir lo bueno que ya se ha construido.
Hemos logrado avanzar intelectualmente a unos estados
privilegiados donde el conocimiento del por qué de las cosas lo
tenemos presente y el desarrollo tecnológico nos ha puesto a
comunicarnos en todos los quehaceres del día alejados del
oscurantismo en que vivieron nuestros ancestros.
Si dejamos que otros tomen decisiones por nosotros y nos
obliguen a tributar para que ellos vivan en óptimas condiciones,
seguiremos como esclavos rechazando las llaves que abren las
puertas de nuestra autonomía y libertad.
Podemos equilibrar nuestra vida frente a ese poder existente
exigiendo que exista un manejo de la cosa pública como si fuera
la empresa pública de los ciudadanos que tributan y reciben las
regalías para el bienestar social de todos los contribuyentes. |
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Crónica de Gardeazábal #514
LA META ES
ACABAR CON ECOPETROL

Por: Gustavo
Alvarez Gardeazábal
Audio:
https://www.spreaker.com/episode/51522767
Este gobierno de Petro parece un loquito a punto de entrar al
manicomio. Son tan dispares las afirmaciones de los ministros
frente a las que dan los viceministros, como las que conceden el
presidente y su ministro de Hacienda.
Pero como lo dice JPMorgan en un informe de este fin de semana,
resulta desesperante para los mercados la sed de gobernar a
través de los twitters alborotadores del presidente. Olvidan los
banqueros de Wall Street, y muchos colombianos más, que la meta
leninista de Petro y su gobierno es trastornar o volver mierda
al país para poderlo rehacer a pupitrazos, como hizo con la
Tributaria.
A las sensatas declaraciones, (muy bien redactadas por un
experto) que le publicó Semana a la ministra Irene, aparecieron
para contradecir las bocanadas de la viceministra Belizza Ruiz
de que no habrá nuevos contratos de exploración y explotación de
hidrocarburos. Si eso es verdad, significa que la ministra Irene
pela los dientes y abre sus ojotes para tranquilizar los
mercados pero por debajo de la mesa le dice a su viceministra
que anuncie que su tesis antiextractivista ha triunfado.
Porque no hay que ir muy lejos para entender que si el oficio de
Ecopetrol, nuestra más grande empresa nacional, es explorar y
explotar yacimientos de petróleo y gas y le suspenden su oficio,
lo que quiere este gobierno y el par de loras parlanchinas que
lo anuncian, es acabar con Ecopetrol. Por supuesto, eso obliga a
depender del crudo venezolano y del gas que importe don Luis
Carlos Sarmiento por la regasificadora de Cartagena y los
vallunos por la que están montando en Buenaventura. De paso, al
matar a Ecopetrol, el lúcido economista (del Externado) don
Gustavo Petro, le arrebataría a Colombia el ingreso de divisas
por la exportación de petróleo y gas y tendría que conseguirlas
por otro lado para pagar lo que importe.
Ahora entiendo entonces dos cosas, la primera por qué
Hildebrando Vélez, hace más de 40 años nos predicaba con el
sabio Anibal Patiño que la tierra no se podía herir ni
irrespetar. Hildebrando era el ambientalista de mi juventud e
Irene es su hija. Pero también entiendo ahora por qué taponaron
y abandonaron el pozo Uchuva, tan prometedor en Santa Marta.
Es la misma actitud de Lenin para gobernar. Hay que destruir
primero para poder reconstruir la nueva Colombia. Hay entonces
que matar a Ecopetrol para montar el Goelró de Lenin. No
importan ni los accionistas viendo desvalorizar sus acciones ni
el pánico económico que generen.
El Porce octubre 10 del 2022
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