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EDITORIAL
Libre
extinción
Continuar hablando de las
diferencias en la economía entre los sistemas capitalista y
comunista es un asunto que suprimió la libre competencia, eje
fundamental del libre mercado. La competencia es la concurrencia
de la oferta y la demanda que a través de la información que
proporciona el sistema de precios los agentes económicos van
ajustando tales oferta y demanda, tomando decisiones de
producción, consumo, ahorro e inversión para optimizar los
recursos más escasos. Es ello lo que es inherente al régimen de
los gobiernos capitalistas y comunistas.
El libre mercado supone que existe una relación social de
producción entre naturaleza, capital y trabajo; que existe la
propiedad privada o pública para el control de los medios de
producción y que existe un mercado para la producción y
compra-venta de bienes y servicios, en el que los precios de las
mercancías están asociados a tarifas de salarios y tasas de
interés, en el que los competidores deciden concurrir a este
libremente en busca de clientela y en el cual los consumidores
son libres de escoger y adquirir bienes o servicios ofrecidos en
condiciones de competencia.
El libre mercado reproduce las relaciones sociales de producción
y reproducción de todas las épocas ligadas a la explotación del
hombre patriarcal por sobre el resto de la humanidad: la
esclavitud, la servidumbre y el trabajo asalariado. Abarca esto,
a las respectivas relaciones de poder, dominación y sumisión
vinculados al crecimiento económico sin límite y a la
acumulación de capital con la finalidad de consolidar las bases
para ejercer poder y regular el consumo que satisface
necesidades y deseos.
En un mundo global enajenado por la locura del consumo en el que
el deseo no se encuentra jamás satisfecho, el crecimiento y la
productividad del libre mercado se convierten en un perverso
sistema canceroso que cuanto más innova y se reproduce fingiendo
prosperidad, más ruina arroja y ella queda evidenciada por el
deterioro ambiental que va dejando a su paso, pues
lamentablemente no se pude hacer uso intensivo de los recursos
naturales y garantizar la sustentabilidad del crecimiento
económico ilimitado.
El libre mercado cuanto más se desarrolla, más se destruye así
mismo. Esa autodestrucción es causada por crecimiento, ya que en
la confrontación violenta entre plutócratas y pobres se hace
manifiesta la pulsión de muerte. El libre mercado con sus reglas
llevará al colapso a las civilizaciones presentes, a su libre
decisión de ir extinguiéndose, extinguiendo toda parte de la
naturaleza que le ha dado abrigo y alimento.
Es imperativo que las personas que hacen parte de la humanidad
actúen frente al libre mercado poniendo límites a sus deseos y
consumos. Claramente, la nueva forma de esclavitud es el consumo,
pero de igual forma los gobiernos mediante regulación ambiental
tienen que poner limite al crecimiento económico, asegurando que
no se otorgarán títulos mineros ni contratos de concesión para
el uso y aprovechamiento de los atributos de la tierra sin que
exista en cada actividad productiva contabilidad ambiental y
recursos financieros, humanos, científicos y técnicos que
garanticen su resiliencia.
Es oportuno recordar que se nace a la vida con destino a la
muerte y que trabajar para acumular capital no evita la muerte,
por lo tanto, es recomendable despojarse de todo apego, llevar
una vida sobria, lúdica, amorosa y bella en la que el tiempo
libre sea el principal producto del libre mercado.
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Sin el mercado negro Colombia
estaría en la miseria

Por: Zahur
Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Los economistas viven en una
realidad que solo existe en cifras que se mueven en la bolsa de
valores y en los datos que suministran las agencias
gubernamentales. La realidad es que hay otra economía que se
mueve paralela y que no juega en la ruleta rusa económica.
Los gobiernos mueven su economía bajo la potestad de los
políticos de turno que manejan los países. Hoy por hoy no hay
nada tangible que realmente respalde los valores de las monedas,
simplemente es una cotización basada en la demanda y en el flujo
de negociaciones que se mueven en el mercado bursátil y en el
mercado doméstico.
Bajo esta primicia se mueve un caudal de dinero por las líneas
de Internet donde no hay nada físico o tangible a la hora de las
transacciones. Solo hay un respaldo de buena fe en los grandes
bancos y en quien los maneja, hasta que se descubre la no
existencia de respaldo económico y es cuando colapsa el banco o
la institución y los dueños de las cuentas quedan sin nada y sin
poder reclamar un centavo.
Ya esta experiencia la hemos visto muchas veces, cuando la
burbuja explota y todos se quedan sin nada.
Hace un par de años unos bancos de EE.UU. Comenzaron a cobrar
por el retiro de dinero de las ATH y la gente se molestó por
este abuso bancario y en cosa de horas cerraron las cuentas
bancarias más de medio millón de personas y esto comenzó a
generar un desencaje bancario porque seguía aumentando el retiro
de dinero y el banco comenzaba a no tener liquidez para
responder la demanda del retiro de tanto dinero.
Esta es una de las formas que el dinero real aparece y no a
través de traslado por Internet.
Todo esto es en el mundo real del dinero. Uno va al banco y
retira hasta cierto monto sin problemas, después de diez mil
dólares ya hay preguntas e inclusive para viajar con esa
cantidad.
Pero en el mundo subterráneo es otra cosa. El dinero no se mueve
como en la bolsa, pero está ahí para apoyar con su silencio tres
trillones de dólares que circulan bajo el respaldo de esos
dineros.
El caso de Colombia es particular, el dinero subterráneo es el
que mantiene a flote toda la economía porque el dinero que el
erario recibe se gasta en burocracia y en todas las operaciones
que hace el gobierno.
La gente del común mueve la economía nacional con el dinero que
ingresa por el envío que ellos hacen a sus familiares para
que paguen un
sinnúmero de gastos y que no se reportan a la DIAN. Sin ese
dinero y el dinero
subterráneo Colombia no tendría con
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qué sostener la burocracia que el
establecimiento mantiene.
Me gustaría ahondar en este asunto y mostrar cómo una economía
paralela hace que el país viva en mejores condiciones que lo que
el gobierno ofrece.
QUÉ LEE GARDEAZÁBAL,
La realidad es
absolutamente efímera
de Cecilia Caicedo Jurado
editado por Klepsidra

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Audio:
https://www.spreaker.com/episode/que-lee-gardeazabal-la-efimera-realidad-de-cecilia-caicedo-jurado-17-02-2024--58711000
Este libro tuve que leerlo dos veces. Inicialmente creí que se
trataba de una olvidada estructura de espejos implementada para
narrar una consulta psiquiátrica. Pero cómo me causó inquietud,
volví a leerlo con cuidado y no en vano porque Cecilia Caicedo
es una profesora emérita de la Tecnológica de Pereira, ensayista
y narradora consumada y su último texto lo había aplaudido en
estas notas.
No estaba equivocado. Es un libro novedoso sobre un problema
eterno: el hombre al que declaran loco y que seguramente no lo
era. Partiendo de la base admitida que han sido muy pocos los
locos de verdad que después de una cura de reposo escriben sobre
su locura, la narración se le toma desde distintos ángulos y en
17 breves fotografías verbales oímos las versiones del paciente
psiquiátrico, de su cruel y despiadada terapeuta, de su primera
novia y de sus mujeres, de sus amigos y socios y de don Pedro
Manrique, que bien puede ser el noble castellano o una tomadura
de pelo de la narradora.
Entre todos ellos construyen la historia del desquiciamiento del
personaje, mirándose uno al otro a través de un espejo
invisible, pero sin dejarlo salir del encierro del hospital
psiquiátrico donde lo han sepultado en vida mas por incapacidad
de la terapeuta que dizque lo ha tratado que por su crisis
sicológica.
Poco a poco el libro va volviéndose una denuncia contra esa
clase de tratamientos o una diatriba contra los prejuicios de
las clases sociales que separan en gustos y gastos pero no en
amores, más como es tanta la historia que podría desencadenarse,
17 breves relatos resultan pocos aunque dejan un gran sabor a
literatura renovada, a capacidad descriptiva y a pecadillos
provincianos que vuelven a veces presumida la prosa.
Un libro para internarse sabiamente en la demencia ajena. Para
entender la injusticia de los loqueros y juzgar sin condenar a
esa rama de la medicina tan subvalorada como quisquillosa,
llamada psiquiatría. Una novela corta meritoria. Aplausos.
El Porce, febrero 18 del 2024
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