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Bogotá, Colombia -Edición: 608 Fecha: Viernes 01-03-2024 |
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TECNOLOGÍA-CIENCIA |
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Los humanos modernos también llevamos ADN denisovano, un homínido arcaico que ocupó Siberia |
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El dedo de una niña de Denisova
En 2010 se secuenció el ADN mitocondrial proveniente de un dedo de una niña, encontrado en las cuevas de Denisova, en Siberia (Rusia). Esto permitió la identificación de un nuevo homínido: el hombre de Denisova. La sorpresa fue que el 17% de su genoma era ADN neandertal, por lo que ambas especies se cruzaron en algún momento de la evolución. Esto se confirmó cuando se secuenció un trozo de hueso de otro individuo que vivió hace unos 90.000 años. Este individuo era especial, puesto que su padre era denisovano y su madre neandertal: encontramos el primer individuo híbrido de estas dos especies. Esto podría indicar que la relación entre estas dos especies no era algo puntual.
El análisis de los genes que determinan los grupos sanguíneos indican que tanto los neandertales como los denisovanos tuvieron origen africano.
También es
interesante la presencia de una variante del gen del factor Rh en neandertales
que sólo se ha encontrado en algunos individuos de Oceanía, dando pistas sobre
posibles cruces con Homo sapiens antes de su expansión hacia el sureste asíatico.
Svante Pääbo, el padre de la paleogenética
Todos estos estudios han sido importantes para la comunidad científica. Una de las caras más representativas de este campo es la de Svante Pääbo, cuyos aportes a la genética evolutiva humana han sido de vital importancia. Tanto es así que en 2022 recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina “por sus descubrimientos sobre los genomas de homínidos extintos y la evolución humana”.
La posibilidad de estudiar el ADN arcaico significó una revolución para entender el origen de nuestra especie. Somos híbridos, el resultado de cruces producidos millones de años atrás, cuando ni siquiera existíamos.
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El ADN que poseemos viene a partes
iguales de nuestro padre y nuestra madre. Pero, además, nuestras células
aún contienen material genético de antepasados que ocuparon la Tierra
hace cientos de miles de años.
Entre otras cosas, se ha encontrado evidencia de que los denisovanos vivían a gran altura en el Tíbet, y ellos eran los portadores de un gen que nos ayuda a las personas modernas a hacer frente a elevaciones similares.
La madre que compartimos: la “Eva mitocondrial”
¿Cómo llega a nosotros este material
genético arcaico? En la fecundación, el óvulo y el espermatozoide se
fusionan en uno solo. La combinación del material genético de ambos será
el ADN del individuo que nazca, su propia huella genética. Pero un hecho
que suele olvidarse es que las mitocondrias, orgánulos presentes en
todas las células, provienen únicamente del óvulo. Vienen directamente
de nuestras madres, sin combinarse con material genético del padre.
Los relojes moleculares son ciertos
genes que nos permiten medir la tasa de cambios (o mutaciones) que han
sufrido a lo largo de los tiempos. Contando cambios, es posible saber la
antigüedad de un individuo y establecer relaciones entre especies
antiguas y actuales.
Llevamos en nuestro ADN mitrocondrial el eco de esa primera mujer.
El linaje del Homo sapiens
La especie humana comenzó en África
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hace unos tres
millones de años. Desde los Australopithecus hasta los Homo sapiens ha habido
muchos humanos de especies distintas, entre ellos los neandertales y los
denisovanos.
En 2021, se conocían las secuencias de los
genes de 23 humanos arcaicos (18 neandertales, cuatro denisovanos y una mujer
descendiente de madre neandertal y padre denisovano).
Además, el 5 % de los genomas de las poblaciones de Oceanía se remonta a los hombres denisovanos, y la presencia de esta especie arcaica aún se puede detectar en el genoma de las poblaciones asiáticas actuales. Esta presencia en el genoma del hombre actual además permite conseguir información muy valiosa sobre la biología de nuestro origen.
El Homo neanderthalensis es un caso particular, puesto que no se ha encontrado su ADN mitocondrial en el Homo sapiens. Actualmente hay varias hipótesis para explicar esto, pero el hecho es que sí tenemos genes neandertales. Por ejemplo, en Europa el aporte de los genes neandertales al color de la piel llega hasta un 70%. Buscando variaciones en los genomas de los cazadores-recolectores del Mesolítico (hace unos 10.000 años) se ha encontrado que el color de piel más claro en los europeos actuales no era muy frecuente hasta el Neolítico (unos 5.000 años antes de nuestra era).
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