Bogotá, Colombia -Edición: 618

 Fecha: Viernes 22-03-2024

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\\ OPINIÓN //

 

 

 

EDITORIAL

 

¿Y el discurso dónde quedo?


Se le prendió el discurso a Petrico. Tantos años afirmando su discurso de que “la paz es posible”, que era el estado el que impedía, que era una cosa u otra, pero, se chocó con la realidad; ahora que la situación lo superó a él, si se encuentra en la posibilidad de ofrecer un futuro plagado de guerra, incluso parece tener la posibilidad de justificarlo, en efecto, como si lo último fuera una verdadera justificación y de ser ese el caso, llevamos ya tiempo percibiendo fuertes justificaciones. Es decir, no vemos porque este acto se está tomando con mayor intensidad que el del resto de líderes sociales que simplemente han pasado al olvido.

 

Sin embargo, si de algo tenemos que mostrar recelo es de su actuar infantil, que al igual que un niño que sus compañeritos no lo dejan jugar, decide llevarse todo lo que le pertenece, en la actualidad, bajo la propuesta de retirarse, no muestra más que un acto manipulador, en donde o se hace como él quiere o no juega -Realmente un acto perturbador- cuando se trata de un funcionario, que de hecho representa un país, incluso, podríamos afirmar que la comunicación entre el pueblo y el presidente está totalmente rota, el presidente se está moviendo por sus ideales y no los del país que lo tiene como representante.

 

En conclusión es tener cuidado con la situación actual de nuestro país, un país que se le dejó coger ventaja, rápidamente, un posible reiniciar la guerra, con una guerrilla que ya estaba debilitada pero se reorganizó, ideológicamente, organizativa y militarmente y ahora la máxima autoridad del ejercito, nuestro presidente, decide reiniciar la guerra, donde quedan los innumerables discurso, de posibilidades, de avances, tal vez y sólo tal vez, quedaron en la verdadera realidad de Colombia, un país al cual cada día parece arrancarle el futuro de paz que tanto desea.

 

 

 

 

Un gobierno folclórico en un mundo de estadistas

Por: Zahur Klemath Zapata

zapatazahurk@gmail.com  

 

Las cosas se parecen a quién le pertenece y esto hace que las personas distingan a su dueño. Cada marca es un sello particular y esto abre mercado en cualquier sitio donde ponga el producto. Con este derrotero podemos ver y distinguir miles de marcas y millones de consumidores e imitadores.

En el mundo político ocurre el mismo fenómeno y esto ha hecho que personajes a través de la historia hayan marcado su momento histórico por lo que hicieron. Hoy los estudiamos y nos sirven como luz para no cometer sus errores, porque cada uno tiene su propia historia que no se repite.

El ser humano ha creado imágenes de seres sin iguales que veneran para así apartar esos malos momentos de la vida y dejar un espacio de esperanza y no permanecer aislado e incrédulo a los nuevos avatares que se van a suceder con la llegada de nuevas generación de seres humanos.

Colombia no ha sido una sociedad compacta y está muy lejos de serla porque no la han dejado madurar por la falta de maestros con tal disciplina. Ha estado en manos de amateurs y quienes dirigen el Estado no tienen conocimiento de cómo dirigir un Estado para que sea próspero y cimentado hacia una nación con visión del presente y el futuro.

El gobierno de Colombia es folclórico y se ajusta a su gran mayoría de ciudadanos porque ven en ellos que los representan y han sido parte de esa rumba alegre que la gran mayoría lleva por dentro. Colombia no es un país flemático ni disciplinado, es una nación donde todo se hace por esa intuición que creen traer porque se le ha dicho que colombiano no se vara y es un verraco para hacerlo todo.

Cuando analizamos a la gente desde otra perspectiva la encontramos muy inmadura, con poco entrenamiento profesional, con intereses fuera de la labor que está desempeñando. Está en el rebusque continuo para poder alcanzar un estándar económico porque no tiene seguridad laboral, porque el Estado maneja un código laboral que afecta tanto al empleador como al empleado. Y no le puede dar las garantías que realmente el ciudadano necesita.

 

Bajo esta dinámica es muy difícil que un presidente pueda administrar un país y elevar su condición de vida actual.

 

Incumplir a las citas hace parte de ese folclor porque ya están acostumbrados a vivir la vida loca de Mark Anthony y todos dan como un hecho porque eso es lo normal. Pero no en un mundo donde la disciplina política es puntual frente a otros mandatarios. Aquí tiene que haber respeto hacia los demás y no presumir que con solo hablar demagógicamente se va a congraciarse con todo el mundo. 

 

 

 

Los hombres de Estado mantienen una disciplina por la cual son respetados y atendidos puntualmente y no mirados como críos que apenas están asistiendo al pre kínder donde les van a enseñar la disciplina que se requiera para poder ocupar los cargos a los que son elegidos.

 

LA HORA DE LOS CORONELES
Crónica # 847

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

Audio:

 

https://www.youtube.com/watch?v=bJxN0IGbdN4

Cuando uno ve la situación en la que han terminado las fuerzas armadas constitucionales, incluyendo soldados, policías, pilotos y marineros, no discute, prefiere irse a los resultados o, al menos, a la percepción ciudadana de por qué esas instituciones parecerían que dejaron de prestar el servicio.

Y mucho más cuando se constata la pérdida de la fe que los colombianos teníamos en los uniformados. Ante los ojos de la multitud, el causante de la evidente parálisis de esos organismos de seguridad, es el mismísimo gobernante de la república o, al menos, la ideología que dicen profesar.

El hecho de haber barrido con más de 50 generales subyugando el rol político y el objetivo social de los uniformados a obedecer a unos coroneles sin el mando piramidal ,hace palpable la crisis. Y si al mismo tiempo se les obliga a una tregua con las bandas armadas que se han ido tomando el país, el panorama se vuelve catastrófico para la población civil.

Todos sin excepción, nos vemos desamparados y cuando no, corriendo el riesgo de terminar obedeciendo a esas bandas o sometiéndonos al ordenamiento que ellas decreten en barrios y veredas en ciudades y campos del territorio nacional.

 

Y hoy, cuando esas tales treguas se rompen, la voz de mando para que las fuerzas constitucionales dizque recuperen la iniciativa y nos restituyan la esperanza de hacer parte de un Estado que protege a sus ciudadanos, resulta un hazmereir porque en vez de salir del atolladero, nos sentimos más desamparados.

Tal vez fue la salida masiva de los generales lo que ha precipitado la debacle de confianza. Se percibe la flojera de unas tropas puestas a discreción y a guardar sus fusiles para no combatir contra la bandas mientras se reinicia la conversación desigual.

Pero es paradójicamente en los coroneles, en quien de la noche a la mañana el colombiano común ha empezado a sembrar la esperanza del futuro en sus fuerzas armadas. Ojalá no se dejen destituir como a los generales.

El Porce, marzo 22 del 2024

 

 

 

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