Bogotá, Colombia -Edición: 624

 Fecha: Viernes 05-04-2024

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\\ OPINIÓN //

 

 

 

EDITORIAL

 

El contrato de la paz.

 

La paz es el producto de intercambio más antiguo y eficiente de la historia. Desde el principio de las civilizaciones el deseo de la paz ha sido el lienzo desde donde se crean las grandes estructuras culturales, en donde los integrantes de una sociedad inscriben lo que para ellos es la paz, oculto bajo los deseos que manifiesta. Pero, en este juego de conseguir el producto llamado paz se entrega otra característica propia del ser humano, su libertad, ya muy bien Hobbes anunciaba este intercambio social, uno en donde en busca de obtener tranquilidad o paz, el ser humano entregaba su libre albedrío, sus derechos naturales y demás, es decir la libertad total. Sin embargo esta libertad no sólo se intercambia sino que pasa a formar parte de otra libertad que ahora tiene la libertad de todos los seres a los cuales les brinda paz.

Estas libertades adquiridas son la razón de los grandes poderes actuales. No obstante, este intercambio se da siempre desde un contrato constante, es decir, siempre y cuando se adquiera paz, la libertad del sujeto es limitada por su proveedor, pero ¿este contrato se cumple en la actualidad? ¿Colombia tiene paz? en efecto, una negativa siempre es la respuesta, en todo el país; de norte a sur, de oeste a este y en todas las combinaciones posibles, Colombia es un país con poseedores de un contrato que no se está cumpliendo, pero que si se le está cobrando, pues la libertad sigue siendo exigida, actuar siempre de acuerdo a la voz de las grandes reglas que nos rigen y dicen como ser.

La conclusión de esta reflexión es que somos acreedores de un contrato incumplido, promoviendo de esta manera la necesidad de exigir nuestra libertad para así volverla a intercambiar de nuevo, con alguien que sí cumpla el contrato que me traiga paz.

Que nuestra libertad regrese significa la posibilidad de una reorganización de principios y bases de lo que entiendo como paz y no simplemente seguir adquiriendo una paz anticuada y vieja, que ya impide que mi intercambio sea equivalente.

 

 

 

 

El poder de la desigualdad en la sociedad moderna

Por: Zahur Klemath Zapata

zapatazahurk@gmail.com  

 

Nunca ha habido una sociedad que se precie de igualitaria, libre y organizada, han sido sociedades jerárquicas que siempre han manipulado al ser humano como algo que les pertenece. Como un objeto, como una cosa. Solo ellos, los jerarcas, son los dueños de la vida y la existencia de los individuos que gravitan en su órbita. Esto les ha permitido gobernar a su libre albedrío hasta el presente.

El pueblo no entiende el por qué al igual de aquellos que se precian de cultos e informados. Sus vidas dependen de quien está empoderado y él establece el destino de esa humanidad que vive a su alrededor.

Ser independiente y autónomo bajo estas circunstancias es casi imposible porque quien ejerce el poder tiene a su alrededor un ejército de esbirros que no poseen conciencia sobre su identidad y viven como perros de brega a merced del gobernante.

Los que posiblemente tienen la capacidad de actuar y formarse como sociedad independiente bajo reglas y leyes que les permita vivir en armonía no saben cómo organizarse para alcanzar ese estatus de respeto frente a los enemigos de la autonomía.

Manipular a un ser humano que carece de evolución genética y que está en la escala primaria con relación a la evolución en la que va la humanidad, no es nada difícil. El miedo y las acciones violentas son las herramientas de amaestramiento que usan quienes buscan entronizarse el poder y perpetuarse en él.

Estamos en una era donde la tecnología y el conocimiento gravitan a nuestro alrededor y no permite entender la naturaleza de las cosas y de quienes pretenden arrebatar los derechos de la libertad y la autonomía del ser humano.

El problema radica que existe una gran mayoría de seres humanos incapaces de ser libres y autónomos y necesitan ser acaudillados por personajes que ofrecen bienestar y estabilidad en un mundo imaginario donde al final son ellos los que sostienen al gobernante con sus diezmos.

Ser organizado y emparejarse con otros que tienen los mismos entendimientos y objetivos, hace que se establezca una sociedad con autonomía e independencia alejando del espacio social a estos jerarcas que manipulan a otros que ven en ellos una salida fácil de sus necesidades.

La sociedad no tiene conciencia individual ni de grupo si vive dependiendo del presupuesto que da el establecimiento, ese presupuesto se origina de los impuestos que ello recoge y reparten una mínima parte para cubrir las necesidades básicas de esa sociedad que los ha elegido. Por eso se apresuran a gastarlo y no generar un superávit como lo haría una sociedad autónoma e independiente.
 

 

 

Frente a estos hechos nada se puede hacer, cuando una sociedad esta entrenada y manipulada para que actué bajo esos parámetros. El centralismo es parte de esas jerarquías existentes que impide el sano crecimiento de una sociedad. El poder no debe de estar centrado en un individuo o grupo, El poder debe ser una energía que abarca a toda una sociedad para moverse bajo sus intereses individuales intercambiando la producción que ella produce.

 

AQUARELA DESBARATADA
Crónica #853

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

Audio:

 

https://www.spreaker.com/episode/acuarela-desbaratada-cronica-853-de-gardeazabal-bis--59291023

Los defensores a ultranza del paisaje de Cartagena lograron su cometido cuando eligieron alcalde al antiguo gobernador de Bolívar, el señor Turbay. Es vox populi que él se había comprometido antes de ganar las elecciones con la horda de bogotanos que se sienten dueños de la ciudad amurallada porque tienen una segunda residencia dentro del corralito de piedra.

El convenio de voluntades no hacía parte de ninguna de las componendas politiqueras que en Cartagena asumieron el mando para ordeñar habilidosamente el erario. Era un pacto de palabra, sin firma ni documento. Era un verdadero acuerdo patriótico para conseguir devolver a donde nunca debió haber comenzado, es decir al punto cero, el conjunto de edificaciones Aquarela en la zona de Torices.

Según expertos paisajistas incrustados en la Procuraduría, que coincidían con dizque expeditos documentos de la Unesco, el primero de los 5 edificios para vivienda de interés social que se levantarían allí, le dañaba la visual del paisaje al mito sobreviviente del Castillo de San Felipe.

Como tal entonces había que tumbarlo a como diera y a lo que costara e impedir construir las otras torres. No importaba que valiera once mil millones de pesos derribarlo. Menos que importaban los aportes de sus ahorros que por casi 12 mil millones hicieron a la Fiduciaria Alianza las 406 familias de las torres 1 y 2 para ser propietarias. Y ni siquiera preguntaron por cuál cuantía son las demandas de ellos contra el distrito de Cartagena alegando que el edificio cumplió con todas las normas y especificaciones y se construyó legalmente. Y menos por las de los propietarios de los apartamentos de las torres 3, 4 y 5, que son tan jugosas, que prefieren mantenerlas como inversión judicial a futuro, en vez de reclamarlas en la Fiduciaria donde están para devolverlas con intereses.

El convenio era tumbar a como fuera y a lo que costara el Aquarela. Y como en las guerras palestinas, lo están haciendo piso por piso así se lleve por delante 11 mil millones de pesos.

El porce, abril 5 del 2024

 

 

 

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