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EDITORIAL
Vaca Sagrada
La distopia de la vaca
multicultural tergiversada con la agresividad de los señores
feudales de FEDEGAN ha puesto a las regiones subalternas del
centralismo a proponer la captación de vacas monetarias
descentralizadas en manos paraestatales de las autoridades
civiles y militares de las entidades territoriales, la
combinación financiera perfecta de la libertad y el orden
centralista andino, propia de las oligarquías locales que
administran todas las regiones de Colombia.
Colombia es entre muchas otras cosas, una nación de montañeros
que ordeñan vacas, beben leche, comen su carne, con sus
excrementos hacen fuego, adobes y se abona la tierra. Con
raigambre en la ancestralidad del saber nacional hay vacas
sagradas y churrientas, ambos tipos simbolizan poder sobre la
tierra.
Las vacas comunitarias son las asociaciones monetarias
temporales de las comunidades con el objetivo de invertir y
trabajar solidariamente en las obras civiles y naturales para
solucionar los problemas existentes. Las vacas monetarias
comunitarias son lícitas y sagradas porque están en manos de la
comunidad que participa, ya que el ciudadano o la ciudadanía que
deposita la cuota monetaria comunitaria, ha puesto su empeño de
trabajo a favor de finiquitar una situación particular con la
participación asociativa de su comunidad.
Las vacas monetarias comunitarias locales son importantes. Con
ellas las comunidades ponen una cuota extraordinaria que sirve
de contrapartida para que las autoridades que gobiernan el
Estado, pongan planos, diseños, maquinaria, materiales,
trabajadores y recursos financieros. Es una alianza de la
economía pública-popular. ¡Colombianos hay que tener actitud e
inteligencia colectiva ganadora!
Las autoridades elegidas por voto popular a cargos públicos no
pueden recaudar las contribuciones que la ciudadanía consigna a
las vacas monetarias comunitarias. Y las vacas comunitarias no
van a depositar sus cuotas en manos de esas autoridades.
Recaudos con propiedad, claros y distintos, porque lo bueno es
hacer vaca para pasarla bien y contribuir con algo. Es confirmar
que de lo poco y mucho habla la bondad del corazón.
Sin reparo alguno hay que constituir las vacas monetarias
comunitarias para asociarse a la organización político
administrativa y avanzar en el aprendizaje de constituir Estado
y diseñar gobierno. La ciudadanía colombiana tiene que hacer una
gran vaca, una bacanada bien bacana de la vaca para la
reconciliación y convivencia en el espíritu de una paz total,
sin sospechas y enemigos, con verdad construida entre todos los
que participaron en la corrupción y el crimen y no repetición de
la violencia.
Las vacas monetarias comunitarias son los ríos de leche y miel
de la emancipación humana que recupera al animal para recuperar
su relación con los otros animales, y estar vivos, sanos, fuerte
y creadores, dispuestos a hacer justicia a los invisibilizados
de la tierra. Porque la vaca simboliza fertilidad, generosidad,
maternidad, el origen de la vida y también ha sido relacionada
con la serenidad.
Planificar el hato lechero y cárnico. ¿Cuántas vacas per cápita
por hectárea y persona? Y hacer la industrialización regional de
los derivados de la leche de la carne con productos certificados
de origen que democraticen los sabores de la diversidad
culinaria, para que el pueblo, ricos, pequeños burgueses y
pobres tengan acceso a degustar y deglutir productos líquidos y
sólidos de la tierrita.
Ordeñen la vaca de sus ahorros y deposítenlos en manos de la
comunidad organizada para hacer lo que se debe hacer en
comunidad. Vamos gente, ¡aguzasen que los está llamando la micro
autonomía local!
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Estamos en medio
de un huracán

Por: Zahur
Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Cada tormenta tiene su
intensidad, se comportan como seres humanos, se les puede hacer
seguimiento desde el momento que nacen hasta su recorrido donde
va a terminar.
La vida política es más
misteriosa porque sus protagonistas no tienen amigos ni confían
en nadie. Actúan por instinto en su trayectoria y van moviendo
sentimientos con habilidad porque tienen la capacidad de hacerlo
como el mejor vendedor del mundo. Venden ideas al igual que un
predicador que pretende salvar a los feligreses de sus propios
demonios.
La fuerza que tienen, como los huracanes, es ser carismáticos y
de eso se fundan para tomarse por asalto lo que esté de frente.
Ya en el poder sus instintos psicopáticos comienzan a saltar
como pulgas a picar todo cuanto esté a su alrededor. Cuando era
niño las pulgas, los chinches, los piojos y las garrapatas era a
lo que más le temíamos. Hacen tanto daño en la naturaleza humana
que constantemente los estamos combatiendo. Pero ellos hacen
parte de nuestra existencia.
Lo que está pasando ahora, es igual que un huracán que se está
formando, que sabemos dónde comenzó y donde va a terminar. Pero
a su vez desconocemos cuáles van a ser los estragos que esto va
a causar cuando llegue la calma. A pesar de que en Colombia no
ha habido ninguna calma por más de un siglo.
La guerra de los mil días, la guerra del trapecio amazónico, la
violencia que despega en los años 50s y las demás guerras
desatadas por falta de visión de los políticos que pusieron a
enfrentar los que ellos llaman clases sociales o estratos.
Ha sido un país de líderes inservibles, perniciosos y ladrones
de la cosa pública. Nos ha faltado amor propio y dirección de
equipo para que el establecimiento no sea una burocracia que se
amamanta del erario. El pueblo pone sus representantes para que
ellos le ordenen lo que tienen que pagar por tenerlos en el
poder.
Lo que unos medio organizan, vienen otros y desbaratan para
mantener unas utilidades permanentes y vivir de los impuestos. Y
el pueblo ignorante sigue arreando a los mismos políticos a
sabiendas que los van a degollar.
Por lo menos sabemos cuándo va a nacer un huracán y le podemos
hacer el seguimiento por donde va a pasar y tratar de salvarnos
de su furia, pero de los políticos es un albur. |
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Qué lee Gardeazabal
RESEÑA DE “La
niña de La Loma”
de Gerardo Meneses
Editada por Loqueleo

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Audio:
https://www.youtube.com/watch?v=eMeBvK97qtY
Gerardo Meneses es un reconocido y admirado
profesor de la Escuela Normal de Pitalito. Sin salir de su
terruño, Meneses ha logrado recibir premios por doquier con sus
narraciones para niños y jóvenes.
Los ha logrado en Colombia y en Alemania y en
Grecia. Hace parte de la lista White Ravens y de la de IBBY. Ha
sido editado desde 1986 por varias casas especializadas en esta
clase de literatura y como tal ha resultado siendo leído por
miles, por millares de jóvenes colombianos y aplaudido por
ancianos como yo.
En esta oportunidad ha sacado “La niña de La Loma”, una
narración prolongada quizás demasiado para los fugaces lectores
de hoy, pero dotada de una característica que la hará sin duda
alguna universal: está tan ingenuamente narrada que se vuelve en
una joya tramada para independizar a sus personajes y hacerlos
sobresalir con una tensión cortaziana.
Así puede llevar al personaje de la orfandad a la convivencia
con el padre viudo, reemplazando espacios y cariños. Pero de
manera contraria recrea el ámbito provinciano, el olor a los
efectos lejanos o cercanos de la guerrilla o el afecto por el
pueblo más distante aún donde su padre, médico, ha conseguido
que lo trasladen desde Bogotá para matar la pena por la muerte
de su esposa, la mamá de la niña personaje que se crece página
tras página mientras reinterpreta los silencios o decisiones de
su progenitor.
Es un libro que puede leerse con esperanza o con lágrimas en los
ojos. Mira el mundo desde el ángulo que también lo viven y
sufren una chiquillada preadolescente que, como tantos millones
de colombianitos, corre la aventura de ir conociendo el amor
mientras recorren el pueblo en un par de bicicletas o mirando la
pantallita del celular.
Este libro, entonces, debe tener mucho éxito entre la
chiquillada que pese a la frigidez de la modernidad digital, o
parapetada con su ayuda, sigue descubriendo el amor y repitiendo
las curvas o ilusiones que sus lectores recorrimos hace tanto
tiempo y que acaso hasta lo habíamos olvidado.
Repito, ¡es una joya!
El Porce, abril 7 del 2024
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