Bogotá, Colombia -Edición: 628

 Fecha: Domingo 14-04-2024

 

 

Página 12

   

COLUMNISTAS

 

 

 

TERMINÓ EL ATRACO, PETRO-OCAMPO A LAS GENERADORAS DE REGALÍAS!

Por : Álvaro Ramírez Gonzalez
alragonz@yahoo.es

 

Nunca me gustó el ministro de Hacienda José Antonio Ocampo.

Petro lo fichó como una estrella, pero fue el ministro de Hacienda que alcahueteó todas las picardías que tuvo que hacer Ernesto Samper, para no caerse de la Presidencia de la República.

Recuerden el proceso 8000, en el que Samper terminó descaradamente absuelto, después de todas esas picardías que compraron los votos de la Comisión de acusaciones de la Cámara de Representantes con el fallecido Heine Mogollón a la cabeza.

 

Ocampo fue el ministro de Hacienda de Samper y del proceso 8000.

Por eso nunca me gustó.

El mismo Ocampo fue el ministro estrella que fichó Petro y después en su estilo, lo echó como a un perro.

Ocampo se enteró que ya no era ministro por los medios.

Fue Ocampo quien tramitó y sacó aprobada la única reforma que le ha pasado a Petro: la tributaria.

En esa reforma Ocampo, consecuente con la política Petro, de acabar con las empresas extractoras de Petróleo, Carbón y Níquel, metió un artículo perverso por ilegal, y un verdadero exabrupto contable y tributario.

Un vulgar raponazo a las compañías extractoras.

Ellas pagan unas sumas multimillonarias por regalías, a los municipios donde operan, que después el ministro Juan Carlos Echeverry diseño una fórmula para repartir un pedazo de ellas, a todos los demás municipios no productores.

Esas sumas millonarias, que repartían las petroleras, carboneras y productoras de níquel, son natural y contablemente un gasto para esas Empresas.

Como tal, lo restaban de sus ingresos para llegar a la utilidad final de las Empresas y sobre esta cifra, pagar el impuesto a la renta.

 

Así se hace en todo el planeta.
 

 

 

Ocampo presentó en la reforma un artículo que le prohibía a las compañías extractoras, deducir de sus ingresos, esas regalías.

 

Un verdadero esperpento contable, tributario y legal.

Eso representaba para esas empresas un sobrecosto absurdo y monstruoso en sus finanzas.

Petro quería y quiere acabarlas.

 

Por muchos meses esta absurda norma tuvo a las extractoras sometidas a pagar esa suma ilegal y violatoria de todas las normas contables del planeta.

En noviembre pasado la Corte Constitucional tumbó esa norma de tajo.

El gobierno Petro apeló con tutela y en última instancia, comoquiera que ese atraco le daba $3,3 billones anuales de ingresos a la Nación.

Y acaba de ser negada en última instancia esa tutela por un Tribunal.

Recuperan las Empresas extractoras, unos recursos gigantes que el Estado les estaba robando.

Y se cae un esperpento contable, tributario y legal del ministro Ocampo.

Por eso y todo lo de atrás, jamás me gustó.

Me parecía oportunista y acomodado.

Y hoy, además, abusivo e irresponsable.

¡Y Petro lo sacó por el shut de basuras!

 

Ira, prejuicio, repugnancia, estigma y victimización

Por: Guillermo Navarrete Hernandez

 

Martha Nussbaum, en el libro La Ira y el Perdón (2018), al analizar la ira, que surge de un perjuicio perpetrado a alguien y que produce daño, podría tomar de suyo dos caminos: la venganza, en el que la víctima, personas allegadas a ella o quienes crean solidaridad por lo sucedido, consideran necesario que el victimario sufra consecuencias negativas para igualar el menoscabo de la dignidad de aquella y corresponde a un mecanismo de justicia–retributiva-, de la cual habitualmente debe ocuparse el Estado como garante de los derechos fundamentales de los involucrados. La de transición, con un sello prospectivo, orientada al establecimiento de responsabilidad por la falta cometida y de la verdad, sustanciales para alcanzar
 

 

 

escenarios de perdón y evitar la repetición de tales conductas en la búsqueda del bienestar futuro, no sólo de la víctima sino de la sociedad –restaurativa-.

 

Al hacer una diferenciación de varios sentimientos asociados a la ira, me llama la atención del de la repugnancia, que la define como una fuerte aversión a aspectos que nos recuerdan que somos mortales y animales, como las heces o características de otros animales como el de ser babosos y apestosos, que al tener contacto con estos puede contaminar a otras personas. Creencias falsas que se proyectan sobre grupos humanos que no poseen tales propiedades (pp. 87-88). Ámbito en el que pueden y suelen encontrarse expresiones del tipo “son una plaga, son unas ratas, son bichos raros o dan asco”.

 

El prejuicio negativo es el primer síntoma que aparece, en tanto y cuanto se basa en una idea generalizada sustraída de fuentes no confiables (Sánchez, 2017, p. 260, en cita de Fricker, 2007). En dicho marco y de manera inconsciente, surge la estigmatización, una conducta que tiende a referirse peyorativamente acerca de un determinado grupo social con fundamento en sus características o particularidades, por ejemplo, pertenecer a una etnia o ejercer un oficio. Señalamiento que busca diferenciar, excluir y provocar animadversión.

 

En este punto la frontera al uso de la violencia sobre esos grupos es bastante estrecha. El apartheid en Suráfrica, el holocausto provocado por los Nazis, en Colombia, la persecución a poblaciones indígenas, negras y palenqueras, así como el exterminio de un partido político o la victimización generalizada en contra de poblaciones por señalarlas de colaboradores de la guerrilla, el ejército o los paramilitares. Todas con cientos de miles de personas muertas, desaparecidas y desplazadas.

 

La salida a esa espiral, se encuentra, según Nussbaum en la ira de transición, pero para dicho propósito se requiere de, no sólo decisión y actitud de la sociedad sino un aparato estatal capaz de interpretar estos fenómenos para la construcción de una política pública a través de la cual se implementen acciones sistemáticas que transformen narrativas, cultura, identidad, valores y principios. Los procesos de justicia transicional que se vienen desarrollando, son un buen avance, pero debe acompañarse de una reforma a la justicia que instaure una política criminal seria, que reduzca los índices de criminalidad, determine caminos alternativos de condenas basados en la verdad, la restauración, la reparación y el perdón. Ese es el gran clamor de las víctimas del conflicto armado en nuestra patria.

 

A esto debería contribuir los líderes políticos, en lugar de seguir en su cadena de siembra de odio, de no escucha y falta de compasión.

 

 

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