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EDITORIAL
Asamblea
Nacional Cafetera
Del tres al cuatro de abril
pasados, 1.700 pequeños y medianos caficultores y caficulturas
del país asistieron a la gran Asamblea Nacional cafetera para
establecer un diálogo directo y respetuoso con el gobierno
nacional y recibir los aportes con agradecimiento y bondad,
respecto de temas complejos como: los precios externos del
mercado, fortalecimiento asociativo social, vivienda cafetera,
conectividad, productividad, tipos de producción, fertilización,
cambio climático, cómo hacer más productivo el café,
estabilización de precios, financiamiento para el fondo de
estabilización de precios y agro industrialización para exportar
café con valor agregado.
La propuesta de cien años más de caficultura con justicia social
y económica para todas las familias cultivadoras del grano,
parte de la premisa de que el campo se volvió viejo y que
necesita de relevo generacional con jóvenes que acudan al
llamado sociativo de acceso a la tierra, que no sean tocados por
la guerra, que entiendan y compartan los principios de la
economía solidaria, que tengan el conocimiento pertinente y
sistémico para producir agroecológicamente y, entiendan y sepan
adaptar la agricultura al nuevo contexto del cambio climático
para construir otro país. Una renaciente civilización y una
nueva forma de hacer caficultura.
Dado que la caficultura se expandió por todas las regiones del
país para lograr las metas de mejorar la calidad, el proceso de
industrialización y el comercio justo, la Asamblea y el Gobierno
Nacional reconocen la gran diversidad cultural y agrícola
existente y por eso se acuerda un tratamiento diferenciado para
atender y solucionar las problemáticas del mercado en cada una
de las regiones del país. Se requiere pues mejorar la calidad,
centralizar los procesos, estandarizar los productos, construir
parques agro industriales, cobrar más por lo que se hace, pero
hacerlo bien para exportar café tostado y molido, es decir,
proceso y valor agregado desde el origen.
Se requiere implementar acciones estratégicas para la producción,
el comercio y el consumo justo del café para que el campesinado,
mujeres y hombres, vivan con dignidad y la ciudadanía disfrute
el café con los aromas diferenciados provenientes de las
regiones. Se aspira a la reforma de los estatutos de la
Federación, modificando los requisitos y restricciones que ésta
impone para que los pequeños productores no puedan vender su
café; también se solicita acompañamiento permanente y
formalizado para la elaboración de los documentos y su trámite
para obtener registros Invima, sanitario y código de barras.
Esto garantiza el acceso y oferta a procesos de compras públicas.
Urge, además, que el Gobierno Nacional sea el importador directo
de los fertilizantes e insumos que requiere la producción
campesina, que haga realidad la oferta de que el Banco Agrario
va a facilitar el crédito a los pequeños productores con tasa de
interés diferenciada que les permita pagar los préstamos sin
sentirse en manos de una entidad “gota-a-gota”.
Durante la Asamblea se eligieron de manera provisional los
representantes de la Cadena Productiva del Café, que no existía
y que a partir de la fecha hará parte de las cadenas productivas
adscritas al Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural.
La Asamblea Nacional Cafetera de asociaciones y cooperativas
formalizo un acuerdo con el gobierno nacional para impulsar
trece puntos: asociatividad solidaria cafetera; fortalecimiento
social de la caficultura; activación del fondo de estabilización
de precios del café; reforma agraria cafetera; producción
cafetera sostenible y servicios ambientales; transformación
productiva hacia una industria asociativa y tecnificada;
democratización del crédito para el crecimiento de la
caficultura; fortalecimiento del proceso de producción;
extensión agropecuaria diferencial; viveros y producción de
semillas; promoción de la gestión del riesgo a través de la
asociatividad; turismo cafetero; aprovechamiento de incentivos
propuestos en el pacto verde.
Finalmente, se pide hacer ferias del café en las que el pueblo
colombiano pueda degustar las más de trescientas ofertas de
variedad de café orgánico y en las que las mujeres recolectoras
y chapoleras sean la nueva imagen cafetera de Colombia ante el
mundo.
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¿A dónde van nuestros
impuestos?

Por: Zahur
Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Esta práctica milenaria que han impuesto los soberanos a sus
súbditos y hoy en día el Estrado que va de la mano de los
políticos, nos comprime y nos hace vomitar nuestras viseras para
que el establecimiento sobreviva.
En el mundo primitivo siempre ha sido normal esta práctica
gubernamental. Y para todos es lógico que esto se haga sin
ningún cuestionamiento y sin un raciocinio sobre dónde irán esos
dineros que recibe el Estado.
Las sociedades han evolucionado genéticamente y lo que antes era
una práctica normal hoy es un hecho cuestionable, porque esos
dineros salen del esfuerzo de millones de seres que trabajan y
pagan impuestos y no reciben nada a cambio.
Nuestra sociedad se siente acorralada por la cascada de
impuestos que le vienen imponiendo en nuestros días los
políticos al pueblo. Esto hace que el crimen aumente y la
corrupción se afinque en las instituciones de Estado y esta
simbiosis impida que las ciudades crezcan saludables.
Los impuestos que recibe el Estado diariamente, son fortunas que
desaparecen sin que nadie se entere a dónde fue a parar esas
contribuciones. De ese erario sólo una mínima parte llega a los
sitios que realmente deberían recibir esos dineros.
La ignorancia del pueblo es la base para que crezcan estas
situaciones y nunca ellos reciban lo que les pertenece y por lo
que han pagado.
La salud pública es una de las infraestructuras donde deben ir
esas contribuciones, pero solo llega gota a gota unos dineros
para que sobrevivan y la gente gravite como si ellos fueran los
culpables de lo que está pasando. Si la salud falla, el sistema
se desploma y eso es lo que está pasando cuando se desvían lo
recaudado.
La medicina privada es uno de los más grandes negocios porque
ella vive de millones de pacientes que pagan de sus bolsillos
los costos de la atención médica. A su vez hacen simbiosis
con las aseguradoras para que todo funcione en beneficio de
ellos y no de los pacientes.
Es una obligación del establecimiento velar por la salud del
pueblo, porque ese pueblo es el que sostiene el establecimiento
y mantiene la economía en movimiento. El pueblo paga para que
todos los servicios básicos sean cubiertos con el pago de sus
impuestos y no para sostener una burocracia del Estado que le
paga a miles de empleados con sueldos como prestación por haber
apoyado al candidato en la campaña electoral.
Si la sociedad tuviera un mayor conocimiento de cómo funciona la
economía de un país y estuviera atenta del movimiento de esos
dineros, no pasaría tantas necesidades en el transcurso de su
vida. Porque los políticos ya no serían políticos corruptos sino
servidores públicos que se acogen a las leyes que rigen una
comunidad.
La gran mayoría de los países están como están,
es porque los ciudadanos creen por acto de fe lo que dice un
individuo en
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campaña y no porque realmente conocen la economía de su
territorio.
Estudia bien al candidato, que ha hecho y en que ha triunfado,
Ahí tienes la respuesta de lo que será el futuro.
QUE LEE GARDEAZABAL
La vida de
Antonio Arango
Reseña de la biografía del banquero manizaleño de Pedro Felipe
Hoyos

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Audio:
https://www.youtube.com/watch?v=18gRBprkc0o
No es muy común conseguir en un libro biográfico una radiografía
paralela del temperamento, características y comportamiento de
los ciudadanos que rodean durante su vida al personaje central.
En este libro titulado “ANTONIO ARANGO GUTIÉRREZ,
la biografía de un banquero manizaleño”, se consigue tal éxito
de manera magistral y muy por encima del desorden y el descuido
con que fue armado por falta de curia editorial.
Por sus páginas se puede entonces conocer los
elementos constitutivos de esa manera tan peculiar y tan
renombrada de cómo actuaron las gentes de Manizales para llegar
hasta donde llegaron al promediar el siglo 20.
Usando como pretexto la vida del abogado Antonio
Arango Gutiérrez, un luminoso fruto de los troncos familiares de
sus abuelos, los generales Marcelino Arango y Pompilio
Gutiérrez, el historiador Hoyos Körbel logra contar cómo se fue
construyendo Manizales de pueblito paisa de bahareque a ciudad
procera de hierro y cemento.
Como tal plantea una verdad de puño aunque se
atreve a juzgarla al mismo tiempo como el origen del posterior
derrumbe en que ha caído por estos días.
Para él, y para muchos, Manizales adquiere su prestigio y su
respeto porque fue capaz de reconstruirse luego de los incendios
de 1922, 1925 y 1926, que la consumieron en un 80%. Y para
cualquier lector del libro resulta muy fácil deducir que esa
batalla heroica pudo librarse porque al mando de Manizales
estaba, en la primera fila o tras bambalinas el abogado Arango
Gutiérrez, que ejerció más como el banquero excelso que como el
jurisconsulto que llegaría a ser magistrado de la Corte Suprema
si la muerte no lo hubiese interrumpido unos días antes de su
posesión.
Sin duda alguna era un monstruo del pensamiento y
de la acción. Sus escritos políticos y económicos publicados en
este libro son apabullantes. Su gesta como concejal, como
secretario de despacho de alcaldes y gobernadores, pero sobre
todo su habilidad mayúscula como banquero en una ciudad quebrada
económica y físicamente, lo mitificó para siempre.
Lástima que esa clase de gente no la haya vuelto a parir
Manizales porque la reemplazaron por una casta dirigente de
oligarcas pobres, aferrados a ordeñar sus presupuestos públicos.
El Porce, abril 14 del 2024
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