Bogotá, Colombia -Edición: 630

 Fecha: Viernes 19-04-2024

Página 9

 

    

\\ OPINIÓN //

 

 

 

EDITORIAL

 

Armonizar el cuerpo y la mente

 

Día tras día los colombianos predican contradicciones. Algunos hablan de paz, pero no ven nada de malo cuando sus allegados acuden a la violencia, de hecho, la violencia que provocan con sus discursos son mucho más sangrientos que cualquier herida provocada por un acto de violencia. Después de todo estos discursos siempre son los que mueven las acciones. Es de esta manera como las palabras y las acciones nunca logran alojarse en un mismo sentido, de hecho, parecen puntos totalmente extremos.

La división entre acciones y palabras genera en sí un gran problema para el buen vivir. Después de todo implica que no hemos aprendido a vivir, a que nuestro cuerpo sigue actuando por formas irracionales y no por prototipos de la razón, entonces si la razón no es la que mueve nuestro cuerpo ¿qué papel juega la razón? Ninguno, la razón ha dejado de pensarse, ahora sólo funciona como un recepcionista de memorias, pero nunca, como alterador de aquello que nos es ofrecido por la tradición. Que la razón sea utilizada para recordar y no para pensar implica que el mundo ha dejado de desarrollarse, se ha detenido y ha dejado que otros piensen por ellos, lo que en sí lo hace entrar en contradicción entre lo que en verdad desean lograr y la recta razón que es proporcionada por las grandes estructuras.

Cuando el ciudadano colombiano sea capaz de poner en duda la recta razón y se asquee del sentido común, es allí en donde el cambio se mostrará con fuerza, es allí en donde la conciencia del ser humano sobre sí mismo logrará entender que su modo de ser en el mundo, proviene de su conciencia en el mismo, y este modo de ser en el mundo nunca es en solitario, ni mucho menos ser subordinado, sino que se es con el otro, sin por ello perder la autonomía.

Cuando la autonomía llega el ser humano se proyecta sin contradicción, sus acciones y palabras son un retrato de lo mismo, sus acciones se tornan muchísimo más efectivas, y es en la efectividad en donde las dificultades son posiblemente solucionables, sin contradicciones entre lo que se piensa inconscientemente y lo que se lleva a cabo.

 

 

 

 

Lo que la sociedad no sabe de sus derechos

Por: Zahur Klemath Zapata

zapatazahurk@gmail.com  

 

La gran mayoría cree que lo que está escrito es palabra sagrada o una verdad confirmada. Pero la verdad es que los escritos son una verdad relativa ajustada a una realidad de nuestra imaginación. Por eso es que el ser humano se expresa en relación a esos conocimientos escritos por otros seres humanos y no salidos de la nada o por fuerzas divinas.

 

Nuestras vidas están regidas por otros que se creen dueños de nuestra existencia y nos ordenan a hacer o actuar según sus ideas, pero una minoría actúa bajo sus principios y sus conocimientos, por eso los llaman rebeldes o enemigos del establecimiento.

 

La constitución de un país es simplemente los reglamentos que se le imponen a una sociedad a seguir porque son establecidos por un grupo que piensa que es lo mejor para todos, pero en la realidad es el pensamiento unificado de un grupo social y el resto vive bajo esas leyes implantadas.

Normalmente bajo esas leyes establecidas se busca la protección de la sociedad dentro de estos estatutos y que permitan la sana convivencia entre todos los asociados a esa constitución. Pero la realidad es que quienes administran esa nación viven del establecimiento que se ha creado para beneficio de todos y la sociedad solo recibe lo que a bien los administradores quieran darle a sus electores. Cosa que no debe ser así.

Es normal oír hablar que el establecimiento le está dando gratis ciertos servicios o asistencia a la sociedad en momentos de desgracias o calamidades. Pero la verdad es que el establecimiento simplemente está cumpliendo con un deber de entregar a la sociedad lo que a ella le pertenece por derecho.

Ese derecho nace en el momento en el que el ciudadano paga impuestos o sus contribuciones para que ese establecimiento los recaude y así tener esos recursos para proporcionarlos a la comunidad porque son de ellos y no del establecimiento.

Nada es gratis cuando viene del establecimiento. Esos bienes son de la sociedad porque ella es quien se los ha proporcionado para que se acumulen y sean usados para la infraestructura y costos relacionados al bienestar de la sociedad y no para sostener una burocracia la cual se establece porque los políticos desvían esos recursos para pagar los compromisos que se hicieron durante la campaña electoral.

Cuando te dan algo que viene del gobierno o del establecimiento no te lo están regalando sino devolviéndote por lo que ya has pagado con anterioridad en impuestos, cuándo
compras algo y pagas el 19% o por

 

 

 

cualquier impuesto que pagues.

El establecimiento no te está regalando nada.

 

LA EXTORSIÓN REVENTÓ EN BOGOTÁ
Crónica #863

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

Audio:

 

https://www.youtube.com/watch?v=3jVZB_JKwEA

 

Los abrumadores medios bogotanos siempre menospreciaron vergajamente a la extorsión como un delito provinciano. Igual hicieron en los años de la violencia partidista del 48 al 58 del siglo pasado, que no tocó a Bogotá, y para ellos fue una guerra lejana y más anecdótica que otra cosa.

Parecía que Bogotá estaba vacunada también contra las extorsiones que en Barranquilla o en Tumaco, en Cali o en Ibagué denunciaban ciudadanos, comerciantes la mayoría de las veces.

Siempre se minimizó. Si El Heraldo contaba que en Soledad habían cerrado negocios porque no podían pagar la extorsión y que en Malambo habían matado a fulano o perencejo por no pagar, los medios bogotanos convencían a sus lectores y oyentes que esos eran chismes parroquiales elevados pendejamente a noticia nacional.

Cuando yo conté del régimen de extorsión que se implantó en Tuluá y detallaba como se formaron carteles para no dejar vender alimentos perecederos, apenas si decían en voz baja o en redes que esas eran novelas que se inventaba el marica de Tuluá.

Pero como la situación económica se les fue complicando a muchos. Como las autoridades policiales encontraron fórmulas para responsabilizar de esas extorsiones a presos que usaban celulares desde las cárceles y en las oficinas gubernamentales en Bogotá creyeron que menospreciando ese azote infernal nunca llegaría, la extorsión tocó las puertas de la capital y por estos días estalló.

Ya todos los medios hablan de las distintas modalidades y en breve contarán cómo les hacen estallar granadas en los negocios donde no paguen y quizás hasta lleguen, como en Tuluá, a cortar cabezas para aterrorizar mucho más.

Porque no lo pueden olvidar, del General Salamanca hacia abajo, que la extorsión es un acto terrorista.

Que quien recibe la llamada o el panfleto exigiéndole un pago para poder seguir trabajando o seguir vivo, se aterroriza. Pilas alcalde Galán que se lo come el coco.

El Porce, abril 19 del 2024

 

 

 

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