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Bogotá, Colombia -Edición: 636 Fecha: Viernes 03-05-2024 |
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COLUMNISTA |
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Un bel morir tutta una vita onora
Por: Jotamario Arbeláez
"Muertes heroicas, si las hay, por la patria, por la libertad, por el pueblo, estarían mandadas a recoger".
Templando en el octavo piso de la temporalidad concedida por la
existencia terrena, así me sienta sano y salvo con los siete
cuerpos mortales y el alma imperecedera, la ruptura del hilo de
plata se me puede presentar en cualquier momento, en cualquier
recodo, en un país por la violencia y la corrupción. En principio supuse que se trataba de
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exaltar las muertes heroicas, como la de Lord Byron en Missolonghi por la independencia griega, como nos cuentan, pero según el informe médico fue de malaria. Muertes heroicas, si las hay, por la patria, por la libertad, por el pueblo, estarían mandadas a recoger. Como las de los kamikazes japoneses o los que se fueron de cabeza para abatir las Torres Gemelas. Muertes atroces autoinfligidas que no alcanzaron a ser premiadas ni por el Emperador Hiroito ni por Alá.
No creo tampoco que sea un bel morir por los
otros, como hizo Jesucristo en el Calvario, Girardot en el Bárbula y Ricaurte en
San Mateo. Ni las de tantos santos en el martirio. Ni suicidios magnicidas como
el de Mishima a través del seppuku por la pérdida del poder y de la divinidad de
Hiroito, ni los de Andrés Caicedo y María Mercedes Carranza, autores de Que viva
la música y Tengo miedo, con sendos frascos de seconal y antidepresivos. |
lo protegió la propia señora.
También tenía 58 años Atila, El azote de Dios, cuando después de perdonar la invasión a Roma con su horda de hunos, por la misteriosa mediación del Papa Inocencio, decidió contraer nupcias con la princesa germana Ildico, y luego de una bárbara charanga y en medio de la jornada desfloradora el desfloripado fue él con la daga de la novia que le atravesó la garganta, similar a lo que hizo Judith con el gigantesco Holofernes. No fue ningún bel morir el de aquel que por donde pasaba con su caballo no volvía a crecer la hierba.
Tampoco habría que confundir tal máxima con la muerte del justo de las vitelas
religiosas, ni con morir en la cama como los generales y Tirofijo, el decano de
las guerrillas, ni el de los bomberos en los rescates. Ninguna de tales
defunciones se merece el rubro de bel morir.
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