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EDITORIAL
El contrato de
la paz
La paz es el producto de
intercambio más antiguo y eficiente de la historia. Desde el
principio de las civilizaciones el deseo de la paz ha sido el
lienzo desde donde se crean las grandes estructuras culturales,
en donde los integrantes de una sociedad inscriben lo que para
ellos es la paz, oculto bajo los deseos que manifiesta. Pero, en
este juego de conseguir el producto llamado paz se entrega otra
característica propia del ser humano su libertad, ya muy bien
Hobbes anunciaba este intercambio social, uno en donde en busca
de obtener tranquilidad o paz, el ser humano entregaba su libre
albedrío, sus derechos naturales y demás, es decir la libertad
total. Sin embargo, esta libertad no sólo se intercambia, sino
que pasa a formar parte de otra libertad que ahora tiene la
libertad de todos los seres a los cuales les brinda paz.
Estas libertades adquiridas son la razón de los grandes poderes
actuales. No obstante, este intercambio se da siempre desde un
contrato constante, es decir, siempre y cuando se adquiera paz,
la libertad del sujeto es limitada por su proveedor, pero ¿este
contrato se cumple en la actualidad? ¿Colombia tiene paz? en
efecto, una negativa siempre es la respuesta, en todo el país;
de norte a sur, de oeste a este y en todas las combinaciones
posibles, Colombia es un país con poseedores de un contrato que
no se está cumpliendo, pero que si se le está cobrando, pues la
libertad sigue siendo exigida, actuar siempre de acuerdo a la
voz de las grandes reglas que nos rigen y dicen como ser.
La conclusión de esta reflexión es que somos acreedores de un
contrato incumplido, promoviendo de esta manera la necesidad de
exigir nuestra libertad para así volverla a intercambiar de
nuevo, con alguien que sí cumpla el contrato que me traiga paz.
Que nuestra libertad regrese significa la posibilidad de una
reorganización de principios y bases de lo que entiendo como paz
y no simplemente seguir adquiriendo una paz anticuada y vieja,
que ya impide que mi intercambio sea equivalente.

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68 millones de
habitantes menos en el planeta

Por: Zahur
Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Cuando era niño la gran mayoría
de mis amigos venían de familias de más de 8 hijos, mi amigo
Iván Ceballos me contaba que él tenía 23 hermanos. Yo le dije
que ya ellos podían jugar fútbol entre la familia. Nos reímos y
seguimos caminando al Tonchala Bar.
En la Primera y Segunda Guerra mundial hubo más de 46 millones
de muertes, a eso agréguele los muertos en la época de Stalin y
Mao, para terminar la pandemia del Spanish Flu dejó casi la
combinación de las dos guerras.
Esto no es nada a lo que se está viviendo ahora sin necesidad de
disparar un solo tiro. Los chinos pierden población alarmante,
ya que se pueden ver pueblos sin habitantes y complejos de
viviendas para más de 5 millones de residentes abandonados. Por
toda Europa es el mismo fenómeno, Suiza y Suecia en los próximos
50 años su población nativa habrá desaparecido. Cuba es el que
más pierde población en América Latina y México está frenado el
crecimiento después de ser el de más alto crecimiento
poblacional. Colombia no tiene 50 millones de habitantes como
dicen, está por los 38 millones y sigue perdiendo. Lo que uno ve
es gente venida del campo a vivir en las ciudades y eso es lo
que impresiona a la gente. No se puede decir que no hay
población porque se fastidia la economía. Porque no hay demanda.
Se está construyendo mucho, es verdad. La razón es que hay mucho
dinero flotando en el planeta, hoy hay más riqueza que antes en
términos económicos y está concentrada en más del 3% de la
población y hay que enterrar ese dinero en la construcción. Eso
siempre pasa cuando hay dinero de sobra, esos capitales no van a
ir a los bancos por el fisco.
Mis amigos de hoy viven solos y la gran mayoría no tuvieron
hijos, los otros tienen un solo hijo y eso no los reemplaza en
el crecimiento de la población, la que se reemplaza es la mujer
mas no el hombre, para reemplazarse es que tengan dos hijos con
la misma mujer, pero no aumentan la población. La única forma es
que tengan tres hijos y así se contabilizan.
Tengo un amigo que es padre de 8 hijos en 7 mujeres diferentes y
logró reproducirse con la que tuvo dos hijos, pero no aumentó la
población. Así que hemos perdido población en los últimos diez
años a más de 68 millones de habitantes. Desde el 2013 el
planeta comenzó a perder población a más del 1% anual. Y esto ya
no va a parar.
Haga usted las cuentas de cuántos amigos tiene y cuántos hijos
tiene cada uno y la respuesta de los jóvenes de cuantos ellos
quieren tener, ahí tiene la respuesta a lo que he venido
diciendo.
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QUÉ LEE
GARDEAZÁBAL

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Cuando te miro llego al fondo
de ti
Libro de poemas de Zahur Klemath
Editado por Pijao
Audio:
https://www.youtube.com/watch?v=wGXaMnGRscc
La poesía es una tentación en la que muchos seres humanos caen
en algún momento en su vida. Entre quienes la han vencido hay
bastantes que se dejan contagiar y siguen cometiendo poesía a lo
largo de su existencia.
Hay muy pocos que se vuelven poetas y como tal no solo publican
sus poemas sino que organizan su vida y sus recuerdos sobre los
pivotes de los versos que han ido construyendo.
Uno de ellos, Zahur Klemath Zapata, nacido hace
80 años en La Virginia y hecho a pulso y en batallas entre
mágicas y quijotescas en Pereira y Paquistán, no solo ha escrito
poemas a lo largo de su prolongada existencia. Ha guerreado con
ideas locas, con innovaciones sin par y aunque ha recorrido el
mundo, se afincó en New York y desde allí montó su aparataje
para ilusionarse.
Por su mente y por sus manos pasaron los libros
digitales cuando Silicon Valley apenas si tomaba piso. Con su
editorial AZU, con su revista, con su último periódico digital,
con su entusiasmo, organizó congresos hace 50 años y hasta montó
cátedras en iglesias neoyorquinas.
Es una catedral de experiencias e ilusiones. Ahora, cuando la
senectud lo arropa, ha publicado una antología personal de los
mejores poemas de su vida. La gran mayoría editados y leídos
aquí o allá, pero sin adquirir la prestancia y el reconocimiento
que tan avaramente dispensa ese exigente género literario.
Son 5 bloques desiguales de poemas, separados por temporadas
desde 1962, barruntados unos, impecables otros, luminosos los
menos, pero todos volviendo poema íntimo su discutible trajinar.
Uno de ellos tiene versos que lo resumen bien:
“Siempre hay un día/cuando la bondad de la vida llega/Después
que las amarguras/y los dolores se unieron/para darle garrote a
las emociones”.
Leerlo, enmarcado por sendos prógos de Jota Mario y de Isaías
Peña, siempre resultará grato tanto para quienes le conocemos
dando trompicones en sus variadas aventuras como para quienes se
olvidaron de ese poeta en New York que no deja de pensar y
actuar como los más conspicuos pereiranos.
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