|
EDITORIAL
Jerarquía
La cosa política es un asunto
en el cual las personas que participan deben ser conscientes del
rol que están representando en la toma de decisiones, ya sea
como funcionario público de carrera administrativa, de elección
popular, por delegación familiar, lambón en el barrio, o sabio
sabelotodo en la cafetería y en el bar. La política compromete a
heterosexuales y no binarios. Es la palabra con la que se
organiza y ordena la faena diaria del suceso administrativo en
la administración pública.
Es el arte de concurrir en pleno, entre el pensamiento abstracto
representado en el ente del Estado que se construye de manera
colectiva siendo el constituyente primario quien hace su
constitución jerárquica, mediante la creación implícita en la
inteligencia colectiva y el individuo quien le da identidad a la
ciudadanía. El concepto de ciudadano libre en las ciudadanías,
es recíproco a las ciudadanías libres y no puede haber
ciudadanías libres sin ciudadanos libres.
La relación jerárquica en la biomasa humana es consanguínea en
el concepto en que las ciudadanías pertenecientes a la
diversidad étnica y cultural con sus respectivas identidades
sexuales son iguales porque todos son hijos de la madre tierra.
La jerarquía es el principio de igualdad sobre el acatamiento de
la autoridad que representa el concepto jerárquico patriarcal y
de hijo favorito que impone un orden jerárquico en la sociedad
capitalista.
La relación mejor adaptada entre la competencia y la
colaboración es la coordinación dialogada que hace posible la
realidad de transformar, de modificar, de cambiar con la acción
participativa la necesidad de satisfacer la plenitud de una vida
digna, con libertad, paz y amor. Lo que los funcionarios del
gobierno del cambio en el gobierno central cantan por los
pasillos ministeriales es ¡articulación! y el pueblo en las
movilizaciones en las calles responde ¡articulemos!
La palabra jerarquía viene del griego hieros (sagrado) y archos
(gobierno), así que en la jerarquía en la que el gobierno es el
pueblo, no puede haber un orden en el que se establece un
criterio de subordinación entre personas, animales y valores, ni
de orden jurídico jerárquico que pervierta las leyes que amparan
los derechos fundamentales con normas que los anulan.
Lo que el pueblo y su gobierno deben de entender es que a cada
ministerio de la rama del poder público llamado el poder
ejecutivo, se le ha asignado una competencia con su respectivo
manual de funciones y presupuesto para que concurra, es decir,
que llegue a los territorios de las entidades territoriales de
manera coordinada. Tanto al interior de sus propias dependencias
como con los otros ministerios y acorde con la prioridad que las
comunidades han determinado, ejecuten a satisfacción en
asociatividad. Eso es el buen vivir.
La articulación parece ser el clamor del pueblo colombiano y de
su gobierno. Se pretende romper la rigidez a las que están
sometidas las competencias por causa de los egos controladores y
acumuladores de poder, bienes de consumo y dinero. Es claro y
evidente que lo que se ha venido aplazando en Colombia es la
asociatividad. El gobierno del cambio tiene que ser modelo de
asociatividad interministerial en la ejecución de las políticas
públicas en el país de la vida, la belleza y la paz total.
|
|
La mafia que
controla el establecimiento

Por: Zahur
Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
La gran mayoría de los ciudadanos
se acostumbraron a vivir bajo la dominación de una casta que
decide sobre los intereses del resto de los ciudadanos. Siempre
fue así y se ha considerado como una cosa normal en el diario
vivir.
Hemos evolucionado
intelectualmente y físicamente, ya no somos primates que
carecemos de la capacidad de raciocinio kantiano y mucho menos
ahora de la razonabilidad que planteó filosóficamente.
El poder que ejercen ciertos individuos sobre los demás seres no
nace de un derecho divino sino de una actuación humana montada
en una creencia religiosa para poder manipular a quienes carecen
de la habilidad de razonar y rechazar las pretensiones de quien
se cree con los derechos sobre los demás.
La palabra mafia nace en los albores del siglo 20 en Sicilia
Italia en medio de una guerra entre Estados y luego se
transforma en una organización privada de interés económico
paralela al poder del gobierno. Este concepto ha perdurado hasta
nuestros días porque es una simbiosis que es difícil eliminar
por los miles de intereses individuales que están en juego
económico en ambas partes.
Hemos evolucionado biológicamente y somos más fuertes y
resistentes a las epidemias y a los ataques que entre ambos
bandos se propinan. Pero en el campo intelectual carecemos de
decisiones ágiles que nos permitan contrarrestar el manoseo que
a diario nos hacen quienes elegimos y nos arrebatan bajo
coerción nuestros derechos y plusvalía que todos tenemos de
nuestro trabajo.
Quienes manejan el establecimiento a nuestro nombre es una
organización interna, estilo mafia, para poder quitarnos toda
nuestra productividad para que ellos puedan vivir a expensas de
nuestro trabajo.
Nadie se da por enterado de lo que está sucediendo, calla la
gran mayoría y los que tienen el poder de rebelarse se sienten
intimidados por el poder de coerción que ejercen quienes
legislan y administran la cosa pública
La sociedad tiene el poder porque ella es el gobierno, el
establecimiento, y quien vota y el que al final decide cual es
el verdadero camino a seguir. Pero el temor como sucede cuando
la mafia entre a cobrar por protección, todos pagan para no ser
heridos, encarcelados o multados por los cobradores del erario.
Si se continúa bajo este terror y la gente no asume su
responsabilidad, es como si el rebaño de ovejas fuera cuidado
por lobos feroces que no dejan escapar ningún nacimiento del que
no puedan sacar provecho.
|
|
QUE LEE
GARDEAZABAL

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
EL FRACASO DE LA NACIÓN
Reseña del libro de Alfonso Múnera
Editado por Planeta
Audio:
https://www.youtube.com/watch?v=CuAtPHszHC0
Cada vez vamos encontrando más demostraciones de que la historia
de Colombia que nos han contado no fue la que sucedió.
El historiador cartagenero Alfonso Múnera, doctorado en la
Universidad de Connecticut, ha puesto en circulación la tercera
edición de su magno libro EL FRACASO DE LA NACIÓN, publicado en
el 2020 y que cada día que pasa se reafirma como la fotografía
fiel de la gran mentira que nos contaron sobre el 20 de julio de
1810 y el grito de independencia del 11 de noviembre de
Cartagena.
Con acuciosidad sorprendente Múnera demuestra como el
enfrentamiento entre los hispanos y criollos de la ciudad
amurallada con los enruanados pares de Santa Fé, venía desde
siglos atrás. Y con documentos verificadores va ensartando la
rencilla entre Bogotá y Cartagena hasta precipitar no solo la
rebelión del 20 de julio, hecha a medias tintas y con sonrojo
santafereño para no disgustarse con el rey Fernando el séptimo,
sino oponiéndose con el grito de independencia de España que los
comerciantes criollos cartageneros enfrentaron para separarse
definitivamente de la península.
El libro, llevado con maestría profesoral, termina concluyéndole
al lector que nosotros no fuimos nación ni en la colonia ni en
la independencia y que caímos en la trampa de la Patria Boba
porque los de Cartagena siguieron enfrentados a los rolos y los
unos se convirtieron en federalistas y los otros en
centralistas.
Fuimos y somos una nación fracasada porque o nos dividimos en
regiones por las dificultades geográficas o nos polarizamos por
los distintos influjos culturales, genéticos y raciales adobados
siempre con las interminables guerras o sus simulaciones.
Múnera, modestamente no propone la proyección de su
investigación hacia nuestros días, pero quizás en la lectura de
este libro esté el germen de la solución por regiones autónomas
que debemos asumir para salir del atolladero en donde seguimos
cayendo.
Sería una sabia motivación para que quienes nos gobiernan y
dirigen lean historia y no especulen con su ignorancia sobre
ella para decir bestialidades o reinterpretarla a su amaño
haciéndonos dar los tumbos que por estas calendas le van dando
al país.
El Porce, mayo 26 del 2024
|
|