|
EDITORIAL
Acto de Fe
En Colombia, las ciudadanías
opresoras y oprimidas, despiertan todos los días animadas por el
odio, el desprecio y la culpa. Las personas tienen días en que
sienten desprecio consigo mismas, una pérdida consciente de amor
propio causado por el aniquilamiento presuntuoso de la conducta
correcta que se impone de manera violenta contra sí mismo. La
culpa ataca al yo exigiendo castigo y la muerte repentina,
porque la culpa es inherente a la mortalidad. Muerte y castigo
para el gobierno y sus opositores es el vicio divertido de
litros de sangre con los que se ahoga el bienestar de la
sobriedad.
La culpa es el veneno con el que el régimen autoritario y
leguleyo en Colombia inocula el odio. Al yo se le reprime e
impide sentir placer, porque el orgasmo es a la vez una vida y
una muerte en el tiempo. El tiempo relacionado con el calendario
respecto del yo cuenta los días que cada uno va a vivir, porque
lo que le da contenido a la existencia es la vida. Y a la vida
las enseñanzas llegan tarde, “porque todo nos llega tarde”, ¡pero
llega! Y la sabiduría consiste en amar al prójimo como se ama a
uno mismo. Siendo esta la más sana regla de conducta individual
y social.
Lo que cuenta, la suma y la resta de la vida, es cada uno de los
días en los que se vive, el presente donde sucede la acción y la
conversación con uno mismo y el diálogo con otros respecto de la
insoportable levedad de estar viviendo y muriendo en los días de
rutina, si, esa rutina a la que se acude con beneplácito en la
tempestad azarosa del disturbio interior de la mente. Por eso
ante los sucesos políticos, el yo debe permanecer imperturbable,
seguro de sí mismo y en relación de seguridad con la otroriedad.
La humanidad no necesita de
constituciones, convenios, acuerdos y contratos sino de empezar
a practicar el principio de: “Te amarás a ti y así mismo, amarás
a la humanidad”. Así no tendrás deudas para con los dioses ni la
necesidad de pedirles favores.
Los pensadores que expresan sus opiniones en los medios de
comunicación y en las redes sociales tienen que reconocer que el
crimen y la corrupción son unos de los problemas estructurales
de la sociedad colombiana y que esa realidad no puede
ideologizarse, ya que estas son prácticas consuetudinarias de la
sociedad y sus gobiernos. Lo que el pueblo siente y piensa es
que estas costumbres se erradiquen del régimen corrupto y
criminal que corrompe a quienes quieren cambiarlo.
A los opinadores anclados en la culpa y el castigo se les
recuerda que en Colombia la Constitución Política prohíbe la
pena de muerte y que, de igual manera para los creyentes de los
diez mandamientos, les es prohibido matar. Tarea difícil de
cumplir bajo el régimen de corruptos y criminales, porque la
plata corrompe y el diablo es sucio.
Al pueblo le toca gobernar gobernándose así mismo, porque si
bien es cierto que existe el derecho al odio se ha de tener fe
que a lo largo de los días que restan de este gobierno y el
próximo gobierno, las mujeres, hombres y no binarios vivirán en
paz y amor. Porque de lo contrario muchos tendrán que migrar
tomando la “doble” Ipiales-Buenos Aires, ya que Caracas tiene
sus puertas cerradas.
|
|
Nos estamos
acabando y no lo percibimos

Por: Zahur
Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Cuando escribo algo sobre la
vida, pasan inadvertidas, como si nada pasara en la vida. Pero
al pasar los años esas cosas que he dicho salen a la luz por
otras personas que gozan de fama y que son visibles. A mi esas
parte no me preocupan sino que me llenan de gratitud.
En el 2010 escribí sobre crecimiento de población, hice un
análisis de lo que estaba pasando y pronostiqué que el planeta a
partir del 2013 comenzaría su descenso poblacional. A su vez
presenté un cuadro analítico en el que presentaba como iba a
estar la población en los próximos cien años. En él mostraba lo
que proyectaba la ONU y el Banco Mundial. Completamente
diferente al mío.
Hoy en día el cuadro que hice se ajusta a la realidad y lo más
interesante es que comenzaron a especular sobre este tema los
sabios sobre población.
Lo que me preocupa hoy en día es que la población mundial está
decreciendo aceleradamente en una forma que no lo había pensado.
Y a su vez la población femenina crece.
Las ciudades se están inundando de mujeres y su empoderamiento
se refleja en todos los estamentos. Esto está haciendo que el
equilibrio en el poder que las mujeres ejercen esté dando más
estabilidad a la que no existía. Las razones cada uno las puede
deducir por cuenta propia.
Hoy en día hay más ciudades abandonadas, el campo se está
quedando solo y la construcción de vivienda de familia ha
minorado. Lo que sí se está construyendo son edificios de
apartamentos y oficinas porque es una buena forma de enterrar el
dinero cuando este abunda. Y es lo que está pasando.
Un caso particular es la ciudad
de New York donde se está construyendo en una forma que se sale
de todos los límites y la ciudad ha perdido casi el 40% de su
población. Ya la ciudad no es la de los años 30 a los 80s donde
era casi imposible caminar por sus calles, está desolada y los
trenes pasan cada cuarto de hora y la gente tiene miedo en
viajar en ellos porque se han vuelto un poco peligrosos.
Otra de las cosas interesantes de
la ciudad es que es muy común ver grupos de hasta 10 o 15
mujeres juntas en la calle o en los bares y a veces acompañadas
por uno o dos hombres.
No es que el mundo se vaya a
acabar, sino que hay una gran transformación de lo que está
pasando en el planeta. Quizás unos de los expertos en la materia
salga a explicar que es lo que realmente esta pasando.
|
|
QUÉ
LEE GARDEAZÁBAL

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Reseña de Los
Alemanes
Gustavo Álvarez Gardeazábal
Novela de Sergio del Molino
Premio Alfaguara 2024
Audio:
https://www.youtube.com/watch?v=Ih1Sn8I0V8s
Sobre el fastidio que desde Bismark generaron los alemanes en
Europa, pero en especial sobre la historia pocas veces contada
del grupo de colonos alemanes que perdieron sus posesiones en
Camerún cuando el Kaiser perdió la primera guerra mundial, y que
llevaron a vivir como inmigrantes a Zaragoza a un grupo de
familias hanseáticas, esta novela construye, a trancazos, una
revisión entre histórica y melodramática del olvidado episodio,
el que con mucha dificultad solo se va poniendo agradable luego
de las primeras 100 páginas.
Contada con la técnica de varios narradores, varios personajes,
y juntándolos alrededor del más connotado de los hijos de uno de
esos alemanes de Camerum, del señor Schuster, dueño de una
gigantesca factoría de salchichas, se logra volver historia una
anécdota familiar, fantasmagórica la existencia y muerte de
Gabi, el famoso hijo músico de rock de la familia y elevar a
personajes de novela a su hermana, una política provincial
aragonesa y a su hermano menor, un docto profesor en Ratisbona,
todos descendientes de los alemanes de Camerun.
Mientras se recuerdan o reconocen frente al
espejo unos a otros. Mientras se descubren facetas de sus
infancias, se consigue traslucir la imagen del señor Schuster,
catatónico en un apartamento hospicio donde resiste su estado
vegetativo.
Es entonces cuando la novela entra forzada y
ridículamente en las tramas de los pasados nazis, el chantaje
judío y la agonía de los que están condenados a morir en sus
páginas por cargar algún cáncer incurable.
Es decir, es una novela salchipapa, donde embuten de todos un
poquito para al final convertirla en agradable hasta para los
que no sabemos alemán y no entendemos las muchas e innecesarias
citas en ese idioma que se hacen a paso de canguro quizás para
seleccionar lectores y obligarnos, a los que quedamos, a buscar
con la ayuda del traductor múltiple el verdadero significado de
esos abundantes dichos germánicos.
Una novela para leer a la carrera pero para olvidar muy
lentamente. Una novela vomitada del cenáculo de los
desacreditados premios literarios de los últimos años en España
que no es tan buena como se podría creer ni tan mala como para
olvidarla.
El Porce, junio 9 del 2024
|
|