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La OTAN
abandona el macroplan de ayuda militar de 100.000 millones para
Ucrania

La propuesta de ayuda militar a largo plazo de la
OTAN, inicialmente estimada en 100.000 millones de euros para
Ucrania, ha sido oficialmente descartada. La ambiciosa
iniciativa, concebida por el secretario general Jens
Stoltenberg, tenía como objetivo proporcionar a Ucrania una
certeza financiera y un respaldo robusto en el contexto de la
prolongada guerra con Rusia. Sin embargo, menos de dos meses
después de su anuncio, la Alianza Atlántica ha decidido
centrarse en una estrategia de apoyo anual más manejable.
Desde su presentación, la propuesta de Stoltenberg había
enfrentado críticas y escepticismo. El plan, que fue apodado el
"escudo anti-Trump" por su intención de proteger a Ucrania de
posibles cambios políticos en Estados Unidos, se consideró
demasiado ambicioso por varias naciones aliadas. La ministra
belga de Asuntos Exteriores, Hadja Lahbib, advirtió en abril
sobre el peligro de hacer promesas que podrían resultar
imposibles de cumplir.
La nueva estrategia de la OTAN se centra ahora en un objetivo
más modesto pero tangible: mantener un mínimo de 40.000 millones
de euros en ayuda militar anual para 2024. "Debemos mantener
este mínimo el tiempo que haga falta", declaró Stoltenberg en
una rueda de prensa. "Un compromiso a largo plazo demostrará a
Moscú que no nos quedaremos parados con los brazos cruzados".
Este enfoque paso a paso busca garantizar la previsibilidad y la
continuidad del apoyo a Ucrania.
El nuevo plan no debería ser difícil de alcanzar, según
Stoltenberg, quien subrayó que solo Estados Unidos ha
desbloqueado recientemente un paquete de ayuda de 60.000
millones de euros. La OTAN ahora se centra en cuantificar las
contribuciones de cada aliado en base a su Producto Interior
Bruto (PIB). Dado que el PIB de Estados Unidos representa el 50%
del total de la Alianza, se espera que su contribución sea
proporcionalmente mayor.
Además del paquete financiero, la cumbre de la OTAN en
Washington, programada para el próximo mes, abordará otras dos
cuestiones cruciales: la sucesión de Stoltenberg y la membresía
futura de Ucrania en la Alianza. La sucesión de Stoltenberg se
ha complicado con la aparición de nuevas candidaturas,
incluyendo la del rumano Klaus Iohannis, que cuenta con el apoyo
de Hungría, generando desconcierto en los cuarteles generales de
la OTAN.
En cuanto a la membresía de Ucrania, existe un consenso entre
los aliados de que el país no se convertirá en el miembro número
33 de la OTAN mientras dure la guerra. Sin embargo, la
declaración política de la cumbre probablemente mencionará el
"camino irreversible" de Kiev hacia la Alianza Atlántica,
enviando una señal clara a Rusia y ofreciendo garantías
adicionales al presidente ucraniano, Volodimir Zelenski.
La decisión de abandonar el macroplan de 100.000 millones de
euros refleja una reevaluación pragmática de las capacidades y
compromisos de los aliados de la OTAN. Aunque el enfoque a corto
plazo puede parecer menos ambicioso, la Alianza busca garantizar
que cada promesa de apoyo a Ucrania se cumpla con firmeza y
previsibilidad, un factor crucial para la estabilidad y la moral
de las fuerzas ucranianas en el conflicto en curso.
Con la cumbre de Washington a la vuelta de la esquina, la OTAN
está enfilando decisiones estratégicas clave que definirán su
apoyo a Ucrania y la futura estructura de liderazgo dentro de la
Alianza.
Líderes del
G7 acordaron crédito de 50.000 millones de dólares para Ucrania

En un encuentro clave celebrado en Italia, los
líderes de las siete democracias más ricas del mundo acordaron
otorgar un crédito de 50.000 millones de dólares a
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Ucrania. Este pacto histórico fue
alcanzado durante la cumbre anual del G7, que este año tuvo lugar en el
lujoso resort Borgo Egnazia, en el sur de Italia. Los activos rusos
bloqueados por Occidente tras la invasión de Ucrania en febrero de 2022
serán utilizados como garantía para financiar este crédito.
El presidente de Estados Unidos, Joe Biden; el presidente
de Francia, Emmanuel Macron; y los primeros ministros de Canadá, Justin
Trudeau; Reino Unido, Rishi Sunak; Japón, Fumio Kishida; y Alemania,
Olaf Scholz, fueron recibidos por la primera ministra italiana, Giorgia
Meloni, anfitriona del evento. Durante las conversaciones, se alcanzó un
"acuerdo político al más alto nivel" para destinar 50.000 millones de
dólares a Ucrania este año, según un alto funcionario de la
administración estadounidense que prefirió mantenerse en el anonimato.
El plan prevé utilizar los intereses generados por aproximadamente
300.000 millones de euros (325.000 millones de dólares) en activos rusos
congelados. Aunque el acuerdo es un avance significativo, aún existen
dudas sobre el destino de estos activos en caso de un hipotético acuerdo
con Rusia y sobre quién asumiría el riesgo en caso de impago.
El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, llegó a Italia para
participar en varias reuniones con los líderes del G7. Antes de su
llegada, Zelenski anunció en las redes sociales que Ucrania firmará
acuerdos de seguridad con Estados Unidos y Japón durante la cumbre, y
expresó su expectativa de obtener "decisiones importantes".
El apoyo a Ucrania, devastada por la guerra desde la invasión rusa, es
uno de los temas principales en la agenda de la cumbre, junto con la
situación en Gaza. Los líderes del G7 también respaldaron una propuesta
de tregua de Biden, que incluye la liberación de los rehenes capturados
por Hamás durante el ataque del 7 de octubre en Israel.
El Senado argentino
aprueba la "Ley Bases" de Milei en medio de protestas

En una sesión maratónica, el Senado argentino aprobó el
pasado miércoles 12 de junio la controvertida "Ley Bases", el ambicioso
proyecto de reformas impulsado por el gobierno del presidente Javier
Milei. Esta legislación, destinada a transformar el modelo económico y
social de Argentina, ha suscitado intensas protestas y disturbios en las
calles de Buenos Aires.
Tras once horas de debate ininterrumpido, la "Ley Bases y Puntos de
Partida para la Libertad de los Argentinos", conocida popularmente como
"Ley Ómnibus", fue aprobada con 36 votos en contra y 37 a favor. El
desempate fue decidido por el voto de calidad de la presidenta de la
Cámara Alta y vicepresidenta de la República, Victoria Villarruel. "Por
esos argentinos que sufren, que esperan, que no quieren ver a sus hijos
irse del país (...), mi voto es afirmativo", declaró Villarruel,
destacando la importancia del proyecto para el futuro del país.
Esta aprobación marca el primer respaldo significativo del Legislativo
al gobierno de Milei, quien asumió el poder hace seis meses con su
partido, La Libertad Avanza, siendo minoritario en ambas cámaras.
La "Ley Bases" propone una serie de reformas estructurales para
modernizar y dinamizar la economía argentina, reduciendo
significativamente el rol del Estado. Entre sus puntos clave, la ley
declara la emergencia pública por un año en áreas administrativas,
económicas, financieras y energéticas, otorgando poderes especiales al
Ejecutivo en estas materias.
Asimismo, la ley contempla la privatización de servicios públicos,
aunque servicios esenciales como Aerolíneas Argentinas, Correo y Radio y
Televisión Argentina (RTA) quedan excluidos de esta medida. Además, se
incluyen desregulaciones del Estado, reformas en el empleo público y
modificaciones en las normativas de despido laboral.
El proyecto inicial, que contaba con 664 artículos y abarcaba temas
diversos como seguridad, justicia, ambiente y salud pública, fue
reducido a 238 artículos tras su paso por la Cámara de Diputados.
La jornada de debate en el Senado estuvo acompañada por masivas
protestas en las calles. Miles de manifestantes, incluidos miembros de
organizaciones sociales, políticas y sindicales, así como integrantes de
la Confederación General del Trabajo (CGT), se congregaron frente al
Senado para expresar su oposición a la ley.
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La ministra de Seguridad, Patricia
Bullrich, ordenó un despliegue masivo de fuerzas policiales para
controlar la situación, lo que resultó en violentos enfrentamientos. Los
agentes emplearon escuadrones antidisturbios, camiones hidrantes y gas
pimienta para dispersar a los manifestantes.
"Es un día muy violento, en 40 años de democracia nunca había visto una
represión así", declaró la diputada opositora Cecilia Moreau,
confirmando que varios colegas resultaron afectados por los gases
lacrimógenos.
Aunque la aprobación de la ley en el
Senado es un paso crucial, aún quedan por debatir y aprobar punto por
punto los títulos que componen el proyecto. De ser modificado, el texto
deberá regresar a la Cámara de Diputados para su discusión y sanción
definitiva.
Keir Starmer promete
"estabilidad y crecimiento" en su manifiesto electoral

En un evento marcado por la cautela y la promesa de un
cambio, el líder del Partido Laborista, Keir Starmer, presentó su
manifiesto electoral en Manchester, comprometiéndose a ofrecer
"estabilidad y crecimiento" al Reino Unido. Starmer, quien ha mantenido
una estrategia prudente durante toda la campaña, busca posicionar a su
partido como una alternativa viable de gobierno, alejándose de su imagen
de partido de protesta.
Durante la presentación, una joven activista interrumpió el acto,
acusando a Starmer de replicar "las viejas políticas de los tories". La
activista fue rápidamente expulsada del lugar. Starmer, sin inmutarse,
respondió que el Partido Laborista debía transformarse para ganar y no
simplemente para protestar. "Fuimos el partido de la protesta, ahora
queremos ser el partido del poder", afirmó, subrayando la necesidad de
cambio para atraer el apoyo de una mayor base electoral.
El líder laborista destacó la importancia de la juventud y agradeció su
apoyo, pero insistió en que el partido debía adaptarse para ser efectivo
en el gobierno. En un movimiento simbólico, se jactó de haber expulsado
a Jeremy Corbyn del partido, demostrando su compromiso con el cambio y
la modernización del laborismo.
Starmer reconoció los desafíos económicos que enfrenta el país y
descartó la posibilidad de soluciones rápidas o mágicas. "Soy un
candidato a primer ministro y no el director de un circo", comentó,
criticando a aquellos que ofrecen promesas irrealizables. También apuntó
al líder de Reform UK, Nigel Farage, y al primer ministro conservador,
Rishi Sunak, por sus enfoques populistas y poco realistas.
El discurso de Starmer fue claro en su rechazo a la política de
austeridad y prometió no aumentar impuestos como el impuesto sobre la
renta, el IVA o el impuesto de sociedades. En cambio, propuso medidas
como la eliminación del estatus de "no domiciliado" y el aumento de
impuestos sobre beneficios extraordinarios de las compañías de gas y
petróleo, esperando recaudar 8.500 millones de euros para financiar la
mejora de los servicios públicos.
Starmer delineó las cinco "misiones" de su partido: crecimiento
económico, energía limpia, reducción de la delincuencia, reforma de la
educación y una sanidad pública robusta. Estas propuestas, aseguró,
están respaldadas financieramente, evitando promesas vacías que no se
puedan cumplir por falta de fondos públicos.
El líder laborista también abordó la inmigración, calificándola de
"demasiado alta" y criticando al gobierno conservador por su incapacidad
para controlar las fronteras. Anunció la creación de un Mando de Control
de Fronteras para enfrentar las travesías ilegales del Canal de la
Mancha y combatir el tráfico humano.
En su discurso, Starmer evitó mencionar el Brexit, un tema divisivo que
anteriormente apoyaba en su forma de permanencia en la Unión Europea e
incluso un segundo referéndum. Esta omisión sugiere un enfoque
estratégico para evitar controversias y centrarse en los problemas más
inmediatos que enfrenta el Reino Unido.
Con una ventaja de 20 puntos en las encuestas, Starmer mantiene una
estrategia de bajo riesgo, consciente de que un cambio total de
dirección es necesario para reconstruir el país. "El Reino Unido
necesita estabilidad y no más caos", concluyó, subrayando la seriedad y
el compromiso de su partido para lograr una verdadera transformación.
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