Bogotá, Colombia -Edición: 655

 Fecha: Domingo 16-06-2024

 

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COLUMNISTAS

 

 

 

Aprender de los derechos de los humanos y de los no humanos

Por: Guillermo Navarrete Hernandez

 

En ocasiones situaciones que acaecen en la vida pueden explicarse años después. Desde joven tenía el convencimiento de lo público como ejercicio profesional y propósito de vida. Con el tiempo forjé ese destino. Es así, tan sólo dos meses en el sector privado, pero más de 40 años de servicio en entidades del Estado, desde obrero hasta asesor y jefe de despacho.

Periplo que me ha permitido sumar experiencia y conocimiento sobre la materia; sin embargo, dos hechos marcaron para siempre mi actitud frente a la vida cuando en una época fungiera como Secretario de Gobierno en el municipio de Facatativá, Cundinamarca, en sendos operativos de seguridad con la fuerza pública: la captura de un adolescente con porte ilegal de estupefacientes, quien, con sollozos, expresaba “por qué a mí, por qué a mí”, con su mirada fija en la Sargento, policial que me informó sobre la reiteración de dicha conducta. Sentimiento de profunda tristeza invadió nuestros corazones y se reflejó en nuestros rostros.

 

Un viernes en la noche, casi de madrugada, en zona céntrica de la ciudad, requisas y acciones sobre habitantes de calle, provocó el lloro de uno de ellos y el cuestionamiento en voz alta: por qué me sucede esto a mí. En un gesto de afecto y con ánimo persuasivo, extendí mi brazo sobre su hombro y, de manera garrafalmente equivocada, le expresé: mijo qué hace Usted en Facatativá, más bien regrese a su tierra para no tener que sufrir los embates de extraños y de las autoridades locales, a lo que respondió, mi tierra es esta (efectivamente su familia habitaba en un barrio cerca de allí), mis padres me echaron por ser consumidor y ahora habito la calle. De nuevo, tristeza y reproches propios consumieron mi corazón.

La búsqueda de explicaciones a este tipo de fenómenos, hizo necesaria la academia, ya que empirismo y literatura son insuficientes. Aparece así la Maestría en Derechos Humanos, Gestión de la Transición y Posconflicto de la Escuela Superior de Administración Pública. ¡Perfecto, pensé! Mi Alma Mater, es y será un bálsamo en lo profesional y laboral.

El inicio, todo un despiste, pero la teorización, la lectura y los debates, forjaron preguntas, formas y metodologías para alcanzar el conocimiento deseado. El trabajo de investigación realizado en cinco de los municipios de Cundinamarca más afectados por el conflicto armado: Viotá, Soacha, San Juan de Rioseco, Yacopí y Cabrera, además de la revisión de literatura, la guía de la tutora y de las entrevistas a víctimas, actores institucionales, expertos y algunos exmilicianos de las FARC, mostraron la crueldad de la guerra y la necesidad para la sociedad de allanar caminos de perdón y reconciliación, tema que me dedico a estudiar hace varios años.

En pandemia los cursos virtuales sobre justicia transicional enriquecieron mi ser por la cantidad y calidad de los participantes. No obstante, fue aquella llamada la que se constituyó en hito histórico personal. Al otro lado de la línea, la funcionaria de la ESAP me comunicaba la decisión de incorporarme como profesor para dictar Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario en la Escuela de Soldados Profesionales del Ejército en Nilo, Cundinamarca. Luego, la inducción, los detalles y, por supuesto, las clases.

Las bahías, unos quioscos donde reciben instrucción los soldados, en medio de la naturaleza, el calor, la picadura de zancudos y la necesidad de implementar alternativas pedagógicas no tecnológicas y la catarsis de algunos de ellos por su situación personal, dieron la oportunidad de conocer seres humanos excepcionales, sencillos, pero sobre todo vulnerables. Tales interacciones crearon un vínculo fuerte de afecto. Reconocimiento que se expresa por medio de estas líneas a quienes pelean sus

 

 

 

propias batallas para superar sus carencias y las del eterno conflicto que sume a la patria en ciclos de violencia, pobreza, victimizaciones y exclusión. En ese contexto, es fundamental entonces aprehender no sobre derechos humanos, sino de los derechos de los humanos y de los no humanos, como sinos de protección, dignidad, pervivencia, convivencia, resolución alternativa de conflictos y amor al prójimo.

 

CHARLAS CON UN MAESTRO SAMMASATI

Por: Gongpa Rabsel Rinpoché
Lama Sammasati para Latinoamérica

 

Ahimsa:
La práctica para vivir en paz

 

Ahimsa es un término sánscrito que se traduce como "no violencia" y es un principio fundamental del budismo. Se refiere a la abstención de causar daño a cualquier ser vivo, tanto física como mentalmente.

En el budismo, la ahimsa no se limita a la ausencia de violencia física. También implica evitar causar daño con palabras, pensamientos y acciones. Esto significa cultivar la compasión, la empatía y la comprensión hacia todos los seres.

La ahimsa se considera esencial para alcanzar la iluminación, ya que la violencia genera sufrimiento y obstaculiza el progreso espiritual. Practicar la ahimsa nos ayuda a desarrollar cualidades positivas como la paciencia, la tolerancia y el amor, que son necesarias para alcanzar la paz interior y la felicidad.

Algunos aspectos importantes de la ahimsa en el budismo:

• No matar: Esta es la regla más básica de la ahimsa y se aplica a todos los seres vivos, incluyendo animales, insectos y plantas.

• No robar: Tomar algo que no nos pertenece causa daño a la persona a la que le robamos.

• No mentir: Decir mentiras puede causar daño a otros emocional y psicológicamente.

• No tener relaciones sexuales inapropiadas: El sexo consensuado y ético no va en contra de la ahimsa, pero el sexo no consensuado, el adulterio y la explotación sexual sí lo hacen.

• No consumir intoxicantes: Las drogas y el alcohol pueden nublar el juicio y conducir a comportamientos violentos.

La ahimsa es un ideal que puede ser difícil de alcanzar en su totalidad, pero es un principio que todos los budistas deben esforzarse por seguir. Incluso pequeños actos de ahimsa pueden tener un impacto positivo en el mundo.

¿Cómo podemos practicar la ahimsa en nuestra vida diaria?

• Siendo conscientes de nuestros pensamientos, palabras y acciones: Prestar atención a cómo interactuamos con los demás y evitar causar daño, incluso con palabras o pensamientos hirientes.

• Siendo compasivos y comprensivos: Tratar de comprender el punto de vista de los demás y tener compasión por su sufrimiento.

• Perdonando a los demás: El rencor y la ira solo nos causan más sufrimiento. Perdonar a los que nos han hecho daño nos libera de esas emociones negativas.

• Ayudando a los demás: Cuando vemos a alguien que sufre, podemos ofrecer nuestra ayuda de manera compasiva y sin esperar nada a cambio.

• Siendo vegetarianos o veganos: Evitar comer carne o productos animales es una forma de reducir el sufrimiento de los animales.

 

 

 

Practicar la ahimsa no solo nos beneficia a nosotros mismos, sino que también hace del mundo un lugar más pacífico y compasivo.

 

Constituyente Campesina

Por: Edgar Cabezas

 

Si el principal conflicto de guerra en Colombia se suscita por causas agrarias, lo incuestionable es entonces comprometer a las multitudes ciudadanas a que participen en la solución del problema en cada una de las entidades territoriales delimitando el área rural, el uso de cada uno de los predios según la disponibilidad de agua, la composición del suelo y el refugio climático de protección contra la erosión eólica y los procesos geológicos de remoción en masa, de tal manera que se asegure la cosecha y se garantice que ésta se compre por contrato.

 

El libre mercado es un mecanismo comercial regulado por disposiciones constitucionales, tratados y convenios internacionales sobre los cuales se establecen los contratos de comercio para el uso de los medios de producción y las relaciones sociales de producción y comercialización a los que están sometidos las mercancías y las personas para su circulación en lo referente a movimientos y tiempos, de tal manera que los productos lleguen al consumidor para su compra, y que la venta revierta en el uso sostenible de la economía de los productores, quienes deberán asignar las respectivas compensaciones a la sostenibilidad ambiental.

La Constituyente Campesina es la respuesta a la Constitución del 91 que trajo consigo la apertura económica con la que el neoliberalismo empezó la globalización económica. Quedó entonces la economía en manos de las multinacionales empresariales y financieras privadas, para así hacer realidad la integración de todas las economías del mundo, mediante la supresión proteccionista de las empresas públicas y de las barreras arancelarias impuestas por las naciones Estado.

Adicionalmente, debe de ser el poder constituyente campesino quien defienda la seguridad jurídica del Estado cuando el gobierno decida empezar a renegociar los Tratados de Libre Comercio que han perjudicado el equilibrio del mercado interno. Se define dicho punto como aquel en el que la cantidad de demanda y la de la oferta son iguales, sin que exista la presencia de un mercado externo subsidiado en detrimento del precio de las mercancías producidas por el capital nacional.

Hay que regular mediante planes, programas y proyectos todas las cadenas productivas agrícolas, pecuarias, pesqueras y forestales para garantizar la soberanía alimentaria y alcanzar la erradicación del hambre y de la pobreza. Se logra a partir de la industrialización del campo, priorizando las cadenas productivas de leche, carne, café, maíz, papa, yuca, arroz, frijol, lentejas y plátano y de las especies de pescados y mariscos de los ríos y mares en manos de la economía popular de pequeños y medianos productores asociados en organizaciones de segundo y tercer nivel.

Especial solución mediante regulación exige la cadena productiva de la coca, amapola y cánnabis como camino seguro hacia un nuevo campo libre de las violencias paramilitares, guerrilleras y de la delincuencia común organizada que haga tránsito a la paz y que, a su vez, ordene el territorio alrededor del agua para que el campesinado deje de estar asustado tanto en el periodo de lluvias como en el de sequía.

Las asambleas populares territoriales designadas como mecanismo de participación social en los acuerdos de paz que el gobierno adelanta con las organizaciones insurgentes están llamadas a ser el foro en el que se generan las ideas que se han de convertir en leyes y éstas, deben de ser llevadas a las bases en donde van a impactar. Es así como se podrá continuar con el aprendizaje de la democracia directa que debe existir entre el poder constituido y el poder constituyente.

 

 

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