Bogotá, Colombia -Edición: 658

 Fecha: Domingo 23-06-2024

Página 9

 

    

\\ OPINIÓN //

 

 

 

EDITORIAL

 

Irracional Razón

 

La auténtica razón es la animalidad. El sentir saber personal de que se es un animal impulsivo, animado por el impulso de muerte, impulso hecho compulsión y proclive a repetirse a sí mismo. En colectivo soy porque somos la obra perfecta de la creación, los amos y dueños del universo, que incluye personas, animales, plantas y cosas, somos los dueños del mundo y de la tierra, la especie superior. Como si la razón de ser de la humanidad fuere ser el depredador constituyente, el absoluto exterminador de todo tipo de vida, los detentores de la vida y de la muerte, los propietarios del bien y del mal, la ideología humana antropocéntrica corrupta y criminal de la mente y su apuesta en el mercado.

Lo primero que la humanidad ha de hacer es desideologizarse, sacudirse de la huella mental de su no animalidad y, liberarse de la irracional razón humana que la oprime reprimiéndola con el miedo a la muerte, cuando en realidad lo que se teme es: el miedo al miedo y no a la muerte. El animal no piensa la muerte, vive. El animal sólo se da cuenta de la muerte cuando otros de la manada, la banda, la tribu, el pueblo, la nación-estado mueren, causa por la que su presencia en la comunidad se funde en el olvido de los mortales.

La humanidad liberada de su sin razón puede establecer relaciones libres con la vida en el planeta tierra. Ahora se sabe que la tierra es un cuerpo cerrado en el espacio, un organismo vivo de límite expansivo en el que la relación de la humanidad con la naturaleza es un vínculo asombroso lleno de curiosidades espectaculares. Ante la evidencia de lo novedoso se va aprendiendo de la naturaleza y de la capacidad del trabajo para la construcción de ambientes artificiales en los que se desenvuelven las civilizaciones y sus culturas.

Lo repugnante del momento violento del presente es que se combinan todas las formas de destrucción masiva, las humanas y las naturales, avanzando hacia el clímax de la gran extinción. Y repugna porque los recursos humanos están puestos al servicio de poderes imperiales bélicos que pretenden alcanzar un dominio unipolar en un escenario multipolar, al que, para dar solución, la única medida que proponen para dar salida a la crisis, es la tercera guerra mundial entre los viejos enemigos de las ideologías individualistas y colectivista. Configuran la confrontación entre la propiedad privada y la propiedad común y la función legitima de matarse entre los Estados Nación.

 

Las guerras por la posesión de las cosas, el tener y perder lo material estimula el impulso criminal. Despojar a otros de lo que a otros les pertenece, le quita al desposeído no solo los bienes materiales, también le quita tranquilidad y lo llena de resentimiento y ansiedad de venganza, o de impotencia y frustración. En todo caso, pese a que desde los miles de holocaustos se centre la atención sobre las víctimas, el daño causado por el procedimiento de la irracional razón, jamás tendrá restauración y eso bien lo saben el Estado Mayor Central, los halcones de la OTAN, Netanyahu y sus aliados.

 

 

 

En los municipios autónomos los ciudadanos tienen el poder de controlar la parte administrativa

Por: Zahur Klemath Zapata

zapatazahurk@gmail.com  

 

La democracia conlleva a que el poder se concentre en manos de los políticos porque ellos deciden qué se hace y cómo se hace. Donde hay democracia hay corrupción porque es una simbiosis entre dos intereses que los ciudadanos le conceden al elegido y a quienes pagan por la campaña. El votante da el sí para que hagan con él lo que el elegido disponga.

 

Los pueblos autónomos no necesitan de políticos sino de administradores públicos para que administren los bienes sociales.

La sociedad es una empresa donde todos tienen interés en ella porque cada ciudadano es un inversor pasivo o activo en esa sociedad. No es una democracia, una dictadura, un socialismo ni un comunismo, porque es una sociedad capitalista porque sus ciudadanos invierten en ellos mismos para capitalizar su plusvalía.

La democracia te pone a trabajar para un partido o grupo político donde eres prisionero de las leyes que ella impone.

Hoy en día con la tecnología el ciudadano está más prisionero que en el pasado y más aún con la ayuda de la inteligencia artificial porque ella no tiene la capacidad de razonar como un ser humano porque solo maneja datos y coordenadas y no tiene la sensibilidad de dirimir como un ser humano.

Los municipios pueden llegar a ser autónomos si sus ciudadanos, como fuente de poder constitucional deciden organizarse como municipios autónomos y crear su propia administración para negociar con empresas y ciudadanos para mejorar su calidad de vida.

En un municipio autónomo los políticos no tienen ningún poder porque ellos no administran o gerencian las empresas privadas, o los negocios personales o la inversión que una sociedad hace en otras empresas. Todo este conglomerado empresarial que gira alrededor del municipio paga regalías y no impuestos por sus ventas y el ciudadano está libre de impuestos porque el municipio no tiene un establecimiento burocrático al que tiene que mantener que es el que desangra cualquier presupuesto municipal.

Un municipio autónomo puede presentar un superávit cada año si se administra con criterios capitalistas. Y esos dineros extras son de la sociedad para mejorar su infraestructura y bienestar social y sobra para reinvertir.

La sociedad es la única que decide para donde ella quiere ir, aunque históricamente siempre se ha equivocado eligiendo líderes que no los representan y por eso están en manos de dictadores y criminales. En una autonomía no hay líderes, es una sociedad que trabaja en común acuerdo para salir adelante nombrando a los más capaces para que administren sus bienes sociales.

 

 

 

QUÉ LEE GARDEAZÁBAL

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

El Cuyanacentrismo, de Alejandro García Enriquez, editado por Caza de Libros

 

Audio:

 

https://www.youtube.com/watch?v=Er81KIEep2o

Alejandro García Enríquez, un nariñense muerto en 1991 quien a lo largo de su vida se desempeñó como agrónomo graduado, especializado en genética vegetal, fue un estudioso del hebreo y el quechua, pero ante todo un humanista, de los que sabe dar esas tierras del sur. Tuvo una obsesión y trabajó por ella toda su vida: la de demostrar que el cuyanacentrismo es el ideario de la civilización inca y de los otros pueblos ancestrales y que de no haber sido subyugado, sería en los tiempos presentes el aporte a la paz y la felicidad universal humana.

Para ello en este libro, inicialmente editado en 1992 por Ernesto López en la desaparecida editorial Lealon en Medellin, desmenuza ese pensamiento, repitiéndose empalagosamente, para construir la hipótesis de que es proyectando e incluyendo en tales conceptos del homo americano como se puede llegar a un renacimiento del socialismo precolombino.

 

En su nueva edición, con letras y tipos más amables, hecha por Caza de Libros en Ibagué, durante 333 páginas se proyecta con más fuerza la crítica a las civilizaciones occidentales que volvieron añicos las culturas indígenas americanas, cargadas según él, de pacifismo y socialismo extremos. Para hacerlo, empero, se mete casi en la sin salida tratando de hacer asimilables los conceptos de la filosofía y las religiones occidentales al esquema utilizado por incas y mayas. Ese esfuerzo hace repetitivo el ordenamiento de las explicaciones hasta llegar a violentar al lector más avezado en la interpretación de textos filosóficos posteriores a Santo Tomás. Pero si algo queda claro es que los habitantes de América antes de llegar los españoles, tenían muy presentes y definidos los elementos sociales y epistemológicos, al mismo tiempo que se las habían ingeniado para establecer organizaciones estatales y militares basadas en la colectivización y la pacificación en los territorios que con sus adelantos fueron aumentando.

Como tal entonces, y por entre medio de la palabrería exagerada que supura el libro, se vislumbra que el daño hecho por Occidente, y en especial por la Iglesia Católica española, al estigmatizar y borrar los vestigios de las civilizaciones maya e inca, fue mayúsculo y le hizo perder una gran oportunidad a la humanidad.

El Porce, junio 23 del 2024

 

 

 

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