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Bogotá, Colombia -Edición: 660 Fecha: Viernes 28-06-2024 |
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INFORME |
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La búsqueda de una pareja para salvar a E. woodii, la planta más solitaria del planeta
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más reciente es el de un grupo de investigadores de la Universidad de Sounthampton, Ezemvelo KZN Wildlife (una asociación sudafricana para la conservación de la biodiversidad) y la Fundación Greater Togergher: AI in the Sky, una iniciativa que mezcla arte y ciencia, y que pretende localizar un ejemplar hembra de E. woodii usando drones e inteligencia artificial. En 2022 y 2024, los investigadores utilizaron drones para cartografiar y fotografiar el bosque de Ngoye, donde se encontró el espécimen original de E . woodii, abarcando una superficie de 79 hectáreas, y después utilizaron un algoritmo de reconocimiento de imágenes para analizar las fotos tomadas desde arriba, en busca de un árbol de E. woodii. Para facilitar el trabajo del algoritmo, los investigadores también utilizaron IA generativa para producir imágenes ficticias de la planta en diferentes contextos, entornos y fases de desarrollo.
De momento, el esfuerzo no ha dado los resultados esperados. Sin embargo, los investigadores tienen intención de seguir cartografiando el bosque de Ngoye en los próximos años, y afirman que confían en poder encontrar las hembras perdidas de E. woddii, suponiendo, claro está, que aún sobreviva alguna. Si es así, no todo está perdido. De hecho, se está estudiando la posibilidad de inducir a un clon macho de E. woddii a cambiar de sexo, un fenómeno que se ha atestiguado en varias especies de cicadas. En la naturaleza, se produce en respuesta a un estrés repentino, como un traumatismo físico o las bajas temperaturas, y aunque el mecanismo biológico que lo sustenta no está claro, los investigadores de la Universidad de Southampton están intentando lograr un cambio de sexo exponiendo clones de E. woodii a sustancias químicas y condiciones ambientales desfavorables.
Una última posibilidad es polinizar especies de Encephalartos emparentadas con woodii. Es posible hacerlo utilizando la especie E. natalensis, y teóricamente retrocruzando los ejemplares hembra resultantes con el macho woodii es posible obtener generaciones de híbridos que posean una composición genética cada vez más parecida a la paterna. En cinco generaciones, se obtendrían especímenes con un 97% de la composición genética derivada de E. woodii. Probablemente uno podría darse por satisfecho con eso, pero el problema aquí es el factor tiempo: la planta tarda unos 15 años en alcanzar la madurez sexual, así que en el mejor de los casos se necesitan 75 años para completar el proceso. Mucho tiempo para un ser humano, pero probablemente no para el paciente y solitario E. woodii, ya que lleva más de un siglo esperando a su pareja.
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Algunos lo han descrito como el organismo más solitario de nuestro planeta. Y, en efecto, la de Encephalartos woodii es la historia de la búsqueda de una compañera desde hace más de un siglo. En efecto, esta planta del orden de las cicadas está oficialmente extinguida en la naturaleza, y los ejemplares existentes, conservados en unos centenares de jardines botánicos de todo el mundo, son todos machos, clones genéticos de la única planta de esta especie descubierta por el hombre en el bosque de Ngoye, en Sudáfrica. A falta de un ejemplar hembra, E. woodii está destinado a permanecer permanentemente al borde de la extinción, ya que la bajísima variabilidad genética de la especie la expone a los peligros de las enfermedades y del cambio climático, y la imposibilidad de reproducir sexualmente la misma impide planificar programas de repoblación. Por suerte para ella, sin embargo, hay varios proyectos de investigación que trabajan en una solución. ¿Tinder para plantas?
La historia de E. woodii
Solamente quedan machos
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era un macho. Y también lo son todas las plantas de E. woodii del mundo, ya que se trata de clones obtenidos por esquejes a partir de los brotes basales de ese único ejemplar. El orden de las cicadáceas, al que pertenece Encephalartos woodii, está compuesto en su totalidad por especies dioicas, es decir, que tienen dos sexos distintos y necesitan dos plantas de dos sexos diferentes para reproducirse. En el caso de las cicadas, esto ocurre a través de los conos, estructuras especializadas que en los machos producen el polen, y en las hembras contienen los óvulos para ser fecundados.
Se trata de plantas antiquísimas, cuya
historia evolutiva se remonta al Carbonífero, hace más de 300 millones de años.
En la era Mesozoica, dominaban el planeta, gracias a las condiciones cálidas y
húmedas de la época, perfectas para estas plantas tropicales. Y hoy,
desgraciadamente, la mayoría de las especies conocidas están en peligro de
extinción, debido a la deforestación y la sobreexplotación con fines comerciales
(son muy populares entre los coleccionistas), y a un ciclo vital y reproductivo
extremadamente lento (un ejemplar tarda entre 10 y 20 años en alcanzar la
madurez) que no les permite adaptarse rápidamente a los cambios ambientales.
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