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EDITORIAL
Victoria
La Victoria es la abuela de
todas las causas; la victoria es la libertad de la humanidad en
un planeta libre; la victoria libera, hace realidad el sentir
pensar de que amando venceremos; la victoria es amor, cosa
difícil de elegir entre paracos, guerrilleros, narcos todos,
Estado, pueblos. Las ciudadanías de la diversidad étnica y
cultural son la vida y la sangre de la libertad en cuerpos de
agua. La libertad es saber de qué estamos constituidos como
constituyentes; la libertad soy yo, cada uno en sí mismo, sin
delegación de funciones. El maestro manda decir que cada uno se
manda así mismo y que ésta es la regla.
La convulsión social no es para menos y es con paramunos, con
aldeanos atrincherados en las montañas por si los
extraterrestres ajenos a los territorios aparecen a montarla de
guapos y con tumbado militar. La autoridad es un apoyo a la
disciplina del ser en estado de libertad y es la enseñanza de
los saberes lo que transmite la conducta amorosa que inspira el
cuidado y la protección del otro y el respeto por la comunidad y
el territorio.
La victoria significa ir con las ciudadanías libres cultivando
trato afectivo, aceptando la reconciliación con el vecino, la
supremacía del circulo de confianza del vecindario y el buen
vivir, sin alteración del orden público, con sitios de 24x7
durante 365 días disponibles y abiertos para festivales de
ciencias y artes con la obligación de participar en los
concursos de belleza, danza y canto con normas de protección
para con los participantes de todas las edades en donde se
enseñe a vivir artísticamente, bajo la dirección de la Junta de
Acción Comunal, con barrido predial, catastro multipropósito y
ordenamiento del territorio alrededor del agua, el suelo, la
atmósfera y la biodiversidad.
La victoria significa estar preparados para el riesgo, bien sea
por que se decide tomarlo o por que cae de improviso. El riesgo
consiste que en las actuales circunstancias las organizaciones
sociales, sindicales y gremiales le presenten el pliego de
negociación al gobierno para hacer el cambio que necesita el
país, y que el Gobierno Nacional, en representación del Estado,
acepte negociar un Plan Nacional de Desarrollo, de corto,
mediano y largo plazo, con vigencias futuras asignadas en
bienestar y salud pública ambiental humana, cuya finalidad sea
la de erradicar la pobreza mediante el uso justo, equitativo y
ecológico de la naturaleza y el trabajo.
Los habitantes de los municipios y ciudades de Colombia tienen
que saber que la solución a los problemas existentes que impiden
el buen vivir, se solucionan cuando la comunidad toma la
decisión de erradicarlos. El error hay que corregirlo. Los
administradores del Estado Social de Derecho no han aprendido a
administrar de manera eficiente las políticas públicas porque el
régimen es corrupto y criminal y goza de total impunidad, lo
cual es menester cambiar.
Las sociedades fracasadas se caracterizan por presentar una
continuidad de episodios violentos entre las humanas culturas.
De esto es consciente la ciudadanía colombiana. Por eso es
necesario no tolerar más la vagabundería de los funcionarios
públicos y privados que representan el patrón burocrático
neoliberal como tampoco a los revolucionarios mamertos que tan
sólo persiguen a través del discurso acomodarse y mamarse de
contribuir a hacer la revolución del cambio de la guerra a la
paz con justicia social y ambiental. La Victoria es la abuela.
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Cada experiencia es una
aventura que se perdura

Por: Zahur
Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Todos los días estamos expuestos
a situaciones que solo se viven en ese instante. Muchas veces
presentimos el futuro como algo vivido y lo ignoramos porque no
le ponemos atención a ese presentimiento que nos llega como algo
natural y desaparece igual como llega.
Desde la antigüedad siempre se han buscado explicaciones a esos
sentimientos y Freud escudriñó en el pasado y presente de las
personas y todo quedó como algo psíquico. Hoy la genética nos
puede explicar con mayor sabiduría lo que realmente nos está
pasando y transformar ese pasado en un futuro dentro de una
realidad que ya se puede palpar.
Nuestra experiencia tiene un valor que solo el que la ha vivido
puede darle el verdadero sentido de lo vivido y evitar a futuro
descalabros que los novatos viven. Nuestra experiencia social se
vuelve colectiva y esos recuerdos se van acumulando y van
creando una costra mental que se va refinando de generación a
generación y de repente sin el mayor esfuerzo como una sola
unidad todos salen al rescate del futuro social.
Los colombianos no son ajenos a su historia, y ella está ahí
cincelada de generación a generación y esas vivencias, aunque en
silencio van saliendo a debatirse frente aquellos que hacen caso
omiso a la historia nacional. Estos enfrentamientos son normales
porque cada uno está seguro de sí y lucha hasta el final hasta
que se demuestre lo contrario. El problema es que al estar
atrapada la sociedad ya no se puede hacer casi nada para salvar
la situación.
Los viejos que maduraron bajo los signos de libertad, educados y
pensantes son más cautos en momentos cuando la juventud y los
que han vivido oprimidos se lanzan a la lucha para alcanzar
todos esos espacios que no han tenido y se les ha negado por
todo tipo de circunstancias. Históricamente se pueden ver
ejemplos y estados donde el proceso de crecimiento se detiene y
dentro de ese estado solo una minoría vive complacida por estar
dentro del círculo de gobierno.
La experiencia es la fuente del futuro y sin esa cadena no
estaríamos aquí como seres humanos o como un universo nacido de
su propia evolución.
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QUÉ LEE GARDEAZÁBAL

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
El llamado del Jaguar
Martin von Hildebrand
Editado por Debate
Audio:
https://www.youtube.com/watch?v=uwZtrdTTN1k
Por estos días que se celebran los 100 años de la aparición de
La Vorágine y el país ha vuelto a mirar hacia la Amazonía, se ha
publicado el libro que durante más de 30 años esperaron
antropólogos, historiadores y en especial los indígenas de esa
inmensa zona que va de Leticia a Mitú y desde La Pedrera a
Araracuara.
Se trata de las memorias del hombre que con más
pasión estudió los orígenes lingüísticos, espirituales y
tradicionales de las tribus sobrevivientes en aquellas espesas
selvas: el profesor Hildebrand.
Basándose en la tradición oral primero de lo indios tanimukas y
después en las otras tribus que tenían contacto con ellos, hace
una escanografía casi que computarizada de las tragedias vividas
por esas gentes, desde antes de la Casa Arana y los caucheros,
haciendo énfasis en la brutal equivocación que tuvieron, en
pleno siglo XX, la Iglesia y en especial los padres capuchinos
tratando de matarlos con sus tales internados para indígenas la
cultura, las leyendas, el espíritu de las malocas, el uso del
mambeo, del yagé y de la medicina animista con las cuales habían
sobrevivido por siglos.
Las narraciones dramáticas de cómo los llaneros blancos salían
de cacería de los indios guahibos es igual de impactante que la
del trato de los caucheros que no cupieron en la inmortal novela
de Jose Eustasio Rivera.
El libro entonces es un monumento continuo a la civilización de
la yuca, al calendario cultural ecológico que construyeron con
el paso de los siglos, pero en especial una reivindicación de la
menospreciada cultura amazónica.
Son las memorias de quien comenzó como investigador en una canoa
y llegó, cuando Barco fue presidente, a dirección de la Oficina
de los Asuntos Indígenas del gobierno a hacer visible desde allí
al resto del mundo, a través de la Fundación Gaia que dirigió
por tantos años, la imagen de unos pueblos despreciados en sus
tradiciones y comportamientos.
Leerlo sobrecoge y aunque se gasta tontamente mucho en el conteo
de las batallas libradas contra la burocracia castradora y
contra los enemigos politiqueros y mafiosos de la reivindicación
indígena, termina siendo una joya antropológica para el lector
ávido o para la gran mayoría de incultos que han desconocido ese
mundo amazónico.
Es un libro que dignifica y mitifica a su autor y emociona a los
guerrilleros intelectuales bogotanos que menospreciaron toda la
sapiencia encerradas en las lejanas selvas que tributan desde
Colombia al Amazonas.
El Porce, julio 14 del 2024
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