Bogotá, Colombia -Edición: 678

 Fecha: Viernes 09-08-2024

 

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COLUMNISTAS

 

 

 

CHARLAS CON UN MAESTRO SAMMASATI

Por: Gongpa Rabsel Rinpoché
Lama Sammasati para Latinoamérica

 

Budha y su Tiempo:
Un Contrastes de Filosofías

 

El Budhismo en el Escenario Filosófico de la Antigua India

La India antigua fue un crisol de ideas filosóficas y religiosas, donde diversas escuelas de pensamiento competían por la atención de las mentes más inquisitivas. El budhismo, con su enfoque en la liberación del sufrimiento y la búsqueda de la iluminación, se destacó entre estas corrientes por su originalidad y su profundo impacto en la historia de la humanidad.

Principales Corrientes Filosóficas Contemporáneas a Budha

• Hinduismo: La religión dominante en la India en tiempos de Budha, el hinduismo se caracterizaba por un panteísmo complejo, un sistema de castas rígido y una variedad de dioses y deidades. Mientras que el budhismo rechazaba la idea de un creador divino y el sistema de castas, compartía con el hinduismo la creencia en la reencarnación y el karma.

• Jainismo: Surgido casi al mismo tiempo que el budhismo, el jainismo compartía con este la idea de la no violencia (ahimsa) y la renuncia a los placeres materiales. Sin embargo, el jainismo tendía a ser más ascético y ritualista que el budhismo, que enfatizaba la importancia de la sabiduría y la compasión.

• Lokayata (Materialismo): Esta escuela filosófica india se enfocaba en el mundo material y rechazaba cualquier forma de espiritualidad. Los Lokayata negaban la existencia del alma y el karma, y sostenían que la felicidad se encontraba en los placeres sensoriales. El budhismo, por su parte, aunque reconocía la realidad del mundo material, también exploraba las dimensiones más profundas de la conciencia humana.

¿En qué se diferenciaba el budhismo?

• Énfasis en la experiencia personal: A diferencia de muchas otras filosofías indias que se basaban en textos sagrados y tradiciones orales, el budhismo invitaba a sus seguidores a verificar las enseñanzas a través de su propia experiencia. La meditación y la atención plena eran herramientas fundamentales para alcanzar la iluminación.

• Rechazo del ritualismo: El budhismo simplificó los rituales religiosos y enfatizó la importancia de la práctica ética y la sabiduría.

• Noción de un "yo" impermanente: El budhismo enseñaba que el "yo" o el ego eran ilusiones, y que la realidad última era la naturaleza impermanente de todas las cosas.

• Camino Medio: El budhismo proponía un camino medio entre el ascetismo extremo y la indulgencia sensorial, buscando un equilibrio entre la disciplina y la compasión.

El Legado de Budha

Las enseñanzas de Budha ofrecían una alternativa atractiva a las complejidades y los ritualismos de las otras filosofías indias. Su enfoque en la liberación del sufrimiento y en la búsqueda de la felicidad interior resonó profundamente con muchas personas, y el budhismo se expandió rápidamente por toda Asia y más allá.
 

Conclusión

En el panorama filosófico de la antigua

 

 

 

India, el budhismo se destacó por su enfoque pragmático, su énfasis en la experiencia personal y su rechazo a posiciones dogmáticas rígidas. Al ofrecer un camino claro y accesible hacia la iluminación, el budhismo atrajo a un gran número de seguidores y se convirtió en una de las religiones más influyentes del mundo.

Si tienes alguna inquietud o comentario, no dudes en ponerte en contacto conmigo al correo electrónico gongparabsel@gmail.com o al WhatsApp +57 314 623 83 08.

 

DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Por: Otoniel Parra Arias
alfanoticias.opar@gmail.com

 

RETAZOS DE LA HISTORIA DE COLOMBIA EN EL CORAZÓN DE LAS GUERRAS CIVILES DEL SIGLO XIX, “LA ESPONSIÓN DE MANIZALES” Y LO QUE IDEÓ LA MALICIA ANTIOQUEÑA PARA VENCER A LOS CAUCANOS

 

Este instrumento, conocido con el curioso nombre de “esponsión” (del latín sponsio, promesa solemne), fue suscrito en Manizales el 29 de agosto de 1860 por los representantes de las fuerzas conservadoras del Estado Federado Antioqueño y el ejército caucano al mando del general Mosquera para dirimir pacíficamente un delicado encuentro bélico en las laderas de Manizales.

En esas calendas de un país fragmentado políticamente, muchos conflictos pasaron de las palabras y los discursos de factura greco romana a los físicos enfrentamientos militares de resultados catastróficos.

El general Tomás Cipriano de Mosquera, quien comandaba las huestes del Estado Federado del Cauca, se hallaba muy molesto por las últimas decisiones del gobierno nacional que en su opinión y la de otros dirigentes llevaría al país a una hegemonía conservadora al dividirlo en 8 secciones con amplia mayoría goda dejando de lado a la poderosa región occidental.

 

 

Uno de los últimos capítulos de este descontento, cuando perdieron poder las palabras bajo el sonido discordante de los cañones, se escenificó en los límites de Manizales, ciudad de vital importancia para los intereses conservadores, y neurálgico significado estratégico en la parte sur del estado antioqueño límites del en ese entonces extenso Cauca.

Allí el general Mosquera, quien aparte de estadista en uso de sus funciones, era a la vez militar de terreno, ante el fragor de las desavenencias con el gobierno nacional y ante la inminencia de una confrontación armada, había situado sus tropas en sitios aledaños a Cartago y Obando en espera de la orden de zafarrancho de combate,
 

 

 

convencido mi general que en pocas horas precipitaría el poder de sus fuerzas a la toma de Manizales para continuar hacia el interior del territorio paisa y así enfrentar al gobierno conservador.

 

Por eso había situado entre territorios de La María y el puente de Chinchiná a “3.500 hombres de infantería, 500 de caballería, cinco cañones, banda de música y abundante parque”.

Pero ante el peligro de fieros combates en la actual capital de Caldas, los notables de esa ciudad amenazada por un caos bélico, habían empezado a proponer una “esponsión” figura de origen latino que serviría de marco a un armisticio final para evitar más pérdida de vidas humanas.

 

Pero las cosas desde el principio de esta pacifista propuesta no funcionaron y Mosquera siempre decidido en sus convicciones se preparó para lanzar sus tropas al ataque por la empinada cuesta manizalita.

Pero los antioqueños no se habían quedado dormidos y por el contrario en lo que hoy es la Avenida Cervantes, único espacio ideal para el ingreso del enemigo, como estratagema parecida a la que el esclavo Espartaco utilizó para engañar a las tropas romanas que lo tenían sitiado, optaron por haber uso de la malicia indígena y sin perder tiempo, día y noche abrieron huecos grandes que cubrieron con hojas de plátano y tierra que simulaba espacio sólido.

 

Por ello cuando ingresó con toda su furia la caballería, uno de los orgullos del ejército caucano, las primeras jacas se precipitaron a estos huecos, muriendo unas y quedaron inhabilitadas otras.

 

Este sorpresivo inconveniente causó desconcierto y desbandada en la infantería que se sintió atacada y en desventaja por lo que a la final decidieron huir perdiendo así el factor sorpresa que pensaban aprovechar.

Lo simpático de este fragmento histórico es que como lo reveló uno de los militares enemigos de Mosquera ya en momentos más de diálogo posteriores al incidente, firmada al fin la esponsión mediante la cual el general se retiraría con sus tropas, los manizalitas se comprometían a restar escándalos sobre este capítulo ridículo para los caucanos para así evitar el descrédito y el burlesco de su contraparte.

Para el general y sus oficiales fue verdaderamente impactante comprobar entonces que los defensores de Manizales que prácticamente le habían vendido la propuesta de “arreglar por las buenas”, no pasaban de 1.300, ante la superioridad numérica de los caucanos. Por ello este comandante acostumbrado a deslumbrantes victorias reconoció que habría podido invadir a Manizales con relativa facilidad, pues como lo expresó en voz alta, poseído por su mal temperamento, aparte de sus soldados regulares, contaba con 4.000 negros para atacar sin importar si ellos hubieran caído en ese intento por interesarle poco esta parte de su ejército invasor, según apunta el escritor Víctor Paz Otero en su libro, El Demente Exquisito.

Este retiro sin disparar un tiro, fue entonces una victoria pírrica para el general Mosquera quien lamentaría luego haber aceptado esta fórmula de esponsión pacífica cuando tuvo en sus manos todas las armas para haber dado el salto bélico liberal hacia el corazón del estado antioqueño lo que habría tenido muchos significados en el futuro del país.

De todas maneras Tomás Cipriano de Mosquera era un transgresor poco amigo de soluciones a medias y ni mucho menos individuo que se extasiara en la rememoración de sus derrotas, por lo que después de muchas refriegas volvió a ser presidente de la Nueva Granada e impulsor de una nueva figura: Los Estados Unidos de Colombia. Pero la historia no se detendría ahí.

 

 

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