Bogotá, Colombia -Edición: 681

 Fecha: Viernes 16-08-2024

 

 

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JUDICIAL

 

 

 

Alerta por incremento en el número de colombianos que viven en zonas de conflicto armado




El Consejo Noruego para Refugiados (NRC) entregó su más reciente reporte sobre el número de colombianos que vive en zonas donde tienen influencia grupos armados y aseguró que este aumentó en un 70% desde 2021.

El reporte indica que un total de 8,4 millones de colombianos viven en zonas de conflicto, lo que representa 3,5 millones más que en 2021. Por esta razón, la organización hizo un enfático llamado, asegurando que “El sufrimiento de la población civil está siendo ignorado. Tanto el gobierno como las agencias humanitarias que brindan ayuda deben hacer más para atender las necesidades humanitarias y de protección de la población civil”.

A su vez, el secretario general de NRC, Jan Egeland, realizó una visita a las áreas en conflicto del país y sus declaraciones generaron preocupación: “La esperanza de paz, que fue tan intensa en mi visita a Colombia hace 10 años, se está desvaneciendo, especialmente en las zonas rurales. Desde entonces, la violencia en Colombia ha alcanzado niveles devastadores, como ocurría antes del acuerdo de paz de 2016. Todas las partes del conflicto deben priorizar urgentemente el fin de la violencia y la protección de las víctimas en los esfuerzos de paz actuales. La oportunidad de restablecer la paz se está esfumando”, explicó.

Así también, agregó que los grupos armados presentes en las zonas rurales utilizan una serie de tácticas para imponerse y controlar la vida de los habitantes de estas zonas. Entre ellas, les impiden a la población salir de sus comunidades, una situación conocida como “confinamiento“.

En el primer semestre de este año, los asesinatos, las intimidaciones, las minas antipersonal y el fuego cruzado han prevenido a casi 65.000 personas a salir de las áreas donde se encuentran sus viviendas, por lo que el desplazamiento volvió a estar en el radar de los principales problemas en el territorio.

El informe indica que, en comparación con el año anterior, la expansión de los grupos armados no estatales y los enfrentamientos armados han provocado un incremento del 20% en el número de personas confinadas en 2024, convirtiendo a las víctimas del conflicto en “invisibles” e imposibles de recibir ayuda humanitaria.


No cesa la violencia en Barranquilla: sicarios asesinaron a auxiliar de policía y vigilante mientras conversaban




Barranquilla está viviendo sus peores tiempos de violencia por cuenta de los hurtos, extorsiones y asesinatos que están a la orden del día.

El hecho más reciente se registró en la carrera primera sur con calle 68, en el barrio Siete de abril, en la capital atlanticense, hacia
las 9:50 p. m. del miércoles 14 de agosto, donde un auxiliar de policía y un vigilante informal del sector fueron asesinados a bala.

Las víctimas fueron identificadas como Julio César del Río Castro, de 22 años, y Rafael Armando Ahumada Fontalvo, de 20, quienes para el momento del atentado se encontraban conversando.

De acuerdo con lo que citó El Heraldo, a Del Río, auxiliar vinculado a la escuela de Policía Antonio Nariño, le dispararon en tres ocasiones, mientras que de Ahumada Fontalvo solo se conoció que recibió los balazos en el pecho. Las víctimas, gravemente heridas, alcanzaron a llegar al hospital Santa María, pero murieron horas después.

En cuanto a los sicarios, el general Herbert
Benavidez, comandante de la Policía Metropolitana de Barranquilla, aseguró que luego de que en la zona realizaran labores 

 

 

 

de control lograron capturarlos, incautándoles el arma con que habían perpetrado el doble homicidio.

“Ocurrió la noche del miércoles, cuando las unidades del nuevo modelo del servicio de Policía se encontraban realizando labores de control en el barrio Siete de Abril y fueron alertadas por la comunidad del sector sobre un atentado criminal que segó las vidas de dos personas. Las patrullas iniciaron la persecución de los sospechosos,
 

a quienes se les halló el arma de fuego que, al parecer, utilizaron en este hecho delictivo”, informó el comandante de la Policía de Barranquilla.

 

Diez pueblos indígenas del Casanare están en peligro por consolidación territorial de las FARC




El Frente 28 José María Córdoba del Estado Mayor Central de las Farc y otras estructuras armadas ilegales han puesto en riesgo los derechos fundamentales de diez pueblos indígenas en el resguardo Caño Mochuelo, localizado en las zonas rurales de Hato Corozal y Paz de Ariporo, en Casanare.

La Defensoría del Pueblo emitió la Alerta Temprana de Inminencia (ATI) 020 de 2024 para advertir del peligro que enfrentan estas comunidades, entre las que se encuentran los pueblos Sikuani, Piapoco, Sáliva y Amorua, de tradición sedentaria, así como los Maiben Masiware, Wamonae, Waüpijiwi, Yamalero (Mayaleros), Tsiripus y Yaruros, de tradición nómada.

La situación en el resguardo Caño Mochuelo es particularmente delicada porque grupos disidentes del Frente 28 impiden a las autoridades tradicionales indígenas tomar decisiones autónomas sobre sus comunidades, imponiendo su propia “justicia” para asegurar un control absoluto del territorio. Esta imposición amenaza no solo a las autoridades étnicas, sino a todos los indígenas de las comunidades, quienes se ven obligados a someterse a las condiciones impuestas por el grupo rebelde.

Ante esta grave situación de derechos humanos, la Defensoría solicitó la intervención urgente del Estado para proteger los derechos a la vida, la integridad, la seguridad y la libertad de estas comunidades indígenas. De acuerdo con la entidad, se requiere un trabajo articulado y diferencial que considere la tradición cultural nómada de algunos de estos grupos, para abordar de manera adecuada las amenazas que enfrentan.

Otra inquietud derivada del control territorial y los posibles enfrentamientos armados es la amenaza a las formas de sustento de estas comunidades, incluyendo cultivos y prácticas alimentarias esenciales. Esto podría comprometer la subsistencia de los más vulnerables, como niños, adolescentes, mujeres y ancianos.

Por ello, la implementación de medidas de prevención orientadas a la seguridad alimentaria y la atención humanitaria es crucial, según indicó la Defensoría, precisando que es necesario acompañar y neutralizar las pretensiones de los actores armados ilegales, garantizando siempre el respeto a los derechos de los pueblos indígenas, su jurisdicción especial, autonomía territorial y dinámica cultural.

La alerta temprana emitida por la Defensoría también insta al Ministerio del Interior a cumplir con las medidas de prevención y protección adoptadas, así como a activar los mecanismos de respuesta rápida frente a posibles vulneraciones de derechos humanos y violaciones del Derecho Internacional Humanitario (DIH).

 

Para la entidad, el liderazgo del Ministerio del Interior es fundamental para proteger y preservar la diversidad étnica y cultural, mitigar el riesgo para las comunidades afectadas y asegurar el respeto a sus derechos culturales, de autonomía y jurisdicción especial.

Cabe recordar que, a comienzos de julio de 2024, la Defensoría emitió otra alerta en el sur de Casanare, concretamente para las poblaciones de Maní, Monterrey, Orocué, Tauramena y Villanueva y sus zonas rurales, debido al riesgo que corren las comunidades por cuenta de la disputa territorial entre grupos amados ilegales que delinquen en el lugar.
 

 La situación de violencia en el territorio dejó en evidencia que hay tres escenarios de riesgo relacionados entre sí, como lo son el proceso de consolidación del control armado ilegal ejercido por el Clan del Golfo, su accionar violento y la injerencia del Ejército de Liberación Nacional (ELN), a través de su frente José David Suárez,
 

 

 

y de facciones disidentes de las Farc, particularmente de sus Frentes 28 y 10 del Estado Mayor Central (EMC).

Entre la población en riesgo de varias formas de violencia están organizaciones comunitarias y campesinas, víctimas del conflicto armado, niñas, niños y jóvenes, firmantes de paz, mujeres, servidores públicos de las regiones mencionadas, agricultores, ganaderos, reclamantes de tierras, población socialmente estigmatizada, sindicalistas, comerciantes, transportadores, docentes, estudiantes, entre otros.


La Iglesia católica cuestionó al ELN y al Clan del Golfo en Chocó: “Todos ustedes están destruyendo”




La Pastoral Social de la Iglesia católica lanzó una dura crítica a los grupos ilegales ELN y el Clan del Golfo, que atormentan constantemente a la población civil al sur del departamento de Chocó. La presencia de estas organizaciones ha derivado en confinamientos y en desplazamientos forzados.

De acuerdo con la iglesia, estos grupos armados son incoherentes, ya que dicen que están en una lucha popular y revolucionaria cuando realmente afectan a la población civil. “... si es un abuso de poder que un fuerte se aproveche de un débil y que un rico se aproveche de los pobres, también es un abuso de poder el que personas, y grupos armados, se aprovechen de personas desarmadas. Todos ustedes están destruyendo lo que dicen pretender construir. La guerra nunca ha sido solución. Solo ha traído siempre males mayores”, cuestionó la iglesia en un comunicado.

La entidad envió un mensaje de solidaridad con las comunidades afectadas al sur de este departamento y a las iglesias que hacen presencia en las zonas, deseando así que la crisis por el conflicto armado termine pronto.

“Queremos pedirles, en esta hora, vuestra auténtica capacidad de liderazgo para ejercer, con nobleza, la vocación política, reconociendo con acierto la situación que se vive, alentando el compromiso y el empeño de todos y dejando de lado descalificaciones y posturas que promuevan el resentimiento y la división”, agrega la misiva.

De acuerdo con cifras de la Defensoría, el paro armado ordenado por el ELN hace varios días ha afectado a más de 45.000 personas de comunidades afros e indígenas. Los municipios que más sufren por esta problemática son Nóvita, Istmina, Medio San Juan, Sipí y Litoral del San Juan. La confrontación de esta organización con el Clan del Golfo, que se disputan el control del territorio, ha empeorado la situación a gran escala.

Recientemente, una niña indígena, identificada como Isabella Piraza Pizario, de tan solo 16 meses, murió en el municipio de Istmina como resultado de la falta de atención médica, esto tras las intimidaciones del paro armado anunciado por este grupo criminal que supone un riesgo latente para las comunidades de la zona.

Jeison Mosquera, el alcalde de esta localidad, en diálogo con Blu Radio, aseguró que la menor pertenecía a la comunidad indígena de San Cristóbal, que queda a dos horas en lancha de la zona urbana del municipio. El traslado de la niña se dificultó debido al temor y la zozobra de los habitantes por posibles enfrentamientos y represalias del grupo armado ilegal.


“Tenía síntomas de paludismo, de desnutrición y por el paro no pudo salir. En esa comunidad no hay centro de salud y por la situación de seguridad no pudo llegar al médico”, dijo el funcionario.

El mandatario local manifestó su impotencia e inconformidad ante debido a la imposibilidad de acompañar a la familia de la niña, ya que navegar el río San Juan supone riesgos de seguridad. En la zona de los hechos también hay otras personas que necesitan de atención médica urgente, como una mujer en estado de embarazo.

“No hemos podido acompañar a la familia porque como están en esa zona donde no se puede ingresar por el tema del paro y nosotros estamos en la cabecera municipal, únicamente hemos tenido comunicación por teléfono. Ha sido imposible ir al territorio”, agregó Mosquera.

Las autoridades locales indicaron que hay un grave riesgo para 200 estudiantes de una escuela rural de Istmina, que este domingo presentan las pruebas Saber 11. La aplicación del examen no ha sido confirmada debido a que la situación de seguridad complica la llegada de la logística.

 

 

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