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Contratiempo
Memet y Fotomuseo

Por: Jotamario Arbeláez
Usaban y abusaban de la poesía los poetas para entonarles a las
damas relamidos requiebros, lo que por lo general terminaba en
doblegamiento, a excepción de lo sucedido con los cantores
superlativos Dante y Petrarca, que se quedaron viendo un
chispero.
Hasta que llegó otro poeta mayor a cantarse a sí mismo acostado
en un pastizal, y de allí se prendieron nuevos poetas entre
quienes tuve el horror de contarme. Pero el santo espíritu que a
veces merodea por mis escritos inspirados y hasta expirados,
porque incluso de la muerte puedo jactarme, tuvo el don de
sugerirme la exaltación de esos amigos sobre cuyas huellas uno
ha caminado en pos de la meta, que muchas veces es el andar,
como descubriera el cantante.
Voy a referirme a uno de esos amigos estrella, argentino de
nacimiento y chileno por adopción, el poeta José María Memet, a
quien conocí cuando me invitó a Santiago a participar en sus
festivales Chile-Poesía, y luego lo seguí viendo por todas
partes porque en mucho nos parecíamos.
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Sobre todo en los premios nacionales e
internacionales de poesía que ganáramos, por lo menos seis cada uno, y de los
que pretendemos desempatar. En Cuba fuimos jurados del Premio Casa de las
Américas. En Bogotá nos paseamos con docenas de poetas del mundo, lo que hizo
decir a un mendigo que nos veía circular por La Candelaria: “Tengo hambre en
todos los idiomas”, lo que le generó una dolarada. Ahora vive en París, donde me
publicó una hermosa plaquette. Hace poco publicó La chica Nabokov, una serie de
cánticos que exaltan el amor y condenan el fascismo, que aún persiste y espanta.
Me doy cuenta de que ha sido propuesto al Premio Nacional de Poesía Jorge
Teiller 2024, y con seguridad que hasta el mismo Teiller, nuestro adorado poeta,
se lo concedería. No sólo por su trayectoria de lírico comprometido hasta las
agallas, sino por el último libro, que es el sumun de lo que puede cantar un
poema al amor moderno y a la condenación de la satrapía. Y para completar el
mismo día de la muerte de Alain Delon le dedica el más bello cántico. Estaré
feliz de que Universidad de la Frontera le conceda ese premio, aunque ello
signifique que definitivamente me superó. Primero los amigos, dijo el espíritu.
Y ahora pasemos a otro personaje, esta vez una dama de almas tomar, Gilma
Suárez, que se merece todo el reconocimiento nacional por haber dedicado su vida
activa a la defensa de la dignidad del ser humano, y concretamente a
potencializar el alcance de su máxima pasión, la fotografía, actividad en la que
ella es maestra y además eficaz |
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promotora. Así, fundó hace ya un cuarto de siglo el Fotomuseo, Museo Nacional de
la Fotografía, “para divulgar sus grandes valores nacionales e internacionales,
llegando a los distintos sectores poblacionales de Colombia, por medio de
exposiciones itinerantes de calle que descentralizan y deselitizan la cultura”.
Una de sus principales realizaciones ha sido la Fotomaratón, que es un concurso
que además de generar el placer estético visual de las obras que exhibe y que
premia, deja para las generaciones que vengan el patrimonio visual sobre la
capital. Según sus palabras, cómo se construye día a día Bogotá urbanística,
social y económicamente.
Ella concluye, en esta edición 2024 de la Fotomaratón, invitando a los amantes
de la fotografía y aficionados a adentrarse en los vericuetos de la ciudad
capital para dejar una memoria visual a las generaciones futuras de cómo es
Bogotá. De cómo se construye la ciudad, porque esta es una urbe que se edifica
día a día, y a pegarle a premios fabulosos que el Fotomuseo otorgará en esta
fiesta de la imagen, que se la ha jugado a ser el concurso de fotografía más
importante de Colombia.
La presente Fotomaratón se celebrará los días 7 y 8 de septiembre. El día de la
partida se entregará a cada concursante la Fotoruta y su respectivo chaleco de
identificación. Las Fotorutas consisten de 20 temas que deben captar los
participantes. Los requisitos y demás detalles de envío pueden ser consultados
en la página web del Fotomuseo.
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