Bogotá, Colombia -Edición: 683

 Fecha: Miércoles 21-08-2024

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\\ OPINIÓN //

 

 

 

EDITORIAL

 

El contrato de la paz.


La paz es el producto de intercambio más antiguo y eficiente de la historia. Desde el principio de las civilizaciones el deseo de la paz ha sido el lienzo desde donde se crean las grandes estructuras culturales, en donde los integrantes de una sociedad inscriben lo que para ellos es la paz, oculto bajo los deseos que manifiesta. Pero, en este juego de conseguir el producto llamado paz se entrega otra característica propia del ser humano su libertad, ya muy bien Hobbes anunciaba este intercambio social, uno en donde en busca de obtener tranquilidad o paz, el ser humano entregaba su libre albedrío, sus derechos naturales y demás, es decir la libertad total. Sin embargo esta libertad no sólo se intercambia sino que pasa a formas parte de otra libertad que ahora tiene la libertad de todos los seres a los cuales les brinda paz.

Estas libertades adquiridas son la razón de los grandes poderes actuales. No obstante, este intercambio se da siempre desde un contrato constante, es decir, siempre y cuando se adquiera paz, la libertad del sujeto es limitada por su proveedor, pero ¿este contrato se cumple en la actualidad? ¿Colombia tiene paz? en efecto,una negativa siempre es la respuesta, en todo el país; de norte a sur, de oeste a este y en todas las combinaciones posibles, colombia es un país con poseedores de un contrato que no se está cumpliendo, pero que si se le está cobrando, pues la libertad sigue siendo exigida, actuar siempre de acuerdo a la voz de las grandes reglas que nos rigen y dicen como ser.

La conclusión de esta reflexión es que somos acreedores de un contrato incumplido, promoviendo de esta manera la necesidad de exigir nuestra libertad para así volverla a intercambiar de nuevo, con alguien que sí cumpla el contrato que me traiga paz.

Que nuestra libertad regrese significa la posibilidad de una reorganización de principios y bases de lo que entiendo como paz y no simplemente seguir adquiriendo una paz anticuada y vieja, que ya impide que mi intercambio sea equivalente.

 


 

 

 

¿A dónde van nuestros impuestos?

Por: Zahur Klemath Zapata

zapatazahurk@gmail.com  

 

Esta práctica milenaria que han impuesto los soberanos a sus súbditos y hoy en día el Estrado que va de la mano de los políticos, nos comprime y nos hace vomitar nuestras viseras para que el establecimiento sobreviva.

 

En el mundo primitivo siempre ha sido normal esta práctica gubernamental. Y para todos es lógico que esto se haga sin ningún cuestionamiento y sin un raciocinio sobre dónde irán esos dineros que recibe el Estado.

Las sociedades han evolucionado genéticamente y lo que antes era una práctica normal hoy es un hecho cuestionable, porque esos dineros salen del esfuerzo de millones de seres que trabajan y pagan impuestos y no reciben nada a cambio.

Nuestra sociedad se siente acorralada por la cascada de impuestos que le vienen imponiendo en nuestros días los políticos al pueblo. Esto hace que el crimen aumente y la corrupción se afinque en las instituciones de Estado y esta simbiosis impida que las ciudades crezcan saludables.

Los impuestos que recibe el Estado diariamente, son fortunas que desaparecen sin que nadie se entere a dónde fue a parar esas contribuciones. De ese erario sólo una mínima parte llega a los sitios que realmente deberían recibir esos dineros.

La ignorancia del pueblo es la base para que crezcan estas situaciones y nunca ellos reciban lo que les pertenece y por lo que han pagado.

La salud pública es una de las infraestructuras donde deben ir esas contribuciones, pero solo llega gota a gota unos dineros para que sobrevivan y la gente gravite como si ellos fueran los culpables de lo que está pasando. Si la salud falla, el sistema se desploma y eso es lo que está pasando cuando se desvía lo recaudado.

La medicina privada es uno de los más grandes negocios porque ella vive de millones de pacientes que pagan de sus bolsillos los costos de la atención médica. A su vez nacen hacen simbiosis con las aseguradoras para que todo funcione en beneficio de ellos y no de los pacientes.

Es una obligación del establecimiento velar por la salud del pueblo, porque ese pueblo es el que sostiene el establecimiento y mantiene la economía en movimiento. El pueblo paga para que todos los servicios básicos sean cubiertos con el pago de sus impuestos y no para sostener una burocracia del Estado que le paga a miles de empleados con sueldos como prestación por haber apoyado al candidato en la campaña electoral.

Si la sociedad tuviera un mayor conocimiento de cómo funciona la economía de un país y estuviera atenta del movimiento de esos dineros, no pasaría tantas necesidades en el transcurso de su vida. 

 

 

 

Porque los políticos ya no serían políticos corruptos sino servidores públicos que se acogen a las leyes que rigen una comunidad.

La gran mayoría de los países están como están, es porque los ciudadanos creen por acto de fe lo que dice un individuo en campaña y no porque realmente conocen la economía de su territorio.

Estudia bien al candidato, que ha hecho y en que ha triunfado, Ahí tienes la respuesta de lo que será el futuro.

 

LA CORROMPISIÑA
Crónica #946

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

Audio: https://www.youtube.com/watch?v=ODD3SaO00d4&t=39s

 

Como era lógico después de 30 años de vigencia de la dañina Constitución del 91, nuestra antigua República Democrática quedó convertida en un Estado Contractual.

Todas sus relaciones políticas, todos sus pasos adelante, todos sus cambios y, en especial su funcionamiento, están regidos por los contratos y, obviamente por los contratistas.

Quienes redactan las leyes tienen mentalidad de contratistas, y ambiciones y sed de contratistas, cuando no es que son ellos mismos por interpuestas personas, sociedades o uniones temporales quienes reciben algún oleaje de beneficios por esos contratos.

El gobernante, sea nacional, departamental o municipal, consigue que las leyes, ordenanzas o acuerdos sean aprobados canjeándolos por contratos. Para que no se desboque la ambición de esa caterva de contratistas, la Constitución del 91 estableció la obligatoriedad de los Planes de Desarrollo, que generalmente consolidan dentro de marcos legales lo que los candidatos a ser elegidos han presentado en campaña.

Pero como cada municipio adopta uno, y son 1.103. Como cada departamento adopta otro, y son 32. Y como cada presidente adopta uno global para cobijar ministerios e institutos descentralizados los Planes de Desarrollo, en 32 años, nunca han pasado de ser un acto masturbatorio de la democracia, pero la corrompisiña inundó a Colombia.

Los ejemplos que estamos viendo a diario han ido en aumento desde cuando los contratos y los contratistas reemplazaron por mandato constitucional los deseos de progreso o las necesidades.

No ha importado el color o el origen del gobernante. La corrupción después de 1991 se apoderó de Colombia, como sucede en China desde hace 3.000 años. Como se vivió en Roma hace 2.000 años. Como estalló en Francia en 1794.

Los últimos ejemplos son contundentes. El roba/roba que disculpó la falta de agua en La Guajira destapó la alcantarilla por donde circula la corrompisiña institucionalizada .

El Porce, agosto 21 del 2024

 

 

 

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